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    miércoles 12 de junio de 2024
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    Iturralde, entre “cerrar filas” para defender al presidente y “rascar hasta el caracú” para saber qué pasó en el episodio de su custodia

    El presidente del Directorio del Partido Nacional reclama “no barrer abajo de la alfombra”, mientras acusa a la oposición de “ensañamiento” con temas que golpean imagen del gobierno

    Al presidente del Honorable Directorio del Partido Nacional, Pablo Iturralde, le gusta citar el tramo final de una canción de Joaquín Sabina para definir a su colectividad política: “Tan joven y tan viejo, like a rolling stone”.

    El sol entra por una ventana del tercer piso de la antigua casona de los blancos en la plaza Matriz y rebota sobre una pintura majestuosa de Gumersindo Saravia, caudillo de dos siglos atrás. Hoy los blancos enfrentan por segunda vez en 30 años el desafío de gobernar el país y la realidad los encuentra en un momento tumultuoso, con el calendario que apura los tiempos y en medio de olas embravecidas que se produjeron por los años perdidos de la pandemia y por errores no forzados como el reciente episodio que involucra al guardaespaldas del presidente Luis Lacalle Pou en asuntos delictivos. Iturralde tiene sensaciones encontradas con este tema.

    Por un lado, rescata que el mandatario dio la cara de inmediato, cuestiona el “oportunismo” de la oposición y dice que hay que cerrar filas para defenderlo de una “equivocación” por “confiar” en alguien que lo “traicionó”. Y por otro, admite que le pega en su banda de flotación, que no deja una imagen buena para el Uruguay ni para su sistema político y reclama que no se “barra abajo de la alfombra”’ y se investigue hasta las “últimas consecuencias”.

    Sobre la marcha y el futuro del gobierno, hace una reflexión que empieza a volverse recurrente entre sus correligionarios: queda poco tiempo y quedan dos reformas grandes —la de educación y la de seguridad social— para dejar como legado.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —Ha sido particularmente crítico con el rol de la oposición política en esta administración. Ahora, a mitad de la gestión del gobierno, ¿qué lectura hace al respecto?

    —El gobierno terminó siendo una cosa muy distinta a todo lo que habíamos planificado inicialmente. Tú elegís un gobierno para cinco años y ya sabés que el último es prácticamente perdido por el proceso electoral. Los dos primeros casi que se fueron con la pandemia. Y creo que con la oposición arrancamos con unas dificultades importantes. Ya no fue una campaña fácil en el 2019. Se dijeron muchas cosas que no se correspondían con la realidad, para decirlo de una manera suave. Se habló mucho de la nueva derecha y que se iban a terminar las políticas sociales. Fue de tanta tensión que en la noche de la segunda vuelta no se nos reconoció el triunfo por parte del candidato del Frente Amplio. Eso marca un comienzo. Pincharon la pelota. Y después empezó el gobierno y a los 13 días se viene la pandemia. Miremos en perspectiva, no teníamos ni la menor idea de lo que iba a pasar, la gente tenía incertidumbre, si había que cerrar las fronteras, si había que declarar una cuarentena obligatoria. Y ahí encontramos un gobierno bien parado. Y un presidente bien parado, porque muchos de los gobernantes tuvieron dudas. Su intuición y su don de mando fueron centrales. Y después nos encontramos con el caceroleo, y la manija de los médicos, y lo de agitar cucos. No nos podemos olvidar de eso. Fueron momentos difíciles cuando uno podía esperar que el Uruguay fuera una comunidad espiritual y que nos abrazáramos y estuviéramos todos juntos: eso no pasó. Hace unos días el presidente del Frente Amplio nos pidió mejorar el diálogo, lo valoramos y es algo muy bienvenido. Pero yo le recordé cuál ha sido el clima en la pandemia, cuál ha sido el clima en la discusión de la Ley de Urgente Consideración (LUC). Dijeron que se terminaba el candombe, el gatillo fácil, el desalojo express. ¿Y qué ha pasado con todo eso? Todo lo que se dijo no ayudó para nada para mejorar el clima ni para ayudar a la convivencia. Cuando pasó lo del guardaespaldas presidencial salieron a decir cualquier cosa del presidente. Y hoy nos quedan dos años de trabajo…

    —Dos años que, como dijo al inicio, no son dos años, uno se lo come el proceso electoral.

