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    Los países de la región deben crear un “fondo de seguro rural” que garantice “precios mínimos” para productores agrícolas, planteó el ex ministro de Agricultura de Brasil

    Roberto Rodrigues, reconocido líder en agronegocios, dijo que la caída de los valores de los granos “expone” a las economías del Mercosur “a la ruina”
    Redactor Agro de Búsqueda

    Fiel a su filosofía a favor del cooperativismo entre productores agropecuarios, el ex ministro brasileño de Agricultura y actual coordinador de agronegocios de la Fundación Getulio Vargas, Roberto Rodrigues, dijo a Campo que la caída de los precios agrícolas “expone” a los países del Mercosur “prácticamente a la ruina”. Por eso “es fundamental” la creación de un fondo regional de seguro que les garantice precios mínimos a los agricultores, planteó.

    Consideró que ese mecanismo debería ser financiado por los gobiernos y el sector privado vinculado a la operativa del agronegocio, como los bancos, las empresas proveedoras de semillas, de fertilizantes, de maquinaria agrícola y otros insumos.

    En la misma línea de trabajar “juntos” en el Mercosur, el ex ministro del gobierno de Lula recomendó avanzar en los mercados “ágil” e “integradamente”, en lugar de “competir entre nosotros”.

    Los gobiernos de la región deben negociar con China la sustitución de sus importaciones de granos por el ingreso de pollos, harina de soja y otros productos que agregan valor, sugirió, aunque reconoció los problemas en el bloque regional. El Mercosur “es un tango que bailamos a ritmo de samba”, graficó el presidente de la Academia Nacional de Agricultura.

    Respecto al desafío de producir más alimentos en forma sustentable, Rodrigues advirtió:“Tiene que haber inteligencia y sensatez para no destruir los recursos naturales más de lo que lo hemos hecho hasta ahora”. 

    Ese ex integrante del gobierno brasileño disertó el sábado 17 en un encuentro mundial de la organización de líderes empresariales denominada LIDE, realizado en el Hotel Sofitel Carrasco, en Montevideo. 

    A continuación un resumen de la entrevista.

    ¿Cuáles son los principales desafíos para el agronegocio en la región y en el mundo?

    –Hasta 2020 la producción mundial de alimentos debe aumentar un 20 %, según la OCDE. Para alcanzar ese objetivo nuestra región, el Mercosur, tiene que crecer 40 % en su producción de alimentos, porque EEUU y Canadá van a aumentarla entre 10 % y 15 %, Oceanía 16% y otras potencias, como China, Rusia e India, crecerán cerca de 25%.

    Es la primera vez que de afuera nos piden que crezcamos por una demanda global, en lugar de decirnos que nos mantengamos pequeños.

    ¿Cuál es la mejor estrategia para lograr ese objetivo?

    –Es un desafío para los países de la región. Antes que nada deben tener una estrategia conjunta y articulada a escala regional, que sea consistente y que tenga algunas metas bien claras.

    En primer lugar, es necesario contar con unsistema de logística que permita mejorar nuestra condición de exportadores mundiales. Y no solo me refiero a logística física sino también de carácter institucional.

    Los países miembros del Mercosur no pueden ser eternamente exportadores de materias primas. Hay que agregar valor.

    Otro tema es tener una política comercial integrada. Hay que mirar al mundo pero no en competencia entre nosotros. Por ejemplo, en la exportación de carne no deben combatir Uruguay con Brasil o Argentina con Paraguay. No; deben ir juntos a los mercados, de una manera integrada.

    Eso demanda una discusión muy amplia en la Organización Mundial de Comercio para que los países más desarrollados reduzcan su proteccionismo y podamos llegar a los mercados que demandan nuestra producción.

    Un tercer punto es trabajar en una articulación en la política de ingresos para los agricultores con precios mínimos, créditos adecuados, el seguro rural, pero no solo contra problemas climáticos sino de rentas y de mercado.

    Las políticas tienen que ser integradas en lo regional para que seamos capaces de avanzar en los mercados.

    Tango a ritmo

    de samba

    Considerando la situación actual del Mercosur, con marcadas diferencias en las políticas en los países miembros, parece casi imposible alcanzar esos objetivos.

    –Estoy totalmente de acuerdo. Actualmente, el Mercosur es un poema. Es un tango que bailamos a ritmo de samba. No hay baile, es solamente un romance, una idea muy linda pero en la práctica no funciona, no marcha.

    Nuestros gobiernos tienen que hacerlo más concreto. Pero para eso es fundamental la presión privada. Las instituciones de representantes de la región tienen que presionar para que los gobiernos participen de las reuniones del Mercosur.

    Tenemos que avanzar juntos, toda Sudamérica. Con el café, que producen Brasil y Colombia, pero Perú también tiene café. Azúcar es un tema muy regional. Las frutas de Chile y así con otros productos.

    El presidente José Mujica reclamó más liderazgo de Brasil y planteó la idea de estudiar un acuerdo comercial entre el Mercosur y China. ¿Qué piensa de eso?

