—En abril estuvo el jefe negociador de la Unión Europea en Uruguay y dijo que si esto fuera una maratón, la negociación está en los últimos 100 metros. ¿Cómo traduce esto?
—No especificó si eran con obstáculos o sin obstáculos los 100 metros... Es normal que en cada negociación los últimos 100 metros o el último 1% es justamente lo más complicado. El tema en el que no logramos ponernos de acuerdo llega a lo último. Entonces seguramente no es una maratón en que uno corre los 42 kilómetros a la misma velocidad, los últimos 100 metros son efectivamente lo más complicado en una negociación. ¿Se hace un sprint final? Se podría hacer un sprint final con una gran voluntad política de cerrar el acuerdo sin mirar demasiado a los detalles, pero no es este el caso. Es decir, se están mirando exactamente los detalles y se quiere cerrar la negociación. Lo que el jefe negociador dijo y el mensaje que quiso transmitir es que a pesar de todo lo que uno escucha o lee en los medios de comunicación o las redes sociales, la Unión Europea, en específico la Comisión Europea, quiere avanzar hacia el cierre del acuerdo con el Mercosur. Y la Comisión Europea tiene que cumplir con el mandato. Esto es el mensaje principal.
—¿Es el mismo mandato de hace más de 25 años?
—No hay un tiempo límite desde el punto de vista legal. Desde el punto de vista político, bueno, no podemos seguir negociando por 100 años. Es evidente. En un momento dado, o se logra una negociación o no se logra. Hubo otros casos en que al final decidimos que no podía haber acuerdo.
—¿Como cuáles?
—No tenemos un tratado comercial con EE.UU., pese a que se discutió por mucho tiempo. No tenemos un tratado de inversiones con China, que se negoció también por mucho tiempo.
—El tratado de inversiones con China fue anunciado incluso.
—Al final nunca se concretó. El tema es que con el Mercosur sería para la Unión Europea, obviamente también para el Mercosur, el acuerdo comercial más grande, el que incluye más economía, más parte de la población. Por eso es particularmente importante. ¿Qué dijo el jefe negociador sobre los tiempos políticos? La Unión Europea ahora está a cinco semanas de las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, lo que significa renovar también de forma indirecta todos los cargos institucionales europeos: el presidente de la Comisión Europea, el presidente del Consejo Europeo, el Alto Representante. No serán electos por los ciudadanos, pero desde las elecciones del Parlamento Europeo se verá cuáles son las relaciones de fuerzas entre los varios partidos políticos europeos. Y de ahí saldrán los nombramientos un mes después, más o menos, quizás menos. Entonces son elecciones muy importantes porque van a dar la dirección que va a tomar la Unión Europea en los próximos años. Son cargos que no entran todo en vigor al mismo tiempo. La mayoría entra en vigor como a finales de año, entre noviembre y diciembre. Y eso es importante para el acuerdo Unión Europea-Mercosur, porque hay unos meses en que no serán las nuevas autoridades, sino las autoridades actuales, aún si salientes, que tienen que decidir qué hacer con el acuerdo después de las elecciones del Parlamento Europeo, después del 9 de junio. Esto es un punto que remarcó Rupert Schlegelmilch cuando estuvo aquí.
—¿Mientras tanto qué pasa?
—Estamos despejando a nivel técnico todo lo que se podía despejar de la mesa. Hay capítulos también que sabemos que son más, son como líneas rojas que no se van a tocar. La Unión Europea quiere que el Acuerdo de París sea parte vinculante del tratado del acuerdo con el Mercosur.
—Eso incluiría la posibilidad de sancionar al incumplidor.
—Los incumplimientos, que vale en los dos sentidos también. Porque la Unión Europea puede también ser el que no cumple con el Acuerdo de París. Ojalá, pienso que no. Pero teóricamente sí.
—Brasil había planteado el tema de las compras públicas en algunos rubros.
—Eso es efectivamente una parte que se tiene que acordar en las negociaciones. Creo que se avanzó mucho en compras públicas en los últimos meses. Pero sí, al final, si hay una decisión política de cerrar, se va a hacer un paquete de medidas que tiene cuenta de nuestros pedidos y del pedido de la contraparte, y ahí se va a cerrar.
—¿Y le parece que hay voluntad política?