    —Nos va quedando un año y pico largo como para hacer una cantidad de cosas que tendríamos que haber hecho. Yo digo que entre el 22 y el 23 tenemos que hacer todo lo que teníamos que haber hecho antes en cuatro años. Estamos en ese camino con algunas cosas que son emblemáticas para nosotros. La reforma de la educación y la seguridad social son temas trillados. Pero a mí me gusta decir que, además de decir “educación, educación, educación”, hay que “hacer, hacer y hacer”.

    —¿Y se llega a hacerla?

    —Creo que… Hay un hecho: yo fui a la educación pública. Hice todo el ciclo completo ahí. Mis hijos no, y mis nietos tampoco. Nosotros tenemos que darnos cuenta de que en la década del 60 el Uruguay era notoriamente líder en América Latina en niveles de educación. Hoy estamos rezagados, en los últimos lugares. ¿Pero qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir pensando que la educación se va a modificar sola, que atendamos a los maestros, a los profesores? Bueno, que traigan sus ideas, pero a nosotros nos votaron para cambiar la educación que precisamos y la educación de los que tienen menos. No podemos condenar a la mala educación a los que no tienen para pagar una educación privada. Es muy fácil para los que tienen más y mandan todo a lo privado…

    —Ahí hay una grieta.

    —Absoluta.

    —Decía recién que fue a educación pública y sus hijos no y sus nietos tampoco y que ahí hay una grieta. ¿Pretenden terminar con eso?

    —Hay una grieta y se abre una brecha. Uruguay tiene en la costa indicadores de países europeos y por momentos de países nórdicos. Y de avenida Italia hacia al norte tiene indicadores africanos y por momentos subsaharianos. ¿Qué nos pasó en el medio? Necesitamos mantener la cohesión social. Necesitamos trabajar la educación porque repercute en todo, es la madre de todas las políticas sociales. Vos con las políticas sociales podés hacer asistencialismo para transformarlo en clientelismo o podés construir vías de salida. Eso es lo que tenemos que tratar de hacer. Y los profesores tienen que aceptar que ellos pueden tener su opinión, pero nosotros estamos legitimados por el voto de la gente. No nos van a decir los sindicatos lo que tenemos que hacer. No estamos dispuestos a ceder cuánto podemos avanzar y cuánto no. Y después tenemos el tema de la seguridad social. Y lo que tenemos que decir claramente es que no vamos a dejar transcurrir tres períodos diciendo: “Hay que reformar la seguridad social”, y no hacerlo. No. No podemos seguir trasladándole este tema a nuestros hijos, a nuestros nietos. Cuánto más se demore este tema en arreglarse, más caótico va a ser. Podemos mirar para el costado, actuar demagógicamente y patear para adelante. Hoy tenemos un problema: Uruguay por primera vez ha disminuido su población y cada vez hay menos gente trabajando abajo para mantener la misma cantidad de jubilados. ¿Vamos a seguir mirando para el costado? Yo fui a la reunión de los presidentes de los partidos políticos y salí convencido de que había que trabajar en este tema. Y cuando escuché la decisión del presidente de avanzar a fondo, salí recontraconvencido.

    —¿Pese a los posibles costos políticos?

    —Y por supuesto que estamos dispuestos a pagar costos políticos. Lo mismo se le preguntó a Wilson Ferreira cuando de discutía la “ley de caducidad” después de la dictadura. Esto no es tan grave. Pero qué poca cosa sería la política si no estuviéramos dispuestos a pagar costos políticos.

    —Y si no salen estas dos reformas o transformaciones, ¿qué legado tiene el gobierno para dejarle al país?

