—Bueno, una situación delicada como la que tiene como eje a la pandemia, no, ni de cerca. Ahora, momentos políticos complicados, sí, porque vivimos una dictadura.
—Desde el retorno a la democracia hubo episodios muy complicados también, como la crisis del 2002. ¿Recuerda una situación tan polarizada?
—No recuerdo otra situación igual. Porque me parece que tanto en el gobierno como en la oposición había, después de iniciada la recuperación democrática, voces y liderazgos que de alguna manera actuaron con una orientación y resultados distintos a los que tenemos hoy. El problema es que no había pandemia. Y hoy, con pandemia de por medio, han aflorado actitudes y sentimientos, e inclinaciones y conductas políticas de muy baja calidad. La pandemia ha desnudado cosas que todos tenemos adentro y que han contribuido a perjudicar la actividad política en su conjunto. Entonces, tanto desde el gobierno como desde la oposición —en especial el Frente Amplio—, me parece que estamos en un momento incomparable, incomparablemente peor.
—Recién se refirió a los liderazgos de la época de la restauración como algo positivo. ¿Hay liderazgos negativos en estos momentos?
—A partir de la recuperación democrática, tenemos nada menos que el liderazgo de Líber Seregni, que se prolonga también en figuras del Frente Amplio que llegaron a la presidencia de la República como Tabaré Vázquez y José Mujica. Y por el otro lado, figuras muy importantes, más allá de las discrepancias, y menciono desde este punto de vista a Luis Alberto Lacalle Herrera, Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle. Tenían una profundidad conceptual —vuelvo a repetir, se discrepe o no con ellos, y yo tuve más discrepancias con ellos—, tenían una profundidad de análisis que no se ve en estos tiempos que corren ahora.
—Sanguinetti propuso la semana pasada al presidente Luis Lacalle Pou, informó Búsqueda la semana pasada, que cree una mesa de diálogo nacional…
—Ahí estás señalando un buen ejemplo de lo que estoy intentando decir, porque en esa propuesta de Sanguinetti hay una profundidad de análisis que es importante tener en cuenta. Y unido a eso, la decisión que se tomó de formar esa comisión parlamentaria con senadores de gobierno y oposición, que va a constituir un ámbito de reflexión un poco más serena de la que tenemos hoy y, al mismo tiempo, un soporte para cambiar algunas actitudes. Pero en el gobierno estoy viendo mucha soberbia, lo digo con sinceridad y respeto. La última presentación del presidente Lacalle Pou fue muy dura, abre muy poco espacio para la búsqueda de acercamientos y de unidad nacional, que es lo que Uruguay necesita hoy. Y en el caso del Frente he visto declaraciones, actitudes, comentarios que tampoco han ayudado nada a la búsqueda de esa unidad nacional. Lo que quiero decir es que a partir de la recuperación democrática y en comparación con todo ese período hasta el día de hoy, creo que estamos bastante peor.

Javier Miranda, Luis Lacalle Pou y Álvaro Delgado durante la reunión entre dirigentes del Frente Amplio y autoridades de gobierno, en la Torre Ejecutiva. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS
—¿Considera entonces que Lacalle Herrera tenía más capacidad de análisis y diálogo que Lacalle Pou?
—Sí. No estoy haciendo una comparación familiar, ni entre dos personas, estoy poniendo ejemplos. Creo que Lacalle, Sanguinetti y Batlle, para poner tres representantes de un terreno político que no comparto y con el cual he tenido muchas discrepancias, tuvieron durante sus actuaciones, en el gobierno o fuera del gobierno, una profundidad de análisis y un conocimiento del Estado que es bastante más profundo que el que reina hoy en filas del actual gobierno.
—Su planteo cuestiona también a todo el equipo del gobierno actual.
—Creo que hay problemas de elenco, pero tampoco quiero hacer juicios injustos ni generalizar, porque el gobierno tiene también entre sus filas a gente capaz. Pero ya que estamos comparando épocas, cuando gobernaron los partidos fundacionales con Lacalle Herrera, Sanguinetti o Batlle, había muchos menos problemas de elenco que ahora. Pero me gustaría poner el acento en que si hay problemas de elenco, hagamos un esfuerzo por mejorar, porque hay tiempo para hacerlo. El tema es la actitud. Si comprobamos que estamos cometiendo errores y no los corregimos, bueno, el resultado no va a ser bueno. Por eso me preocupó verlo tan duro en la comparecencia a Lacalle Pou.
—¿Al gobierno se le está cerrando la última rendija para contener la pandemia?
