Durante el último invierno el déficit hídrico “se veía, pero era muy poco” y UTE contaba con “recursos disponibles”, comentó De Mello, en referencia a que había “agua en los embalses” y a la energía eólica, que “ayudó mucho”. La sequía “no terminó siendo un problema” que impidiera exportar a Argentina y Brasil.
Planificación
En el despacho de carga de UTE se planifica con dos horizontes, a corto y a largo plazo. Para lo más inmediato maneja pronósticos a tres meses, en los que se vislumbra “una transición hacia condiciones normales” en materia climática. “Tendríamos un marzo típico en cuanto a precipitaciones y temperaturas”, proyectó De Mello.
Si ocurriera un evento de lluvias “muy grande”, el país pasaría de estar “casi sin agua en los embalses” a “tener energía” para utilizar cuando quiera. El efecto de eso, en caso de darse, sería una baja de los costos de generación, al tener que usar menos energías no renovables.
Esta incidencia en las ganancias por las exportaciones tiene como contracara el impacto ambiental, un aspecto “fundamental” para el ente energético. “UTE, en cuanto a emisiones, controla todo (...). Y se optimiza. El combustible es lo último que querés usar porque es caro, tenés el desgaste de las máquinas”, señaló.
Para el 2022 UTE tiene estimado que ingresen a su caja US$ 130 millones por exportaciones de electriciadad, según dijo a Búsqueda su presidenta, Silvia Emaldi. Ese monto incluye US$ 60 millones que la empresa debe cobrar por ventas realizadas en noviembre y diciembre del año pasado. “La expectativa es menor” respecto a las exportaciones del 2021, pero “la realidad puede ser mayor” dependiendo de la lluvia y de la demanda de los países vecinos, comentó ?la jerarca.
Emaldi aclaró que esas “previsiones” se realizan de manera “conservadoras” dado que no “hay ningún contrato firme”. Las ventas a Argentina y Brasil “son coyunturales” y se concretarán “en la medida que Uruguay tenga energía para exportar y que los vecinos” compren, explicó. Además, sostuvo que si las lluvias alcanzan niveles normales en Uruguay, “es probable” que también “mejore” la situación hídrica en el sur de Brasil.
Los días de la ola de calor UTE exportó a Argentina, que estaba en “situación crítica”, y no a Brasil. De la energía generada hasta el pasado sábado 15, un 16% se vendió al mercado argenitno y el restante 84% se destinó a la demanda interna. El parque térmico está funcionando “a full” y se “está controlando el consumo de combustible”, destacó la jerarca. En los primeros 15 días el ente produjo un 63% de fuentes renovables y 37% de energía térmica.
“Al agua”, que está siendo “poca”, la “tenemos que cuidar”, señaló Emaldi, y explicó que esa situación hace que el costo de generar con ese recurso sea mayor que “prender las centrales térmicas”.
Una ola que se veía venir
En el quinquenio 2016-2020, la participación renovable en la generación eléctrica fue de un 97%, una cifra que disminuyó en 2021 a 83%, según la consultora Seg Ingeniería. Esto se explicó por una producción hidráulica muy baja y una caída, por primera vez, de la generación eólica.
UTE tiene un “respaldo muy grande” en comparación con otros países de la región en generación. “Estamos extremadamente bien preparados”, definió De Mello. Y explicó: hay un ciclo combinado “gigantesco” —que “es un monstruo”—, “respaldo técnico”, dos represas y energía eólica, además de otros proyectos que tiene la empresa, como el del hidrógeno verde. “Uruguay es vanguardia”, destacó.
Durante décadas, cada invierno se alcanzaban récords históricos de consumo de energía. En verano también se llegaba a un máximo, pero era inferior a los meses en los que la calefacción de los hogares disparaba la demanda. El de 2022 está siendo una excepción.
El sofocante calor del viernes 14 —con temperaturas que alcanzaron los 44 °C, lo que no se registraba desde 1943— provocó que se dispare el consumo eléctrico. A las 14.35 llegó a su máximo histórico: 2.185 megavatios (MW). Ese día UTE informó: “Pese a la sequía que afecta” las centrales hidráulicas y a la “ola de calor reinante”, la “capacidad del sistema” permitió cubrir la demanda.
Ese récord no fue sorpresa. “Se veía venir”, comentó De Mello, y sostuvo que el “sistema estaba preparado para eso”. Año a año aumenta la demanda de energía, aunque en porcentajes pequeños, por el consumo de los aires acondicionados y la calefacción.
El fenómeno fue regional y tuvo como particularidad los cortes en Argentina; a ese país “se le dio una mano”, afirmó. Con Uruguay, explicó el meteorólogo, tienen un sistema eléctrico compartido (los electrones “fluyen” para que sea “más grande” y por tanto “más estable”). “Entonces, si cuidamos a Argentina, nos estamos cuidando un poco a nosotros también”, sostuvo el técnico de UTE.
Estas olas de calor son parte de la “variabilidad climática” de Uruguay. “Hay que tener cuidado cuando le echamos toda la culpa al cambio climático”, ya que se dan veranos más lluviosos que otros e inviernos más cálidos, dijo. Sin embargo, reconoció que también hay una incidencia del cambio climático y que este tipo de eventos serán “más recurrentes” en las próximas décadas, como predice el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático.
Las “crestas” de demanda
Para hacer las predicciones, en el despacho de carga no solo deben tomar en cuenta las temperaturas. La sensación térmica “juega un rol importante”, incluso más que los grados que haya, pero de lo que depende la demanda energética es del “comportamiento humano”, lo que hace “difícil” de predecirla.
UTE compra modelos que incluyen proyecciones de temperaturas, lluvias y vientos, información que luego utiliza para “optimizar” la generación. A partir de los datos, los técnicos del ente hacen dos pronósticos. Para los días siguientes, estiman lo que es un comportamiento usual: un pico de consumo al mediodía y otro en la tarde. “Son dos crestas que todos los días se repiten”. Esto permite saber la demanda de los próximos días.
Otro “plato de la balanza” incluye las predicciones de energía eólica, fotovoltáica y los “aportes de lluvia” para proyectar qué fuente utilizar. Primero se recurre a la energía que no se puede almacenar (viento y sol); luego al agua, que tiene un costo menor que la térmica, relegada para la última opción. Sin embargo, esta no siempre es la regla. “En un contexto de sequía, a veces conviene guardar el agua y usar (térmica). Ahí tenés que jugar con el agua almacenada y los stocks de combustible”, explicó De Mello. Así elaboran un modelo de optimización que debe ser validado por la Administración del Mercado Eléctrico (ADME).
“Cuando éramos chicos existían cortes programados porque se sabía que no se podía dar la demanda. Eso, en Uruguay, no pasa hace muchísimos años. Lo que puede cambiar son los costos de generación”, explicó el funcionario de UTE. Hay, sí, “problemas” que generan cortes de energía, como ocurrió en 2019 cuando Argentina, Uruguay y Brasil se quedaron sin luz. También hay situaciones como la de los últimos días en la que los incendios o las inundaciones estropean las líneas de distribución y miles de usuarios quedan sin servicio.
“¿Qué dirán ahora?”