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    El Plan Ceibal es “fundamental” para transformar la enseñanza, que es “conservadora” y le tiene un miedo “brutal” a los cambios

    “¿Cómo se puede seguir discutiendo educación sin discutir las redes sociales?”, se preguntó Miguel Brechner, quien considera que “Uruguay tiene mucha tradición de discutir, discutir y discutir, y postergar el hacer”

    A los saltitos, el niño de 10 años intentaba sin éxito ver a los operarios que manipulaban la excavadora en busca de hidrocarburos. Ante el fracaso, abrió su computadora portátil, prendió la videocámara y se la dio a un adulto que estaba mejor ubicado para que grabara el momento histórico para el pueblo.

    La escena ocurrió el viernes 27 en Pepe Núñez (Salto), un pueblo compuesto por una veintena de casas al que se llega tras recorrer 180 kilómetros desde la capital departamental y en el que aún no hay luz eléctrica, pero donde todos los escolares tienen su laptop.

    Para Miguel Brechner, presidente del Centro Ceibal —un proyecto del gobierno por el que se entrega una computadora portátil a cada estudiante y docente del sector público— hechos como el experimentado en Pepe Núñez son los mejores ejemplos del éxito cosechado por la propuesta desde que comenzó en 2007.

    Cinco años después de que el entonces presidente Tabaré Vázquez entregara la primera de esas computadoras portátiles —las XO— a los alumnos de Primaria de Cardal (Florida), el Plan de Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea (Ceibal) lleva repartidas más de 500.000 laptops en escuelas y liceos del país.

    Durante una entrevista con Búsqueda, Brechner opinó que el proyecto debe ser una “pieza fundamental” de los cambios de la enseñanza uruguaya, un sector que tiene un miedo “brutal” a las transformaciones.

    “Se requiere un cambio cultural para que la sociedad entienda que el desafío en la educación es mucho más que la gente explore, aprenda, avance, corrija, que el hecho de que se sepa de memoria un tomo de algo”.

    Para el titular del proyecto, Uruguay debe aprovechar las nuevas tecnologías para “personalizar” la educación y hacerla “más desafiante” a los jóvenes que asisten a la enseñanza media.

    “¿Cómo se puede seguir discutiendo educación sin discutir las redes sociales?”, se preguntó Brechner.

    —¿Cuál es el balance de estos cinco años desde que se lanzó el plan?

    —Si lo mirás en perspectiva, las cosas que hemos conseguido son muy importantes en distintos puntos. Para mí el más fuerte es que a través de una política pública transformamos el privilegio de tener una computadora con Internet en un derecho. En la sociedad uruguaya de hoy está instaurado que los niños tienen computadora y tienen Internet. Es una política de Estado, no se me ocurre que si hay rotación de partidos en el gobierno alguien diga que hay que cerrar el Plan Ceibal.

    En el sistema educativo, donde en un principio había resistencias, Primaria se sumó fuerte y muy positivamente. Hay un cambio muy grande. El 40% de los niños que asisten a la escuela pública vienen del 20% más pobre de la población del país, y solo el 3% de esa gente llega a la Universidad. Entonces, si pensamos a largo plazo cómo queremos cambiar eso, tenemos que hacer una mezcla de psicología, pedagogía, aprendizaje, infraestructura, y ver cómo ir orientándola. Pero ninguno de estos cambios es de un día para el otro.

    Desde el punto de vista educativo hay una especie de fantasía en el imaginario colectivo de que vos le entregaste una computadora a un niño y le solucionaste la vida. ¿Quienes recibieron computadoras cuando eran jóvenes mejoraron las clases? Sí, si estudiaban.

    Por algo desde todo el mundo nos mandan mails porque quieren venir a conocer la experiencia, nos piden que vayamos. Quieren saber cómo lo hicimos y por qué nos costó tan poco. Si vos considerás que tiene un costo de $ 2.000 por estudiante por año —incluyendo la computadora, el mantenimiento, el servicio técnico, la capacitación, incluyendo la plataforma— te das cuenta que no es nada.

    —¿Cuándo cree que se va a notar el cambio propiciado por el Ceibal?

