Rodríguez Larreta quiere que Argentina siga el modelo uruguayo para “resolver sus problemas de inestabilidad macroeconómica”

entrevista de Franco Bronzini  
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Argentina es por estos días como un volcán a punto de estallar. En cada jornada que transcurre se suma un nuevo problema de muy difícil solución a una ya muy larga lista preexistente, mientras la crisis política, social y económica se profundiza más y más. La luz al final del túnel, si es que existe, parece muy lejana. Pero hay algunos que están deseosos por asumir el desafío y con ese ímpetu ya comenzaron a prepararse para las próximas elecciones presidenciales de fines del año que viene.

Uno de ellos, señalado por algunos expertos como con posibilidades serias de ser el próximo presidente argentino, es el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Él prefiere no hablar de candidaturas todavía pero muchos de sus compatriotas ya lo imaginan como uno de los contrincantes en la recta final, representando a la coalición opositora al actual gobierno de Alberto Fernández.

Desde ese lugar de liderazgo, Rodríguez Larreta aceptó hacer un hueco en su nutrida agenda y contestar a Búsqueda por escrito una serie de preguntas que pueden servir como para delinear sus principales pensamientos y líneas de acción con respecto al futuro. Dice, por ejemplo, que Argentina tiene que “aprender de Uruguay”, país que “en las últimas décadas” logró “resolver sus problemas de inestabilidad macroeconómica” con “consensos políticos” y “bajos niveles de corrupción”. Durante los últimos años gobernaron a Uruguay sus tres principales partidos políticos y Rodríguez Larreta ve como algo a destacar e imitar que todos ellos lograron una continuidad en los temas importantes. Por eso su apuesta es a “construir desde la diferencia” en Argentina, ya que considera que “la evolución de la grieta depende” de lo que hagan los dirigentes.

Sobre el Mercosur, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires considera que “así como está no funciona” y que hay que fortalecerlo pero no para que se encierre, sino para que sea una “plataforma de negociación con el mundo”, muy en línea con el rumbo adoptado por la administración de Luis Lacalle Pou.

—Uno de los problemas, ciertamente no el único, que obstaculizan el desarrollo del país es la fuerte polarización política que existe sobre todo en la dirigencia. Su proyecto de gobernar con el 70% del apoyo político no la eliminaría por sí mismo. Al contrario, probablemente la exacerbaría (pensando que el 30% restante es el kirchnerismo duro). ¿Cómo cree que evolucionará el enfrentamiento entre argentinos?

—La evolución de la grieta depende de lo que hagamos los dirigentes. Si la profundizamos para aprovechar la polarización, va a seguir creciendo. Si intentamos encontrar puntos en común y nos concentramos en lo que nos une, que es mucho más fuerte que lo que nos separa, la grieta pierde fuerza.

A pesar de haberlo intentado, nunca se logró, y la confrontación política ha sido la única constante en la política argentina durante los últimos 80 años, con los resultados que todos vemos. El pensar diferente forma parte de la naturaleza del ser humano. Ahora, nuestra misión es empezar a construir desde la diferencia en pos del bienestar de todos los argentinos. Ese es el camino.

—Parece bastante evidente que la economía argentina necesita un reordenamiento estructural y un ajuste en los gastos. En la experiencia argentina esa tarea pudo ser emprendida con cierto éxito solo por el peronismo, y ahora ni siquiera ellos están pudiendo hacerlo. ¿Cree que sería posible con un apoyo del 70% de la dirigencia?

El 70% es un número figurativo, no es matemático ni mucho menos. Creo que esa tarea es posible si hay un plan claro que explique qué se va a hacer y que pueda captar el apoyo de la gente. Hoy no lo hay. No hay un rumbo ni ninguna certeza, y así es imposible generar acompañamiento.

Un plan integral claro, que pueda provocar el apoyo de los argentinos y que cuente con el soporte de gran parte del sistema, tiene chances de éxito. En mi opinión, cualquier otra alternativa está condenada al fracaso.

Mauricio Macre en el centro habla con varios dirigentes del PRO. Foto: AFP

—Una de las críticas más habituales al gobierno de Mauricio Macri es que el PRO, con experiencia de gobierno solo en la Ciudad de Buenos Aires, no supo adaptarse a la complejidad ni a la escasez del gobierno nacional. ¿Es una limitación que tendría que enfrentar un eventual próximo presidente del PRO?

—La experiencia en la gestión siempre es algo positivo, porque son aprendizajes prácticos adaptables a nuevas circunstancias. Ahora, por supuesto que el desafío es diferente y mucho mayor. Esa es una de las razones por las que también creemos que sumar a gente de espacios distintos es importante. Porque traen otras experiencias que enriquecen el equipo y ayudan a encarar ese desafío con más chances de éxito.

De la misma manera, es fundamental incorporar visiones que vengan de todo el país. En mis recorridas por la Argentina converso permanentemente con la gente de cada lugar para entender mejor cada realidad y para tomar ideas y propuestas nacidas en el lugar en el que están los problemas.

