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    Muñoz defendió compra del Gurvich y desquició a la oposición durante seis horas en una sesión parlamentaria que a nadie conformó

    Harta ya de escuchar de todo menos respuestas a sus preguntas, la diputada opositora Graciela Bianchi rogó a la titular del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), María Julia Muñoz, y a su delegación ministerial: “¡Señores, por favor, esto es el Parlamento nacional! ¡Contesten alguna pregunta…, aunque sea con un sí o un no! Porque esto le hace mal al sistema político. ¡Contesten!”. La réplica al pedido llegaría horas más tarde de parte de la senadora oficialista Constanza Moreira: “En el Parlamento se parla, ¿no?”.

    La propia Bianchi, quien al comenzar la sesión pidió brevedad y concreción a los jerarcas de gobierno, dedicó dos horas a su primera intervención, que incluyó 25 preguntas y un discurso que ella misma reconoció “arborescente”.

    Así, la sesión de la Comisión Permanente del Poder Legislativo, reunida el viernes 15 para abordar supuestas irregularidades en el ministerio, como el uso de los dineros de los Centros MEC y la Dirección de Cultura, así como la compra del Museo Gurvich, duró seis horas y versó sobre asuntos variopintos, en su mayoría ajenos al motivo de la convocatoria, y terminó sin conformar a nadie.

    Graciela Bianchi

    “La gente pide murga”

    10:14 del viernes. Afuera está soleado y calmo. Adentro, la aparición de la ministra Muñoz pone en sobreaviso a una docena de legisladores y funcionarios apostados bajo las gradas semivacías de la Cámara Baja. La secretaria de Estado busca ubicación y saluda, también a la diputada convocante. “Yo no los voy a aburrir”, promete Bianchi (Partido Nacional), con aires de la congresista argentina Elisa Carrió, rodeada de escaños despoblados. También pedirá un intercambio fluido para “no dormir” la sesión.

    Durante los primeros 30 minutos, Bianchi se referirá, entre otros temas, al historiador israelí Yuval Noah Harari, y hablará sobre las razones de la supervivencia del Homo Sapiens. Dirá, parafraseando a Harari, que la humana es “la única especie capaz de construir relatos”, para concluir que “el relato” del Frente Amplio “es negativo” y que la gente ya no le cree.

    “Kanela me encanta”, dice la diputada sobre Julio Kanela Sosa, líder de la comparsa Tronar de Tambores —ganadora del desfile de Llamadas, donde Muñoz también tocó el tamboril como invitada—, para hablar de uso “discrecional” de dineros y de “amiguismo”. Sosa recibió del Estado casi $ 600.000 en 2018 para impartir talleres de candombe en el barrio Marconi, dice, y agrega que otro artista recibió $ 25.000 por un par de espectáculos de magia en Conchillas.

    Esta última mención provoca en la ministra una mueca de hastío; se encoge de hombro y toma mate. “Es corrupción usar de forma discrecional los dineros públicos” y “el MEC es la única cartera sin auditorías del Tribunal de Cuentas”, insiste Bianchi, que por momentos pierde el hilo discursivo revisando papeles.

    En cuanto a la compra del Museo Guvirch, la ministra explicará que su objetivo es “aumentar el patrimonio cultural del Estado” y “jerarquizar la peatonal Sarandí” y la Ciudad Vieja.

    “Disculpe la desprolijidad, presidenta”; la senadora Ivonne Passada sonríe.

    Al hablar de los centros MEC, Bianchi arremete contra su gestión por actos de presunta persecución política. También cuestiona su programa Murga Abierta en los barrios Marconi y Casavalle —“¿antes o después de las destrucciones?”, ironiza—, y pide explicaciones sobre el uso de espacios educativos y culturales con fines políticos.

    “La gente nos pide murga”, contesta a su turno la directora de Centros MEC, Glenda Rondán. “La gente pide murga. ¡Murga!”, repite, subiendo el tono de voz. Dice que es “gobierno de cercanía” y “está escrito en las actas de los consejos abiertos y en los de gabinete: hay que responder a lo que la gente quiere”. La funcionaria dice que también “se contratan magos, y a veces mimos y payasos” para otras actividades “inclusivas”.

    Además, Rondán dirá que los Centros MEC “no son quiosquitos del Mides ni de nadie” y que desde ellos no se hace política partidaria. Luego se saldrá de protocolo y le pedirá a un ujier que le traslade “un regalo” a Bianchi: una lapicera violeta con el logo de Centros MEC.

    Por alusión, la diputada toma la palabra. “¡Y a mí qué me importa que la gente pida murga, cuando de Avenida Italia al norte tenemos índices de educación del África subsahariana! ¡Murga! ¡No, viejo…! Primero pónganse a leer y a escribir como se debe”, dice.

    “Yo aprecio enormemente a Glenda, pero esa no es la cuestión… Yo también quiero a mi mamá, pero no le doy la responsabilidad de administrar el Estado”, dice. Mientras, la ministra parece entretenida con un mensaje de WhatsApp.

    Varear la yegua

    Tras las dos horas de introducción de Bianchi, la secretaria de Estado responde: “Hemos escuchado aseveraciones que son muy incorrectas… La mayor parte está equivocada y hay muchas preguntas que demuestran falta de conocimiento”. Muñoz ya había pedido el ingreso a sala de una delegación conformada por la directora general del MEC, Ana Gabriela González, el adscripto Fernando González, la directora de Centros MEC, Glenda Rondán, y el director de Cultura, Sergio Mautone.