    —El cambio cultural ya se va dando. Estamos adentro del ruido, por eso no nos damos cuenta. El problema más difícil en cuanto a la medición es que nadie en el mundo sabe qué hay que medir. Todo lo que aprendieron los niños en el tema de búsqueda en Internet, sacar fotos, filmar, investigar, ¿cuánto vale eso? El año pasado decidimos formar a 1.600 docentes para enseñarles a dictar robótica. Los tipos vinieron motivados y ahora estamos haciendo robótica en los liceos. ¿A cuántas personas eso les abre la cabeza?

    La gran pregunta que todo el mundo quiere saber es cuándo vamos a ver los resultados... tenemos que ver qué pasa con las pruebas PISA 2015, cuando toda la generación de estudiantes sean “alumnos ceibal”.

    —Cuando comenzó el plan los docentes dijeron que no estaban preparados para usarlas en clase y se generó mucha resistencia...

    —Se asustaron. Pero no les dijimos: ‘usted tiene que usar la máquina, si no, tal cosa’. Los tipos la fueron incorporando porque la tenían, y fueron cambiando los libros y los textos. Que se asustó todo el mundo, no tengo la menor duda, como se hubieran asustado todos los médicos de este país si les hubieran dicho que tienen que entrar las historias clínicas por computadora.

    Nuestra responsabilidad principal ahora es facilitarle la vida al docente, darle maneras sencillas de hacer las cosas y gracias a eso se verá cómo cambia.

    —¿Cree que fue apresurado repartir las máquinas a todos los alumnos sin evaluar antes su impacto en un grupo más reducido?

    —No. En Uruguay queremos probar todo otra vez. Hay cosas que todo el mundo sabe que hay que hacer y hay que hacerlas. ¿O tu papá cuando te compró la computadora hizo toda esa discusión, pensó el modelo pedagógico? La decisión de comprarla se debió a que creyó que era importante que la tuvieras en el mundo de hoy. No fue a hablar con todo el mundo. Es una cosa obvia. Y es obvio que hay muchas personas que nunca hubieran accedido a una computadora si no fuera por el Plan Ceibal. Si nosotros nos hubiésemos gastado tres años discutiendo, hubiésemos tenido tres generaciones de pibes que no les hubiéramos dado la computadora.

    Es preferible hacer, equivocarse y corregir, que discutir y no hacer. Uruguay tiene mucha tradición de discutir, discutir y discutir, y postergar el hacer. Es mucho mejor el método de hacer y cuando te equivocás, corregir, que empezar cuando tenés todo armado.

    Reconozco que pensamos que la forma de capacitación que hicimos era buena, pero le erramos. Planteamos la capacitación como una cascada, es decir, le enseñamos a un profesor y este le enseña a otro y ese a otro; eso no funciona.

    —¿Cree que el Ceibal logró demostrarle a los sectores que se resistían a su aplicación que estaban equivocados?

    —En todos lados hay aún resistencias. Sin embargo, nuestras encuestas nos dan muy favorables. Creo que el miedo y la resistencia han bajado fuertemente. Les estamos dando cosas a los docentes que los incentivan, que los desafían.

    Vas por la calle y está todo el mundo con sus dos dedos sobre un celular, pero entran a la clase y es totalmente diferente. No es algo que puedas solucionar en un día, pero tenés que encontrar la manera de cómo incorporar esa tecnología en el aula para que sea interesante.

    Lo más importante hoy es personalizar la educación. Uno de los grandes problemas es que los jóvenes se aburren en las clases. Por eso, lo principal es que les hagas hacer cosas desafiantes a los jóvenes. Pero lo que no podés hacer es en una educación del siglo XXI utilizar herramientas del siglo XIX. ¿Cómo se puede seguir discutiendo educación sin discutir las redes sociales? ¿Qué, las vamos a abolir? ¿Mil millones de tipos están en Facebook y vamos a declarar mañana que eso no existe?

    — Las últimas pruebas PISA indican que una de las mayores carencias de los estudiantes es que a los uruguayos les cuesta mucho crear y tienen una política de repetir los mensajes...

