Desde 2004 la faena pasó a 2 millones y algo más, sin lograr dar un salto en el volumen de producción con respecto a los años recientes y más cerca de un estancamiento, según el INIA.
Considerando la situación, el técnico de ese organismo, Juan Manual Soares de Lima, planteó una serie de escenarios posibles para avanzar en el crecimiento de la producción cárnica, a partir de ciertos datos básicos de la pecuaria local y de algunos supuestos para construir varios modelos en estudio.
En Uruguay el área de pastoreo vacuno es de 10,2 millones de hectáreas, del que se excluyen 1,25 millones de hectáreas dedicadas a la producción ovina, 560.000 hectáreas a la lechería y 400.000 hectáreas de monte nativo. En esa extensión fue incluido el 25% de área forestada.
Otro aspecto valorado en el estudio fue la exportación de ganado en pie de unos 100.000 terneros por año, como un indicador de base, ya que en los últimos años hubo registros de hasta 450.000 vacunos exportados.
Soares en su presentación se refirió a diferentes indicadores clave de la producción de carne utilizando el término de las perillas que empleó el presidente Luis Lacalle Pou al hablar sobre la emergencia sanitaria por el Covid-19. “Es un término de moda al que tenemos cierto miedo: que (las perillas) se muevan en cierto sentido”, comentó el técnico del INIA.
En este caso las perillas aludieron al “área mejorada” en los campos ganaderos, que actualmente es de 17,8%, al “engorde a corral” de unas 268.000 cabezas, la “suplementación a campo” actual de unos 12 kilos de materia seca por hectárea y las “medidas de manejo”, en cuanto a diagnóstico de gestación y descarte del 100% de los vacunos fallados.
El movimiento de esas perillas incide en la edad del primer entore (60% de las vaquillonas se entoran con dos años y el 40% con tres años), porcentaje de marcación (68%), edad de faena de novillos, vacas de cría entoradas, el stock vacuno total (11,8 millones) y la producción de peso vivo (104,5 por hectárea anual), señaló.
Los coeficientes de resultado del modelo del INIA mostraron una faena total de 2,27 millones de cabezas, la producción de carne de 558.000 toneladas, la exportación de 458.000 toneladas y la generación de un monto de US$ 1.742 millones por exportaciones, además de unas 100.000 toneladas destinadas al mercado interno, a lo que se suma la carne importada que tuvo un incremento en los años recientes.
Tanto en las conclusiones de esos supuestos como en los comentarios del subsecretario de Ganadería, Ignacio Buffa, y de otros técnicos y empresarios que participaron en la conferencia, hubo una coincidencia en cuanto a que la ganadería uruguaya puede llegar al objetivo de los tres millones de cabezas de vacunos faenadas en los próximos años.
Mensajes y tendencias
El director del INIA enfatizó: “El mensaje es que aumentar la producción y la utilización del forraje es un cambio radical que hace a la gestión del pasto”. Eso “podemos moverlo y tener un gran cambio paradigmático en la manera de producir con el pasto, sin negar el rol que tiene el grano”, dijo.
Montossi resaltó además la necesidad de lograr una intensificación sostenible para aumentar la productividad ganadera y el desarrollo integral en lo social y económico, pero en balance con el medio ambiente. “Con el uso de menos tierra, menos agua, menos emisiones de gases de efecto invernadero y con el uso de menos energía, específicamente de origen fósil”, señaló.
Otro factor abordado por el INIA fue el concepto de “una sola salud”. Consideró que “el coronavirus es un buen ejemplo de una sola salud, considerando que se trata de un caso en el que un animal contagia una enfermedad a un ser humano”.
En cuanto a las tendencias en los hábitos del consumo en los diferentes países, el técnico mencionó aspectos como la seguridad, la frescura, el valor o precio, el origen del producto y el impacto en el ambiente.
La preferencia mayor o menor de esos aspectos varía de acuerdo a los mercados, como los asiáticos, los del medio oriente, o en Estados Unidos. En lo primordial, la elección del consumidor depende de tres factores: “Natural, inocuo y fresco”, indicó.
Al analizar a los consumidores de carnes alternativas, Montossi presentó algunos resultados relevantes de un estudio de mercado divulgados en un reciente encuentro de la Asociación Americana de Ciencia de la Carne.
El trabajo se enfocó en las intenciones de compra de carnes convencionales en 2020 en 12 países sobre la opinión de unos 6.000 consumidores.
“¿Usted consumirá menos, igual o más carne en los próximos años?”, fue la pregunta. La respuesta fue en el caso de la carne bovina que 30% consumirá menos, 48% igual y 22% más. En el consumo de carne de cerdo el resultado fue 38% menos, 50% igual y 12% más; en carne aviar fue 21% menos, 50% igual y 29% más; mientras que en el caso del pescado la respuesta fue 18% menos, 40% igual y 42% más.
“El primer mensaje es que hay una tendencia en general, dependiendo del tipo de carnes, a consumir menos, pero la gran mayoría va a consumir igual o más”, interpretó Montossi.
Advirtió además que el volumen en cantidad y en negocios del segmento de carnes alternativas “no llega a ser más del 5%, pero están creciendo al doble de tasa de un 6% anual versus el 3% de años anteriores”.
Otra de las tendencias considerada en la conferencia del INIA fue la de los consumidores “flexitarianos”, que es “un segmento de mercado que crece” y que comprende a quienes prefieren alimentos frescos, como verduras y hortalizas, entre otros productos, pero que no dejan de comer carne.
No vendemos novillos o vacas, ni carne, si no que vendemos alimentos, conceptos y confianza, dijo el director del organismo.
Planteó en ese sentido “transformar el concepto de lo que hacemos, especialmente el de confianza”, con “las huellas ambientales, la inocuidad, la trazabilidad, la conservación de la biodiversidad, la responsabilidad empresarial y la salud y el bienestar animal”.