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    El “peligroso” momento geopolítico, los robots, los temores de Musk y un jerarca uruguayo en foro de líderes en Dubái

    Aunque viene semanas después del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, la Cumbre de Gobierno Mundial, en Dubái, no se le queda atrás en el peso de algunos de sus asistentes.

    En la edición de este año, del domingo 12 al miércoles 15, estuvieron presentes por ejemplo la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el jefe de la Organización Mundial de la Salud, varios presidentes, primeros ministros y ministros —sobre todo de países árabes— y, a distancia, empresarios de primera línea como el polémico nuevo dueño de Twitter, Elon Musk.

    En este evento se habla tanto inglés como árabe, y es una versión mucho menos occidentalizada que la cita de líderes en los Alpes suizos. El director es el Omar Sultan Al Olama, ministro de Inteligencia Artificial de Emiratos Árabes Unidos, lo que indica el sesgo de su agenda: mucha tecnología. Pero, dado el complejo momento global en varios planos, esta vez también tuvo mucha geopolítica.

    El Foro de Davos suele quedar grande para la estatura de los referentes políticos y empresariales que ofrece América Latina, aunque siempre alguno logra cupo. Por su lado, esta décima edición del World Government Summit — su nombre en inglés — tuvo participación de unos pocos funcionarios sudamericanos, como el presidente paraguayo. También asistió como expositor un uruguayo: el director de la Oficina Nacional del Servicio Civil (ONSC), Conrado Ramos, quien habló el martes en una sesión cerrada titulada Dando forma a los futuros gobiernos.

    Silicon y la promesa riesgosa

    El formato en Dubái es parecido al de Davos, y también su estética, no más de cuatro expositores y un conductor de cada charla sentados frente a un público en este caso predominantemente compuesto por hombres con túnicas blancas y turbantes. Se nota el esfuerzo por darles espacio a las mujeres en el debate o la moderación, pero también es evidente que siguen siendo minoría.

    Las charlas, que algunas pueden verse por YouTube, abarcaron temas laborales, el cambio climático, el espacio exterior, las migraciones, juventud, salud, liderazgo, historia y cultura árabe, el valor de los datos públicos, la inteligencia artificial —y el chat bot de moda, GPT —, los riesgos fiscales, la energía, las mentes brillantes, la planificación urbana y otros asuntos con nombres marketineros, como “metahumanos versus humanización”. No hay tiempo para tanto y tampoco todo vale la pena; uno se puede llevar de allí datos tan sorprendentes como difíciles de chequear, como el que comentó Rashid Mansoor, fundador de MetaGravity: hoy, para el creciente del negocio de los juegos virtuales, el cliente promedio es una mujer de 45 años y no el gamer varón de 17 que podría pensarse.

    También se puede conseguir una sobredosis motivacional escuchando al ingeniero israelí Uri Levin, quien pidió a los gobiernos apoyar a los emprendedores en su “viaje largo lleno de fracasos”, en la búsqueda de resolver problemas concretos. Él, entre otras cosas, co-creó Waze, la app que ofrece mapas y ayuda, por ejemplo, a eludir calles cortadas o con mucho tráfico.

    En la charla Apple vs Facebook la discusión fue sobre cuál es el futuro de Silicon Valley, la mítica región californiana que congrega a varias de las mayores compañías tecnológicas del mundo.

    Gil Ameglio, directivo de Safe Dynamics y ex CEO de Apple, habló de ese enclave como “una idea, un concepto” que construyeron, entre otros, junto a Bill Shockley, uno de los inventores del transistor (según él, una de las innovaciones más importantes del siglo pasado). La premisa era “coopetition”, es decir competir desde allí, pero de manera colaborativa. “La lección es que Silicon Valley es más importante que un lugar geográfico, y cada nación debería tener su Silicon Valley, el original, siendo cooperativo, abierto. Eso debería mover al mundo a un nuevo nivel de prosperidad”, postuló.

    La Conversación con Elon Musk 2.0 se desarrolló de manera virtual entre el ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes haciendo preguntas desde el escenario en Dubái al magnate sentado en las oficinas a media luz de otra de sus empresas, Tesla. Después de hablar un rato sobre Twitter, debió contestar cómo cree que será el “estado de la tecnología dentro de 10 años”. Musk pensó un poco: “Es difícil predecir con precisión”, dijo, y comentó que algunos cambios serán graduales, como la transición energética. Por más de que de inmediato toda la producción mundial pasase a ser de autos eléctricos, su sustitución por los vehículos a combustión llevaría 20 años. “A corto plazo, estoy un poco preocupado por la inteligencia artificial”, confesó, y abogó por regularla, aunque dejó en claro que no reniega de este tipo de progresos: es una “gran promesa”. Alegó que “potencialmente cualquier tecnología puede ser riesgosa” para la civilización, y comparó con los distintos usos que tuvo la energía atómica. “Podía ser un error que las autoridades reaccionen demasiado tarde”, afirmó el empresario nacido en Sudáfrica.