    —¿Y por qué es eso? Porque estamos en un sistema en el que enseñamos lo repetitivo. Hay que acostumbrarse ahora que quizás lo importante es buscar información, pensar información; eso es un cambio cultural. Del lado de la teoría está todo el mundo de acuerdo, pero del lado de la práctica no.

    Se requiere un cambio cultural para que la sociedad entienda que el desafío en la educación es mucho más que la gente explore, aprenda, avance, corrija, que el hecho de que se sepa de memoria un tomo de algo. Lleva tiempo, obviamente. Pero si te ponés a pensar, el futuro está en personalizar la educación, que la gente aprenda de acuerdo a su nivel y no se frustre. Ahora, eso requiere un clima mucho menos conflictivo de lo que existe hoy.

    —¿A qué se refiere con un “ambiente conflictivo”?

    —Soy muy crítico con aquellos que creen que confrontando al sistema educativo se va a ganar algo. Todo el mundo, la prensa, los políticos, le pegan a la educación. ¿Dónde vas a conseguir 40.000 tipos para sustituir a los actuales docentes? Los países que avanzaron en educación no lo consiguieron mediante el conflicto. Además, tenemos que analizar de dónde venimos. En 2005 un maestro ganaba unos $5.000. ¿Qué sociedad valora a un docente si le paga eso por 20 horas semanales? ¿Cuál es la valoración que hacemos como sociedad si un maestro gana eso?

    En los últimos años parece que es políticamente redituable pegarle a la educación, pero la discusión no tiene lógica. Hagamos un plan de mejora que lleve 10 años: no es tan difícil. Si ya todo el mundo sabe las tres o cuatro cosas que hay que hacer. La gente, para no tomar riesgos, hace diagnósticos y arma comisiones sobre temas que son obvios.

    —¿Cuáles son esos temas “obvios”?

    —Prefiero no ser yo quien conteste esa pregunta.

    —¿Cuáles son las perspectivas del Ceibal para los próximos cinco años?

    —Veo al Plan Ceibal como una pieza fundamental de las transformaciones pedagógico-educativas en este país. El Ceibal tiene que pensarse en los próximos años para beneficiar al usuario. Lo veo como un pivot en apoyar al sistema educativo para lograr cambios.

    —Ese cambio en la estructura pedagógica, ¿va a repercutir en la mejora de resultados?

    —El uso de la tecnología para el cambio a nivel pedagógico, discutiendo y participando los docentes, mejoraría el desafío que enfrentan los estudiantes. En educación media eso ayudaría a que los jóvenes se vean más desafiados, que a su vez realimentarían a los docentes.

    Encontrar una fórmula del mejor uso pedagógico de la tecnología requiere discutir, elegir modelos, probar y equivocarse.

    —Usted es una persona que proviene del sector informático, que tiene entre sus características principales la innovación. ¿Cómo recibe el sistema educativo los planteos de cambios?

    —La educación es conservadora por naturaleza, en Uruguay y en el mundo. Pero sobre eso la experiencia que tenemos en el Ceibal es mucho menos dramática de lo que la gente cree. Nos ganamos el respeto en lo que hace cada uno, al principio había mucho celo pero se logró mejorar. Que Primaria aceptara que se dicten clases de inglés por videoconferencia con docentes del exterior, fue un proceso difícil para ellos. ¿Pero hay otra alternativa? No la hay porque en Uruguay no hay tantos docentes de inglés.

    Obviamente que en Ceibal hay gente vinculada a la innovación y tecnología que le es mucho más fácil asumir riesgos que a gente del sistema educativo, que suele no tomar riesgos. Mirá que acá el miedo a hacer algo es brutal. Igual hemos logrado avanzar muchas cosas porque por ahí va el futuro y todos se dan cuenta.

    A mí me preocupa más el hecho de cuando estos muchachos terminen el liceo, la universidad tenga la capacidad para recibir a todo el mundo con una laptop. Hoy se pueden tener videoconferencias en todos lados, ¿por qué habría que ir a clase presencial en los teóricos? ¿Para qué? No abogo porque la gente no vaya a clase, pero hay cosas que son embolantes y que es mejor buscar mecanismos alternativos.

    El Ceibal lo que hace es empujar estos cambios, pero de no haber existido el plan, tarde o temprano habría pasado lo mismo.

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