El embajador de México en Uruguay, Francisco Arroyo, llegó a Montevideo hace siete meses con la orden de avanzar en las negociaciones bilaterales para ampliar el tratado de libre comercio (TLC) vigente entre ambos países. Según su pronóstico, la tarea arrojará resultados positivos y en octubre el presidente Tabaré Vázquez viajará a ciudad de México y firmará un nuevo acuerdo. Lo que todavía no está claro, dice, es su alcance: Uruguay quiere un TLC de “última generación” que desgrave el intercambio de bienes, pero México tiene reparos y prefiere mantener cupos a las importaciones en ciertos rubros.
Las negociaciones se dan en un contexto internacional distinto al que había cuando Arroyo pisó el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Donald Trump es presidente de Estados Unidos y en su primera semana de gobierno empezó a cumplir con sus promesas de campaña. El miércoles 25 de enero, por ejemplo, inició el proceso para construir un muro en su frontera con México que sea financiada con un impuesto a las importaciones desde ese país.
Consultado por Búsqueda sobre si considera que la reacción de los gobiernos de Latinoamérica ante los ataques de Trump a México fue tímida, el embajador dijo que “muchos presidentes latinoamericanos” se “han pronunciado”, y que percibe que los países están “a la expectativa de ver cómo se desarrollan los acontecimientos”. Y agregó luego: “Lo único que puedo decir es que ojalá que la reacción de Latinoamérica sea la que México espera porque los países pueden ser víctimas de un trato similar”.
—Trump, como presidente de los Estados Unidos, con base en sus potestades, podría hacer lo que considerara pertinente. Desde el punto de vista de México los muros son inviables porque la política en la actualidad es de puentes y no de muros. Además los mexicanos que conocemos la zona, que conocemos la orografía y las circunstancias de 3.150 kilómetros de fronteras, sabemos que la construcción es muy compleja, es muy cara y no resuelve los conflictos y sí puede generar otros como la falta de agua en estados de Estados Unidos.
—¿Cómo recibe México ese planteo de levantar un muro?
—Tradicionalmente con Estados Unidos hemos tenido una colaboración en muchos frentes y la asociación comercial ha sido por demás exitosa para Canadá, para Estados Unidos y para México. México es el segundo país de destino de las exportaciones de Estados Unidos, luego entonces lo que nosotros pensamos es que no mereceríamos un desplante así.
—¿Qué mensaje es para México que alguien gane las elecciones de Estados Unidos con un mensaje tan violento sobre su país?
—Nosotros no podríamos censurar la política norteamericana. En estos días hemos traído en la mente y el corazón las palabras del benemérito de las Américas, Benito Juárez, que decía: “Entre los hombres como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. No nos corresponde opinar sobre una decisión, buena o no buena, del electorado norteamericano. Ese es un hecho y ahí está. Nosotros lo que vamos a hacer con decisión, con nacionalismo y con eficacia, a negociar lo que haya que negociar con Estados Unidos. Esperamos que ellos entiendan que México es un país amigo, que es un país que los ha ayudado en muchas otras circunstancias y que la parte comercial no es sino una arista de una relación mucho más compleja.
—¿Qué puede implicar una revisión del Nafta?
—Para México, tendría consecuencias negativas una mala negociación del Nafta, pero para Estados Unidos también. Nos tenemos que sentar de igual a igual a platicar cuáles son los puntos que nos molestan a ambas partes, porque México también tendría temas pendientes que plantear. La idea es que Nafta siga y que siga porque le conviene a ambos.
—¿Estados Unidos tiene mucho que perder en una guerra comercial con México?
—Las guerras no son buenas ni ganadas. Aquí lo que trataremos es de tener a lo mejor una nueva relación comercial que abata los picos que a ambos nos molestan y que favorezca las coincidencias. México es un destino natural de las exportaciones norteamericanas por una razón sencilla: está al lado. México le representa millones de empleos norteamericanos en Estados Unidos y le representa también una riqueza en sus anaqueles, en la variedad de productos y en sus precios.
—¿Cómo evalúa la reacción de los países latinoamericanos frente a las medidas adoptadas por Trump?¿Dejaron solo a México?
—Se han pronunciado muchos presidentes latinoamericanos y organismos internacionales. Siento que los países están como nosotros, a la expectativa de ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Pero México tendrá en Latinoamérica —doy por cierto y seguro— a un aliado natural. Porque además, esta coyuntura nos obligará a los latinoamericanos a buscar mejores cauces comerciales.