Después, es muy importante ser siempre muy humildes y estar abiertos a aprender. Nunca creerte que tenés todas las respuestas y darles lugar a personas que tienen experiencias diferentes. Lo venimos haciendo en la ciudad desde 2015 con muy buenos resultados.

—Juntos por el Cambio es una coalición que viene presentándose a las elecciones desde hace siete años y ya ha tenido una experiencia de gobierno a nivel nacional. ¿Cómo se explica que todavía no puedan tener un plan de gobierno sobre todo cuando la ausencia de un plan es la principal falencia que Juntos por el Cambio le achaca al oficialismo?

—Hoy la responsabilidad y el deber de gobernar lo tiene el Frente de Todos, no Juntos por el Cambio. Y el próximo gobierno va a asumir en diciembre del año que viene, falta casi un año y medio, y no sabemos exactamente con qué país nos vamos a encontrar.

Por eso en Juntos por el Cambio tenemos un plan de gobierno que está en construcción, en el que están trabajando las fundaciones de todos los partidos del espacio, y que busca el mejor camino para sacar a la Argentina adelante, tomando el talento argentino y los aprendizajes de la gestión, pero también las experiencias de otros países. Es lo que hice, por ejemplo, en mi visita a Israel, adonde fui para escuchar de primera mano lo que hicieron en ese país para lograr reducir la inflación de casi 500% a un 16% en dos años.

—El gobierno de Macri se enfrentó, al asumir, con una serie de temas muy sensibles y complejos en términos económicos: corregir el precio del dólar, el precio de las tarifas, salir de un default, el cepo, etc. Si eventualmente fuese electo presidente, ¿considera que la herencia que recibirá es más, igual o menos compleja que la que recibió Macri?, ¿por qué?, ¿y qué lecciones le deja la experiencia de Macri a la hora de resolver los problemas económicos que recibió? 

—La herencia la vamos a ver en diciembre del 2023, aunque por lo que vemos hoy podemos imaginar que va a ser probablemente peor. Por eso es muy importante ser realistas a pesar de que la realidad sea dura y marcar con mucha claridad el rumbo apenas asumamos. Tenemos 100 horas, no 100 días, para dar certezas. La certidumbre va a ser indispensable para el próximo gobierno, porque los argentinos necesitan previsibilidad en el corto, mediano y largo plazo.

—Macri no quiso tener un ministro de Economía fuerte. Es más, produjo una especie de jibarización y atomización del cargo. ¿Cuál sería el perfil del Ministerio de Economía y de quien ocupe el cargo en el caso de ser electo presidente? ¿Qué tipo de relación tendría con el ministro? ¿Estaría más tendiente a delegar y confiar o participaría activamente en las decisiones del ministro?

—Sin un plan económico la Argentina no va a salir adelante, y para llevar a cabo ese plan se necesitan personas comprometidas, que sepan cuál es la realidad del país y cuáles son las alternativas para mejorar esa realidad con acciones concretas que se sostengan en el tiempo.

Para cambiar de rumbo tenemos a los mejores especialistas de la Fundación Pensar, que parten de la premisa fundamental de estabilizar la economía como base para crecer constantemente en los próximos 10, 20 o 30 años. Y más allá de quién ocuparía ese rol, lo importante es que esa persona va a trabajar con un plan de desarrollo que sea federal y que nos permita crecer y posicionarnos en el mundo. Un plan que tenga como prioridad avanzar en las transformaciones estructurales necesarias para que se genere trabajo de calidad en nuestro país, con un sistema previsional sustentable y un sistema impositivo que promueva la inversión y las exportaciones. Porque un país con déficit, con inflación proyectada de casi 100% anual, 40% de pobreza, inestabilidad cambiaria, cepos y trabas es un “espanta inversores” y no les da respuestas a los argentinos.

Luis Lacalle Pou conversa con sus homólogos Mario Abdo Benítez y Alberto Fernández en la Cumbre del Mercosur en Luque, Paraguay, el 21 de julio de 2022. Foto: AFP.

—Uno de los mayores problemas de la Argentina, históricamente, es la ausencia de una línea política en términos de relaciones internacionales. ¿Cómo se imagina dicha política en un mundo de relaciones cambiantes, inestables y de realidades inciertas? Dentro de esta línea, ¿cuál es su idea sobre el Mercosur?, ¿cuál sería su postura?, ¿cuáles son los problemas que ve en su funcionamiento y las posibles alternativas para transformarlo en una herramienta de crecimiento en la región?

—Hoy no hay una política exterior como tal. Lo que existen son episodios, acciones, que responden a intereses divergentes de los distintos sectores de la coalición gobernante. Lo que este gobierno hace en materia internacional no puede atribuirse a ninguna estrategia de inserción internacional. Eso es muy malo para el país: reduce los niveles de confianza de nuestros socios en un momento en que los necesitamos más que nunca.

