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    martes 11 de junio de 2024

    Con “hipótesis” de “equilibrio” en el “flujo neto” de metano, INIA defiende “inocencia” de la ganadería por destrucción del planeta

    “El metano (CH4) emitido por la ganadería no proviene de fuentes fósiles, es parte del ciclo de carbono biogénico capturado por las plantas y consumido luego por los rumiantes” y “la relativa estabilidad mostrada en el largo plazo por el stock ganadero en la región nos plantea una hipótesis de equilibrio en el flujo neto de metano”.

    Así lo sostiene el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en un informe que apunta a “verificar” esa “hipótesis” para demostrar “la inocencia” de la ganadería de los pastizales del Río de la Plata “frente a las acusaciones de contribuir a la destrucción del planeta”.

    El instituto argumenta allí que, “simultáneamente a la emisión de una cierta cantidad de metano por parte del ganado, otra cantidad se está transformando en CO2”. “El CH4 emitido no proviene de fuentes fósiles sino del CO2 ya presente en la atmósfera”, enfatiza, y agrega que “es parte del ciclo de carbono biogénico capturado por las plantas y consumido luego por los rumiantes”.

    Ese trabajo, realizado por los técnicos de la unidad de economía aplicada del INIA, Bruno Lanfranco, Juan Manuel Soares, Enrique Fernández y Bruno Ferraro, comprende los principales aspectos incluidos en una ponencia presentada en el congreso anual de la Asociación de Economía Agrícola y Aplicada (AEAA), en Estados Unidos, bajo el título Pasado, presente y desafíos futuros de la producción de carne vacuna en los pastizales del Río de la Plata.

    La larga sombra y DiCaprio

    En 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) publicó el documento titulado La larga sombra del ganado: problemas ambientales y opciones sobre “supuestos efectos devastadores de los rumiantes”, consigna el informe del INIA, e indica que en ese reporte el organismo internacional sostenía que la contribución del ganado a la emisión global de gases de efecto invernadero (GEI) era del 18% (7,1 gigatoneladas de CO2 equivalente), siendo mayor que todo el transporte mundial y una de las principales causas de la degradación de suelos y agua.

    El ganado contribuiría con 9% de las emisiones totales de dióxido de carbono, 37% de metano y el 65% de óxido nitroso, según ese estudio; “una versión revisada de 2013 mantuvo la cifra total, pero reduciendo su peso de 18% a 14,5 %”, indica.

    “Pero fue un documental basado en estos informes, Cowspiracy (la conspiración de la vaca), producido en 2014 por el actor Leonardo DiCaprio, el que puso el tema ante el gran público como parte de una campaña mundial contra el consumo de proteína animal”, específicamente de carnes, considera el INIA, y plantea que “si bien la ciencia ha venido refutando estas teorías, el daño ya estaba hecho” y “buena parte del público general las aceptó sin cuestionamientos, permeando también entre líderes políticos y de opinión en el mundo entero”.

    “El sector agropecuario y, particularmente, la ganadería jugarían un papel sustancial en el supuesto origen antropogénico (efecto humano en la naturaleza) del cambio climático, según esta visión”, advierten los técnicos del Instituto de Investigación Agropecuaria, quienes apuntan que el volumen de información generado sobre estos temas es “enorme y variado”.

    “Del 18% alegado inicialmente por FAO, pasando por sucesivos cálculos y estimaciones hechas por distintos autores, el porcentaje fue disminuyendo”, repasan.

    Mencionan además que “en 2020, el organismo Our World in Data publicó que, en 2016, las emisiones de la ganadería mundial habrían representado un 5,8% del total”. “La evidencia sobre el origen antropogénico del cambio climático no es concluyente”, consideran.

    Los mencionados técnicos afirman que “una correlación positiva entre el aumento de algunos GEI en particular y la temperatura no implica una relación causa-efecto, al menos en los niveles proyectados por la enorme mayoría de modelos climáticos”. “Las predicciones no se han compadecido con la realidad”, indican.

    Basándose en estudios del investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Ernesto Viglizzo, el INIA señala que las emisiones de gases de efecto invernadero totales de Argentina, Brasil y Uruguay juntos (no exclusivamente del bioma Pampa) representan 3,49% de las emisiones globales y provienen mayoritariamente del sector agropecuario, particularmente de metano.

    Las emisiones del agro de esos tres países representan 2,58% de las emisiones globales y son 1,79% si se consideran los datos actualizados de Viglizzo para 2018. “Mayor análisis y debate requiere el planteo realizado por Viglizzo y sus colaboradores sobre una subestimación en la capacidad de secuestro de carbono, allí donde los pastizales constituyen el bioma dominante”, plantea.

