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    Trump:  “Conmigo o contra mí”

    N° 1905 - 09 al 15 de Febrero de 2017

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump,  decidido a impedir que se interpongan en su camino, ordenó el cese fulminante  de Sally Yates, fiscal general interina y titular del Departamento de Justicia. Nefasto ejemplo para la independencia técnica. Pretende demostrar que no lo detienen los fiscales, los jueces y ni siquiera la Constitución. Su filosofía es: “quien no está conmigo está contra mí”.

    Puede reforzarla con una mayoría conservadora en la Corte Suprema, cuyas sentencias se proyectan dentro y fuera del país en el comercio, el trabajo, las migraciones y  los derechos humanos.  

    En su contra juega una arrogante iracundia: agrede, insulta y no para de abrir frentes. Propuso como embajador ante la Unión Europea a Ted Malloch, un crítico del organismo y la Unión lo cuestionó. A esa misma hora discutía por teléfono con el primer ministro australiano,  Malcolm Turnbull, quien le reclamaba recibir refugiados como lo estableció el ex presidente Barack Obama. Molesto le colgó. Antes había ninguneado al presidente de México, Enrique Peña Nieto: “Su país, de una u otra forma, pagará la construcción de un muro fronterizo”.

    Todo en apenas quince días. Le quedan 1440 días de mandato.

    Con 28 años de carrera, Yates fue fiscal general adjunta de Loretta Lynch.  Tal vez imaginó que, agradecida por su interinato o temerosa de su poder, haría “buena letra”. Pero optó por la ley. Golpeó el super ego del presidente cuando anunció que no defendería en los tribunales la Orden Ejecutiva (decreto) que prohibió el ingreso de personas de Libia, Irán, Irak, Siria, Sudán, Somalia y Yemen.

    Para Yates ese decreto puede ser inconstitucional: “Soy la encargada de garantizar que las posturas por las que abogamos (los fiscales) en los juzgados cumplan la obligación solemne de esta institución de buscar justicia y defender lo correcto”, dijo

    El presidente le colgó a la fiscal la que en Estados Unidos es una durísima imputación: traidora. “Ha traicionado al Departamento de Justicia al negarse a aplicar una orden para proteger a los ciudadanos (del peligro terrorista musulmán). Es el momento de ponernos serios con la protección de nuestro país”.

    Yates no se equivocó ni jurídicamente está sola. Luego de su destitución, el juez federal de Seattle, James Robart, de origen republicano, suspendió el decreto para todo el país. Otra vez la cólera: Trump tildó a Robart de “pseudojuez”, ordenó apelar y en 48 horas recibió otro golpe. El sábado 4 un Tribunal Federal de San Francisco le dio la razón a Robart. Le queda el Tribunal Supremo.

    Como titular para el Departamento de Justicia propuso al senador republicano Jeff Sessions. En su partido lo consideran ultraconservador. Parece hecho a su medida: defiende las políticas contra los inmigrantes, rechaza el matrimonio homosexual, el aborto y el “Obamacare” sanitario. El cargo tiene enorme poder: comanda el FBI, la DEA y el Cuerpo de Alguaciles. Su venia la analiza un comité del Senado y si la aprueba la trasladará al pleno del cuerpo.

    Algunos políticos demócratas han sido terminantes. El líder del Senado, Chuck Schumer, le pidió al presidente que retire ese decreto “diabólico”. La representante demócrata Nancy Pelosi lo acusó de “socavar los valores” de Estados Unidos e incumplir su juramento de defensa de la Constitución. Como si oyera llover.  

    La candidatura de Sessions integra la primera parte de un combate legislativo. La segunda será cuando el Senado discuta un nuevo integrante de la Corte Suprema y el candidato del gobierno es Neil Gorsuch.

    La Corte está integrada por “liberales” y “conservadores”, según la ideología del partido (Demócrata o Republicano) que los propuso. Sus fallos constituyen un precedente que obliga a todos los tribunales e incide en casi todas las políticas de Estado.

    En una Corte de nueve magistrados, la relación favorecía 5 a 4 a los conservadores hasta el fallecimiento el año pasado del conservador Antonin Scalia.

    Si confirman a Gorsuch, se mantendrá la diferencia a favor de los conservadores. Aunque los jueces de la Corte pueden jubilarse a los 70 años, como son cargos vitalicios, se quedan hasta la muerte.

    Entonces la ventaja para uno u otro lado dependerá de la biología. Los de más edad son Anthony Kennedy de 80 años (conservador), y Ruth Bales de 83 y Stephen Breyer de 78 (liberales). Si generan vacantes habrá que ver en ese momento de qué partido es el presidente que proponga a los sustitutos.

    Gorsuch, de 49 años, es un sólido jurista con posturas conservadoras. Aunque no dictó ninguna sentencia sobre el aborto ha sostenido que no existe “base constitucional” para que la decisión de una madre de abortar esté por encima de la vida del gestado.  También es contrario a la eutanasia y a algunos de los derechos de los LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales).

    Su ideología se manifestó en una sentencia a favor de una empresa religiosa que tiene una cadena de venta de artesanías. La empresa se negaba a darle a sus empleados seguros médicos con cobertura de anticonceptivos, como lo había dispuesto el ex presidente. Gorsuch dijo que los obligaba a violar su fe religiosa. El fallo sedujo a Trump: “Puede quedarse 50 años” en la Corte.

    Por la edad del candidato tiene razón, pero bien sabe que tendrá dificultades en el Senado. Para Gorsuch y para Sessions se necesitan 60 votos y los republicanos, aunque tienen mayoría, suman 52. Quiere decir que necesita ocho votos demócratas siempre y cuando algún republicano no deserte.

    Se auguran duras batallas. Los demócratas quedaron con la sangre en ojo cuando en 2015 los republicanos se tomaron cinco meses para designar a Lynch, la primera negra fiscal general al frente del Departamento de Justicia.

    En marzo del año pasado Obama propuso un candidato para la vacante de Scalia, lo que le daría a los liberales mayoría sobre los conservadores. Los republicanos trancaron la designación durante diez meses especulando con una victoria. No se equivocaron.

    Pero no previeron, como advirtió el semanario alemán “Der Spiegel”, que apoyaron al “hombre más peligroso del mundo”. Cerca de su mano iracunda tiene el botón nuclear.