En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Todo alrededor de La hija oscura, la última gran película estrenada en 2021, está rodeado de misterios. El primero puede que no sea el más importante pero sirve para comprender, o más bien cuestionar, el tratamiento recibido por el debut como directora de la actriz y guionista Maggie Gyllenhaal al momento de su lanzamiento y distribución.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
¿Cómo se explica que Netflix se haya guardado esta película, un fenomenal y oscuro drama de una potentísima interioridad psicológica, hasta el 31 de diciembre del año pasado?
La fecha no significa, en absoluto, que la película esté condenada al fracaso. Prueba de ello es el exitosísimo estreno navideño de No miren arriba. Al contrario, al momento de escribir esta nota, La hija oscura ya ocupaba un merecido lugar en los usualmente poco inspirados rankings con los que la plataforma de streaming otorga visibilidad a sus lanzamientos más recientes. También se encuentran publicadas ya varias, y merecidas, loas al trabajo logrado por Gyllenhall y sus actrices. En los sitios de calificación cinematográfica, la película también comenzó a acumular estrellas rápidamente, señal de un público que se ha mostrado cautivado por la propuesta que originalmente tuvo su estreno en el último Festival de Cine de Venecia.
Es algo irracional que Netflix no haya promocionado más enfáticamente esta ópera prima poderosa, en la que Gyllenhall adaptó, con su libreto y dirección, la novela homónima de la best seller italiana Elena Ferrante, cuya verdadera identidad —he aquí otro misterio— se desconoce hasta el día de hoy. Es una pena porque la película merece formar parte de una conversación mayor en torno a los estrenos destacados del último año. De cara a los próximos Premios Oscar, a realizarse a fines de marzo, sí es más que probable que Netflix impulse a Gyllenhall, y sus actrices, hacia una estatuilla que distinga sus respectivas labores. No hacerlo sería un rotundo error.
La historia comienza de forma más o menos sencilla, si es que obviamos una introducción algo ominosa que asienta, de todas maneras, un sentido lúgubre a lo que se está por presenciar. Esa historia pertenece a Leda, una académica y profesora literaria que se toma vacaciones en alguna de las tantas costas majestuosas de Grecia. La protagonista se encuentra a medio camino entre la relajación y el trabajo, pero bajo condiciones que cualquiera consideraría, por lo menos, envidiables. Es desde su reposera, y detrás de un gran par de lentes de sol, que Leda comienza a obsesionarse por una madre joven y su hija que comparten las mañanas y tardes en la misma playa que ella. Absorbida por el vínculo entre estas dos nuevas figuras, al igual que por los lazos que las atan a una familia sofocante y abusiva con las que deberá lidiar a lo largo de su estadía, Leda emprende un recorrido por su propio pasado como mujer en el que sus acciones como madre y esposa comenzarán a tener efecto en el presente.
Gyllenhaal aparece como una directora que sabe que todo lo verdaderamente bueno suele hacerse esperar. Hay más mérito, incluso, si se considera cómo la actriz terminó encabezando originalmente el proyecto. Ella ha afirmado que tuvo varios contactos con Ferrante, pero nunca en persona. Tras leer la novela, la actriz le escribió un correo electrónico a su editor para obtener los derechos de la adaptación y manifestarle sus intenciones de liderar el proyecto. Ferrante le dijo que podría tener los derechos, pero que si no dirigía ella la película, el contrato entre ambas se vería sin efecto. La directora aceptó las reglas del juego.
La escritora también anunció estas condiciones al público de una manera peculiar: a través de un artículo publicado en el diario británico The Guardian. “Es importante para mí, para ella, para todas las mujeres, que su trabajo sea suyo y salga bien”, escribió en un texto publicado en octubre de 2018. “El mío ya existe, con sus puntos fuertes y sus defectos. En el gran almacén de las artes, construido principalmente por hombres, las mujeres llevan relativamente poco tiempo buscando los medios y oportunidades para dar forma propia a lo que han aprendido de la vida. Así que no quiero decir: ‘tenés que quedarte dentro de la jaula que construí’. Hemos estado dentro de la jaula masculina durante demasiado tiempo, y ahora que esa jaula se está derrumbando, una artista femenina tiene que ser absolutamente autónoma. Su búsqueda no debe encontrar obstáculos, especialmente cuando está inspirada en el trabajo, en el pensamiento, de otras mujeres”.
