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    El gobierno busca sacar de la lógica económica de los uruguayos al dólar, su refugio histórico frente a la desconfianza

    De manera gradual, la proporción de crédito bancario en pesos aumentó y actualmente es la mitad del stock total, mientras persisten niveles de dolarización de los depósitos superados solo por países como Nicaragua y el Congo

    Con sus 110.000 kilómetros recorridos en ocho años, la camionetita blanca Chevrolet N-300 Max —“muy económica” y que “no da problemas”— publicada por estos días en los clasificados de El País desentona con el resto de los avisos. El dueño pide pesos, 310.000, y no los aproximadamente US$ 6.900 que equivaldrían a ese monto.

    El mercado de automóviles y sus repuestos se maneja básicamente en dólares, lo mismo que las transacciones inmobiliarias, las agencias de turismo y los hoteles; también las casas de electrodomésticos importados suelen fijar precios en esa moneda, aunque aceptan pagos en pesos. Además, parte del crédito bancario a empresas o a particulares —para comprar un coche, una vivienda o financiar un viaje— está dolarizado. Es algo incrustado en las cabezas de los uruguayos, con raíz en una historia de alta inflación (una tasa de 12 meses de 31% en promedio desde 1940 hasta mayo del 2021, pero con extremos de 0,17% y 183%) y períodos de inestabilidad económica y vaivenes en las políticas que fueron frecuentes al menos hasta la última dictadura. Para muchos, usar el dólar como moneda comercial o de ahorro fue —y es— la opción ante la desconfianza en el peso uruguayo.

    No es un fenómeno exclusivo de Uruguay, y en la región desde hace años varios países intentan revertirlo, con distintas herramientas y resultados. El economista Eduardo Levy Yeyati sostiene que el sitial que ocupa el dólar es “crucial para entender la macroeconomía latinoamericana”. Sobre el caso uruguayo piensa que a pesar de haberse adoptado “políticas exitosas de estabilización y de desarrollo de mercados en moneda local que le permitieron preservar el acceso a los mercados financieros aun en tiempos de crisis”, no hubo logros “importantes en la reducción de la dolarización de facto”; el “mayor éxito” es relativamente reciente y ha sido evitar que el sector público se endeudase tanto como antes en la divisa, afirmó el argentino en un análisis publicado en enero por el Fondo Latinoamericano de Reservas.

    Ahora, el actual gobierno quiere ir por más. A través del Banco Central (BCU), está impulsando una desdolarización de la economía uruguaya, primero dialogando con sectores empresariales cuyo negocio está ligado a la moneda extranjera para entender razones, y después disponer modificaciones normativas o medidas de otro tipo, incluso tributarias. Una condición básica es que la inflación ceda y la gente visualice que así se mantendrá por largo tiempo; recién en abril, por primera vez, la tasa de 12 meses quedó dentro del rango (de 3%-7%) establecido como objetivo por las autoridades y se adentró otro poco en mayo, cuando el registro se ubicó en 6,64%, según el Instituto Nacional de Estadística. Es, de todos modos, un ritmo de alza de precios acelerado comparado con economías más estables, si bien es bajo respecto del Uruguay de, por ejemplo, hace tres décadas (102%).

    El Uruguay verde

    “Compré una cubierta de bicicleta el otro día y me salió siete dólares con no sé qué… Hay cosas que están en la cultura, y hay todo un sustento teórico de que nos hacen mal y cuestionan nuestro crecimiento” económico, contó el presidente del BCU, Diego Labat, en una reciente entrevista publicada en el canal de YouTube del Centro de Estudios para el Desarrollo.

    Ver la cotización del dólar es casi un acto inconsciente para los uruguayos; lo hacen aun si no tienen cuotas que pagar en esa divisa o ahorros para pasarlos a billetes verdes. Los informativos de televisión muestran la pizarra en su edición del mediodía y en horario central —incluso los fines de semana— con el auspicio a veces de un banco o una casa cambiaria. Aunque baje (o suba) solo unos pocos centésimos, también en los diarios le tienen un titular reservado: “Cayó el dólar”. Y si bien el presupuesto público es plata en pesos, los jerarcas generalmente hablan de cifras en esa divisa.