—Creo que la voluntad política de la Comisión Europea es avanzar con las negociaciones. Luego, si este avance significa avanzar hasta cerrar, esto lo vamos a saber después del 9 de junio.
—¿Es tan importante la votación del 9 de junio?
—De vista técnico-jurídico. Un acuerdo luego tiene que pasar por la aprobación del Consejo de la Unión Europea, es decir, de los Estados miembros reunidos en el Consejo, y del Parlamento. Las elecciones sí influyen en la composición del Parlamento Europeo, pero no creo que se llegue a una mayoría parlamentaria en contra de un acuerdo. Depende de, sobre todo, si incluye unas cosas importantes como el Acuerdo de París. En lo que sí puede influir la elección es si el acuerdo Unión Europea-Mercosur o, más en grande, si los acuerdos comerciales entran en la discusión política y electoral en los países. Pero eso sería más una discusión filosófica de si los acuerdos son buenos. La posición europea es muy clara. Los acuerdos comerciales verdaderamente han traído mucho bienestar, mucho desarrollo a Europa y también a los países con que hacemos acuerdos comerciales. Tenemos datos económicos estadísticos que dicen que son buenos siempre. Y no es por nada que tenemos muchos acuerdos comerciales con muchos países del mundo. No siempre la racionalidad prevalece. Y por el momento entonces pensamos que mejor dejar pasar el tiempo electoral y luego volver después del 9 de junio a poner sobre la mesa.
—¿Eso será una decisión política que toma la Comisión Europea?
—Pienso que sí, espero que lo pondremos de vuelta en la mesa y mientras tanto seguimos discutiendo la parte técnica.
—¿Cómo está viendo el proceso electoral uruguayo?
—Por lo que se está discutiendo sobre el lado económico, no creo que habrá una gran diferencia para nosotros, porque el relacionamiento económico entre Europa y Uruguay es fuertísimo. Estamos hablando de que 41% de todas las inversiones extranjeras en Uruguay son europeas. Estamos hablando de más de 600 empresas que están radicadas en el país y seguramente por eso vamos a seguir siendo un gran partner comercial, el tercer partner comercial del país y con cifras que crecen año tras año. Del lado político, bueno, nosotros claramente somos imparciales, lo que nos importa es encontrar en Uruguay socios que compartan los mismos valores y la misma mirada del mundo, la mirada hacia el mundo. En los últimos años, nos encontramos en la misma línea con Uruguay. Y no tengo duda de que Uruguay, que es bastante famoso por tener política de Estado más que política de los gobiernos que cambian, va a seguir la misma línea basada en principios, valores, democracia, el activo principal que tiene Uruguay, estabilidad y su fundamento en valores. Tenemos muchísimos proyectos de cooperación y el futuro será también cooperar en temas de interés mutuo, como por ejemplo, el hidrógeno verde. Y creo que eso va a seguir adelante más allá de si...
—Haya cambio de signo político o no…
—Nos importa ver qué sucede en la política exterior, pero siendo Uruguay un país tan estable, sinceramente nos vamos a permitir observar tranquilamente las elecciones deseando lo mejor a quien gane.
—¿Y en cuanto a discusión pública, qué le parece hasta ahora el debate?
—Los temas que se están discutiendo son sobre todo lo que vemos en los medios de la seguridad social, gracias al referéndum, y el tema de la criminalidad, de la inseguridad. Sobre la seguridad social hay poco que decir, es un referéndum y ni siquiera sabemos cómo se van a posicionar los partidos políticos, uno por lo menos de los partidos políticos, así que hay que esperar. Es un tema totalmente interno de Uruguay. Y el tema de la inseguridad, al revés, es un tema que nos toca mucho más de cerca, sobre todo porque como saben el narcotráfico, tráfico sobre todo de cocaína, termina con la cocaína que llega en puertos europeos. Además, tenemos ganas de mucha cooperación con Uruguay porque también al final la demanda viene de Europa y eso crea problemas, son problemas serios en los que estamos superdispuestos a trabajar con Uruguay. Y vemos el interés de Uruguay también en todo lo que es coordinación, inteligencia, colaboración entre las autoridades judiciales europeas y uruguayas y también de otros países, todos de la región, todos juntos ahí. Eso sí es un tema que nos interesa muy de cerca porque tiene impacto, el lavado de dinero tiene impacto directo en la droga que termina en Europa, no solo en la inseguridad que se genera en Uruguay. Ahora a finales de mayo hay una reunión en Bélgica, justamente aquí están invitadas todas las autoridades de América Latina para profundizar nuestros vínculos en materia de lucha contra el crimen organizado. Eso es una de las áreas en que nuestra cooperación solo puede aumentar, no va nunca a disminuir. Para enfrentar el crimen organizado hay que organizarse a nivel nacional, pero también a nivel internacional.
