En los últimos 15 años, la Universidad de la República (Udelar) ha orientado su expansión hacia el interior del país. Resultado de esta política es la creación de los centros universitarios regionales (Cenures) del Litoral Norte (Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro), Este (Maldonado, Rocha, Treinta y Tres y Lavalleja), Noreste (Rivera, Tacuarembó y Cerro Largo) y, meses atrás, la Udelar convocó a nuevas carreras completas o ciclos iniciales optativos a desarrollar en el Cenur Suroeste, que funcionará en Colonia y Soriano. La mayor institución terciaria del país contará, así, con actividades de enseñanza en 14 departamentos, por fuera de la capital.
El trabajo se basa en registros administrativos de matriculación de los universitarios procedentes de las localidades del interior, en las que se abrieron sedes de estudio terciarios con aquellas zonas o regiones del país en las que no. La investigación considera los datos de la población de ingreso a la Udelar desde el año 2002.
Actualmente, la Udelar concentra el 86% de la población que accede al nivel terciario de la educación en el país. A principios de este siglo, los ingresos en el interior representaban el 4% del total de matriculados en los servicios universitarios; hoy esta participación es del 15%, lo que demuestra que la expansión geográfica universitaria fue seguida de un aumento en la matrícula de estudiantes de fuera de la capital, destacan los autores del estudio.
Además de la economista Querejeta, integró el equipo de investigación Noemí Katzkowicz, del Instituto de Economía (FCEA, Udelar), Tatiana Rosá, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Victor Lavy, del Departamento de Economía de la Universidad de Warwick Coventry, Reino Unido, y de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El documento —titulado Escolarización y movilidad intergeneracional: consecuencias de la ampliación de las instituciones de enseñanza superior— está en proceso de publicación en revista.
Movilidad
La expansión de la universidad en el interior del país se dio básicamente por la creación de los centros regionales como estructuras institucionales que incluyen diversas sedes, pero también en aquellos lugares donde ya había centros hubo un aumento “importante” de la oferta educativa universitaria. Hoy, la Udelar presenta más de 120 ofertas de enseñanza, carreras completas en todo el país y 30 carreras únicas que se pueden cursar solo en el interior.
Se trata de un proceso que tiene un recorrido por varias administraciones universitarias. “En realidad forma parte de una política que comenzó en el rectorado de Rodrigo Arocena (2006-2014), con un impulso muy fuerte a partir del año 2008, y luego se continuó en los períodos siguientes”, dijo a Búsqueda la economista Querejeta.
El rector Rodrigo Arim aseguró que uno de los objetivos de su gestión es fortalecer “transversalmente” las áreas de investigación, enseñanza y extensión en el interior, consolidando los centros regionales y ampliando el apoyo al Cenur Suroeste —en Soriano y Colonia—, con foco en la población estudiantil más vulnerable (Búsqueda Nº 2.223).
En los últimos años, el ingreso de estudiantes a la Udelar aumentó en mayor medida en los quintiles de menores ingresos y algo más de la mitad de la matrícula de la institución (54%) es de primera generación universitaria de su familia, cifra que sube a 66% entre los estudiantes del interior, según datos de la Dirección General de Planeamiento (DGP) de la universidad sobre estudiantes de grado y posgrado de la institución, que marcan esa tendencia a partir de 2020.
Esta era la hipótesis principal del estudio, contó Querejeta, y ahondó en los resultados: “Lo que encontramos es que la expansión de la universidad tuvo efectos estadísticamente significativos y de magnitudes muy importantes, tanto en la matriculación de estudiantes como en el cambio en la composición del alumnado, que es algo que tiene efectos positivos en movilidad intergeneracional, una dimensión clave del desarrollo económico de personas que vienen de contextos menos favorecidos” en relación al ámbito educativo de su familia.
Estos “efectos positivos” se mantienen, según la investigación, por un radio de hasta 30 kilómetros del centro universitario, y luego van disminuyendo o desaparecen. Estudios anteriores muestran que la distancia geográfica a la universidad es un determinante importante en la decisión de los jóvenes de matricularse en educación terciaria.
“Tiene sentido en términos de lo que se espera de esta política, que es disminuir o achicar la distancia geográfica y socioeducativa, reduciendo costos y barreras financieras para acceder a la educación, con aspectos positivos sobre el desarrollo económico local”, indicó Querejeta, dado que también aumenta la proporción de trabajadores de “alta calificación” —con más de 12 años de educación y al menos uno de formación superior.
Derrame
Otro aspecto destacado por las autoras de la investigación es que con la política de expansión universitaria en el interior “se mantiene la tasa de egreso” o la probabilidad de obtener un título de grado.
La ampliación de la oferta “no redujo significativamente la tasa de titulación universitaria, lo que contrasta los argumentos del debate político sobre que existe una posible disyuntiva entre universalizar el acceso a la educación superior y mantener las tasas de titulación”, expresan en su informe. Igualmente, las tasas de egreso universitario siguen siendo bajas. Según los registros, la población universitaria supera los 150.000 matriculados, con un ingreso promedio anual de más de 20.000 estudiantes y 8.000 egresados por año.
Por otra parte, las investigadoras señalaron que la ampliación de la educación terciaria en Uruguay tiene “efectos derrame” sobre otros niveles de la educación formal. En particular, observaron un impactó en la asistencia a educación media (Secundaria y UTU) y en las etapas de culminación de media superior debido a la posibilidad de continuar los estudios formales después del egreso.
Así, la expansión de la universidad “genera oportunidades e incentivos para continuar la educación en los niveles más bajos, porque amplía los beneficios de completar Secundaria por las oportunidades de acceso reales a la formación terciaria”, remarcó Querejeta. Es un hallazgo “importante” en términos del acceso, porque la culminación de la educación media es todavía uno de los principales desafíos que enfrenta Uruguay.
“Este trabajo demuestra que invertir en infraestructura y en descentralización de la universidad tiene efectos positivos también en otros niveles de enseñanza y no solo en beneficio de la universidad, por el efecto derrame de esta política en todo el sistema educativo”, cerró.
Velocidad
Al tanto de este trabajo académico, el rector dijo a Búsqueda que la política de desarrollo de la universidad en el interior sufre hoy una “ralentización” por la falta de recursos presupuestales.
“Si tuviéramos más recursos, y los pedimos, hubiéramos avanzado más rápidamente sobre el centro universitario regional de Soriano y Colonia”, señaló. De todos modos, garantizó que se avanzará, pero “no al ritmo previsto ni deseado”.
Los recursos destinados a ese centro regional son del orden de US$ 1,5 millón, mientras que el Cenur Nordeste tiene un presupuesto diez veces más grande. Para llegar a un nivel de desarrollo parecido a ese centro —que a su vez es el menos desarrollado de los otros tres ya establecidos— “debería contarse con diez veces más recursos”, razonó.
Arim explicó que en el Centro Sur (Durazno, Florida, Flores y, en parte, San José) la Udelar todavía no tiene un desarrollo similar a otras regiones del país y para atenderla necesita dinero. Por lo tanto, siguió, “hay una afectación que tiene que ver con las velocidades”.
“Hemos tenido avances importantes, no nos hemos detenido, pero vamos a una velocidad menor a la que nos gustaría y que podría tener la universidad”, dijo.
Otro elemento vinculado a la restricción presupuestal, según el rector, es que, si bien aumentó la matrícula de estudiantes provenientes de hogares con menor tradición universitaria, más vulnerables, son formados por cuerpos docentes “estancados”, limitados en cantidad, y eso genera dificultades para atender de forma “razonable y relativamente personalizada” a estas poblaciones de estudiantes que requieren “más apoyo”.