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    jueves 20 de junio de 2024

    Impuestos: la DGI cobra en torno a la mitad del IVA y del IRAE que podría recaudar

    Los ingresos potenciales perdidos son por tratamientos tributarios preferenciales aprobados por decisión política, debido a la evasión y a otras “ineficiencias”, según una investigación hecha por un funcionario de la oficina recaudadora uruguaya que, además, compara con otros países de la región

    Por su diseño, los impuestos pueden recaudar determinada cantidad de dinero. Pero esa “eficiencia recaudatoria” potencial se ve erosionada debido a que, por diversas razones, el sistema político decide darle tratamientos benévolos —exoneraciones, alícuotas reducidas, deducciones extraordinarias, regímenes simplificados, etcétera— o lisa y llanamente porque hay evasión o por fallas en la tarea de la oficina recaudadora. En el caso del IVA y el IRAE, dos de los principales tributos administrados por la Dirección General Impositiva (DGI), lo que se perdió de cobrar —la “ineficiencia recaudatoria”— fueron el 41% en un caso y de más de la mitad (54%) en el otro.

    Ese cálculo para el período 2019-2021 lo hizo el funcionario de la DGI Fernando Peláez,del Departamento de Estudios Económico-Tributarios, y lo publicó en un reciente documento de trabajo del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT). Es un análisis con perspectiva histórica —los últimos 32 años— que abarca a otros países de la región.

    Como marco general, Peláez señala que la presión fiscal —es decir, la recaudación medida en términos del Producto Interno Bruto (PIB)— de los 18 países incluidos en su análisis aumentó a lo largo del período estudiado. Fue debido a reformas que elevaron la alícuota estándar del IVA (Impuesto al Valor Agregado), mientras que, en el gravamen a la renta empresarial los cambios apuntaron a una convergencia hacia una reducción de la tasa media legal. En el caso de Uruguay, la presión fue de 29% del PIB en promedio entre 2019 y 2021, por encima de la media de América Latina y el Caribe (21,4%) y solo superado por Argentina (30,1%) y Brasil (31,7%).

    Un indicador de eficiencia recaudatoria parte de la estimación de la recaudación posible de un impuesto, para luego contrastar el dinero efectivamente cobrado con ese potencial teórico. Esa diferencia entre el potencial y lo efectivo es la “brecha de recaudación”, que puede descomponerse en dos categorías: la “brecha de política” —asociada a los tratamientos preferenciales, que implican resignación de impuestos y se asocian con el concepto de “gasto tributario”— y “la brecha de incumplimiento”. Peláez es riguroso al definir esta última categoría, que también llama “ineficiencia X”, para evitar conectarla solo con la evasión: “Debemos tener presente que, desde la estimación inicial, cuando escogemos las variables más representativas de la base imponible del impuesto, estamos aproximando la recaudación potencial, tanto la eficiencia recaudatoria como la diferencia atribuible a incumplimiento son estimaciones, por lo que este resultado final no necesariamente manifiesta la tasa de evasión en el IVA. De todos modos, en la medida que las variables macroeconómicas consideradas tienen unos criterios de contabilización aplicados sistemáticamente, y al contar con una serie larga, sí podremos apreciar la tendencia del indicador como una mejor medida a evaluar si la eficiencia recaudatoria del impuesto ha aumentado, o bien cómo ha sido la trayectoria de los demás componentes de la brecha tributaria”.

    Brechas

    El funcionario de la DGI estimó la magnitud de ambas categorías de brecha para el IVA y el IRAE, ya que estos tributos son “pilares” fiscales en la región y el mundo. Es una actualización de un trabajo publicado en 2022 y que incluía datos de hasta el 2018.

    En el último trienio considerado (2019-2021), la eficiencia recaudatoria estimada para el IVA en los países analizados fue de 55,3% (similar a la media del período 2016-2018); la diferencia son los ingresos resignados por exoneraciones u otras ventajas fiscales (18%) y debido al factor de “incumplimiento” (26,1%). En ese mismo lapso, la eficiencia recaudatoria estimada para los tributos a las ganancias empresariales —el IRAE uruguayo— en los países seleccionados fue 42,2% (por debajo de lo estimado para 2016-2018, 46,5%); en este caso, 10,9% de la brecha tributaria es atribuible a la brecha de política (el gasto tributario) y 46,9% lo es a la ineficiencia recaudatoria. Peláez señala como contexto que la caída de la eficiencia recaudatoria “es aún más pronunciada en 2021 que en 2020” debido a la mecánica de gravamen de la renta de sociedades y al impacto de las medidas de alivio fiscal implementadas durante la crisis por el Covid.

    La eficiencia del impuesto a la renta empresarial fue menor que la del IVA a lo largo de toda la serie, si bien mejoró en los años recientes. “La lectura de los resultados muestra que aún persisten espacios de acción” al constatarse niveles de ineficiencia al final de la serie (2021) de 44,5% para el IVA y 57,8% en el caso del tributo a las rentas corporativas.

    Para Uruguay, estimó que la eficiencia recaudatoria del IVA fue de 59% en 2019-2021; el potencial que quedó sin cobrarse se explicó en 19% por la resignación convalidada por decisión política (como la exoneración a los beneficiarios del Fonasa, la tasa mínima a ciertos alimentos o el reintegro de algunos puntos del impuesto por las compras con tarjetas) y otro 22% por “ineficiencia X”.

    En el caso del IRAE, la eficiencia de la DGI en ese mismo trienio final de la serie analizada fue de 46%. El porcentaje de recaudación perdida respecto del potencial se explicó en un 18% por gasto tributario —donde entran por ejemplo las exoneraciones otorgadas para la construcción de “viviendas promovidas”, a las empresas instaladas en zonas francas y el régimen para incentivar las inversiones, cuestionado por Cabildo Abierto— y el doble (36%) por la “ineficiencia X”.

    Economía
    2024-05-01T17:55:00