La ganadería es uno de los sectores que entró a la primavera con perspectivas favorables para el negocio, si se considera el valor de las diferentes categorías de vacunos y la situación de demanda y de precios de la carne exportada este año.
La ganadería es uno de los sectores que entró a la primavera con perspectivas favorables para el negocio, si se considera el valor de las diferentes categorías de vacunos y la situación de demanda y de precios de la carne exportada este año.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon un precio de poco más de US$ 4 por kilo de novillo gordo que registra el mercado de haciendas local actualmente y que es una tendencia sin grandes oscilaciones desde junio, el ganado uruguayo figura como el más caro de la región y superó incluso a los valores de otros competidores mundiales, como Australia y Estados Unidos (Búsqueda Nº 2.037).
En una mirada de más largo plazo puede advertirse que el productor uruguayo debió enfrentar un incremento en el costo de la tierra, tanto en compra como en arrendamiento para realizar esa actividad.
Esa situación les pegó a prácticamente todos los rubros agropecuarios; así como ocurrió con el ganadero, también afectó al tambero, al productor agrícola y al forestal.
En 2018 la compra de una hectárea de tierra requería 3,4 veces más de producto novillo gordo o leche que en 2000, mientras que para la lana el incremento era de casi el triple, destacan técnicos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea), en un artículo publicado en la revista del Instituto Plan Agropecuario de setiembre.
Muestran las relaciones entre precios de la tierra y de los productos del agro en el período de 19 años y cuántos kilos o litros precisa un productor para adquirir una hectárea de campo.
Entre 2000 y 2005 el ganadero necesitó entre 546 y 806 kilos de novillo para comprar una hectárea, a partir de 2006 esa relación subió a 1.155 kilos hasta llegar a 2.079 en 2009. Luego hubo una cierta baja en esa proporción entre carne y tierra, en 2014 volvió a superar los 2.000 kilos de novillo para hacerse de una hectárea y en 2018 hubo una reducción que quedó en 1.854 kilos, según los cálculos de Diea. Teniendo en cuenta el alza registrado este año en el precio de los vacunos y la tendencia a la baja en el valor de la tierra, esa relación tendería a favorecer al ganadero.
Al productor lechero se le hizo cuesta arriba el acceso a tierras para su actividad, ya que en los primeros años de la década de 2000 le alcanzaba con entre 2.700 y 4.600 litros de leche para comprar una hectárea, pero después esa relación saltó a más de 5.000 litros, en 2007 y en 2008; y llegó a 10.586 litros en 2009. Tras una baja entre 8.000 y 9.000 litros por hectárea entre 2010 y 2014, esa relación volvió a aumentar a poco más de 12.000 litros.
En los últimos dos años el tambero requirió de algo más de 10.000 litros de leche para adquirir una hectárea.
La lechería es una actividad que en un 44% de los casos se realiza en predios arrendados y si se considera otras formas de tenenecia que no sea la propiedad, esa porción sube a 64%, según datos de Diea. El área lechera es de 754.000 hectáreas, de las cuales 271.000 son propiedad de productores, 332.000 arrendadas y 151.000 en otros tipos de contratos.
De tener que precisar 254 y 394 litros de leche en 2007 y 2008 para arrendar una hectárea de campo, el tambero pasó a necesitar más de 500 litros entre 2014 y 2017, recién en 2018 bajó a 455 litros, según Diea.