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    Un huracán llamado Ida: la Premio Cervantes 2018 cumple 100 años

    No es frecuente que la poesía le gane espacio a las noticias políticas, policiales o deportivas. Hay excepciones, claro, y una de ellas lleva el nombre de Ida Vitale. Poeta, traductora, ensayista y crítica literaria, desde 2015, cuando ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Ida viene desatando un verdadero huracán de presentaciones, entrevistas, publicaciones y encuentros internacionales que tuvieron su punto máximo en 2018, cuando recibió el Premio Cervantes, el reconocimiento literario más importante en lengua española. Este jueves 2, cuando la “poeta nómada” está cumpliendo 100 años con una envidiable energía, continúa concitando la atención donde quiera que vaya.

    El festejo es múltiple y comienza a las 19 horas en Cinemateca con la presentación de un libro voluminoso y de lujosa edición a cargo de Estuario Editora: Palabra por palabra, el mundo se hace mundo. El volumen incluye fotografías de todas las épocas, textos publicados en revistas, discursos, cartas, una completa cronología bibliográfica a cargo de Pablo Rocca y, por supuesto, mucha poesía. Parte de este libro está dedicado al documental Ida Vitale de María Arrillaga (2023), que también se exhibirá esta noche en Cinemateca, acompañado del lanzamiento del disco de su banda sonora compuesta por Sylvia Meyer.

    Ida en blanco y negro

    La foto es de 1930 y la ubica a Ida, de siete años, en el jardín de su tío Manlio. El detalle no está solo en su cabello muy corto, sus medias sport y zapatos tipo ballerina, sino en el libro abierto entre sus manos que ella mira sonriente. Todo un augurio de lo que significarían los libros en su vida.

    En el origen está el abuelo Vitale, que llegó al Río de la Plata con Garibaldi. Ida creció muy cercana a su abuela y a su tía Débora, que fue directora de la Escuela República Argentina. “Llevo el nombre de otra tía que no conocí. Había sido secretaria de José Archavaleta, director del Jardín Botánico. Heredé de esa tía un gran armario lleno de cajitas blancas con muestras de bichitos y plantas”, dijo la poeta en entrevista con Búsqueda, cuando en 2015 ganó el Premio Reina Sofía.

    El amor por las plantas y los animales queda de manifiesto en el documental de Arrillaga: Ida se detiene a observar una araña petrificada en su propia telaraña o el vuelo suspendido de un colibrí o un caballo atado a un poste molesto por el lazo en su boca o las flores que crecen en el jardín. En 2003 publicó el ensayo De plantas y animales (Paidós), uno de los libros que Estuario, su actual sello uruguayo, reeditó en 2019.

    Pero hay que volver al origen y a un ambiente familiar y social de tolerancia y respeto, en el que Ida se educó primero en la casa. Un año después de aquella foto con el libro en la mano ingresó a la Escuela República Argentina y después al Elbio Fernández.

    Ya universitaria, su pasaje por la Facultad de Humanidades fue breve pero fructífero en amistades, con muchas de ellas integraría la Generación del 45. Carlos Maggi, José Pedro Días, Amanda Berenguer, Idea Vilariño, José Bergamín y Ángel Rama —con quien se casó en 1950 y tuvo a sus hijos Amparo y Claudio— fueron algunas de aquellas figuras. Sobre la Generación del 45, de la que es su última representante, dijo en la entrevista de 2015: “No siento ni orgullo ni rechazo por esa generación, pero a mí lo que no me gusta es el criterio de las generaciones. Siempre pienso que puedo sentirme unida a alguien de una generación anterior o de una que vino después”.

    Otra foto en blanco y negro: Ida y Rama muy jóvenes junto a La Galatea, imprenta que habían instalado en su casa el matrimonio de los escritores Berenguer y Díaz. De esa imprenta salieron los primeros libros de poesía de Ida, como La luz de esta memoria (1949) y Palabra dada (1953). De aquel primer libro es el poema Borde del Paraíso: Me ha quedado / tu labio sobre el cuerpo/ para ofrecerme muerte / en signos dulces.

    Pero, según narra Rocca en la cronología, su primer poema lo publicó aún más joven, en 1942, en la revista Hiperión. Años después, en 1947, el primer número de la revista Clinamen publicó cuatro de sus sonetos y de allí en más sus reseñas.

    Su labor en los medios fue constante, en los años 60 escribió artículos en Marcha y fue editora de la página literaria de Época. También integró la dirección de la revista literaria Maldoror. Aquellos eran momentos de compromisos políticos, y la poeta viajó a encuentros literarios en Cuba y Moscú. Mientras, en Uruguay llegaba 1968, la muerte de Gestido y el gobierno de Jorge Pacheco Areco, quien clausuró Época.

    La convulsión política fue paralela al desgaste de la relación entre Ida y Rama, que se terminaron divorciando. Poco después comenzó una relación sentimental con el también poeta, crítico y traductor Enrique Fierro (Montevideo, 1941-Austin, Texas, 2016), con quien se casó en 1970. La pareja permaneció unida hasta la muerte de Fierro. Todo parecía mucho y fue tan breve: / vertiginosos, no contados años / de claro sol, donde hoy la pena llueve, dicen los versos de su poema De Enrique (Tiempos sin claves, Estuario, 2021).

    En sus poemas hay una continua búsqueda de las posibilidades y límites de las palabras. “Quizás la única manera de ser objetivo sobre lo que uno hace es olvidarlo, olvidarlo realmente para tener la frialdad suficiente de juzgarlo poco caritativamente. Eso lo aprendí de Juan Ramón Jiménez”, comentó en la entrevista de 2015. Escribo, escribo, escribo / y no conduzco a nada, a nadie. / Las palabras se espantan de mí / como palomas, sordamente crepitan, dicen los primeros versos de Mes de mayo (1972).