—¿Hay alguna otra área en la que prevén colaborar?
—Hay un tema importante, que es la desinformación y la noticias falsas, que se puede ver también en clave electoral. Es verdaderamente una top priority para la Unión Europea en este momento. Lo vimos con las noticias falsas durante la pandemia, pero ahora nos estamos enfrentando a noticias falsas, multiplicadas por redes sociales y, ojalá que no suceda, por inteligencia artificial, que pueden impactar en los procesos electorales. Cuando vemos que es muy fácil sintetizar la voz de un político y hacerle decir cosas que nunca dijo, preocupa porque estamos hablando de cosas que efectivamente pueden influir en los resultados de las elecciones. Un fraude directo. Eso es muy peligroso. Nos estamos ocupando de eso en la Unión Europea desde hace por lo menos siete u ocho años, pero animamos a todos los países del mundo a hacer lo mismo. No es fácil para países pequeños, pero tenemos verdaderamente que pensar que las noticias falsas no son solo las que tiene un impacto local. Pueden tener un impacto, pueden estar hechas con la desinformación, puede tener una parte subliminal, diría yo, que de a poco lleva a un elector o a un ciudadano a creer cosas que antes no creía.
—¿Una suerte de goteo?
—Muy peligroso. Creo que no es un tema del futuro, es un tema del presente. Con el tema de la inteligencia artificial o de la ciberseguridad, son temas que van en paralelo; pero por el impacto que estamos viendo, por el riesgo que estamos viendo en las elecciones europeas, es un tema que queremos empujar en todo el mundo como algo fundamental para garantizar la democracia y la libertad de cada país.
—¿Han medido ese impacto o lo están siguiendo para las elecciones europeas?
—En los últimos años ya bloqueamos solo sobre Ucrania, Rusia, países del Este europeo, ya bloqueamos más de 17.000 noticias falsas, cada una replicada en un montón de redes sociales. Si uno empieza a escribir, no sé, “la Unión Europea declaró que quiere enviar tropas militares a Ucrania para combatir contra Rusia”, aunque ninguno lo dijo, seguramente sí hay sitios que empiezan a replicar todo esto, habrá, no sé, 10%, 15% de la población que quizás lo cree. Son cosas peligrosas, verdaderamente. Noticias falsas siempre existieron, pero la tecnología de hoy permite crearla con más precisión y sobre todo multiplicarla con más facilidad. Y nosotros, como Europa, como EE.UU., como frente de los países que quieren defender la democracia, tenemos que hacer un frente común para que la gente sepa distinguir y para crear un mecanismo de defensa, en este caso no militar, por suerte; defensa común contra las noticias falsas y su multiplicación. El fenómeno que enfrentamos se llama interferencia extranjera también. No solo noticias falsas: foreign interference and manipulation, porque muchas veces no vienen de privados, como pueden ser hackers, sino que hay detrás un proyecto de países extranjeros que quiere influir en la vida política o las decisiones de otro país, de nuestros países. En América Latina vamos a apoyar esfuerzos en el combate a la desinformación, un proyecto que incluye a México, Chile y Uruguay.
—¿Uruguay no está lejos de ese fenómeno dada su ubicación geográfica?
—Escucho muchas veces que aquí no pasa nada. Creo que pensando un poco en la historia, hay que tener cuidado con estas frases. Yo nunca diría nunca. Hay que darse cuenta siempre hacia dónde va el mundo y cuáles son los peligros. La distancia de 11.000 kilómetros de Europa, no sé cuántos de EE.UU. y no sé cuántos de China, tenían un valor hace 100 años que no tienen ahora. Ahora la distancia, con los medios de transporte y de telecomunicación que existen, están achicadísimas.