—El día que Trump firmó la orden ejecutiva para iniciar el proceso que desembocará en la construcción del muro, se cerraba la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En la declaración no hay una mención explícita al tema del muro. ¿Le llamó la atención?
—No me compete hablar sobre Celac, lo que le quiero decir es que prácticamente no hubo presidentes.
—Pero había representantes de todos los gobiernos…
—Lo único que puedo decir es que ojalá que la reacción de Latinoamérica sea la que México espera porque los países pueden ser víctimas de un trato similar.
—Algunos analistas sostienen que México durante mucho tiempo privilegió su relación con Estados Unidos y no “miró” tanto al sur. ¿Cree que esta reacción cauta de América Latina guarda relación con eso?
—Es algo que me preguntan aquí a cada momento y yo les respondo con un hecho que es fundamental: México, Colombia, Perú y Chile formaron la Alianza del Pacífico hace dos o tres años, es exitosa, va a serlo más, varios países de Latinoamérica se quieren unir a un libre mercado con un libre tránsito de personas y de bienes. Esa es una respuesta que es incontrovertible. Si México volteó sus ojos hacia los Estados Unidos fue porque era un mercado mayor y porque en ese momento era la coyuntura, pero cuando menos de cuatro años para acá la mirada está puesta en América Latina.
—¿Qué opina de la reacción uruguaya?
—El presidente Vázquez y el canciller Nin Novoa se pronunciaron y nosotros estamos de acuerdo y satisfechos con la postura uruguaya.
—El gobierno uruguayo planteó su interés en ampliar el tratado de libre comercio bilateral con México. ¿Qué posibilidades hay de avanzar?
—Muy reales. El subsecretario José Luis Cancela está con nosotros el 15 de febrero, yo lo voy a acompañar en la reunión. Esta primera reunión va a ser de todos los aspectos políticos acerca de la negociación, pero con las áreas de tratados comerciales de México están trabajando. Es un tema muy amplio, muy bueno para los dos países pero fundamentalmente para Uruguay. Creo que de aquí a octubre tendríamos las áreas listas para que el presidente Vázquez nos visite y podamos concluir con una firma muy exitosa.
—¿Sería un tratado de libre comercio de “última generación” como el que Uruguay firmó con Chile?
—La última generación radica en que se ven otros temas como la propiedad industrial y no está basado en cupos, sino en libre arancel. Eso lo están viendo las áreas técnicas, pero el tema es muy ambicioso y va a salir muy bien.
—¿Pero no está definido qué tipo de acuerdo?
—Lo que le puedo decir es que en la actualidad tenemos 500 millones de dólares de intercambio comercial que pueden llegar a ser con toda facilidad 750 millones.
—¿Sería terminar con los cupos que limitan el comercio bilateral?
—El planteamiento uruguayo es ese. Nosotros tenemos cierta dificultad en aceptar esto en algunos sectores, verbigracia la leche en polvo. Entonces, tendríamos que encontrar los métodos y los acuerdos adecuados porque tenemos gremios allá que también nos presionan mucho.
—En Uruguay hay un tema que complica al gobierno en las negociaciones y es el de las telecomunicaciones. ¿Uruguay está dispuesto a abrir ese sector?
—El mercado está liberalizado. Aquí de lo que se trata simplemente es de que se cumplan algunas resoluciones de carácter judicial que favorecen a empresas mexicanas.
—¿Pero entonces el tema telecomunicaciones ya está en el acuerdo vigente?
—Ya está. Y de lo único que se trataría es de que la empresa mexicana que ofrece sus servicios aquí tuviera las facilidades que la ley le otorga. Tendríamos otro tipo de revisiones, verbigracia lo fitosanitario. La autoridad de sanidad vegetal y animal de México está dispuesta a colaborar con la autoridad uruguaya con tal suerte de certificar a la carne de cordero con hueso, que es un rubro en el que los uruguayos tienen mucho interés.
—Usted se refiere al conflicto entre Claro y el Estado uruguayo. El Tribunal de la Contencioso Administrativo consideró que el Poder Ejecutivo está en desacato por no derogar una resolución que impide a la empresa ofrecer servicios de televisión satelital. ¿El gobierno mexicano hizo o va a hacer algún planteo formal por esa situación?
— Ya se ha tocado el tema de Claro con el gobierno uruguayo y será parte de la agenda para ampliar el TLC.