    Advierte que “si esto fuera así, el secuestro de carbono por parte de los pastizales en los países del Mercosur, incluyendo Paraguay, neutralizaría en gran medida las emisiones de la ganadería y los cambios de uso del suelo derivados de la actividad agrícola”.

    “La investigación científica no funciona a base de consensos sino de evidencia recogida a partir de hipótesis verificables”, plantea el INIA, “las emisiones ganaderas del bioma Pampa llevan más de 400 años y son bastante anteriores a los registros de incremento de CO2 y temperatura, que han dado lugar a las teorías de cambio climático antropogénico”.

    Colonización, edad del cuero y nuevo mercado

    “La historia moderna de los pastizales del Río de la Plata o bioma Pampa (BP) ha sido la de una sinergia entre pastizales, ganado y humanos”, según el informe del INIA.

    El documento realiza un repaso a lo largo del tiempo sobre la evolución de la producción agropecuaria, especialmente de la pecuaria, los pastizales y la acción humana, desde la introducción de vacunos, lanares y equinos en América del Sur hace unos cinco siglos. La “rápida colonización” de los pastizales, que en la banda nororiental del Uruguay y el Plata ocurrió más tarde, aunque precediendo en un siglo el asentamiento permanente de los europeos, dejó en evidencia una nueva fuente de riquezas que, en adelante y hasta el presente, son un pilar fundamental de la economía regional, sostiene.

    Apoyándose en fuentes históricas, ese organismo estima en hasta 48 millones las cabezas bovinas existentes antes de 1780, entre los paralelos 27° y 41° sur, delimitando un vasto territorio de aproximadamente 1 millón de kilómetros cuadrados que hoy conocemos como bioma Pampa.

    Hacia finales del siglo XVIII, producto de la llamada “edad del cuero” y la aparición de los saladeros, el rodeo cimarrón fue desapareciendo y dando lugar a una paulatina sustitución por ganado “amansado”, repasa.

    Comenta además que luego, en “tiempos de la independencia”, la cantidad de vacunos en el territorio oriental no superaba los 6,5 millones. Esa cantidad cayó aún más durante la Guerra Grande, registrándose un mínimo histórico de 1,9 millones de vacunos y 800.000 ovinos en 1852, precisa.

    A partir de ese momento hubo un “período de recuperación” y hacia 1885 la cantidad de ganado era de 8 millones de vacunos y 17 millones de ovinos. “Asumiendo una relación 1:5 entre cabezas vacunas y ovinas, obtenemos la cifra de 11,4 millones, equivalente bovino (EB), que se mantiene relativamente estable durante la primera mitad del siglo XX”, calculan los técnicos.

    Indican que desde 1935 Uruguay cuenta con registros anuales de existencias ganaderas: con un mínimo de 10,6 millones en 1943 y un máximo de 15,5 millones en 1981, el promedio se ubica en 13,1 millones de cabezas EB.

    Al aludir a lo denominado como un “nuevo mercado ganadero” (a partir de 1990), el promedio es 13,5 millones de cabezas, pero si solo consideramos el transcurso del siglo XXI (2000-2022) alcanza a 13,2 millones, señalan. Y consideran que “es clara la convergencia en el tiempo del stock combinado de vacunos y ovinos hacia valores estables en torno a poco más de 13 millones de cabezas EB”.

    “El impacto relativo de la ganadería sobre el bioma Pampa ha sido menor (siendo incluso positivo) al de otras actividades como la agricultura, que, en cuestión de 20 años, pasó de 43 millones a 50 millones de hectáreas (+16 %), incluyendo las pasturas sembradas en esa extensión”, sostienen.

    Comparan que “en similar proporción disminuyó el área de vegetación nativa, de 52 millones a poco más de 43 millones de hectáreas”.

    Actualmente, el bioma cuenta con casi 60 millones de vacunos pastoreando 45 millones de 100 millones de hectáreas que ocupa, indican. “En promedio, el 80% del área de pasturas corresponde a vegetación de campo natural”.

    El INIA detalla que “Argentina cuenta con mayor área de praderas sembradas en términos absolutos y relativos”, mientras que “Brasil y Uruguay exhiben una relación similar de campo natural sobre el total, aunque Uruguay cuenta con más del doble que los ‘campos’ riograndenses”. “En porcentaje, Uruguay tiene más del doble de área con pasturas (79%) que Argentina (38%) y Brasil (35,3%)”, valora.

    A modo de justificación de la importancia de la pecuaria, los técnicos del INIA afirman que “en 2019 la producción anual de carne bovina en los pastizales del Río de la Plata alcanzó 3 millones de toneladas de carne (peso canal) por un valor aproximado de 11,6 millones de dólares”.

    “Las exportaciones desde esta región representan alrededor de 8% del comercio mundial”, resaltan.

    • Recuadro de la nota

    La tierra congelada y el alimento de los vegetales

    Agro
    2022-10-05T17:34:00