    –Cuando Mujica era el ministro de Ganadería acá, yo era ministro de Agricultura en Brasil y varias veces hablamos de estos temas. Y coincidimos mucho en el futuro de la región.

    El eje comercial del mundo cambió hacia Asia. China, India e Indonesia tienen casi la mitad de la población mundial y su ingreso per cápita crece al igual que su demanda de alimentos. Tenemos que mirar a esa región pero muy ágil e integradamente. No compitiendo entre nosotros.

    Otro desafío que mencionó es el agregado de valor. Algunos jerarcas del gobierno uruguayo y técnicos privados insisten en que la carne, con la trazabilidad, y la soja, con la biotecnología, incorporan valor agregado. Y se distancian de la idea de que industrializar es instalar una fábrica y procesar los productos.

    –Hay dos temas. Uno es la visión general de la población. Un grano de soja tiene tanta tecnología y plata involucrada como un chip de computadora. Hay mucha inversión financiera para tener un grano de soja o de maíz.

    El convencimiento de la población de que cuando vendemos estos granos exportamos un producto noble de alta inversión.

    Pero cuando hablo de agregado de valor me refiero a incorporar una segunda o tercera etapa en la producción. Para llevar no el maíz o la soja, sino también el pollo con el grano incorporado.

    ¿Cómo hacerlo?

    –Exportamos mucha soja a China, que precisa para alimentar a sus pollos y hacer funcionar sus frigoríficos, pero los países del Mercosur quieren que eso se haga acá. Esa es una discusión en la que es fundamental la negociación entre gobiernos.

    Nuestros gobiernos tienen que decirle al de China: este año te vamos a exportar 100 % de grano de soja, el próximo te exportamos 95 % de soja y 5 % de harina de soja y el siguiente 90 % en grano y 10 % de harina. Y luego 85 % de soja, 5% de pollos y 10 % de harina de soja.

    Es decir una negociación que permita a China prepararse para reemplazar las importaciones y al Mercosur para instalar las fábricas. Porque de lo contario, no vamos a ningún lado. Hay que ser gigantes acá también para proveer a un mercado como el chino.

    Sustentabilidad

    ¿Hasta qué punto debería aumentar la producción agrícola en el Mercosur teniendo en cuenta el impacto en el uso intensivo de los recursos naturales, como el suelo y el agua? Por generar empleo y divisas se corre el riesgo de hipotecar el futuro de otras generaciones.

    –La sustentabilidad es un tema central. Y la trazabilidad es un sistema que tendrá que hacerse para todos los productos, porque si no hay una producción sustentable no puede haber mercado para ese producto.

    Esta es una condición que dominará el mercado mundial muy rápidamente.

    ¿Cuál es el límite? El mercado, por un lado, y los recursos naturales, por otro.

    Tiene que haber inteligencia y sensatez para no destruir los recursos naturales más de lo que lo hemos hecho hasta ahora.

    Brasil, Uruguay y Argentina están trabajando en ese tema con mucho juicio.

    En los últimos 20 años, el área plantada con granos en Brasil creció 50 % y la producción 230 %. Hemos aumentado la productividad por hectárea. Ese es el mecanismo.

    Entre el mercado y los recursos naturales la respuesta es la ciencia y la tecnología. Con eso aumentaremos el rendimiento por hectárea y no demandaremos área para granos y para forestación.

    Otro asunto en discusión es la propiedad de la tierra. Algunos gobiernos de la región fijaron límites a la compra de campos por parte de empresas y gobiernos extranjeros. ¿Qué opina de eso?

    –Es un tema que hoy genera mucha polémica en Brasil, porque una parte del gobierno reinterpretó una ley antigua diciendo que los extranjeros no pueden comprar tierra en territorio brasileño. No estoy de acuerdo con esa medida.

    La ley brasileña establece que ningún extranjero puede poseer más de 5 % del territorio de un municipio. Eso es un límite. Tiene que cumplir las leyes nacionales, laborales y ambientales. No veo ningún problema a que extranjeros compren tierras.

    Sí es un problema que fondos soberanos compren campos en Brasil o en Uruguay. Un fondo soberano es una nación, es un país adentro de otro país. Con eso no estoy de acuerdo.

    Las empresas extranjeras privadas que vengan, que aporten plata, tecnología y vamos a producir más, pero dentro de límites establecidos por la ley.

    Aparte de la carne y los granos, ¿qué productos pueden generar oportunidades de negocios en los próximos años?

    –La demanda global está focalizada en las proteínas y en la energía. Granos para hacer carne, azúcar, productos energéticos y las carnes.

    Eso es lo que piden los países en desarrollo. Pero los países ricos tienen su demanda, que puede significar nichos específicos de mercado. Entonces ¿en qué podemos crecer mucho? Principalmente en las pequeñas propiedades rurales.

    En productos orgánicos, en frutas, en flores y en legumbres. En la región hay un mercado gigantesco con el cual podemos competir. ¿Dónde producen tomates y otras verduras en Europa? En invernáculos. Acá los podemos producir en los campos, naturalmente.

