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    Con la rentabilidad constreñida, algunas empresas y sectores enfrentan dificultades, aunque otras actividades se expanden

    Hay empresas en problemas que cierran, pero otras abren. En algunos momentos ese ciclo natural se hace más marcado, lo que genera preocupación y hasta discusiones de carácter político. Actualmente Uruguay parece atravesar por una de esas fases, en un contexto de desaceleración de las ventas al mismo tiempo que aumentan los costos de producción y se achica la rentabilidad a los negocios, si bien la situación no es igual en todos los sectores.

    Es una tensión que se refleja en algunos indicadores de la economía, como la disminución de puestos de trabajo disponibles en el mercado (la tasa de empleo se ubica actualmente alrededor de dos puntos porcentuales más abajo que en 2016) y un incremento de la desocupación.

    Ahogadas por las deudas y una retracción de sus ingresos, empresas como Motociclo o Pili recurrieron recientemente al concurso de acreedores (y a la liquidación, en el caso de esa industria láctea de Paysandú, que se encuentra parcialmente activa a la espera de un comprador que la mantenga viva). A la vez, en los últimos días se publicitaron algunas inversiones ya concretadas y otras a modo de planes. Bromyros destinó US$ 13 millones en la nueva planta para la fabricación de paneles e isopaneles de poliuretano expandido que inauguró en octubre en Canelones; era necesario para, tras haber aumentado la productividad incorporando maquinaria, proyectarse al mercado internacional. En el rubro inmobiliario, el grupo Fortune International Group, con base en Miami, anunció que construirá cinco torres residenciales de alta categoría en Carrasco Este, un emprendimiento que en su primera etapa requerirá una inversión de US$ 30 millones.

    Mientras, los datos de proyectos recomendados por una comisión del Ministerio de Economía para darles ventajas impositivas muestran un repliegue: en enero-setiembre fueron 323 con una inversión asociada de US$ 475,3 millones, una caída frente a un año atrás de 20% y 29%, respectivamente.

    ¿Por qué han cerrado algunas empresas y otras están invirtiendo para ampliarse, a la vez que se instalan nuevas? Según dijeron a Búsqueda empresarios y consultores, si bien hay un “problema de rentabilidad” en algunos sectores de actividad, el panorama no es homogéneo. En ciertos casos, se agregan deficiencias en la gestión: firmas que crecen “sin orden”, que “se endeudan más de lo que deberían” o que dan beneficios a su personal que luego no pueden solventar, aseguró una fuente. También hay empresas que “no se adecuan cuando hay cambios en la realidad, reduciéndose o reconvirtiéndose”, añadió.

    Un consultor señaló que actividades intensivas en mano de obra calificada, como la industria del software, están siendo rentables pues su costo es competitivo en Uruguay. “Pero si el giro supone utilizar mucho transporte, energía y otros servicios públicos, quedan fuera de competencia”. Esa lógica se aplica para rubros fabriles, que a medida que incorporan más valor agregado a su producción, se les dificulta generar rentabilidad si no están muy tecnificados.

    El problema de rentabilidad se da “en algunos sectores más que en otros”, dependiendo de si pueden o no trasladar a precios el aumento de costos, resumió otra fuente que sigue de cerca la realidad empresarial. El panorama también difiere al interior de algunos giros.

    En el comercio, crisis como la de Motociclo derivaron de enfrentar altos costos fijos por la cantidad de locales y varios turnos del personal en sus tiendas en los shoppings, cuando la competencia en el rubro se amplió y una parte del mercado de electrodomésticos “se commoditizó” con la venta por Internet, analizó la fuente.

    En el agro, la presión sobre las ganancias proviene básicamente del encarecimiento de algunos insumos, como los combustibles, en un contexto de demanda y precios que no está siendo favorable para todos los rubros, interpretó un consultor. Otra fuente indicó que los problemas sí son generalizados en la cadena láctea, si bien “en el mismo sector hay empresas que cierran y otras siguen activas”.

