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    Decurnex y el futuro del fútbol uruguayo: “Tenemos que cambiar la mente porque así no tenemos solución”

    El expresidente de Nacional lidera una escuela pionera de la UTU dentro de Los Céspedes que desde marzo atiende a 100 estudiantes

    En mayo del año pasado José Decurnex volvió al Club Nacional de Football. La enfermedad y licencia del entonces presidente José Fuentes determinó que ingresara como su suplente a la comisión directiva. Semanas después Fuentes falleció y algunos dirigentes propusieron a Decurnex para asumir oficialmente como presidente, cargo que había ocupado de 2019 a 2021. Decurnex declinó el ofrecimiento y decidió mantenerse como segundo vicepresidente.

    Desde ese cargo participa en las reuniones habituales de directiva, de discusiones sobre transferencias y de reclamos a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) por temas arbitrales. Es un puesto donde tiene más tiempo y menor responsabilidad y exposición que como presidente, lo que le ha permitido centrarse en la Fundación Nacional, la iniciativa que lo tuvo como ideólogo y precursor en su período presidencial, encargada de las acciones de responsabilidad social de la institución.

    La fundación tiene un proyecto bandera: el centro educativo que funciona en la ciudad deportiva Los Céspedes. En convenio con la Dirección General de Educación Técnico Profesional (UTU), comenzó en 2021 para brindar a 25 estudiantes los tres años de ciclo básico de la modalidad Deporte y Recreación. A partir de 2024 serán 100 alumnos quienes, además del ciclo básico, recibirán formación de bachillerato para realizar todo el ciclo de enseñanza dentro de la UTU de Los Céspedes.

    “Esto es espectacular”, afirmó Decurnex en el lanzamiento del bachillerato, en setiembre. Ingeniero de computación con 30 años de carrera laboral en IBM por Latinoamérica, Europa, África y Asia, ha intentado llevar un enfoque empresarial al fútbol uruguayo con proyectos como la Fundación Nacional. También, con una gestión más calculadora y menos pasional en la administración diaria de la institución, que le generó discrepancias en un ambiente donde predomina la presión de la tribuna y un estilo de conducción que tiene a la liga y los clubes locales estancados hace décadas.

    A continuación, un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    —Asumió como presidente de Nacional en 2019. ¿La idea de crear un centro educativo dentro del club desde cuándo la traía?

    —Siempre pensé que, como todos los grandes clubes del mundo, Nacional tenía que tener una fundación que impacte en lo social. Lo puse en mi plataforma para ser electo presidente como uno de los cuatro pilares de mi programa. Aunque ya existía en el club una fundación con un estatuto, nosotros la reestructuramos, la relanzamos y a fines de 2019 empezó a operar.

    —En el fútbol uruguayo por lo general solo se piensa en fútbol. ¿Cuál fue la reacción de sus compañeros de directiva cuando propuso esta idea?

    —Creo que los dirigentes al principio tal vez estaban incrédulos, un poco reacios. Hoy se entusiasman un montón: participan los dirigentes, participan los funcionarios, participan los jugadores juveniles, participan los propios jugadores de primera división, que dan charlas, que se acercan, que se involucran. Falta tal vez un poquito más en el mundo hinchada, que se acerquen más hinchas de los que ya trabajan voluntariamente. Que la gente entienda que esto va más allá del fútbol de Nacional, que es una iniciativa social que nos tiene que dar orgullo a todos.

    —¿No hay detrás ningún objetivo deportivo? Por ejemplo, captar a algún estudiante talentoso para llevarlo a las divisiones inferiores de Nacional.

    —No, para nada, está totalmente por fuera del fútbol de Nacional. No tiene para nada un objetivo deportivo, no está vinculado a eso sino a un tema de impacto y de inclusión social que decidimos hacerlo a través de la educación. Obviamente que hay un sesgo grande hacia el deporte porque estás en Nacional y dentro de Los Céspedes, pero sin la implicancia de captación de jugadores. Y justamente está en Los Céspedes porque se trata de una zona de muchos barrios complejos y con bastantes desafíos en los que Nacional quiere colaborar.

    —¿Cuál es la situación actual del centro educativo?