El misterio detrás de La hija oscura ata, con diferentes y siempre punzantes tensiones, a varias mujeres y con dos perspectivas temporales que tienen a Leda como protagonista. Por un lado, está la Leda del presente, la de las vacaciones, en la piel de la multipremiada Olivia Colman(The Crown, La favorita); por otro, está su versión juvenil, la del pasado, interpretada por Jessie Buckley, una de las actrices irlandesas de mayor ascenso en los últimos años gracias a su labor en series como Chernobyl. El vaivén entre ambas líneas temporales es motivado por la relación que en el presente entablará Leda con Nina (Dakota Johnson), una madre joven que se volverá objeto de una atención sin igual.
Envuelta en un aire de un suspenso que se pega como arena a los tobillos, la película transmite la sensación de desplazamiento que rodea a Leda, y junto con ella a nosotros los espectadores, en este episodio de su vida. Su rutina no tiene, en principio, nada extraño. Disfruta del agua, del sol, de las instalaciones y de los paseos como cualquier habitante de la isla y también aborrece, de manera más que comprensible, cualquier fuerza o presencia que se vuelva disruptiva o amenazante de este entorno y momento. ¿Existe algo peor que compartir vacaciones con alguien que maneja una concepción completamente opuesta de lo que uno entiende por descansar?
Lentamente, como las cáscaras de las frutas que Leda pela de una forma particular, Gyllenhaal construye meticulosamente un enigma en torno a la inmersión de la protagonista en la vida de Nina y su hija. En numerosos momentos, ese acercamiento roza el cariño y el peligro por igual. Por otro lado, veremos en escenas del pasado parte de los momentos más sofocantes de Leda como madre de dos hijas pequeñas en una etapa de exigencias profesionales, amorosas y domésticas.
La reconversión de un espacio idílico en un clima de putrefacción creciente podría enmarcar a esta película en algo cercano al terror. Son múltiples las señales de una naturaleza que advierte un riesgo inminente y que comienzan a manifestarse en el día a día de Leda, con frutas que se van marchitando o piñas que caen, violentamente, de los árboles y en su espalda y dejan una pequeña huella de dolor, un símbolo de lo que la protagonista carga desde hace demasiado tiempo.
Que Gyllenhaal sea, además de una directora novel inspirada, una excelente actriz, parece haber permeado en su vínculo con el elenco de esta película, en el que también se encuentran Ed Harris, Peter Sarsgaard y Paul Mescal. Sobre todo, lo que ha obtenido de sus tres actrices principales es superlativo. Mientras Colman y Johnson protagonizan numerosas escenas en solitario, y cuentan sensaciones complejas con meras miradas, hay una maestría en el uso de los primeros planos en secuencias de diálogos que proveen de un encanto algo sórdido, algo magnético, de principio a fin.
Esta es una historia que trata también sobre decisiones impulsivas y sobre el peso emocional que algunas de ellas pueden tener, incluso décadas después de haber sido tomadas. Las de Leda (ambas Ledas, la de hoy y la de ayer) y Nina son historias de dolores a veces imperceptibles para quienes creen que nunca se puede sentir dudas acerca de la maternidad y la relación con los hijos. Las contrariedades de los sentimientos más oscuros que también esconde el amor, en su pura expresión, son suficientemente complejos para que Gyllenhaal, inspirada por la obra de Ferrante, construya un torbellino emocional del que es muy difícil no sentirse atraído, pese a que lo tire a uno a lo profundo de un mar de dolor pocas veces tratado con la pasión que se transmite en este relato.
La hija oscura propone una clase de cine que Netflix debería celebrar con más orgullo. Aún hay tiempo de hacerlo y, si la plataforma mantiene algún tipo de paralelismo con las salas de cine, entonces bastará con escuchar lo que el público diga una vez terminada la proyección para confirmar que Gyllenhaal debutó con una de esas películas cada vez menos comunes: una imperdible.