    Al ver al elenco oficial ingresar al hemiciclo con nutridas carpetas y grandes cajas azules, Binachi se declarará “asustada” por la deriva de la sesión. Un primer sobresalto surge cuando la diputada dice que el MEC costea la educación privada a hijos de sus funcionarios. Dice: “¿Es cierto que se transfirieron 23 millones de pesos a colegios privados?”.

    La directora de la Secretaría responderá que la cifra sobre los costos del “rubro guarderías” es incorrecta; que en 2018 se gastaron “solo” $ 9 millones. La ministra explicará que la decisión resultó de una lucha del gremio de trabajadores. “Perfecto, la respuesta es que manda el sindicato”, dirá la diputada. Y Muñoz responderá: “Mi vida entera ha sido destinada a defender a los trabajadores”.

    En cuanto a la compra del Museo Guvirch, la ministra explicará que su objetivo es “aumentar el patrimonio cultural del Estado” y “jerarquizar la peatonal Sarandí” y la Ciudad Vieja.

    “No podemos permitir que las obras de nuestros mejores pintores estén en el exterior, en manos de coleccionistas privados, y que los uruguayos no puedan conocer su legado”, sostiene Muñoz.

    Al finalizar la sesión, Bianchi anuncia que trasladará sus denuncias a la Junta de Transparencia y Ética Pública, porque allí no se le respondió “absolutamente nada”.

    La polémica por este museo se generó luego de que Búsqueda informara sobre la autorización del Tribunal de Cuentas para su compra por parte del Estado. El 13 de abril de 2018 Martín Gurvich, único hijo del artista José Gurvich, solicitó por nota la compra del edificio y de la colección permanente del artista (226 piezas) por US$ 5,5 millones. Finalmente, los ministerios de Educación y de Economía autorizaron la compra del Museo por un valor total de US$ 2,8 millones.

    La noticia tuvo múltiples repercusiones, en parte por la situación económica del país y por la opacidad mostrada hasta entonces por el gobierno. La ministra insistirá en sala en que el Tribunal de Cuentas no observó el gasto y destacará que las obras habían sido tasadas por especialistas “en más del doble”, por lo que resultó ser un negocio “beneficioso” para el Estado.

    A su turno, el director de Cultura dedica un lapso más o menos prolongado a hablar del “plan museológico”, “las usinas culturales” y “la concepción de la cultura desde el punto de vista antropológico”. En eso, Muñoz abandona el hemiciclo por unos minutos, y Bianchi se dirige a la presidenta, como diciendo que “ya está bien…”, que vayan al grano.

    “Quisiéramos, para el ordenamiento de la sesión, que respondan las preguntas sobre la dirección de Cultura para que no se desarme la sesión”, pide Passada. “Bien, señora presidenta”, dice Mautone, y habla de “servicios culturales”, “descentralización y “transversalidad”, y luego enumera “parte de un sinfín” de actividades del MEC.

    Mientras el orador sigue a lo suyo, la diputada niega con la cabeza y vuelve a dirigirse a la presidenta. “No voy a repetir lo que usted ya repitió y yo repetí, porque esto en el campo se llama varear la yegua”, protesta Bianchi.

    María Julia Muñoz.

    Costo de oportunidad

    Al finalizar la sesión, Bianchi anuncia que trasladará sus denuncias a la Junta de Transparencia y Ética Pública, porque allí no se le respondió “absolutamente nada”. A su vez, Muñoz dice sentirse “muy frustrada”, pese a asegurar que su equipo contestó a “todas las preguntas”, y las que el director de Cultura no contestó fue porque “no lo dejaron hablar”.

    A continuación, la ministra desliza: “Hace 15 años este país estaba destruido. No tenía hospitales buenos, no tenía escuelas buenas y no tenía museos buenos… Y ahora tiene todo eso”. 

    Tocado por esa afirmación, el senador colorado Pedro Bordaberry decide participar del debate, por alusión, llevándolo a otra parte. Porque la afirmación “es absolutamente injusta, y también soberbia y arrogante”, asegura el exministro del último gobierno de la oposición. Y ataca señalando “sombras” del gobierno frenteamplista: “¿O nos olvidamos de lo que pasó en las colonias psiquiátricas de Canelones donde se comían a pacientes los perros? En estos momentos de gloria del Frente Amplio, ¡se comieron a pacientes los perros!”

    Por su parte, la senadora Constanza Moreira defiende a la ministra y a los Centros MEC por su “relación costo-beneficio”, y advierte que el Parlamento no es el ámbito para dirimir sobre las irregularidades señaladas por Bianchi.

    Sobre “la compra del Gurvich”, la legisladora opina: “Ah, yo estoy feliz de que el Estado apueste a comprar una colección completa de un gran artista que era pobrísimo, señora presidenta, era pobrísimo”.

    “¿Por qué compramos el Gurvich y no otra cosa?’. Siempre digo que esas discusiones olvidan un elemento básico que se llama ‘costo de oportunidad’: compramos el museo Gurvich porque es comprable. ¡No hay otras cosas para comprar!”, dice Moreira. Y explica que “a eso los economistas le llaman ‘costo de oportunidad’”.

    Moreira también convoca a “defender a la política de las fake news” y de “la posverdad”. “No quiero tener un criterio restrictivo respecto a lo que puede ser o no discutido en este recinto. Y la muestra de eso es la larga comparecencia de hoy... Pero bueno, es el Parlamento y en el Parlamento se parla, ¿no?”.

    16:08. Los legisladores votan un cuarto intermedio de 15 minutos para luego discutir la situación política y social en Venezuela.

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