    Esa oportunidad hay que desarrollarla.

    ¿Los gobiernos deben intervenir en el mercado para establecer precios mínimos a los productores agropecuarios?

    –El mercado agrícola no es libre, no es transparente, hay intervenciones gubernamentales. Un país poderoso como Estados Unidos fijó un precio mínimo para la soja y si el precio en el mercado de Chicago baja, los agricultores están protegidos.

    Mientras que los productores de nuestra región no están protegidos.

    Un mecanismo de garantía de precios mínimos que permita a los agricultores continuar en la actividad es fundamental. Pero no somos ricos, no tenemos plata para eso; entonces debemos crear mecanismos diferentes.

    Si el seguro rural funcionara bien y de manera articulada entre nuestros países, tendríamos una herramienta muy poderosa.

    Incluso el seguro rural ahora se transformó en el mecanismo de protección americana. La nueva ley agrícola de EEUU tiene menos subvención al productor que el seguro. Este le garantiza al gobierno gastar menos que con un subsidio y al productor le asegura la cobertura de por lo menos los costos de producción.

    Un seguro bien hecho prácticamente elimina la demanda de precios de garantía.

    Evitar la ruina

    ¿La caída del valor de algunos productos agrícolas qué tan grave puede ser para las economías de los países del Mercosur?

    –Hay riesgos enormes en eso. El caso argentino es excepcional, porque ahí casi que prohíben las exportaciones, debido a las retenciones (impuestos) que cobra el gobierno.

    La reducción de los precios agrícolas nos expone prácticamente a la ruina. Por eso es fundamental el seguro rural, no solo contra catástrofes del clima, sino también ante problemas del mercado.

    Un mecanismo que asegura al productor U$S 10 por bushel (27,22 kilos) de soja y si el mercado baja a U$S 9, el seguro cubre esa diferencia. El gobierno no tiene que comprar la producción a un precio mínimo, que le cuesta mucho más caro, sino que debe garantizar la diferencia.

    ¿Quién financiaría ese seguro?

    –¿A quién le interesa que el productor no quiebre? A los bancos, a los vendedores de semillas, de maquinarias agrícolas, de fertilizantes, de biotecnología, a las cooperativas, a los productores y al gobierno.

    Entonces los países de la región deben crear un seguro que tenga un fondo de catástrofes pagados por gobiernos, pero también por la banca privada, por las empresas proveedoras de insumos al agronegocio, por los productores.

    Hacer un fondo con el financiamiento mayoritario del gobierno pero que todos paguemos, porque si el productor quiebra, no le paga al banco, a la empresa de maquinaria agrícola, a la de semillas. Toda la cadena debe contribuir a este seguro para que el fondo garantice el reaseguro de la agricultura.

    Eso requerirá normas legales en los países, porque no todos pueden estar de acuerdo con financiar ese eventual fondo.

    –Tiene que haber una regulación y posición voluntaria. Tiene que existir comprensión de que un seguro de esta naturaleza es de interés colectivo, del gobierno y de los agentes económicos.

    Una ley debe dar un marco regulatorio, pero la contribución tiene que ser voluntaria.

    El “mejor instrumento” para “resistir” el “capitalismo salvaje”

    Consultado por Campo sobre el modelo cooperativo como una alternativa a los grupos de fondos de inversión, el ex ministro brasileño de Agricultura, Roberto Rodrigues, manifestó: “La cooperativa es una empresa con valores éticos; siempre la defiendo como mecanismo de resistencia o de mitigación del capitalismo salvaje”.

    “El cooperativismo es casi una religión para mí, porque son principios y valores, una filosofía de vida”, acotó.

    En cuanto a las inversiones brasileñas dirigidas a la compra de frigoríficos y otras agroindustrias en los últimos años en Uruguay, ese referente en agronegocios dijo: “Vivimos un mundo bajo la globalidad económica y vendrán por las empresas. Si no nos organizamos vamos a perder”, advirtió.

    Opinó que “nadie puede decir que aquí no entra ninguna empresa”. “Eso es una tontería, porque el país deja de crecer”, dijo.

    Por eso, Rodrigues consideró que “no se trata de impedir que vengan los de afuera, sino de organizarnos los de adentro para enfrentarnos en igualdad de condiciones”.

    Y el movimiento cooperativo es “el mejor instrumento” para eso, señaló.

    Rodrigues ha participado activamente, tanto en su país como en otras naciones de la región, en diversas iniciativas tendientes a impulsar el desarrollo de emprendimientos conjuntos entre productores.

    En años recientes realizó varias disertaciones en Uruguay organizadas por el movimiento cooperativo agropecuario local, específicamente con las Cooperativas Agrarias Federadas.

    En conversación con Campo resaltó la coincidencia con la idea del presidente José Mujica de fortalecer el agrupamiento de agricultores para afrontar la competencia de las grandes compañías internacionales.