Hay una “clara oportunidad para el crecimiento en los sistemas de producción de leche de Uruguay sin perder su competitividad internacional”, sostiene un estudio publicado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
Hay una “clara oportunidad para el crecimiento en los sistemas de producción de leche de Uruguay sin perder su competitividad internacional”, sostiene un estudio publicado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa investigación indica que “una mayor producción y utilización del forraje de propia producción, y en particular de pastura, acompañada por cargas que dupliquen el promedio actual parece ser el camino más promisorio”.
“Esos niveles de carga acompañados de una gestión precisa del pastoreo y la suplementación permitirán aprovechar el potencial productivo de nuestros suelos”, agrega.
Los autores del trabajo son el director del programa de investigación en lechería del INIA, Santiago Fariña, y el profesor de Producción Animal y Pasturas de la Estación Experimental Mario Cassinoni de la estatal Facultad de Agronomía, Pablo Chilibroste.
En momentos en que el Mercosur acordó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, lo que representa un desafío para la lechería uruguaya en cuanto a la competencia que tendrá de los lácteos europeos y a la necesidad de acomodar su sistema productivo a un nuevo escenario, puede resultar oportuno tener en cuenta ese estudio técnico.
Es necesario considerar que el alcance de ese acuerdo comercial representa una serie de aspectos que requerirán de un análisis más amplio, que atienda varios factores de la producción lechera.
Los técnicos advierten en el trabajo que “para que el crecimiento sea factible y sostenible, esto conllevará trabajar también sobre las actuales restricciones al crecimiento relacionadas a la infraestructura de tambo y dinámica de rodeo”. La producción lechera en Uruguay pasó de 597 millones a 2.083 millones de litros de 1985 a 2016, con una tasa media de crecimiento del 3,2% anual, señala el trabajo basándose en datos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea).
Detalla que durante ese período la extensión de tierras asignada a la producción de leche se redujo de 1.196.000 a 764.000 hectáreas (-36%), mientras que el número de productores lecheros cayó de 7.102 a 3.873 (-45 %).
El aumento en el tamaño de los tambos, así como la reducción del número de productores, ha sido una tendencia común en los países lecheros del mundo, indica.
El crecimiento de producción lechera en Uruguay fue apoyado por un incremento significativo en productividad (3,5 veces la línea de base 1985=100), debido a aumentos tanto en la carga (1,6 veces) como en la producción por vaca (2,6 veces), según los técnicos.
Consideran que “en la última década hubo un renovado interés mundial por la producción de leche a base de pastura, ante la creciente volatilidad de mercados y el desmantelamiento de sistemas de subsidios”.
“Sin embargo, en países típicamente pastoriles, como Australia y Nueva Zelanda, la perspectiva es incierta debido a las regulaciones ambientales y el costo de la tierra y del trabajo”, puntualizan.
“Uruguay, Argentina y Chile han producido leche predominantemente a base de pasto, con cargas relativamente bajas y niveles intermedios de concentrados”, comparan.
Algunos de los aspectos clave en los que concentran el estudio es en la posibilidad de una mayor utilización de las pasturas propias de cada establecimiento lechero y, al mismo tiempo, en la incorporación de más vacas para darle un impulso intensivo al resultado productivo.
En ese sentido, los técnicos plantean que un incremento en el consumo de forraje por hectárea en estas regiones podría sostener un mayor número de vacas y productividad, medida en leche por hectárea. Pero “no queda claro si ese crecimiento es posible y si podría comprometer su competitividad en términos de costos de producción, rentabilidad y exposición a un clima variable”, aclaran.
Establecen que el objetivo del estudio fue “analizar, desde una perspectiva global, las oportunidades y los desafíos para el crecimiento de la producción de leche a pasto en sistemas productivos” de Uruguay.
Para caracterizar a los sistemas productivos, los técnicos analizaron la información de 256 predios que permanecieron en un proyecto de producción competitiva de la empresa Conaprole de 2013 a 2017.