    —Estamos en la segunda etapa de un proceso que comenzó en 2021 con la instalación del centro con un curso de ciclo básico de UTU. Iniciamos en marzo el bachillerato, que es la posibilidad de continuar los estudios de ciclo básico y terminar educación media en el mismo lugar. Es la posibilidad de dar continuidad a los alumnos en todo el ciclo, de que terminen estudiando en el mismo contexto de Los Céspedes. El 2024 es un año de poner a funcionar esto, de asegurarnos que el bachillerato se haga con la misma calidad que el ciclo básico y lograr consolidar el ciclo de UTU completo. Además tenemos un centro juvenil del INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay), donde básicamente un grupo de 50 chicos vienen todos los días a hacer distintos tipos de actividades educativas y deportivas para ocupar su cabeza, desarrollarse y salir de la calle en barrios que son de mucha complejidad. Son chicos del barrio que tienen la oportunidad de venir a capacitarse con un grupo de docentes que trabajan exclusivamente para ellos.

    —¿Cuántas personas recibe Nacional en total?

    —Son 75 alumnos en el ciclo básico, 50 en el bachillerato y 50 más en el centro juvenil del INAU. Hablamos de un impacto de más de 150 chiquilines que en un 90% son de la zona. Pero se ha presentado muchísima gente de otros lugares también, y cuando abrimos el bachillerato explotaron las inscripciones.

    —Nacional tomó como inspiración modelos educativos que tienen River Plate de Argentina y Pachuca de México. Ante esa “explosión” de inscripciones, ¿imagina un escenario de un colegio o de una universidad en Los Céspedes?

    —Creo que el club hoy claramente no está preparado para eso. Sí podríamos estar en el doble de chicos, a eso aspiramos. Hoy tenemos tres turnos de ciclo básico, dos turnos de bachillerato y un turno del centro juvenil, y a mí me encantaría duplicarlo. Sería un sueño, y hay espacio para crecer en Los Céspedes, pero un ciclo educativo completo como puede suceder con River Plate de Argentina no es fácil porque el club no puede tomar todo, es una infraestructura enorme esa. Tal vez sí, en materia de educación universitaria, podemos asociarnos con una institución ya existente para hacer un convenio.

    —Es un empresario que trabajó en multinacionales alrededor del mundo y decidió hace algunos años involucrarse en el fútbol. Dentro del fútbol lo han criticado por tener ideas como esta, alejadas del día a día del deporte, y por un perfil enfocado en los negocios que busca adoptar modelos empresariales. ¿Se sigue sintiendo un outsider?

    —Mucha gente de Nacional aún se enoja conmigo por esto, por el tema del mundo empresarial. La realidad es que el fútbol no deja de ser un negocio, Nacional no deja de ser una gran empresa que tiene un presupuesto enorme que tiene que cubrir, que participa de organizaciones de campeonatos nacionales e internacionales y que en el fondo está compuesta por más de 150 personas, que son las que hacen el andar de esta gran organización. Eso sí está muy cercano al mundo empresarial, porque Nacional es una de las grandes empresas del país. Lo que lo hace más complejo de administrar a Nacional que a una empresa es que tiene la pasión de más de la mitad del país. Uno como directivo tiene que abstraerse de esa pasión y mirar esto con mayor frialdad para administrarlo. La gran diferencia de ser un empresario con ser un dirigente deportivo es la pasión que hay en torno al mundo fútbol y que muchas veces te hacer perder la razonabilidad. Yo soy tan pasional como todos los hinchas, pero creo que cuando te toca ser dirigente tenés que poner cabeza fría para hacer algo distinto, para mejorar el club, el producto y la infraestructura.

    —¿Cómo se hace?

    —El día a día, el partido del fin de semana te hacen perder un poquito la mirada sobre el bosque: el arbitraje, la protesta, la localía, el delantero que erra un gol… Hay que ver un poco más a largo plazo porque el club cumple 125 años, va a cumplir muchos años más y mirar a futuro es lo que va a permitir fortalecer a la institución. Entonces enfrascarse en la diaria, que es importante, no es la esencia que el dirigente debe tener en la cabeza. Nacional tiene una estructura básica de funcionarios que sí son del día a día, y la tarea dirigencial debe ser mucho más estratégica, de mediano y largo plazo. A pesar de que el fútbol te lleve a la diaria, tenés que estar un escalón más arriba.

    —¿La falta de miradas similares a la suya es lo que impide que la liga mejore, que los clubes locales crezcan y puedan competir en el exterior?

