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“Sacamos a bastante gente de la extrema pobreza, pero no los hicimos mejores ciudadanos: los hicimos mejores consumidores”. Esa frase del expresidente y ahora exsenador José Mujica encuentra su correlato —al menos parcial— en las estadísticas oficiales.
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Entre 2005 y 2017 la desigualdad medida por el consumo cayó aún más que la calculada por el nivel del ingreso de las personas, analizó Búsqueda con base en los microdatos de la Encuesta de Gasto e Ingresos de los Hogares (Engih) del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Calcular la desigualdad en base al ingreso o el consumo tiene implicancias detrás, y cada variable presenta ventajas y problemas.
Por un lado, centrarse en el ingreso puede recibir una primera crítica si se observa que se trata de un medio para un fin o de una forma de alcanzar un objetivo dado. En otras palabras, simplemente por percibir un determinado ingreso una persona no saciará su hambre, aunque sí le permitirá comprar los alimentos para lograr cubrir esa necesidad. El problema es que, dependiendo del lugar de residencia, por ejemplo, un individuo podrá acceder o no a determinados bienes o servicios —como ocurre con la fibra óptica— y a precios distintos que podrían variar entre un almacén y una cadena de supermercados.
La desigualdad del consumo podría solucionar ese problema al tener en cuenta qué y cuánto consume efectivamente cada persona. En contrapartida, esta variable presenta otra serie de inconvenientes de tipo metodológico. Por ejemplo, los encuestadores del INE, al tocar la puerta de un hogar para relevar sus datos, no preguntan por el consumo, sino por el gasto en consumo del mes anterior. La principal diferencia es el momento en que el individuo incurrió en dicha erogación: mientras que una persona puede haber comprado un televisor nuevo (u otro bien durable) por ejemplo en setiembre —y por tanto declararlo cuando lo encuestan en octubre—, alguien que haya adquirido el mismo producto, pero un año atrás, no registrará desembolso alguno, aunque aún lo utiliza.
De forma similar, el dueño de una casa no declarará ningún gasto en vivienda, mientras que quienes alquilan sí lo harán. Así, sea por una u otra vía, la utilización del consumo puede provocar sobrestimaciones de la desigualdad.
Además, al incorporar el concepto de gasto a la variable consumo, la aparente solución al problema del “medio para un fin” se desvanece: desembolsar $ 1.000 no es lo mismo en Montevideo que en el interior, y tampoco es comparable entre un bien y otro.
Otra debilidad del consumo, en tanto, se debe a que algunos consumos están subdeclarados en las encuestas, como en el caso del alcohol, el tabaco, los juegos de azar, entre otros.
Desigualdad del gasto
En todo caso, la elección de la variable dependerá del propósito del trabajo y, a todos los fines, los resultados de la Engih muestran que la desigualdad en Uruguay cayó, sea por la vía del consumo o del ingreso, entre 2005 y 2017. Esos son los años de las últimas encuestas; los microdatos de la de 2017 se divulgaron pocos meses atrás.
En particular, la desigualdad de consumo bajó más de 20% —cerca de 10 puntos porcentuales— entre estos dos años, según el índice de Gini calculado por Búsqueda, con base en microdatos brutos del INE y otros procesados previamente por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración (FCEA). En el caso del ingreso la caída fue de 19% o unos 9 puntos porcentuales.
El índice de Gini es el indicador más habitual de desigualdad y se calcula comparando la distribución en cierta sociedad con una situación de perfecta igualdad: toma valores entre cero (equidad plena) y uno (desigualdad extrema).
Además, el interior del país (0,345) registró una menor desigualdad del consumo en comparación con Montevideo (0,349), aunque la brecha se acortó sustancialmente. En términos porcentuales, la baja fue mucho mayor en la capital (22% contra 19%), lo que equivale a caídas de 10 y 8 puntos porcentuales.
Se destacan Flores (0,250) y Tacuarembó (0,450) como los departamentos con menor y mayor desigualdad del consumo. Si se considera el ingreso, Soriano (0,436) es el menos igualitario.
Sin embargo, dada la metodología utilizada por el INE para la Engih y por temas de representatividad, ese análisis por departamento pierde precisión.
Rubros
El gasto menos desigual se registra en “Salud”, una de las áreas con mayor participación del Estado como proveedor de ese servicio.
En tanto, el rubro con desembolsos más desiguales es “Transporte” (0,672), seguido por “Muebles y artículos para el hogar” (0,654), mientras que el gasto per cápita destinado al consumo de alimentos y bebidas no alcohólicas resulta relativamente más parejo (0,361).
En tanto, los únicos rubros en los que el gasto en consumo resulta más desigual en Montevideo que en el interior del país son “Alcohol, tabaco y estupefacientes”, “Muebles y artefactos para el hogar”, y “Salud”.
Otras áreas de consumo relevantes, como la “Educación”, presentan una desigualdad superior en el interior (0,560) que en la capital (0,536), con un índice de Gini a escala país (0,588) incluso superior al gasto en “Hoteles y restaurantes” (0,573).
Sin embargo, a la hora de comparar por rubros habría que prestar atención a los posibles efectos de una “censura del gasto”, explicó a Búsqueda Victoria González, docente de la FCEA. Un ejemplo podría ser en el caso de la “Educación”, donde este fenómeno —de existir— se produce por la fuerte acumulación de los desembolsos en este rubro entre unos pocos hogares (Búsqueda Nº 2.090) y vuelve “ruidosa” la comparación con otras categorías.