Los partos del rodeo lechero se concentran en otoño e invierno, específicamente 65% entre marzo y setiembre. La alimentación se compone de forraje pastoreado, que son 3.944 kilogramos (kg) de masa seca (MS) por hectárea (ha) y cultivos cosechados mecánicamente y suministrados a las vacas, que son 1.367 kilogramos MS/ha y concentrados, unos 1.831 kg MS/ha. Más del 75% de la dieta es forraje de propia producción y solo el 25% es forraje comprado, destacan los especialistas.
Y detallan que en kg de MS por vaca, la dieta diaria promedio es: 9,5 kg de forraje directo, 4,2 kg de concentrado y 3,1 kg de reservas. El concentrado se suministra principalmente dentro de la sala de ordeño (83%-85% de los tambos).
Para el suministro de reservas, el sistema predominante es el comedero a campo (40% a 45%) y en menor proporción la pista de alimentación de hormigón (22% a 26%), indican en la investigación.
Comentan que el margen de alimentación (ingreso por leche menos costo de alimentación) fue en promedio de US$ 1.310 por hectárea al año con un amplio rango entre predios, con un máximo de US$ 1.669 y un mínimo de US$ 972.
Los cambios entre años estuvieron dominados por la variación en el precio de la leche, que fue en promedio US$ 0,35 por litro, pero mostró un amplio rango de variación, con un máximo de US$ 0,41 y un mínimo de US$ 0,29, señalan.
En cuanto al costo de alimentación por litro, los autores resaltan que fue menor para los sistemas que crecían (US$ 0,142 y US$ 0,141) respecto de los que decrecían (US$ 0,151 y US$ 0,147).
“Es interesante que el costo de alimentación alcanza los valores más bajos en 2016 y 2017 (US$ 0,129 y US$ 0,132) cuando los precios de la leche eran también menores”, advierten. Consideran que eso “refleja la capacidad adaptativa de las lecherías para ajustar los costos de alimentación a los bajos precios de la leche”.
“Se evidencia la estrategia productiva seguida por los productores de mediano y alto crecimiento, quienes, además de escala, aumentaron su productividad a partir de incrementos en la producción individual y la carga” animal, evalúan los especialistas. Agregan que “la mayor demanda de alimentos la cubrieron de forma proporcional con aumentos en las cantidades de forraje pastoreado y reservas (producción propia) por hectárea además de concentrados”.
Para evaluar la competitividad de los sistemas de producción de leche de Uruguay, los técnicos los compararon con sistemas productivos típicos de seis países competidores en exportación: Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, Holanda, Irlanda y Argentina. Y “el primer contraste se evidencia en la productividad”, comentan.
Concluyen que los sistemas de Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos y Holanda producen por encima de 10.000 litros de leche corregida por energía (ECM) por hectárea, mientras que Irlanda, Argentina y Uruguay alcanzan valores medios por debajo de los 7.000 litros por hectárea. El ECM es un indicador empleado para medir la eficiencia alimentaria y lograr una estandarización para poder comparar los datos de diferentes razas lecheras.
Estados Unidos y Holanda logran sus altas productividades con cargas altas o intermedias (5,5 vacas/ha y 1,8 vacas/ha, respectivamente) y una alta producción por vaca (10.184 litros Ecm/vaca/año y 8.797 litros ECM/vaca/año, respectivamente), detallan.
Y destacan que, en contraste, niveles similares de productividad logran Nueva Zelanda y Australia, pero solo basándose en alta carga (2,84 vacas/ha y 2,14 vacas/ha, respectivamente) y manteniendo producciones por vaca intermedias (5.244 litros ECM/vaca/año y 6.569 litros ECM/vaca/año, respectivamente). “En Irlanda, Argentina y Uruguay las productividades son bajas porque se alcanzan producciones por vaca similares a Nueva Zelanda o Australia, pero con un rango de cargas mucho más bajas (0,71 vacas/ha a 1,77 vacas/ha)”, sostienen.
Plantean que “las diferencias de productividad por hectárea entre países parecen ser explicadas por el consumo de forraje de propia producción y no tanto por el uso de suplemento comprado o por la eficiencia de conversión en leche”.
El trabajo incluye comparativos sobre los costos de producción en cuanto a mano de obra y las necesidades de infraestructura, entre otros datos.
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