    En la construcción algunos empresarios visualizan una rentabilidad menguada. Pero no hay una crisis generalizada, aseguró un consultor.

    Una fuente estimó que en el caso del sector financiero, las ganancias recién podrían mejorar cuando se normalicen los niveles de tasas de interés en el mundo. Hasta entonces los bancos en Uruguay deben generar ingresos cobrando comisiones por servicios y buscar eficiencias por el lado de los costos, por ejemplo, estimulando a sus clientes a utilizar sus webs o plataformas con menor costo que la atención presencial.

    ¿Caro?

    El nuevo decano de la estatal Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Jorge Xavier, reflexionó acerca de los costos empresariales entrevistado en El País del 28 de octubre.

    ¿Por qué Uruguay es caro?, le preguntó el diario. “¿Comparado con qué? La distribución del ingreso que tenemos en Uruguay es bastante ejemplar, eso no es casualidad. Eso va atado con el nivel salarial. Si queremos tener un país más barato, eso implica menor remuneración. Tenemos una de las coberturas de salud más exitosas, en cantidad de población y lo que incluye el servicio frente a otros países —basta ver Estados Unidos—. La educación pública también cuenta”, respondió Xavier. Insistió con ese argumento. Para él, se dice que el país es caro porque la gente no es del todo consciente de los derechos que tiene salvo cuando los pierde. Los niveles de atención de salud que tenemos en Uruguay, y lo que el Estado invierte en eso, es francamente envidiable. En Uruguay todo ciudadano tiene acceso a esa atención, eso no tiene precio. Eso es valor más allá de costo, es el valor de la vida en la sociedad. ¿Por qué se están radicando empresas internacionales y vienen extranjeros a vivir si es tan caro?”.

    La nueva directora del Instituto de Competitividad de la Universidad Católica, Micaela Camacho, dijo la semana pasada en Búsqueda que si bien Uruguay ofrece un “piso” de estabilidad, todavía “hay un montón de cosas” sin resolver. “Te lo dice todo el mundo. Tenés un nivel impositivo enorme, pero no te cubre salud, ni educación a los niveles de otros países con altísimo nivel impositivo”, afirmó (Nº 1.992).

    Desde las cámaras empresariales martillan con un planteo similar. Que las tarifas de los servicios públicos —combustibles, electricidad, agua, etc.— son elevadas en la comparación regional e internacional, que los salarios han crecido más que la productividad y que la regulación laboral es demasiado rígida. Y hablan además de un poder sindical que, dicen, fogonearon los gobiernos frentistas.

    Ganancias

    Algunos datos sugieren que las ganancias empresariales se han ido reduciendo en los últimos años. Una aproximación a esa información surge del pago del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), que tiene una tasa de 25% sobre la renta neta fiscal. Su recaudación creció 8,6% real en 2015, 20,1% en 2016 y 5,8% en 2017, según la Dirección General Impositiva. Esas cifras incluyen a las empresas públicas.

    La oficina recaudadora dejó de divulgar hace años información abierta por sectores de actividad, lo que limita el análisis. Las últimas cifras disponibles (de 2012) muestran que hubo 74.144 empresas contribuyentes del IRAE, pero el panorama por rubros y tamaños de firmas no fue homogéneo. Por ejemplo, la recaudación del IRAE creció significativamente en giros como el suministro de agua y saneamiento (234%), la informática y comunicaciones (169%), así como el comercio al por mayor de textiles y prendas de vestir (84%). También la producción agropecuaria, forestal y la pesca (65%), mientras que la construcción pagó 30% más que en 2011, siempre en términos reales. Lo tributado por renta empresarial se estancó en actividades como el alojamiento y servicios de comida, y en el comercio, en tanto que disminuyó en el caso del suministro de electricidad (–87%), el transporte (–16%) o las agrupadas en la categoría “Otras industrias manufactureras” (–17%).

    Por tamaño de empresas, solo las que tuvieron ventas menores a 305.000 unidades indexadas a la inflación (unos US$ 36.400 de 2012) pagaron menos IRAE (–16%).

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