    —Son varios factores. Creo que por un lado tenés en Uruguay un tema de masa crítica, de mercado, que te influye para todo y el fútbol no está ajeno a eso. Este es un país donde —no quiero ofender a nadie, pero…— al menos el 90% es de Nacional o de Peñarol, lo que lo hace un mercado muy particular. Entonces para un club de los llamados menores, chicos, sin masa crítica es muy difícil generar la economía para poder tener a nivel regional una participación distinta. A mí me gusta poner el ejemplo de Argentina porque somos sociedades bastante similares en muchos aspectos y en el interior de Argentina hay ciudades que son más grandes que Montevideo, que generan su propia masa crítica y su propia economía que les permite competir de manera distinta que a las decenas de clubes que hay en Montevideo. Todo esto hace que la vara baje y tengas una liga con muchos problemas económicos, en cierto sentido medio amateur, donde muchos clubes tienen problemas hasta para llegar a fin de mes.

    —¿No cree que hay una responsabilidad de dirigentes sin mirada a largo plazo?

    —Más allá del mercado, el fútbol en Uruguay nunca ha querido estructurarse de una manera profesional de verdad. Es un fútbol que le falta dar ese paso, de ir y copiar a las grandes ligas profesionales que hay en otras partes del mundo, porque mercado grande o mercado chico las cosas se podrían dar de una manera distinta, más estructurada y profesional. Es el paso para dar y para eso hay que cambiar la cabeza. Vos ves a Ecuador, que hace 10 años tenía un fútbol peor que el uruguayo y hoy tiene un fútbol con otro valor, con equipos que compiten y ganan internacionalmente. Quienes estamos en el fútbol deberíamos sacarnos las camisetas un poquito para pensar en esto, porque es la base del problema.

    —¿El dirigente se enfoca demasiado en el penal no cobrado, en la chicana al rival?

    —Y… es algo que nos cuesta. Miramos la cortita. Vos ves que la infraestructura es cada vez peor, los estadios, las canchas también cada vez están peor. Es todo un escenario que hace difícil pensar en un producto que se valore y te lo vaya a comprar el mundo. Es un escenario donde hay pocos clubes que tengan una infraestructura medianamente razonable para ser clubes profesionales. Entonces está claro que tenemos que cambiar la mente del dirigente del fútbol, sentarnos a pensar de manera colectiva y no egoísta para hacer una liga profesional de verdad. Así como venimos no tenemos mucha solución porque no hay un trabajo estructural para cambiar de fondo el fútbol uruguayo. Es un tema de estructura de verdad, de profesionalismo de verdad, de gente que mire esto como una empresa, como un negocio en serio, porque en el fondo es lo que es.

    —Un análisis así suele ser la excepción en el fútbol uruguayo. Al menos es una excepción llevarlo a la práctica. ¿Lo hace sentirse un poco solo?

    —Y…, te aburrís, pero hoy hay otras voluntades para cambiarlo. Hay gente de muy buen nivel metida en el fútbol y hay un viento a favor de intentar hacer algo distinto desde la dirigencia. Muchos clubes entendemos que si seguimos así va a ser más de lo mismo y queremos generar la conciencia de sentarnos en una mesa y redefinir el fútbol uruguayo porque es la única salida que tenemos. Se está generando esa conciencia. Ojalá sea entre todos, con la AUF incluida.

    —La AUF impulsa la instalación de sociedades anónimas deportivas (SAD) justamente como un método de desarrollo para la liga local. ¿Está de acuerdo?

    —No sé si es la solución o no, es una variable más que te ayuda a profesionalizar en la medida en que la sociedad anónima venga con ese objetivo. Hay algunas sociedades anónimas que sí vienen con ese objetivo y otras no, que vienen para hacer una transferencia e irse. Son muy buenas las que llegan, invierten en instalaciones, traen capitales del exterior y forman jugadores porque nos fuerzan a todos a subir un escalón. El camino estructural es ese: invertir en formativas, en chiquilines, tener buenas canchas y buena infraestructura. Ese es tu activo como club y lo que te genera la viabilidad del club a largo plazo. El activo, más allá del patrimonio, son los juveniles. Eso es una inversión enorme.

    —¿Pero cuánto cuesta esa inversión?

    —Nacional solamente de formativas tiene una inversión anual de US$ 3,5 millones. Y, si me preguntás a mí, falta todavía más inversión en formativas: en infraestructura, en gimnasios, en cosas para ser un club cercano al modelo europeo de formación. Estamos en el camino pero falta mucho, porque un club en Europa invierte el doble, y te hablo de clubes de rango medio, no de los de elite. Clubes que por su historia obviamente no podemos compararlos con Nacional pero sí por su infraestructura y capacidad de invertir. Tu producto tiene que ser tener chicos bien formados. A eso apuesta Nacional. No es fácil, pero es la salida.

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    2024-02-28T16:59:00

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