    —Hay muchas cosas más. Pero cerrando con las reformas de educación y la seguridad social, y se lo trasladé al presidente del Frente Amplio, si no están de acuerdo, que digan claramente qué quieren hacer. ¿O plantean no hacer nada? Acá, en estas cosas, hay que demostrar cuál es la predisposición a dialogar. Porque, si lo pateamos para el próximo gobierno y decimos: “Arréglenlo ustedes y así les hacemos pagar el costo político”, entramos en un círculo diabólico infernal. De todos modos creo que hay un legado distinto que tiene que ver con estilo de gobernar, que se marcó particularmente con el presidente pero tiene que ver con la mayoría de los actores políticos de este gobierno: una cercanía particular con la prensa, con la gente, de diálogo permanente. No andamos rodeados de guardaespaldas, escondidos. El presidente no se anda escondiendo, eso no es poco. Cuando hay una manifestación, no está frenada por la Policía para que no se acerquen, al contrario, el presidente se acerca a ellos, les pregunta qué quieren, les da audiencia.

    —Pero esa es una impronta propia del presidente, ¿no?

    —Sí, pero creo que la han tenido casi todos los gobernantes. Se ha recorrido casi todo el país, nadie ha tomado distancia. Se habla y se habla mucho. Se recibe a todo el mundo. Es algo global, marcado por la línea del presidente.

    —¿Cómo cree que impacta en la popularidad del presidente y en el gobierno el episodio con su jefe de custodia?

    —El cómo impacta en su popularidad no es lo fundamental. Cuando pasa este episodio, el presidente lo que hace es salir corriendo a dar la cara. Ni siquiera se tomó un tiempo para hacer mayores averiguaciones antes de contestar. Y además en su detención funcionaron los mecanismos republicanos. Funcionó la república a full. Y el presidente no estuvo haciendo cálculos: esto pasó el domingo de noche y al otro día pidió para hablar. Y habló y salió a la prensa. Muchos dicen que se equivocó al salir; bueno, él mismo estaba sorprendido. Y obviamente que se equivocó en la confianza que le dio a determinada a persona. Pero yo no vi a ningún dirigente que se le acercara y le dijera: “No, mirá, te estás equivocando con este”. Digo, ahora es muy fácil decir que el presidente se equivocó, pero no vi a nadie antes que le dijera: “Ojo, presidente, que te estás equivocando”.

    —Bueno, se ha dicho que sí, que le avisaron.

    —No sé.

    —Le avisó un senador, el director de Inteligencia… Usted valora que haya salido a dar la cara de inmediato, y ahí dijo que si hubiera tenido el más mínimo indicio de que su guardaespaldas tenía ese historial, no lo hubiera contratado. Pero hubo avisos y el presidente siguió confiando. Esto es algo que le puede pegar en su banda de flotación.

    —Creo que le pega. Pero yo no vi a todos los dirigentes políticos que andan en la vuelta decirle algo antes al presidente. Ahora es todo con el diario del lunes. Me parece que en esto lo que corresponde es cerrar filas en torno al presidente, que eligió a alguien que traicionó su confianza, pero que inmediatamente salió a dar la cara. Eso vale mucho.

    —Usted se quejó hace un rato de la actitud de la oposición en este tema, ¿pero qué hubieran hecho ustedes?, ¿no hubieran hecho lo mismo?

    —Creo que es un tema de todos. Y creo que hay algunas cosas que ameritan conversar primero. En un país donde el presidente va a la casa del principal partido de la oposición a contarle sobre la reforma de la seguridad social, donde todos tenemos su teléfono y lo podemos llamar, creo que ameritaba haber conversado antes y no salir de la forma en que se salió. Creo que hubo saña, ensañamiento. Aprovecharon que un presidente que ha venido dando pasos en forma correcta confió en alguien en el que no debió haber confiado. Estas cosas no hacen a la construcción de un buen clima político.

    —¿Pero no tiene ribetes de escándalo político que el jefe de custodia del presidente haya integrado una red criminal que llegó a operar en la Torre Ejecutiva? ¿No es un escándalo para usted?

