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    La reforma impositiva de Trump: un camino largo y difícil

    En medio de mucha expectativa, el miércoles 26 finalmente se conocieron los “principios básicos” de la reforma impositiva que pretende aplicar el presidente Donald Trump para Estados Unidos, en lo que sería el mayor cambio impositivo desde el realizado por el presidente Ronald Reagan en la década de los 80.

    Como ya había anticipado Trump durante la campaña electoral, la propuesta de reforma impositiva implicaría transformaciones muy significativas tanto en los impuestos personales como corporativos.

    Desde el punto de vista corporativo, la propuesta implica reducir la actual tasa de impuesto a la renta de 35% a un 15%, además de aplicarla solo a las ganancias obtenidas en Estados Unidos en lugar de hacerlo a nivel global, como se hace en la actualidad. A su vez, se propone un impuesto por única vez sobre las ganancias retenidas por las empresas estadounidenses en el exterior (justamente, para evitar pagar impuestos sobre ellas bajo la ley actual), cuyo monto se estima en 2,6 billones de dólares (más de 50 veces el PBI de Uruguay).

    A nivel personal, el plan de reforma apunta a reducir de las actuales 7 a solo 3 las escalas para el pago del impuesto a la renta, con tasas de 10%, 25% y 35% (la tasa máxima actual es 39,6%); propone eliminar una serie de impuestos actualmente vigentes (tales como el 3,8% “net investment income tax”, el “alternative minimun tax” y el “estate tax”); también desaparecerían todas las deducciones vigentes, salvo las que se aplican a los intereses pagados sobre los créditos hipotecarios y las donaciones.

    Según señalaron al presentar la propuesta el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el principal asesor económico del presidente Trump, Gary Cohn, el objetivo de la reforma impositiva es aumentar el crecimiento de la economía y generar millones de nuevos puestos de trabajo, simplificar el código tributario, reducir la carga impositiva para las familias norteamericanas (especialmente para la clase media) y bajar la tasa de impuesto a la renta corporativa de una de las más altas del mundo a una de las más bajas, para mejorar la competitividad de las empresas estadounidenses.

    Si bien tanto Mnuchin como Cohn reiteraron en varias oportunidades que estos objetivos son compartidos por los legisladores republicanos, y que están decididos a moverse rápido en este tema para que sea aprobado este año, la falta de detalles en muchos temas (en particular respecto a cómo se va a pagar por esta reforma) y el antecedente del fiasco en el intento de eliminar el “Obamacare” el mes pasado, auguran un tortuoso proceso de negociación a nivel del Congreso.

    Por un lado, es difícil pensar que va a haber apoyo del Partido Demócrata, especialmente cuando muchos de los cambios propuestos van a favorecer a priori a las personas y familias de mayores ingresos. Sin apoyo de los senadores demócratas, bajo las reglas actuales para hacer permanentes las bajas de impuestos se necesitaría compensar la pérdida de ingresos que la reforma impositiva generaría. Es que se necesitarían al menos 60 votos en el Senado (los republicanos tienen 52) para hacer permanente una rebaja de impuestos que aumente el déficit federal luego de un período de 10 años y, según estimaciones de la organización independiente “Tax Policy Center”, la pérdida de ingresos alcanzaría a U$S 6,2 billones durante la primera década —de los cuales U$S 2 billones corresponderían a la baja de la tasa de impuesto corporativo al 15%— y más de U$S 20 billones hasta el año 2036.

    Dos eran los dos factores clave con los que contaban los republicanos para compensar la pérdida de ingresos por la rebaja impositiva (más allá de la “contabilidad creativa” de usar el llamado “dynamic scoring” y suponer que el mayor crecimiento económico va a pagar automáticamente la rebaja impositiva): la reforma de la salud (por la reducción de los subsidios que actualmente tiene el sistema del “Obamacare”) y la propuesta de creación del “BAT” (“border adjustment tax”) que lideró el líder republicano de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. La reforma del “Obamacare” está en “stand by”, mientras que el BAT no tiene el apoyo del presidente Trump, como quedó claro el miércoles 26.

    Más allá de que habrá que esperar los detalles de la propuesta presentada esta semana por la Casa Blanca, es posible anticipar que el proceso de reforma impositiva será largo y difícil, con un resultado final que hoy por hoy aparece incierto.

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