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Hay campeonatos de golf en los que 18 hoyos parecen pocos: por la alternancia en la vanguardia, por tiros realmente espectaculares, por errores increíbles, por las ovaciones del público y hasta por la propia definición, esa sensación queda flotando una vez que el ganador embocó el último putt. El Masters de Augusta, que se cerró en la tarde del domingo 14, fue uno de esos campeonatos.
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Por sí mismo, el torneo ya tiene condimentos que lo hacen especial. Es el primer Major del año y cada disputa deja una marca en la mejor historia del golf mundial. La de este año fue la 88ª edición y el estadounidense Scottie Scheffler, con un acumulado de 277 golpes, fue quien se quedó con el triunfo y con el famoso saco verde símbolo de victoria en el Masters.
Fueron 11 golpes bajo el par de la espectacular cancha diseñada por el escocés Alister MacKenzie y fue el segundo Masters en la carrera de Scheffler, que dos años atrás había ganado el certamen. Por su nueva victoria recibió un cheque por US$ 3,2 millones de dólares de los US$ 18 millones que repartió el certamen en premios y, además, se consolidó como número uno del mundo. En segundo lugar, en una actuación consagratoria, finalizó el sueco Ludvig Aberg.
La victoria de Scheffler (27 años) es un reflejo más de una nueva generación de golfistas muy jóvenes que están haciendo historia en los principales circuitos del mundo y que, en su mayoría, se acercaron al golf influidos por la gran figura de Tiger Woods, quien por más de una década ejerció un dominio absoluto.
Leyendas del golf
Una verdadera multitud rodeaba desde muy temprano en la mañana del jueves 11 la zona del tee del hoyo uno del Augusta National. El simbólico golpe inaugural, una tradición que se remonta a 1963, lo hicieron Jack Nicklaus, Gary Player y Tom Watson, pero con un retraso de dos horas debido a tormentas eléctricas en la zona.
Bajo un estricto régimen de invitaciones, solo 98 golfistas fueron parte del certamen, donde estaban los latinoamericanos Emiliano Grillo, Joaquín Niemann, Camilo Villegas y Santiago de la Fuente. La primera ronda no pudo completarse en la primera jornada por el retraso en el comienzo. Ya casi no había luz cuando el grupo final terminaba los primeros nueve hoyos. Los resultados parciales mostraban al estadounidense Bryson De Chambeau en lo más alto de las posiciones con un recorrido de 65 golpes.
El clima siguió siendo determinante en la segunda ronda con ráfagas de viento de 60 kilómetros. Muy pocos jugadores quedaban bajo el par del campo tras los 36 hoyos y el corte clasificatorio de los primeros 50 jugadores más los empates quedó establecido en 150 golpes; fue uno de los más altos en el historial del Masters, lo que marca las difíciles condiciones climáticas de esa jornada.
Con un acumulado de 138 golpes De Chambeau y Scheffler compartían la punta. Para alegría del mundo del golf y luego de mucho tiempo sin competir, Tiger Woods pasaba el corte clasificatorio y jugaría las cuatro rondas del Masters. Dentro de los varios récords que tiene Woods en este certamen, ahora con 24 cortes pasados pasó a ser el más destacado en la historia del Masters.
Pero el golf tiene esas cosas. Y de la alegría por pasar el corte en la segunda, el ex número uno del mundo pasó a una mala tercera ronda en la que marcó su peor actuación en los Majors con una terrible tarjeta de 82 golpes.
Mientras tanto, Scheffler mantenía, con una tarjeta de uno bajo el par, el liderazgo. Apenas a un golpe de distancia lo seguía Collin Morikawa a falta de una ronda.
La definición
Los nervios y la tensión de la última vuelta se reflejaron en el juego de los protagonistas. Ninguno de los candidatos tuvo un comienzo fuerte. Scheffler salvó el par en los dos primeros capítulos para hacer su primer birdie en el hoyo 3, que le dio una ventaja de dos golpes sobre el resto. Pero luego varios competidores lograron embalarse y en un momento la competencia tuvo cuatro líderes ante el delirio del público.
Tras una ida recorrida en 35 golpes, en la vuelta llegó lo mejor del número uno del mundo con unos segundos nueve hoyos recorridos en 33 golpes, que incluyeron tres birdies consecutivos entre los hoyos 13 y 15, una verdadera máquina de jugar al golf. En este tramo final Scheffler mostró su gran competitividad y la comodidad que encuentra para jugar bajo presión y cerrar de la mejor manera los campeonatos.
La voz del campeón
“Siento en ese momento tener las emociones bajo control y eso en un deporte tan mental como es el golf me permite desarrollar mi mejor juego. Creo que del hoyo 8 en adelante jugué muy bien”, dijo Scheffler en conferencia de prensa luciendo el tradicional saco verde. Y agregó: “Soy extremadamente competitivo, no me gusta perder. Así entiendo el deporte”.
“Augusta es un campo sumamente difícil donde no es fácil cerrar los campeonatos. No te puedes pasar de la raya y ser demasiado agresivo ni tampoco muy cuidadoso porque así no llegan los bajos scores. El par tres del hoyo 12 es el ejemplo más claro: mide solo 150 yardas y nos pone los nervios a prueba cuando llegamos ahí”, dijo.
El campeón contó que “la fe” es uno de los apoyos que encuentra a la hora de competir. “Cuando salgo a jugar trato de dar lo mejor de mí para ganar, no me gusta para nada perder”, afirmó. En la premiación hizo un reconocimiento particular a los directivos del Augusta National Golf Club.