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En su 15a edición, el festival uruguayo DocMontevideo, que prevé para los próximos años un formato diferente al actual, albergó una de las proyecciones cinematográficas más emotivas del año. Sucedió en la Sala Zavala Muniz, el 24 de julio de 2023, en el marco de la función apertura de la Semana del Documental, el ciclo de exhibiciones del DocMontevideo.
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La premiada cineasta chilena, Maite Alberdi, presentó, a través de un video, su nueva película: el documental La memoria infinita, ahora disponible en Netflix. La película ya había generado un gran entusiasmo al ser estrenada y celebrada dentro del Festival Internacional de Cine de Sundance. Fue un hito más dentro de la carrera de Alberdi, que el año pasado vio su película, El agente topo, ser nominada como Mejor documental dentro de los Premios Oscar.
Al finalizar la función, a sala llena, el equipo responsable del festival reveló una sorpresa con una invitada. No se trataba de Alberdi, sino de una de las protagonistas de la película: la actriz chilena Paulina Urrutia. Su presencia, y el intercambio posterior con el público uruguayo, fueron tan emotivos como la película.
La memoria infinita no trata, en principio, sobre Paulina Urrutia, sino sobre su esposo, el periodista chileno Augusto Góngora y su vida tras contraer Alzhéimer, enfermedad por la que murió el 19 de mayo de 2023, apenas unos meses antes del DocMontevideo. El primer video que aparece al buscar su nombre en Google, que se trata de su obituario, lo define así: “El hombre que acercó la cultura a la televisión”.
Góngora es considerado un referente del periodismo cultural en Chile, así como un defensor de la libertad de expresión. Su trabajo como periodista y presentador contribuyó a promover el debate sobre temas sociales y políticos. Durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, trabajó en el noticiero clandestino Teleanálisis, por el que se lo recuerda por su compromiso con la defensa de los derechos humanos.
Góngora es hoy, además, uno de los dos protagonistas del documental más visto en cines en la historia de Chile. Paulina es la otra. Es que en su estreno en su país, La memoria infinita batió récords para la taquilla local.
La película ha seguido batiendo récords en las siguientes semanas. En la primera, vendió más de 80.000 entradas, y se convirtió en el documental chileno más visto en salas. Con el tiempo, superó los 350.000 espectadores, situándose entre las películas más taquilleras de Chile en todos los géneros.
El fenómeno responde al lugar que ocupó Góngora en la sociedad chilena y cementa, a su vez, a Alberdi como una de las cineastas más importantes de ese país y de América Latina.
El origen de La memoria infinita tuvo lugar cuando Alberdi conoció a Augusto y Paulina en el contexto laboral de ella. Paulina es actriz, académica, directora y fue ministra presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes durante el primer Gobierno Michelle Bachelet entre 2006 y 2010.
Durante un ensayo para una obra de teatro, la cineasta chilena quedó impresionada por el cariño con que Paulina incorporaba a Augusto en su trabajo pese a estar bajo los síntomas tempranos del Alzhéimer. La relación entre ellos la sorprendió, y fue entonces cuando comenzó a pasar tiempo con la pareja.
Ese vínculo se fue convirtiendo en el eje predominante del diálogo en la película. Se trata de un hombre que ha dedicado su existencia a preservar la memoria y se ve obligado a confrontar la amenaza inminente de perder sus propios recuerdos.
“A lo largo del camino, descubrí las sutilezas de esta historia, que al principio trataba simplemente sobre cómo se vive y ama a pesar de las pérdidas, y lo que permanece en el cuerpo. Pero lo que quedó en el cuerpo fue una conciencia amorosa y una histórica. Dolor y afectos permanecieron en el cuerpo, incluso con la pérdida de la memoria. Así fue como descubrí que esta historia fusiona la memoria política con la memoria personal: la de un país y la vida cotidiana”, describió Alberdi en una entrevista a la revista Filmmaker.
Góngora, consciente de su realidad al inicio del proceso, persuadió a Paulina para que participara en el documental. A pesar de que el rodaje se vio atravesado por la pandemia del Covid-19, tanto el equipo de realizadores como los protagonistas optaron por continuar filmando a pesar, además, del aislamiento social al que el matrimonio tuvo que someterse.
Durante la pandemia, la responsabilidad de filmar recayó en Paulina, quien se convirtió en un elemento crucial para capturar la auténtica esencia de la historia: la intimidad.
La primera escena es una de las tantas poderosas de la película. Lo muestra a Augusto despertándose en su cama confundido, mientras Paulina lo reconforta con paciencia, responde a sus preguntas y le ofrece consuelo. Él parece encontrarlo.
De estos momentos dolorosos habrá muchos. Representan los primeros actos de amor de una película repleta de ellos. Con el uso de imágenes del archivo del matrimonio, que abarcan desde fotografías familiares hasta videos, se abre una ventana al pasado de Augusto y Paulina. Son escenas que nos acercan a ellos a través de sus vivencias previas, y también ayudan a entender la evolución de su relación a lo largo de las décadas. Alberdi y Pablo Valdés, a cargo de la fotografía, emplean diversas técnicas, desde planos generales que capturan la amplitud de su hogar hasta tomas cercanas que revelan los matices de las expresiones faciales de la pareja para crear una experiencia inmersiva.
Los videos caseros brindan también una mirada a una cotidianidad extinta y proveen un contrapeso dramático desde el que es inevitable observar el presente, en el que la enfermedad de Augusto impactó en la vida de la pareja.
A pesar de la dureza de la temática, lo que resalta es la emoción detrás del sacrificio de Paulina por su esposo, la dedicación inquebrantable de Augusto a lo largo de su vida y carrera, y la valiosa decisión de Alberdi de compartir esta historia con el mundo. La película se convierte en un testimonio, no solo de la memoria dentro de la mente de Augusto, sino también de la profunda conexión emocional entre los protagonistas y la acertada entrega de la cineasta al llevar esta narrativa a un público global.
La memoria infinita es un registro valioso sobre la fuerza del amor y la familia frente a una enfermedad. A pesar de la intensidad de la experiencia, es un viaje profundamente conmovedor que vale la pena vivir.