—No diría la última rendija, siempre hay que tener esperanza y seguir trabajando, porque hay elementos que han funcionado bien, como la velocidad de la vacunación. El gobierno tiene oportunidades todavía de unir a esos elementos que han funcionado bien, con medidas que ha aconsejado el Grupo Asesor Científico. Me refiero, sobre todo, a medidas en el campo de la movilidad. Las cifras hoy son muy preocupantes. Tenemos que hacer como dijo Rafael Radi en una entrevista: hay que blindar abril para llegar bien a mayo.
—¿Está ocurriendo ese blindaje de abril?
—No. Y no me gusta nada que la conclusión sea que la responsable de todo esto es la gente. Porque eso es como decir que el Estado no debería existir —estoy exagerando, por supuesto—, que no tiene ninguna función a cumplir, que la libertad es un concepto absoluto, que no tiene nada que ver con el bienestar colectivo. Eso es lo más grave de todo, el concepto desde el cual se enfoca esto que se llama la “libertad responsable” y sobre la que se basa la estrategia de combate, que está dando resultados muy malos.
—Recién decía que es necesario un diálogo nacional. El presidente Lacalle Pou dijo en una entrevista con La Nación que le cuesta relacionarse con el Frente Amplio “porque es muy difícil saber qué es el Frente Amplio y quién es el Frente Amplio”. ¿Tiene algo de razón el presidente?
—Empiezo por decir que jamás debió haber dicho eso fuera del país y faltándole el respeto, como se lo faltó, al Frente Amplio. Me pareció muy grave y es un síntoma importante de esa soberbia que le marco al presidente. En segundo lugar, tengo que señalar que el Frente Amplio tiene problemas para ser oposición, sin duda. Y una parte de esos problemas importantes es que no ha definido por dónde va a avanzar su proceso de autocrítica, de análisis de los resultados políticos obtenidos hasta ahora, y la emisión de mensajes de liderazgo. Eso no está resuelto en el Frente. La renovación tiene que ser ante todo ideológica. Naturalmente, también generacional. Y, por supuesto, ya hay algunos compañeros y compañeras que están soñando con su candidatura presidencial en las próximas elecciones. Eso en vez de ayudar perjudica a conformar un Frente Amplio digno de una oposición constructiva, profunda, rigurosa, clara, y que le llegue a la gente. Vamos a entendernos, uno de los problemas políticos electorales que tuvo el Frente Amplio en las últimas elecciones fueron sus dificultades para llegarle a la gente, algo que se veía antes de la elección y ahora se aprecia con un poco más de agudeza, porque estamos en la oposición. Cuando Lacalle dice “no sé quién es el Frente Amplio”, además de una actitud irrespetuosa en la que un presidente no puede incurrir, y mucho menos desde el exterior, tiene en el fondo de su significado una relación importante con lo que es el Frente Amplio hoy.
—¿Usted dice que los liderazgos incipientes que surgen en el Frente Amplio están más concentrados en lo electoral que en liderar ahora?
—Se ve a las claras eso. Hay compañeros y compañeras que están, a las claras, actuando en función de aspiraciones electorales. Y eso hace que la calidad de la política que se practica no sea la que el país necesita hoy, sobre todo en tiempos de necesidad de unidad nacional. Entre otras, hay como una especie de vaivén de posturas en función de la conveniencia del momento inmediato, hay una suerte de inmediatismo en las posiciones que muchos compañeros o compañeras lanzan hacia el resto de la sociedad y, sobre todo, al gobierno. Son posiciones que carecen de una visión de largo plazo, de una visión estratégica de país que me parece que se necesita mucho de parte de la oposición. El gobierno hizo su campaña electoral, la ganó, comprometió un programa con la ciudadanía que está intentando cumplir, aunque ha incurrido en algunas contradicciones. Pero el Frente Amplio, que tenía un programa y perdió, ¿qué ofrece ahora para el futuro estratégicamente hablando? Esa es la pregunta. Lo que veo es que hay muchas declaraciones sobre todo intentando generar efectos políticos que están muy enfermas de cortoplacismo.

Carolina Cosse y Yamandú Orsi durante la reunión en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Cuando habla de estos liderazgos concentrados en lo electoral, se está refiriendo a los intendentes Carolina Cosse, Yamandú Orsi o Andrés Lima?
—No quiero hacer referencias personales, porque estaría contribuyendo a originar malestares. Prefiero hacer comentarios genéricos, que refieren a actores políticos, por cierto, pero no señalarlos con el dedo.
—¿Qué rol debería jugar usted?
—Un rol de militante que tiene la inmensa suerte de haber tenido una historia larga. Estoy en el Frente Amplio desde 1971 por invitación directa de Seregni. Mi papel en el día de hoy es volcar, en la medida de lo posible, experiencias de toda esta vida al servicio de una mejora de la calidad política que practica el Frente Amplio.
—¿Colaborando desde la primera fila o más en segundo plano?
