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    miércoles 19 de junio de 2024

    Linda Kohen y Eva Olivetti en el Museo Gurvich y la sala Carlos F. Sáez a 100 años de sus nacimientos

    La mirada melancólica en las muestras Dibujar siempre (la meta es el origen) y Pintar también lo invisible

    Nacieron el mismo año, compartieron como tantos migrantes la historia dolorosa de quienes huyen de la persecución, de la guerra, del horror. También estuvieron unidas por lazos familiares, por el arte, por el Taller Torres García (TTG), por Montevideo. Linda Kohen nació en Milán en 1924 con el nombre de Linda Olivetti, pero cuando se casó adoptó el apellido de su marido, Rafael Kohen. Llegó a Uruguay con 15 años con su familia que huía del fascismo. Después ella misma tuvo otros escapes hacia otros países, pero Uruguay fue su destino. El 28 de octubre cumple 100 años y el dibujo sigue siendo un festejo en su vida.

    Eva Olivetti nació en Berlín en 1924, con el nombre de Eva Brager. Cuando en 1948 se casó con el ingeniero Mario Olivetti, hermano de Linda, tomó su apellido. A los 15 años llegó a Montevideo con su familia, perseguida por el nazismo, y vivió en la misma ciudad durante 74 años, hasta su muerte ocurrida en 2013.

    Recelo, 2022, lápiz sobre papel. Linda Kohen

    Ahora ambas artistas están nuevamente unidas por el arte, a 100 años de sus nacimientos. Dibujar siempre (la meta es el origen) se llama la exposición de Kohen que con curaduría de Pablo Thiago Rocca, director del Museo Figari, se exhibe en el Museo Gurvich hasta el 2 de junio y en la sala Carlos Federico Sáez (Rincón 561) hasta hoy, jueves 16. En las mismas salas está la muestra de Eva Olivetti que lleva por título Pintar también lo invisible, con curaduría de la escritora y docente Tatiana Oroño.

    Olivetti se licenció en Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias y cuando egresó estudió cerámica en el taller del catalán José Collel. Ingresó al TTG en 1959, estudió pintura y continuó como discípula directa de José Gurvich, que tenía su taller en el Cerro. Con esos maestros, con quienes compartía también la vida del emigrado, fue nutriendo su particular mirada hacia el arte. Otra fuente de inspiración la tuvo de los artistas Alberto Giacometti, Paul Klee, Giorgio Morandi, quienes a decir de Oroño en su trabajo para el catálogo constituyeron “un grupo para Eva”.

    En Pintar también lo invisible están representadas las obras que Olivetti realizó entre 1960 y 1985, algunas son propiedad del Museo Gurvich y otras fueron prestadas especialmente para esta muestra por la familia. Allí aparecen sus paisajes (ciudadanos, naturales e interiores), sus retratos, sus bodegones y objetos, sus ritmos de líneas sutiles y figuras alargadas. “Intuí una filosofía de la vida en ese dibujar desdibujando, en ese pintar esgrafiando, velando sus imágenes, casi diría despintando”, escribió Oroño en el prólogo al explicar las primeras sensaciones que le produjo la obra de Olivetti.

    Solo, 2021, lápiz sobre papel. Linda Kohen

    Los paisajes y sobre todo los paisajes con árboles están entre sus creaciones más reconocibles. En una entrevista de 1998 con Nora Kimelman, la artista respondió: “Los árboles siempre han sido una de mis pasiones. Me regocijo contemplando la naturaleza y luego la vuelco a mis pinturas”. De su contemplación, de su mirada detenida en el afuera, surge una pintura delicada, que está lejos de ser una obvia referencia al modelo.

    Es en sus paisajes naturales y sobre todo en los interiores e imaginarios que se asoma la mirada poética de Olivetti. Hay jardines y atardeceres de playas, hay cipreses de cementerio y un árbol que perdió sus hojas. Hay un Paisaje onírico en tonos de gris y una Composición en rojo de siluetas lánguidas. Si sus árboles y jardines son luminosos, sus pinturas llamadas Interior muestran el costado más metafísico y reflexivo de Olivetti. “Es una creadora de atmósferas”, dice Oroño al hablar de lo poético en sus pinturas. Linda Kohen hizo un retrato de Olivetti y la capturó pensativa, con la cabeza algo inclinada hacia abajo. Seguro, pensando en sus paisajes interiores.

    Habitualmente, con la obra de Kohen se asocia la palabra soledad, pero para Pablo Thiago Rocca es la melancolía la que relaciona su obra con la de Olivetti. En Dibujar siempre (la meta es el origen) hay un recorrido por algunas etapas de la extensísima creación de Kohen que llega hasta ayer nomás, cuando el mundo sufrió la pandemia, y justamente así se llama su última serie de dibujos. En 2021, Kohen recibió el Premio Figari, el más importante otorgado a las artes visuales uruguayas.

    En sus inicios más lejanos, cuando aún vivía en Milán, hizo un dibujo inspirado por la película Blancanieves de Walt Disney que había visto en el cine. Al respecto, Rocca recogió para su texto del catálogo el siguiente recuerdo de la artista: “Me encantó y dibujé muchas escenas de la película. En cierto momento rompí todos (me parecía una estupidez), pero guardé uno, el que está en el sobre, como recuerdo”. Esos enanitos amontonados en una ventana fueron uno de sus primeros dibujos. Después vendría la historia familiar y personal, sus estudios de dibujo y pintura con Pierre Fossey y Eduardo Vernazza y su entrada al TTG, donde fue discípula de Julio Alpuy y José Gurvich.

    Invierno, óleo sobre cartón. Eva Olivetti

    Dibujar siempre (la meta es el origen) recoge una selección de sus retratos y desnudos y también de sus autorretratos, entre ellos, Uno, nessuno, centomila, en el que aparece su figura multiplicada hacia el pasado, como si fuera difícil para ella identificarse con una sola Linda, con una sola de sus vidas. Aparecen además sus estudios en carbonilla, en los que dibujó partes de su propio cuerpo.

    Kohen también pintó paisajes, a veces en colores ocres, como el de las azoteas que veía desde la ventana del apartamento de la calle Andes. Pero son los interiores hechos en lápiz sobre papel los que muestran el vacío, la ausencia, la soledad. Adentro, Aislados, He comido solo, Incertezas, Recelo son sus dibujos de la serie Pandemia, de fondo gris brumoso sobre el que se recortan siluetas blancas, sin rostros, anónimas.

    “Linda dibuja, y en ese acto se conecta con los hombres y mujeres de todas las épocas que han dibujado y que dibujarán como una forma de resistencia”, dice hacia el final de su texto Rocca. Allí está su muestra y toda su obra para comprobarlo.

    Vida Cultural
    2024-05-15T20:43:00