    Cerró mostrando cara humana. Aunque tiene fama de trabajar muchísimas horas por día, aseguró que la noche anterior había dormido seis. Le está dedicando menos tiempo a SpaceX, su proyecto aeroespacial. “Twitter es como un startup en reverso”, dijo, con “mucho trabajo para lograr una posición estable. No es mi intención trabajar como loco… Estaría conforme con trabajar unas meras 80 horas a la semana y es también a lo que aspiro”.

    Fragmentado

    Otras charlas en este foro árabe abordaron asuntos de la geopolítica, pero no solo la de los negocios.

    “Mantener al mundo unido es el principal desafío” ante el problema de la “fragmentación” actual, advirtió Kristalina Georgieva, la jefa del FMI, en una mesa titulada con la interrogante de si este es el fin de la globalización.

    El ministro de Finanzas del país anfitrión clamó por recuperar el diálogo a escala global. Y llamó a “invertir en los organismos multilaterales. Tenemos riesgos y caos cada seis meses; los multilaterales tienen que ser más fuertes”. “No podría estar más de acuerdo”, acotó, pícara, Georgieva.

    Otra charla con punch sobre estos asuntos: ¿Cómo evitar la próxima Guerra Fría? Un profesor de Globalización y Desarrollo de la Universidad de Oxford dijo que hoy está el problema de la pandemia, del cambio climático, y del rechazo a China como lo único que une a republicanos y demócratas en Estados Unidos. “Estamos, por lejos, en el momento más peligroso desde 1989”, aseveró. “Si queremos detener el populismo, debemos lograr que la gente se sienta mejor con la globalización y no peor”, y detener “los riesgos sistémicos” en el mundo, agregó en otro momento. “Esto requiere cooperación entre los gobiernos”.

    Además de ser profesora del Massachusetts Institute of Technology, Esther Duflo tiene desde 2019 un Premio Nobel en Economía. Solo otra mujer lo había ganado antes. En su charla, titulada Repensando la protección social en la era digital, analizó la actual revolución tecnológica, cómo desafía al mundo del trabajo y especuló acerca de quiénes posiblemente saldrán perdiendo. Con la inteligencia artificial podría haber complementación, no solo sustitución, en algunas tareas, avizoró. Pero reconoció que “el efecto neto es muy poco claro para los economistas. Por una buena razón, porque depende de cómo se use la inteligencia artificial en el futuro, y eso depende de los humanos, de la regulación y de los incentivos que se dispongan para las compañías”.

    Sostuvo que los robots son menos conflictivos y reciben un tratamiento impositivo más favorable que los humanos. “Hoy siempre es más beneficioso (tenerlos), incluso si la máquina es más cara y menos productiva” que una persona.

    ¿Qué tan malo pueden ser este tipo de avances tecnológicos para los trabajadores humanos? “Todavía estamos en una etapa muy inicial. No lo sabemos, la inteligencia artificial es muy reciente”, contestó la economista francesa. Pero después de repasar algunas estadísticas que señalan una fuerte concentración de la riqueza mundial en manos de poco pocos, remató: “El punto de partida es una situación de mucha desigualdad, y el riesgo es que la inteligencia artificial contribuya a profundizar esto”.

    El largo plazo

    En Dubái, el uruguayo Ramos y una funcionaria del gobierno argentino fueron la minoría latina en una mesa de nivel ministerial dominada por jerarcas africanos y asiáticos.

    El director de la ONSC expuso sobre la experiencia en América Latina en materia de políticas públicas anticipatorias. Señaló que en la región no hay agencias de previsión estratégica en el ámbito de los Poderes Ejecutivos, pero sí a nivel parlamentario, y mencionó el caso de la Comisión Especial de Futuro uruguaya.

    En cambio, existen en la región unas 15 agencias que monitorean los resultados de ciertas políticas que en general son transversales, pero no a ministerios específicos. Otras son de tipo central, como la reciclada Agencia de Monitoreo y Evaluación de las Políticas Públicas uruguaya, que en este período empezó a vigilar la agenda de prioridades definida por el presidente de la República, entre las que están varias obras de infraestructura, las nuevas zonas francas, las cárceles, el combate a la Bichera y la eficiencia estatal. “El problema es que tienen demasiadas prioridades; cuando son muchas, al final no se prioriza nada. Este es un problema que tiene América Latina”, señaló el jerarca a Búsqueda. Más grave —y según dijo, hubo coincidencia entre los asistentes al evento— es que “los políticos, cuando tienen que ser reelectos en el corto plazo, no tienen incentivos para generar políticas de mediano y largo plazo. El bono verde emitido por Uruguay es un buen ejemplo de que se pueden generar incentivos para que el Ejecutivo tome políticas de mediano plazo y hay que seguir pensando en eso”.

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