    Parte de esa dimensión del fenómeno fue caracterizada hace unos años (2016) por economistas del BCU, uno de ellos Gerardo Licandro, la cara visible, junto con Labat, del impulso actual para tener un peso de “calidad” y recupere terreno. Al analizar la “dolarización cultural” —cuando los agentes usan el dólar como tenencia en circunstancias donde en la mayoría de los países se emplea la moneda local—, con Miguel Mello hallaron, entre otras cosas, que las mujeres jefas de hogar uruguayas muestran que la preferencia por la divisa emitida por la Reserva Federal está asociada a la riqueza y al hecho de ser propietario de una vivienda. La dolarización cultural también se acentúa con la edad y los años de educación formal. Como una conclusión, señalaron que todos los factores que refuerzan la idea de que las grandes cantidades deben expresarse en dólares parecen contribuir a profundizar este fenómeno.

    ¿Cuál es el problema de todo eso para una economía como la uruguaya? Labat y Licandro, gerente de Asesoría Económica del BCU, lo explicaron en un reciente documento que es la base argumental del plan en marcha (Búsqueda N° 2.120). La dolarización “hace que los ciclos reales sean más profundos, ya que las rigideces de los precios del dólar suponen una carga más pesada para el ajuste de cantidades que las rigideces de precios en moneda nacional”. En otras palabras, “las rigideces de los precios del dólar son peores”. Pero, si la inflación alta erosiona el poder de compra de los pesos, no hay confianza en ellos y se tiende a adoptar mecanismos de indexación, inhibiendo además el desarrollo de los mercados en moneda nacional, entre otras patologías.

    Créditos

    Actualmente, la mitad del financiamiento bancario total a residentes en el país —empresas y familias— está concedido en moneda extranjera (50,5%). Es de los menores niveles en este siglo, que arrancó con proporciones de dolarización 10 puntos porcentuales mayores y tuvo un máximo de 81% en agosto del 2002; eran tiempos de crisis e incluso los bancos se resguardaban prestando en dólares.

    Aunque menor que antes, la actual dolarización del crédito en Uruguay es alta en la comparación internacional. En Perú, uno de los casos que miran las autoridades uruguayas, la proporción de la cartera en moneda extranjera cayó de 81% en 1999 a alrededor del 30% hacia fines del 2015. Y en abril pasado era 20,4%, con porcentajes incluso mucho más bajos (4,1% del total) en los préstamos a la pequeña y microempresa, conforme con los coeficientes de dolarización que publica mensualmente su Banco Central de Reserva (BCRP).

    Como señala Labat, la inflación persistentemente baja es un requisito básico para devolver credibilidad a la moneda propia. En Perú, desde 1997 el alza anual de los precios minoristas es de un solo dígito; en los 12 meses cerrados en mayo pasado se ubicó en 2,77% (dentro del rango meta de 1%-3%), según su Instituto de Estadística e Informática. Fue parte de una “larga batalla en términos de política económica y de estabilidad macroeconómica” que dio ese país, subraya el estudio La heterogeneidad de la dolarización de créditos a nivel de personas, publicado por el BCRP en 2018. También hubo medidas bancocentralistas que incentivaron ese proceso: se establecieron metas de reducción del crédito en moneda extranjera para las instituciones financieras y un “encaje” —la porción de depósitos del público que deben mantener inmovilizado— adicional que lo encarece en caso de no cumplirlas (que implica, además, un costo reputacional para la institución gravada). Por otro lado, el BCRP habilitó instrumentos de política monetaria —principalmente operaciones de recompra (repos)— que permiten la conversión del crédito de dólares a soles, de manera que la banca tuviera los recursos suficientes sin descalzar su balance en divisas. Algunos de esos incentivos a la desdolarización fueron activados en Uruguay tras la crisis del 2002, aunque parecen haber modificado poco el chip de los usuarios de los servicios financieros.

    Parte del problema en Perú era la alta dolarización de los créditos hipotecarios, que fue reduciéndose (en marzo era de 11% de esa cartera). En Uruguay, el mercado inmobiliario, y también el automotor, se piensan en dólares.

    Autos e inmuebles

    En una conversación a través de la plataforma Zoom con socios de la Asociación de Concesionarios de Marcas (Ascoma) organizada por el BCU el martes 1°, Labat argumentó a favor de la adopción del peso en ese giro comercial. Después, instó a que los concesionarios den el paso de expresar en pesos los precios de los vehículos, comenzando por el segmento de usados y siguiendo la “tendencia” de que los préstamos bancarios para comprar coches se concedan en unidades indexadas —UI— (cuyo valor en pesos se va ajustando por la inflación pasada).

