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    Consumo de drogas entre liceales empeora el “clima escolar” y aumenta la percepción de inseguridad

    Estudio del Ineed señala que el 83,8% consumió al menos alguna sustancia psicoactiva durante los últimos 12 meses; las bebidas energizantes y alcohólicas destacan como las más prevalentes, seguidas por medicamentos, tabaco y marihuana

    La violencia y la inseguridad en los centros educativos no es un fenómeno nuevo ni es exclusivo de Uruguay. Sin embargo, a partir de 2022 se observa un incremento en la percepción de la violencia —más actos de vandalismo, robos, consumo de drogas legales e ilegales, peleas grupales— en los entornos y en las áreas de uso común de los centros de enseñanza. Esto, sumado a otras “conductas de riesgo” de los estudiantes (ansiedad, depresión), impacta “negativamente” en los aprendizajes y en la permanencia en las instituciones, sobre todo de educación media pública, liceal y técnica. Por el contrario, “factores protectores del clima escolar”, como los vínculos entre pares y con los docentes, favorecen los buenos desempeños de los alumnos.

    Así lo plantea un reporte sobre clima escolar y percepción de seguridad en estudiantes de noveno grado de la llamada Educación Básica Integrada (antes, de tercero de liceo y de UTU) elaborado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), al que accedió Búsqueda.

    En el último quinquenio aumentaron todos los valores de inseguridad en todos los tipos de instituciones de enseñanza media pública. Estas percepciones de los propios alumnos y de los docentes se extienden desde las afueras de los locales de estudio —en el trayecto por el barrio, la cuadra y en la puerta del liceo— hasta los pasillos, patios, salones de clase y baños. Así lo reflejó un informe previo del Ineed difundido en 2023 y referido a las percepciones de la comunidad educativa sobre la inseguridad y la violencia barrial. Este nuevo estudio retoma y profundiza el análisis con más información.

    Lo que buscó el instituto evaluador es dar con los factores que inciden en esta percepción y cómo impactan en los resultados académicos, explicó a este semanario Carmen Haretche, directora del Área Técnica del Ineed y responsable del nuevo reporte titulado La incidencia del clima escolar sobre la percepción de seguridad de los estudiantes y sus desempeños.

    Un hallazgo “inesperado” del estudio es que, ante la percepción de mayor inseguridad, las alumnas obtienen resultados peores que los varones en matemáticas y lectura. Las evaluaciones estandarizadas internacionales “históricamente” muestran que las mujeres presentan peores desempeños que los varones en matemáticas y mejores en lectura. El reporte da cuenta de que ser mujer o identificarse con otro género (distinto de varón o mujer) y la percepción sobre violencia barrial también empeoran los desempeños, mientras que el contexto socioeconómico y cultural de la institución y del estudiante se asocia a mejores resultados académicos.

    En cualquier caso, el aspecto escolar de mayor relevancia en la percepción de seguridad es el llamado “clima de aula”, indicó a Búsqueda Javier Lasida, presidente del instituto evaluador. Explicó que este se construye a partir de un vínculo sano entre los alumnos y con los docentes. También señaló que genera mayor sentido de pertenencia y autonomía del centro de estudios, “apertura a la diversidad” y que los estudiantes sientan que su voz es respetada.

    Entre los factores que empeoran el clima de aula, Lasida y Haretche destacaron la violencia barrial, las “conductas de riesgo externalizantes” (hiperactividad, agresividad) y el consumo de alcohol, marihuana y otras drogas (cocaína, pasta base, hachís, alucinógenos o éxtasis) por parte los adolescentes durante el último año. Esto “sin medir si se trata de un consumo problemático de sustancias psicoactivas”, precisó la experta; lo que se releva es la prevalencia de consumo en el año.

    Si bien algunos de estos factores son externos al centro de estudios, resulta “evidente” que “empeoran el clima escolar” y los desempeños, como las trayectorias educativas, el contexto familiar y el entorno, las habilidades socioemocionales y los factores institucionales, agregó Lasida al comentar los resultados del estudio.

