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    Preocupa en el gobierno la cantidad de niños con sobrepeso debido al sedentarismo y a una alimentación con pocas frutas y verduras

    Frutas, verduras o pescado rara vez están en el menú. Lo que sí abundan son los snacks, golosinas, jugo en polvo que está compuesto por colorante y azúcar y mucha sal. Esa es la alimentación que reciben miles de niños uruguayos cada día. Algunos padecen “inseguridad alimentaria grave”, un problema que no afecta solo a gente que vive en la indigencia, y otros tienen sobrepeso, lo que genera preocupación en el gobierno por los problemas de salud que tendrán cuando lleguen a adultos.

    El sobrepeso alcanza al 10,5% del total de niños del país, dicen desde el gobierno. La cifra está lejos de la meta que se había planteado: no superar el 2,3%.

    La divulgación de una encuesta sobre salud, nutrición y desarrollo infantil y las declaraciones del director de Salud de la Intendencia de Montevideo, Pablo Anzalone, que a mediados de mayo dijo que el 4% de los niños en Uruguay “pasa hambre”, generaron un debate respecto a los planes sociales que atienden a familias pobres y el tipo de alimentación de los niños. Por esa razón, la oposición convocó al Parlamento a las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) para que explicaran esa situación.

    El Mides relativizó la idea de que en Uruguay los niños pasan hambre y aclaró en el Parlamento qué se entiende por “inseguridad alimentaria”.

    La directora del programa Uruguay Crece Contigo (que atiende a familias en situación de pobreza con niños menores de cuatro años), Mariela Solari, explicó en la Comisión de Población del Senado, el 25 de mayo, que la inseguridad alimentaria, la hambruna, el hambre, la desnutrición y la indigencia son “conceptos diferentes”.

    La inseguridad alimentaria, dijo, “se define como la disponibilidad limitada o incierta de alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos, o la capacidad limitada e incierta de adquirir alimentos adecuados en forma socialmente aceptable”. En tanto, la hambruna tiene que ver con “períodos de tiempo donde la carencia de alimentos para la población es muy grave”. La desnutrición se refiere a una “ingesta de alimentos insuficientes para satisfacer las necesidades de energía alimentaria de manera continua”.

    Solari aclaró que “no todos los niños que viven en situación de pobreza tienen una situación de inseguridad alimentaria”. “El nivel de los niños en hogares que experimentan inseguridad alimentaria severa fue superior a la prevalencia de la indigencia. O sea que hay niños que viven inseguridad alimentaria, que no necesariamente están bajo la línea de indigencia”.

    El director de la Dirección de Evaluación y Monitoreo del Mides, Juan Pablo Labat, informó que son unos 7.900 los niños cuyas familias declaran padecer “inseguridad alimentaria grave”. De esa cifra, 5.000 “no son pobres”. Además, el 90% de esos 7.900 niños “no son indigentes”.

    En el documento “Encuesta Nacional de Salud, Nutrición y Desarrollo Infantil”, realizada por convenio entre la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, la Facultad de Economía y el Instituto Nacional de Estadística, se constató que la “dieta infantil es escasa en frutas, verduras y pescado”, pero hay una “excesiva” ingesta de snacks y golosinas. También descubrieron que el 50% de los hogares relevados agrega sal a los alimentos de los menores de un año.

    Además, el 20% de los niños menores de cuatro años no toman agua para calmar la sed, sino jugos y refrescos.

    “Las frutas y verduras están totalmente desvalorizadas”, comentó María Rosa Curutchet, presidenta de la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas e integrante del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Instituto Nacional de Alimentación (Inda). En una nota publicada por “El País” el lunes 1º, dijo que la principal preocupación en el “sector bajo” es “conseguir alimentos que los llenen”. “Si ven que un alimento en su etiqueta relata que tiene vitaminas, es bueno. Se enfrentan a un jugo en polvo, que es puro colorante y azúcar, pero como se le adiciona alguna vitamina, desde el punto del marketing, ya es saludable. Esto contribuye a la mala selección de alimentos”, afirmó. Además explicó que no se puede decir que haya un 4% de niños que “estén todo el tiempo con hambre”.

    “Una de las cosas que vemos en esta población es esa cuestión de resolver el día a día: yo resuelvo hoy y de repente como bien. O no, y vemos presencia de postres envasados que son altamente costosos”, dijo.

    Para la encuesta se eligieron 4.942 hogares y se hicieron más de 20 preguntas relativas a la cantidad y calidad de alimentos consumidos, la seguridad y “predictibilidad en su adquisición”. Solari sostuvo que las mediciones realizadas indican que “hay una tendencia a la disminución de la desnutrición que estaba asociada al hambre, especialmente en el retraso del crecimiento”.

    Malos hábitos.

    Las autoridades del Mides plantearon en el Parlamento su preocupación por la cantidad de niños con obesidad. Hay 17.000 niños con este problema. De ellos, 14.000 no son pobres, informó Labat.

    Solari dijo que el sobrepeso y la obesidad “preocupan” al gobierno. La meta fijada en los Objetivos del Milenio —una serie de medidas para erradicar la pobreza en el mundo— es que no supere el 2,3% del total de niños. Pero hay 6,7% de sobrepeso entre los niños con inseguridad alimentaria y 10,5% en el total. “Esto tiene que ver con una vulnerabilidad que afecta a todos los niños”, agregó.

    Florencia Cerruti, integrante de Uruguay Crece Contigo, dijo ayer miércoles en el programa “De Ocho a Diez” de radio Uruguay, que “la obesidad que comienza en la infancia tiene grandes posibilidades de perpetuarse en la vida adulta y es más grave que si aparece pasada la infancia”. La obesidad es una de las formas de malnutrición, dijo, y señaló que con este problema se aumenta el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares cuando se llegue a adulto.

    Además, las autoridades del programa observan una relación entre la obesidad, los malos hábitos de consumo y mirar televisión más de dos horas por día. “No solo tiene que ver qué comemos sino también cómo comemos”, afirmó Solari.

    El déficit de peso es otra de las preocupaciones del gobierno. En el caso de niños con inseguridad alimentaria, la meta es tener como máximo 2,3% y, según la encuesta, hoy está en el 2,4%.

    En la encuesta se encontró que hay una “fuerte prevalencia” del hacinamiento en los hogares encuestados: uno de cada cuatro hogares está en esa condición. Además, el 11,8% de los niños no reside con su padre, por efecto de la separación o divorcio, y el 8,7% nunca convivió con su padre. En el documento se informa que casi la mitad de los padres que no viven con sus hijos “no realiza ningún aporte económico” al hogar del niño y el 10% lo hace ocasionalmente.

    Información Nacional
    2015-06-04T00:00:00

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