    —A ver, por supuesto que no es bueno para nadie. Ni para el presidente ni para el sistema político. No es bueno para el país. Pero vamos a ver, vamos a esperar que avance la investigación, que se clarifique, ver cuánta implicancia hay en el tema. Aunque no hay justificaciones. Nosotros desde el gobierno estamos colaborando con la Justicia e investigando internamente para que quede absolutamente todo al descubierto. Hay que raspar hasta el caracú, que se reconstruya todo lo que sucedió e ir hasta las últimas consecuencias con quien esté atrás, de donde sea. Es lo que corresponde. No estamos inmunizados ni a los errores ni a que haya gente adentro del gobierno que haga cosas que están mal. Lo que sí no va a pasar es que barramos abajo de la alfombra. Eso no va a pasar.

    —¿Cree que este episodio puede impactar electoralmente?

    —A veces la gente se fanatiza. Cuando hacés las cosas muy bien, salen a poner al gobierno en la cima del mundo y al primer error salen a matarlo. No sé cuánto va a repercutir esto. Vos me preguntabas qué va a dejar este gobierno. Yo creo que hay una cosa que está haciendo y está haciendo bien, que es ordenar la economía. Lo que se ha bajado el déficit fiscal, lo que se ha ordenado la Rendición de Cuentas, los recursos que han aparecido. Se viene haciendo mucha cosa. La infraestructura del país ha cambiado. Te encontrás con que, cada dos puentes, uno está en construcción; se están haciendo obras importantes. Para mí se cambió el estilo y la filosofía del “no se puede”; la mesocracia de mediacancha del Uruguay cambió. El presidente sale a la búsqueda de la excelencia: la educación no camina, vamos a cambiarla; la seguridad social no funciona con estos números, vamos a cambiarla; el Mercosur no funciona, bueno, abrimos otros puentes y salimos a buscar a China, a Turquía. Todo lo que se está haciendo con la economía digital, con el hidrógeno verde, con la energía renovable es mucho.

    —El exministro de Economía Ignacio de Posadas, opinó en una carta publicada por Búsqueda que el gobierno no maneja la agenda y está operando demasiado por reacción. ¿Coincide con esa lectura?

    —Creo que cuando terminó lo de la LUC, el hecho de haber triunfado por un margen chico significó un impacto. Pero teníamos que darnos cuenta enseguida de que habíamos ganado y más o menos por la misma diferencia que en las elecciones nacionales. Estamos legitimados para continuar con nuestros cambios. Y la gente nos volvió a decir que sí, pese a las mentiras, pese a que se terminaba el candombe si ganábamos. El candombe sigue. Seguimos laburando y hemos vuelto a recuperar el centro del ring.

    —¿Cómo está la salud de la coalición multicolor? ¿Llegan juntos al final del período?

    —Tengo la autoridad moral de haber votado en contra de la concertación para Montevideo en el 2014. Creo que hoy la coalición llegó para quedarse. Tenemos que pensar que nos une mucho más el porvenir que las diferencias que hayamos tenido en 186 años para atrás. Nosotros no podemos ni queremos gobernar solos. Este no es un gobierno del Partido Nacional, es un gobierno de la coalición liderado por un presidente de nuestro partido. Hemos encontrado leales compañeros de viaje y tenemos la convicción de que va a durar hasta el final.

    —Usted había mantenido una reunión con los líderes sectoriales para pedirles que no electoralicen este año, que aflojen con la ansiedad de las candidaturas. Mucho corte no le dieron.

    —Lo que pasa es que no es noticia que no hay ningún candidato y es noticia cualquier nombre que pueda ser candidato. El tema es que, si nosotros teníamos un gobierno que tenía cuatro años útiles, y dos se nos fueron, es momento de gobernar. Si por mí fuera, pondría como fecha de salida a temas electorales a finales del 2023. Tenemos que tener en claro que cuando largamos las candidaturas nos empezamos a dividir. Y que no son los problemas de la gente. Estamos en tiempos de gobernar y quienes van a ser los candidatos no son los problemas de la gente. Esto es un círculo rojo dentro del círculo rojo. Es un tema que manejamos los dirigentes, la gente no tiene idea y sus preocupaciones van por otro lado, y las nuestras tienen que ir por ahí.

    Contratapa
    2022-10-12T23:45:00