    Considerada la principal evaluación a escala nacional de logros educativos, Aristas Media es una prueba nacional que mide entre otros aspectos los desempeños en lectura y matemática de estudiantes de tercer año de educación media. Se aplicó a unos 1.500 alumnos de más de 600 grupos provenientes de 340 centros públicos y privados y escuelas técnicas.

    Consumo de sustancias psicoactivas

    El 83,8% de los estudiantes consultados declara haber consumido al menos alguna sustancia psicoactiva durante los últimos 12 meses previos al relevamiento del instituto evaluador.

    Al desgranar los tipos de consumo, surge que las bebidas energizantes (Red Bull, Speed) y alcohólicas son las sustancias con mayor prevalencia entre los estudiantes, 69,4% y 62,1%, respectivamente. Les siguen el consumo de medicamentos (el 18,9% de los estudiantes declara haber tomado tranquilizantes o estimulantes), de tabaco (13,5%) y de marihuana (11,4%).

    La cocaína, la pasta base, el hachís, los alucinógenos y el éxtasis son sustancias que se consumen en menor medida entre los adolescentes (4%).

    Las mujeres declaran un mayor uso de medicamentos, tabaco y bebidas alcohólicas, mientras que los hombres presentan mayores tasas de consumo de bebidas energizantes, marihuana y otras drogas. Personas identificadas con otro género reportan mayor consumo de medicamentos, tabaco, marihuana y otras sustancias que mujeres y varones.

    Con la edad también aumenta el consumo de tabaco, alcohol y marihuana. Los alumnos de 16 años o más también muestran una mayor prevalencia al consumo de medicamentos y otras drogas comparados con los de menor edad. El consumo de bebidas energizantes parecería ser más frecuente entre los más jóvenes.

    En cuanto a lo socioeducativo y cultural del centro no se observan grandes diferencias, con excepción de los estudiantes de contexto “muy favorable”, que reportan menor consumo que el resto. En el alcohol es donde se detecta la mayor distancia: mientras lo reportado por los estudiantes de contexto muy favorable es de 54,6%, el promedio del consumo del resto de los contextos alcanza el 64%. Y es entre los alumnos que asisten a escuelas técnicas de formación profesional (FPB-UTU) donde se aprecia la mayor prevalencia de consumo para casi todo el conjunto de sustancias relevadas.

    El análisis regional revela un mayor consumo en el interior del país que en Montevideo. Un 85,5% de los estudiantes que van a centros ubicados en el interior declara haber consumido alguna sustancia en el último año, frente a un 80,7% en la capital. Sin embargo, las mayores diferencias están en el consumo de bebidas alcohólicas y de tabaco.

    El entorno de amigos

    Más de la mitad de los estudiantes (51,6%) declara que uno o más de su grupo de amigos tomó alcohol regularmente en el último año. Un 23,1% reporta que algún compañero ha fumado marihuana de forma habitual y un 10% dijo tener amigos que alguna vez en el último año han consumido cocaína, alucinógenos, éxtasis, metanfetaminas o anfetaminas.

    En el caso del alcohol el consumo se concentra en la mayoría del grupo de amigos, mientras que en el de marihuana y otras drogas es sobre todo uno de los amigos el que consume.

    Al analizar el consumo de drogas lícitas e ilícitas en relación con el grupo de pares, el estudio comprueba un aumento del consumo individual de alcohol, marihuana y otras sustancias en la medida que aumenta la cantidad de amigos cercanos que han consumido estas sustancias en los últimos 12 meses.

    Todo esto no solo afecta el clima en el aula y la percepción de seguridad de los estudiantes, sino que impacta “negativamente” en los desempeños y los logros educativos, destacó el titular del instituto evaluador. Lasida entiende que considerar estos factores es “muy importante” por su influencia sobre los aprendizajes y en “la alta inequidad que sufre el sistema educativo uruguayo”, puesto que la violencia “afecta más” a los adolescentes de menores ingresos.

    “Esta es una realidad y los educadores no podemos hacernos los distraídos si queremos construir vínculos sanos entre estudiantes y relaciones de confianza con toda la comunidad educativa. No podemos ser indiferentes frente a esta evidencia”, concluyó.

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