    Las estadísticas del BCU muestran que la cantidad de nuevas operaciones de crédito en dólares para automóviles se contaba por decenas o incluso más de 100 en algunos meses durante la década pasada y que luego fueron cayendo. Eso se acentuó con los problemas laborales que trajo la pandemia de Covid-19, y por ejemplo en lo que va del 2021 hubo meses con entre seis (febrero) y 15 (marzo) préstamos bancarios nuevos en esa moneda y con ese destino. Mientras, los préstamos en UI con ese destino fueron 226 en abril pasado. En ese mes se comercializaron 4.055 unidades cero kilómetros, según datos de la Ascoma.

    La tendencia de desdolarización de esa cartera es notoria también en los montos operados. Por ejemplo, en UI los bancos prestaron 24 millones en abril (unos US$ 2,7 millones) para la compra de autos, frente a US$ 100.000 de nuevos créditos otorgados en esa divisa.

    Pero, aunque cada vez más los clientes optan por tomar financiamiento en pesos, los precios de los vehículos siguen expresados en moneda dura. A tono con eso, como información destacada en su página web la gremial de concesionarios de marcas publica la cotización del dólar “interbancario” desde 1999 y una proyección hasta diciembre del 2021. En Ascoma entienden que es más fácil conseguir crédito en moneda extranjera que en la doméstica.

    “Cuando una persona empieza a trabajar y a los años se quiere comprar un auto, notoriamente ese auto lo va a pagar en cuotas que van a ser una parte de los pesos que gana. Lo lógico sería que (el precio de) ese auto estuviera en pesos”, argumentó Labat.

    En el mercado inmobiliario, donde las cifras son mayores, el fenómeno es similar. “Somos incapaces de pensar en grandes sumas de dinero en otra moneda que no sea en dólares”, escribió Licandro, gerente de Asesoría Económica del BCU, en una reciente edición de la revista de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción (Búsqueda N° 2.114). Casas, apartamentos, locales comerciales o campos se negocian en esa divisa, si bien desde hace unos años se está procesando cierta desdolarización de los préstamos para este destino. En abril pasado, por ejemplo, los bancos aprobaron siete en la divisa estadounidense, frente a 183 nominados en UI.

    Ahorrar en pesos

    Aun en momentos en que era menos rentable que ahorrar o invertir en UI, por ejemplo, muchos uruguayos optaron por atesorar dólares. En este tipo de decisiones sobre las finanzas personales también operan “problemas de coordinación, externalidades, garantías implícitas, temas culturales, errores de política, etcétera”, según Licandro.

    Del total de depósitos del sector privado no financiero que había a fin de abril pasado (el equivalente a US$ 33.761 millones), el 79% era en moneda extranjera. A diferencia de lo que se observa con los créditos, el nivel de dolarización del ahorro bancario ha sido históricamente alto. En lo que va de este siglo, el mínimo fue 74% (en algunos meses de 2012 y 2013) y hubo picos por encima de 90% durante la crisis económica, cambiaria y bancaria del 2002; ahí algunos depositantes corrían a retirar sus saldos o los pasaban a cuentas en dólares. La brusca devaluación de entonces marcó a algunas generaciones, fijando en el inconsciente el temor a manejarse en pesos.

    Dejando de lado casos raros —como Panamá, China o Palau—, solo la República Democrática del Congo (86%) y Nicaragua (87%) superan a Uruguay en proporción de depósitos en moneda extranjera, según las estadísticas al 2019 recogidas por Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato di Tella.

    Romper con todo esto será un “proceso de mediano y largo plazo, no obligatorio, en el que los uruguayos empiecen a cambiar ciertas conductas y a darse cuenta de que les favorece. (…) El ejemplo más claro es el del ahorro: cuando uno mira una serie de largo plazo, haber ahorrado en dólares y en pesos, es notoria la ventaja hacia los pesos. Sí es verdad que el dólar me protege en episodios puntuales”, sostuvo el presidente del BCU.

    “Se irán dando ciertos pasos. Con inflación baja seguramente vaya a haber gente que quiera tomar créditos en pesos a tasas bajas, y seguramente eso tire para que aparezcan ahorristas que financien esos créditos. El mercado va a ir evolucionando. Pero claramente solo con (…) el primer día que bajemos la inflación, no va a haber desdolarización”, añadió.

    Por lo pronto, el dueño de la camionetita en venta quiso diferenciarse con su aviso y, al mismo tiempo, razonó con la lógica que quieren instalar las autoridades económicas. “Todo lo que cobro y pago es en pesos. Me sirve agarrar los pesos; si pidiera dólares tendría que cambiarlos. Además, soy anti-dólar: en 2002 quedé quemado”, dijo a Búsqueda.

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