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    Cambios en el Mercosur abren una “ventana de oportunidad” para firmar un TLC, pero la Unión Europea tiene otras prioridades

    Ramón Jáuregui es optimista acerca de las negociaciones que desarrollan el Mercosur y la Unión Europea para alcanzar un tratado de libre comercio (TLC). El presidente de la delegación europea en la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat) cree que se abrió “una ventana de oportunidad” como no había ocurrido en los últimos 20 años, porque los cuatro países sudamericanos están a favor de avanzar. Por eso asegura que sería un “fracaso muy muy grande” si las negociaciones no concluyen en los próximos 15 meses.

    El optimismo de Jáuregui se modera a medida que avanza la entrevista con Búsqueda. Es que las negociaciones entre los dos bloques preocupan a varios países europeos, en especial Francia, Irlanda y Polonia. Además, la Unión Europea tiene otras prioridades como los TLC con Canadá y Estados Unidos, que para complicar un poco más las cosas han despertado resistencias fuertes a nivel político y social por sus posibles efectos adversos en las economías locales.

    El eurodiputado socialista visitó Uruguay esta semana para participar en la novena reunión de la Eurolat, una organización compuesta por 75 parlamentarios de la Unión Europea y 75 de países latinoamericanos que se reúne dos veces al año y que hace recomendaciones a los jefes de Estado de ambos continentes. Desde ese lugar, la Eurolat realiza un seguimiento a los acuerdos comerciales que negocia la Unión Europea y prepara el terreno para cuando deban ser ratificados por el Parlamento.

    —Eurolat tiene entre sus objetivos potenciar las relaciones entre América Latina y la Unión Europea. ¿Cómo se puede cristalizar ese discurso en la realidad?

    —Estamos haciendo un apoyo muy intenso a los acuerdos que la Unión Europea y América Latina vienen configurando en los espacios regionales latinoamericanos. Estamos en la fase de apoyar la modernización de los acuerdos Unión Europea-Chile, Unión Europea-México; en la vía de apoyar intensamente el acuerdo con Cuba y la incorporación de Ecuador al multipartes con Colombia y Perú; y por supuesto Mercosur. Sustancialmente, por tanto, la primera línea de ataque es concretar los marcos de asociación política y económica comercial que la Unión Europea viene haciendo con América Latina. Y tenemos un papel ahí porque no olvide que el Parlamento de la Unión Europea tiene la facultad de ratificar o no los acuerdos internacionales.

    —Usted mencionaba el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. ¿Cuál es su opinión sobre las negociaciones?

    —Que tenemos una oportunidad que no hemos tenido en 20 años, esa es la primera confirmación. Que tenemos una necesidad grande de avanzar en esa negociación, porque el Mercosur es el gran espacio ausente de las relaciones con América Latina. Si uno mira el mapa de esas relaciones descubre ese agujero negro. Hay una oportunidad, decía, que es muy importante y tenemos que vencer las resistencias que en algunos países europeos ahora están surgiendo. Durante mucho tiempo en Europa ha habido una posición cómoda de echar la culpa, por ejemplo, a la nula voluntad que había en Argentina de avanzar en esas negociaciones. Antes era muy fácil decirlo, pero ahora no. Sabemos que Argentina impulsa el acuerdo, que Brasil lo quiere y Uruguay siempre lo ha querido, de manera que Europa tiene que decidirse. Y no le oculto que hay algunos países temerosos de la competencia que los productos agrícolas o vacunos pueden producir en Europa. Bueno, negociemos, establezcamos un período de transición, de ir avanzando a una cierta formalización. Pero yo pienso que sería un fracaso muy muy grande que no pudiéramos alcanzar un acuerdo en los próximos 15 meses.

    —Esa fecha parece ambiciosa a juzgar por los antecedentes de las negociaciones. ¿No es demasiado optimista?

