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    Productividad en cereales posiciona a Uruguay como uno de los líderes

    El país lidera el ranking en arroz, con un promedio de 9.300 kg/ha, y se ubica entre los principales en trigo y cebada; si bien se incrementaron los rindes de maíz, aún están lejos de EEUU; en soja y colza los resultados son moderados

    Desde el comienzo del cultivo de arroz en Uruguay, unos 100 años atrás, hasta 1970, el rendimiento del cereal se mantenía en un eje de 3.000 kilos por hectárea (kg/ha). En ese momento Nicolás Chebataroff asumió la responsabilidad del Programa de mejoramiento de arroz, y empezó una trayectoria de aumento de la productividad arrocera que tiene al cultivo de Uruguay en el podio mundial. Este año superará por cuarto año consecutivo los 9.000 kg/ha.

    En el caso del arroz un hito inicial fue la introducción de la variedad El Paso 144, que permitió un salto en el rendimiento del cultivo. La productividad llegó en esa década a 4.000 kg/ha, pero fue en los años 80 cuando dio un salto, alcanzando por primera vez un rendimiento superior a 5.000 y 6.000 kg/ha, pero como productividades excepcionales que salían de una normalidad del entorno de 4.500 kg/ha.

    A partir de 1995 los rendimientos de 6.000 kg/ha se hicieron relativamente normales, y recién en 2008 se conquistaron los 7.000 kg/ha, una referencia de la que ya no se bajaría, salvo excepciones.

    Desde 1985 funcionaba el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), y los resultados empezaban a verse. En 2015 se obtuvo un rendimiento de 8.600 kg/ha, que pareció excepcional. Y finalmente, con la llegada de nuevas variedades que sustiuyeron al histórico El Paso, el arroz ha consolidado productividades estables por encima de 9.000 kg/ha.

    Este proceso es muy conocido en el cultivo arrocero, donde la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA) mantiene un relacionamiento estrecho con la investigación y el desarrollo no es exclusivo del cultivo.

    Trigo y cebada

    En realidad el empuje del rendimiento de los cereales es bastante generalizado, pero en otros cultivos el salto fue posterior. Aunque en gradual ascenso y con limitaciones biológicas respecto al arroz, en el caso del trigo y la cebada el empuje de la productividad aceleró en los últimos años.

    La productividad del trigo cruzó por primera vez los 3.000 kg/ha en 2006, pero recién en 2020 alcanzó un promedio nacional apenas superior a 4.000 kg/ha, para marcar un récord más que destacable el año pasado, cuando cruzó los 5.000 kg/ha, algo que solo sucede en Europa.

    En el caso de la cebada, aunque no ha llegado a 5.000 kg/ha, el aumento de la productividad también es notorio, porque también alcanzó la referencia de 4.000 kg/ha en 2020 y la sostuvo desde ese entonces.

    De modo que trigo y cebada van por confirmar un quinto año de muy altos rendimientos. A diferencia de un cultivo que se realiza 100% bajo riego, como el arroz, en el resto de los cereales la variabilidad de la productividad es mayor y en este caso la clave han sido los años Niña, que han alejado los excesos hídricos en invierno y primavera. En un invierno o primavera llovedores sería difícil repetir productividades tan altas.

    De hecho, el diferencial de productividad del último año entre trigo y cebada se explica principalmente por los problemas sanitarios del cultivo para malteo, donde se ha percibido alguna falencia en materia genética.

    La mejora en la fertilización es un factor determinante de los mayores rendimientos de los cultivos de invierno, así como el ajuste en la densidad de siembra y la distancia entre hileras.

    Maíz

    El maíz es otro cultivo que puede llegar a un récord en esta cosecha, pero luego de una sucesión de años Niña su curva de rendimiento en promedio de cinco años no es tan expresiva, pero como trayectoria de mejora de la productividad, tomado en el mediano plazo, es más que destacable.

    Con una productividad que puede estimarse entre los 7.000 y 8.000 kg/ha, el cereal de verano podría superar el récord anterior, que fue de 7.600 kg/ha. Pero es probable que ese récord no se alcance por un problema nuevo del maíz: la chicharrita, según explicó el director de la consultora Unicampo y docente de Facultad de Agronomía, ingeniero agrónomo Esteban Hoffman.

    La chicarrita es un insecto, Dalbulus maidis, muy pequeño, de entre 3 y 4 milímetros de longitud, que al alimentarse de la planta transmite la bacteria Spiroplasma kunkelii. El insecto es de color amarillo pálido y tiene dos manchas redondas negras sobre el vértice de la cabeza. Los individuos adultos se alojan en hojas o tallos y las ninfas jóvenes se encuentran preferentemente en las hojas jóvenes del cogollo de la planta.

    Eso, sumado a complicaciones por siembras tardías, pueden dejar el rendimiento del maíz en unos 7.500 kg/ha, estimó Hoffman.

    En cualquier caso un rendimiento promedio nacional por encima de los 7.000 kg/ha era impensable pocos años atrás. El cultivo redondeaba unos 1.000 kg/ha en la década de los 80 y recién en 1998 logró superar los 3.000 kg/ha de rendimiento promedio.

    Pero en este siglo tomó un camino claramente ascendente, aunque marcado por las crisis en los años de sequía, que moderan el rendimiento promedio cuando se consideran medias móviles de cinco años. El récord de rendimiento fue en el año 2018, con 7.608 kg/ha, y “matemáticamente tenemos chance” de que este año sea superado.