—No me quiero asignar ningún tipo de protagonismo. Prefiero asumir el papel de un militante que ayuda desde su grupo político, Asamblea Uruguay, y que tiene que responder con agradecimiento a la confianza de la que fue objeto durante muchos años por parte de muchos compañeros y compañeras volcando los resultados de su experiencia.
—¿Qué fue lo que lo motivó a presentar ahora —y no antes, cuando era ministro de Economía— un proyecto para gravar los depósitos en el exterior de los residentes?
—Es que antes no había pandemia. Esto es un impuesto que yo, en otra época, no propondría y no propuse. El sistema tributario uruguayo está diseñado como para tener una equidad que hoy no existe, por la pandemia. Hoy tenemos a un gobierno que propone gravar los salarios más altos de los funcionarios públicos, deja afuera al sector privado y mucho más afuera a los privados que tienen sus activos financieros en el exterior. La situación es diferente, las cosas están muy cambiadas. Tenemos un gobierno que se resiste a poner al servicio de la lucha contra la pandemia los recursos que se necesitan. Está asignando solo un poco más de un punto del Producto Bruto Interno a eso. Uruguay es uno de los países en América Latina y en el mundo que aporta menos. Esta propuesta sirve para contribuir a que el Fondo Coronavirus tenga mayores posibilidades de trabajo.
—¿Le parece que el impuesto a los funcionarios públicos que promueve el gobierno es más simbólico que efectivo, teniendo en cuenta su recaudación?
—Sí. Hay una diferencia muy importante en la recaudación. Este impuesto que hemos propuesto para los activos financieros en el exterior debería tener una recaudación mucho más importante. La que proponen ellos es de entre US$ 10 y 12 millones y el impuesto que proponemos nosotros podría recaudar unos US$ 60 millones.
—¿Percibe un cambio significativo en la política económica del actual gobierno con respecto al pasado?
—Si observamos dos o tres cosas cruciales, nos damos cuenta de que las diferencias y la distancia son enormes. Primero el papel del Estado. Si el gobierno dice que esto se arregla con libertad responsable y termina concluyendo que no debe intervenir para orientar la lucha contra la pandemia, tenemos un abismo de diferencia. Si seguimos analizando el papel que se les asigna al sector público y a las empresas públicas en la conducción y transformación de la sociedad, la diferencia también es enorme. Naturalmente, si entramos en el terreno de los equilibrios macroeconómicos, por supuesto vamos a estar de acuerdo con el gobierno cuando dice que quiere equilibrio ahí. El tema es cómo se logra ese equilibrio. La postura del gobierno aumenta la desigualdad y lo nuestro es lo opuesto, es la inclusión y la equidad.

Dario Astori y Azucena Arbeleche durante la reunion en la sede del MEF. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS
—¿El gobierno se ha mantenido en una línea muy ortodoxa respecto a la economía?
—El concepto de libertad responsable como base para luchar contra la pandemia lo veo como muy coherente con la visión del gobierno en materia ideológica en general. Es una definición perfecta de lo que podría ser una propuesta absolutamente ya no liberal, sino neoliberal.
—¿El actual gobierno es neoliberal para usted?
—Sí y ya llegó inclinado para ese lado. Toda la campaña de Lacalle Pou es de corte neoliberal. No usaba la palabra neoliberal en sus propuestas, pero la utilizo yo ahora para que mi convicción sobre cómo se desempeña este gobierno llegue clara al lector.
—¿Qué significa ser neoliberal?
—Es una visión, un modo de mirar la realidad que la gente conoce, y por eso la uso. Se puede resumir en ese concepto de libertad responsable y en la ausencia del Estado. Es más neoliberal este gobierno que los anteriores de los partidos fundacionales. De alguna manera ya lo dije con otras palabras al principio de la entrevista. Veo más neoliberalismo ahora que en aquellos gobiernos.
—Pero Sanguinetti también integra el actual gobierno y también Cabildo Abierto, que no parece ser particularmente neoliberal…
—Es cierto. Pero yo me estoy refiriendo al resultado global de la coalición de gobierno. Manini y Sanguinetti no comparten algunas de las acciones del gobierno, pero igual son integrantes de la coalición y la línea la marca el presidente.
—¿Le parece que el gobierno está beneficiando a los sectores más pudientes de la sociedad uruguaya?
—Sin duda. Son los pobres los que están pagando los costos más dolorosos de la pandemia al quedarse sin trabajo y ver reducidos sus salarios. Los más pudientes tienen un sistema tributario que incluye estímulos fiscales importantes para ellos y no los grava de una manera profunda. Hay un desbalance clarísimo.
Información Nacional
2021-04-14T22:13:00
2021-04-14T22:13:00