Esto no fue siempre así. Con Mauricio hasta 2019 tuvimos una estrategia de inserción internacional inteligente que claramente veía el mundo como una oportunidad y una política exterior que buscaba apuntalar las oportunidades de desarrollo de nuestro país y defender la democracia y las libertades en nuestra región. El mundo no es el de 2015, pero el espíritu de la política exterior de Mauricio debe ser la guía para el próximo gobierno. Hoy duele ver que la Argentina defiende las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua o que manifiesta la voluntad de ser puerta de entrada de Rusia en la región momentos antes de la invasión a Ucrania.

Cerrarnos al mundo limita nuestro potencial de crecimiento. En cambio, integrarnos significa inversiones, exportaciones y, sobre todo, más trabajo. Argentina tiene todo para vivir una revolución exportadora. Hoy el mundo demanda alimentos y energía. Nosotros tenemos el potencial del campo, inmensas reservas de energía y minerales, una industria calificada y un liderazgo cada vez más grande en la economía del conocimiento.

Y con respecto al Mercosur, como región tenemos mucho más para ganar saliendo al mundo juntos que por separado. Con Uruguay, además, también tenemos históricos lazos de amistad y economías fuertemente conectadas, ustedes lo saben más que nadie.

Tenemos que fortalecer el Mercosur para que sea nuestra plataforma de negociación con el mundo. Para eso hay que reconocer que así como está no funciona. Que hay que modernizarlo para hacerlo más dinámico y para que cumpla con las expectativas de todos sus socios. Tenemos que trabajar para ratificar el acuerdo con la Unión Europea y para tener una estrategia agresiva de búsqueda de nuevos acuerdos.

—¿En qué se diferenciaría un eventual próximo gobierno de Juntos por el Cambio de la experiencia 2015-2019?

—Hemos aprendido mucho, Mauricio fue muy claro con su autocrítica, quizás el primer presidente en mucho tiempo en hacer una evaluación tan sincera de su gobierno. Tenemos claro que no es desde la grieta desde donde se construye el futuro de la Argentina y que la situación del país tiene que ser transparentada con total franqueza. La profundidad de la crisis actual está haciendo bastante de ese trabajo por sí sola.

—¿Cuáles son las materias que aún quedan pendientes entre Uruguay y Argentina en términos políticos, comerciales, económicos, empresariales, científicos, educativos y en medio ambiente?

—Con los hermanos uruguayos tenemos mucho por trabajar para potenciar al máximo nuestras capacidades. Uruguay ha sabido resolver sus problemas de inestabilidad macroeconómica y en las últimas décadas avanzó en una agenda de crecimiento sustentable e inclusivo basado en instituciones sólidas, bajos niveles de corrupción y consensos políticos. Si nosotros lográramos aprender de esa experiencia, estoy seguro de que podríamos generar agendas de vinculación mucho más sólidas tanto económica como cultural y educativamente. Estoy convencido de que una Argentina más prospera, que se vuelva a insertar en el mundo, puede ser beneficiosa para ambos países.

También tenemos mucho que aprender de ustedes en materia ambiental. Mi sueño es que Argentina pueda hacer un uso de las energías renovables similar al que hacen en Uruguay, y de a poco dejar atrás la energía que utiliza combustibles fósiles.

Obras del gasoducto de Vaca Muerta. Foto: AFP

—¿Cuáles considera que deberían ser las obras de infraestructura más urgentes que necesita un país con la extensión y las costas de la Argentina?

—Hoy Argentina necesita que se tenga en cuenta el potencial protagónico que un yacimiento del tamaño de Vaca Muerta tiene para un país como el nuestro. Argentina ya demostró que puede desarrollar estos recursos en forma competitiva y viene aumentando la producción para el consumo local y para la exportación en el caso del petróleo.

Si logramos que Vaca Muerta esté operativa al 100%, en seis años nuestro país va a poder multiplicar por 10 las exportaciones de petróleo y gas. Imaginemos lo que ese escenario podría representar para nosotros y para la región.

Además, la Argentina necesita infraestructura para transportar todo lo que el talento argentino produce. Las rutas, los caminos y cada kilómetro de la Argentina tienen que estar preparados y equipados para que todo lo que se produce llegue cuanto antes y lo mejor posible. Para eso hace falta mucha inversión y la convicción desde el Estado de que es necesario y prioritario para hacer valer el trabajo de todos los que están involucrados. No hay más tiempo que perder.

—¿Cómo encararía la transición de energías fósiles a energías renovables en un país donde por momentos el único común denominador en términos de inversión pública entre gobiernos de alianzas partidarias opuestas pareció ser Vaca Muerta?

—El desarrollo de Vaca Muerta no es contradictorio con la transición a energías más limpias. El gas es una energía más limpia que el carbón, al que muchos países han vuelto luego de la invasión de Rusia a Ucrania, y es una fuente energética importante para una transición exitosa hacia las renovables.

La apuesta a las energías renovables durante 2015-2019 fue muy fuerte y audaz. Gracias a eso, por ejemplo, hoy en Jujuy funciona el parque solar más grande de toda la región. Ahora, todo ese potencial y esa capacidad quedaron estancados con un gobierno que dejó a la deriva la política energética, pero estamos a tiempo de revertir la tendencia.

Contexto argentino
2022-08-31T19:16:00