    Es en base a estos altos niveles de productividad que los cereales en Uruguay se han mantenido competitivos, a pesar de una bajada importante de los precios del trigo, la cebada y el maíz, y de los altos costos de Uruguay.

    En el caso de trigo y cebada la productividad de Uruguay está como en el arroz, entre las tres más altas del mundo si se considera a la Unión Europea como un único bloque.

    Competitividad internacional

    Podría decirse que Uruguay es el país con mayor productividad del mundo en arroz cuando logra más de 9.300 kg/ha. De acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés), la productividad en Australia es de 9.270 kg/ha y en tercer lugar estaría Estados Unidos, que consigue unos 8.600 kg/ha.

    En trigo y cebada un país latinoamericano que logra muy altas productividades pero en pequeñas superficies y sin capacidad de exportar es Chile, que supera los 6.000 kg/ha promedio. Pero entre los países exportadores solo Gran Bretaña y la Unión Europea superan a Uruguay en productividad.

    En esos cultivos Uruguay supera largamente a los países vecinos y a Estados Unidos, que obtuvo en 2023 una produtividad promedio de 3.270 kg/ha en trigo y 3.900 kg/ha en cebada.

    En maíz los estadounidenses son imbatibles y ya superan establemente los 11.000 kg/ha de promedio. En tanto Canadá tiene productividades promedio de 10.000 kg/ha y Argentina de 8.000 kg/ha. El uso generalizado del riego puede permitir que Uruguay siga avanzando en ese ranking.

    Pero esa posición ventajosa en cereales no se logra en oleaginosas. Tanto soja como colza tienen en Uruguay una productividad estable y que no descolla. Los 2.500 kg/ha de productividad uruguaya en soja están 1.000 kg/ha por debajo de Estados Unidos, en tanto Brasil suele lograr 3.400 kg/ha y Argentina 3.000 kg/ha.

    De igual forma, la colza suele ubicarse en Uruguay en unos 1.700 kg/ha de rendimiento, mientras la Unión Europea suele superar los 3.000 kg/ha y Canadá los 2.000 kg/ha.

    Lo que viene

    Están empezando a llegar materiales genéticos de muy alto potencial en trigo y cebada, algo que no ha pasado con esa magnitud en colza. Por otra parte, hay factores de manejo y disponibilidad de nutrientes. El año pasado también los suelos estaban tras la sequía en una condición inmejorable, suelos sueltos, con mucha capacidad de aporte de nitrógeno y azufre, y eso impacta mucho. Los cultivos al momento de encañar tenían muy alto nivel de biomasa, algo inusual. Se está fertilizando con mucho fósforo y potasio, no hay áreas importantes con deficiencia en estos minerales.

    Fue un año sanitario bueno para el trigo pero no en la cebada, de ahí la diferencia de rendimiento. Hubo problemas sanitarios (red) y una proporción importante de cebada volcada que afectó la productividad.

    Se van ajustando detalles y desaparecen los defectos agronómicos, pero hubo un efecto año muy importante en la pasada cosecha. Y venimos de tres años sin exceso de agua para los cultivos de invierno. Pero aún así hay un efecto estructural, ya no hay una proporción relevante de siembras tardías en chacras viejas.

    Para Juan Manuel Erro, gerente de Villa Trigo SA, los factores no climáticos tienen que ver con la fertilización y el encalado. El aumento de la dosis de nitrógeno aplicado en el momento justo, el fósforo, el potasio y el zinc que empieza a ser importante. Otro aspecto a destacar es la siembra variable, con una menor distancia entre hileras en algunos lugares.

    Diego Gigou, responsable líder de producción agrícola de ADP, consideró que el maíz va ganando más de 300 kg/ha por año de rendimiento si se excluyen los años de catástrofe como el pasado. Hoy es difícil sacar menos de 4.500 kg/ha, afirmó.

    También destacó las siembras con densidad variable, de acuerdo con el potencial del suelo. Se espera un buen año, bajando la densidad en las zonas más complicadas y aumentando en los mejores suelos, especialmente en las siembras de segunda, donde se aspira a levantar los “pisos” de rendimiento.

    Ahora vienen los maíces “petisos”, más chicos de altura, que dan resistencia a un clima adverso y que tienen una eficiencia mayor, especialmente en la siembras de segunda.

    En los maíces de primera sí hay una apuesta a altos rendimientos en chacras de alto potencial. Ahí hay mucha agronomía, porque se incorpora el nitrógeno con riego y con hasta 100.000 semillas en maíces con riego y se cruzan largamente los 10.000 kg/ha.

    En trigo y cebada lo más importante ha venido por la genética, que se renueva todos los años y levanta potencial. Todavía queda por ajustar la acidez de suelos, para lograr que el encalado se viabilice. Los aumentos de productividad se pagan, pero es complicada financieramente, porque es un gasto alto que se recupera en unos tres años.

    A la luz de las miradas técnicas, parece difícil que se repitan rendimientos tan altos como los del año pasado, pero aún así, en caso de que el trigo y la cebada superen los 4.000 kg/ha de rendimiento promedio, estarán confirmando una trayectoria ascendente, estructural. Y tal vez ubique el piso del maíz en 7.000 kg/ha en promedio de situaciones muy diferentes, cuando no hay sequías severas.

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