El tenis argentino: un proyecto exitoso y que sirve como ejemplo

Franco Bronzini 

Cuando el italiano Jannik Sinner se dejó caer de espaldas, extenuado y extasiado, luego de ganar el último punto en la final del Australian Open de Tenis contra el alemán Daniil Medvédev, en una remontada histórica, una sensación de alivio, felicidad y justicia se apoderó de millones de espectadores. Por un instante, en algo que se podría definir como un espacio-tiempo paralelo, alejado de las variables de violencia, odio, injusticia que se van derramando aceleradamente sobre nuestra civilización, el mundo pareció por un instante pertenecernos de nuevo, con ese aroma a lo cotidiano, a lo reconocible, que conecta existencias donde la amabilidad diluye las asperezas inevitables de la convivencia entre seres humanos, apartando verdades absolutas que caen con el peso de sentencias divinas, emitidas ya no por dioses sino por espectros rezagados de la oscuridad que arrastra la historia bajo el formato de nuevos líderes. He aquí el lado oscuro al que tanto temían George Lucas y David Lynch.

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