    —Sí, sí. Es verdad que a la posible resistencia de algunos países que son conocidos —Francia, Irlanda, Polonia, etcétera, están poniendo pegas—, ahora se ha añadido en el debate político europeo una especie de objeción general a los tratados a partir del acuerdo con Canadá y las negociaciones con Estados Unidos. Es una discusión bien interesante porque de una parte se está concluyendo que los tratados de libre comercio han favorecido un desarrollo del capitalismo muy desigual y que en los países occidentales —y esto es verdad— en el marco de los últimos 25 años globalizados la desigualdad ha crecido. Diría además que el dumping social, muy frecuente en esta globalización productiva, sobre todo ha producido una devaluación progresiva del marco sociolaboral. Esto en Europa se siente así, y ha surgido una oposición a estos acuerdos. Pero quienes exponen esta objeción, a veces desde sectores ideológicos de izquierda, no son capaces de decirnos de qué manera podrían ellos asegurar que esto no ocurra si no hay acuerdos de libre comercio. El libre comercio sigue ocurriendo aun sin regulación. Puede ser que los acuerdos no sean suficientes, pero son mejores que los no acuerdos. Y, por otra parte, la izquierda siempre ha buscado una regulación, una intervención sobre el mercado y esta lo es. De hecho, la Unión Europea es un socio que en sus negociaciones con todo el mundo es particularmente exigente en el cumplimiento de estándares medioambientales, sociolaborales y de derechos humanos como condición del libre comercio. Somos el socio más exigente en esas materias, por eso digo que oponerse a los acuerdos no resuelve los problemas. Sí creo que hay que asegurar una globalización más redistribuidora dentro de los países, pero no creo que la oposición a los tratados sea la solución.

    —En la primera oferta de la Unión Europea no estaban contemplados rubros como la carne y el etanol, dos productos que para el Mercosur son clave en la negociación.

    —Entiendo que puede haber sido decepcionante, pero fue el comienzo y ahora en octubre es la segunda ronda, y quiero creer que se va a seguir avanzando.

    —¿Es sencillo negociar con el Mercosur?

    —No, pero tampoco nosotros somos sencillos. Pero creo que se ha abierto una ventana de oportunidad ahora que los cuatro países del Mercosur están con una voluntad muy firme.

    —A partir de su intercambio con legisladores de la región, ¿cómo ve la situación actual del Mercosur?

    —En general, por lo que sé a partir de las negociaciones que tenemos para aprobar la declaración final de esta reunión de la Eurolat, es que la posición es muy favorable a la culminación de la negociación. Se han incorporado, a pedido sobre todo de los brasileños, uruguayos y argentinos, algunas matizaciones respecto a que el acuerdo favorezca también un desarrollo industrial de la zona. A mí me parece que esto es muy importante, porque si uno coge el mapa del mundo descubre que en las grandes cadenas de valor, muchos de los grandes sectores que se han globalizado en los últimos 30 años han pasado de América Latina. Soy de izquierdas y creo que no hay redistribución social sin crecimiento y el crecimiento quiere decir mejora de la renta familiar. Y eso requiere actividades económicas relacionadas con el mundo financiero, con el sector industrial, con la economía digital, eso es lo que está en juego, eso es lo que viene. Un acuerdo Unión Europea – Mercosur ayudará. ¿Por qué? Porque muchas compañías europeas podrán decidir si hay condiciones para instalarse aquí, etc. No digo que sin acuerdo no sea posible, lo que digo es que lo que veo en el mapa no es favorable a América Latina. Hay que moverse, porque otras partes del mundo no están esperándonos. El desplazamiento del centro de gravedad económico y de intercambio comercial es hacia el este de Asia, hacia el Pacífico. Con toda razón, los países del Mercosur podrán decir que si no hay acuerdo con Europa se incorporarán a la Alianza.

    —¿El TLC que están negociando con Estados Unidos no implicaría un retraso en las negociaciones con el Mercosur?

    —Confieso que la Unión Europea y la Comisión Europea están en una fase crítica y no solo por los tratados comerciales, sino por las enormes dificultades internas que estamos viviendo. El presidente Junker, en su discurso del Estado de la Unión que hizo la semana pasada, llegó a decir que la situación es dramática y que la crisis es existencial después del Brexit. En ese contexto, los acuerdos comerciales con Canadá, que ya está negociado y que se va a someter al Parlamento, y el que se está negociando con Estados Unidos, que se pretende acabar este año, antes de que se vaya la administración Obama, son las urgencias del momento. Por tanto, sí, si usted me pregunta si esos tratados paralizan, hombre, son más urgentes en este momento. Pero a su vez, la oposición política que está surgiendo en Estados Unidos es de tal intensidad que, unida a las dudas de la propia administración americana en las vísperas de un cambio de administración, le están colocando al tratado el cartel de RIP. Hay gente que considera que está muerto, pero yo no. En ese terreno, los acuerdos comerciales están teniendo una gran controversia, por eso mi defensa a lo largo de esta entrevista sobre la negociación. Por tanto, ¿qué pasará con el acuerdo con Canadá y Estados Unidos? Pues que está por verse y que no sabemos lo que va a ocurrir. ¿Y qué pasará con el Mercosur? Pues que está pendiente de lo otro, y le añade una dificultad más.

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