    Ida nómada y epistolar

    La palabra que podría encerrar el ir y venir de la poeta es itinerante. En 1974, a raíz de la dictadura militar, se exilió con Fierro en México, donde permanecieron hasta 1984. Allí conoció a Octavio Paz, quien la integró al comité asesor de la revista Vuelta. En la entrevista con Búsqueda, Ida dijo sobre Paz: “Era un rey en México, respetadísimo. Yo no tenía ni la más remota intención de relacionarme con él, pero me lo crucé en una exposición y alguien me lo presentó. Le dije que lo había empezado a leer gracias a José Bergamín, que me pasó sus libros allá por 1947”. Bergamín, intelectual español exiliado en Uruguay durante la guerra civil española, había sido docente de Ida y uno de sus maestros literarios junto con Juan Ramón Jiménez.

    En Palabra por palabra… se incluyen los discursos que Ida dio en varias ocasiones con motivo de sus diferentes premios. Uno de ellos fue en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde le otorgaron el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. En esa ocasión, también recordó a Paz como “un gran hombre con un magisterio discretísimo (…). Quisiera convencerlos a todos de que Octavio no solo era un gran maestro, sino un humano generosísimo. Gracias en él a México”.

    Con el retorno a la democracia, la pareja volvió a Montevideo, aunque por poco tiempo. Fierro fue designado director de la Biblioteca Nacional, pero no resistió la desorganización en la que se encontraba. “Donde hubo militares todo queda trastocado. Cuando pasan dejan una especie de urgencia de cada uno. La parte anárquica que todos tenemos dentro sale a flote cada vez que nos sacamos un gobierno autoritario de encima y no siempre es positivo. Admiro a los países que tienen el equilibrio suficiente para salir de una situación así con elegancia. En Uruguay eso faltó”, explicó Ida al semanario. Entonces la pareja decidió emigrar nuevamente, esta vez a Estados Unidos. Se fueron en 1989 a la Universidad de Austin, Texas, donde Fierro fue designado profesor.

    El libro de Estuario da cuenta de su actividad intelectual en México. En el apartado Ares y mares. Artículos dispersos, aparecen sus notas publicadas en Vuelta, El Sol de México, Letras Libres, Unomásuno, así como las que también publicó en Posdata y Jaque de Montevideo. Sus artículos son verdaderas piezas literarias en las que muestra su poder de observación en la naturaleza, sus lecturas clásicas, sus viajes, sus recuerdos de infancia y juventud y siempre la poesía.

    Y sus libros acompañaron sus estadías en diferentes fronteras, publicados por Arca, Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica, entre otras editoriales. Fueron libros de poesía y también de ensayos o de prosa poética. En Léxico de afinidades (Vuelta, 1994), le dedicó un fragmento a una Montevideo ideada, “mágica y tormentosa”: “Una ciudad es un lenguaje con sus diferentes niveles. Existe un lenguaje profundo, por eso mismo secreto e intrasmisible de uno a otro ser, que solo se ejecuta entre la urbe y cada uno de ellos (…). Después está el otro, el superficial, que por serlo se expresa mejor en una superficie, en los muros (…). Quizás un día se descubra que la poesía está circulando de manera secreta”.

    Y más reciente, Shakespeare Palace. Memorias de mi vida en México (Lumen, 2018), la ciudad de su exilio aparece como tema y personaje: “¿Volveré a oír alguna vez el poderoso canto del clarín mexicano? Porque en mis nostalgias naturales exclusivas de México triunfan los pájaros: el clarín que desde el balcón de una casa no muy cercana a la nuestra se imponía al escándalo de los autos”.

    Otro logro de Palabra por palabra… es haber incluido un muestrario de la correspondencia que Ida mantuvo con personalidades de su época. Juan Ramón Jiménez, María Elena Walsh, Armonía Somers, Italo Calvino, Eduardo Galeano, Idea Vilariño, Manuel Flores Mora, Julio Cortázar son algunos de sus corresponsales.

    Hay una carta hermosa, ilustrada y escrita con letra minúscula y apretada, que el escritor cubano Reinaldo Arenas le envió en 1971 en agradecimiento por la crítica que Ida hizo a uno de sus libros. “Es una dicha tan inmensa saber que uno no está solo, y que el grito que dimos en lo más profundo de un pozo alguien lo escuchó y supo transmitirlo maravillosamente”, escribió en un pasaje. Arenas fue opositor al régimen de Raúl Castro y un perseguido por su condición homosexual. Sus padecimientos los retrató en la novela Antes que anochezca. Murió de sida en Nueva York en 1990.

    Cortázar le envió en 1972 una carta en agradecimiento por haber recibido el libro Oidor andante. “Anoche, sabés, casi una semana después de haber leído tu libro, me desperté con dos versos en la oscuridad, dos versos que curiosamente no parecen tener un sentido particular fuera de su contexto y que sin embargo, sin embargo…”. Esos versos dicen: Y entre el carmín y el índigo / el color oscurísimo del huracán espera. Cortázar adelantó mucho tiempo atrás lo que sería el huracán con nombre de poeta.

    Ida y su esposo Enrique Fierro en su apartamento de Montevideo. Foto: Estuario Editora

    Ida de cerca

    En el 2014, recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes, y un año después, el Reina Sofía, que la tomó por sorpresa cuando la llamaron por teléfono, porque estaba dormida y pensó que se habían confundido. Es que Vitale ha tenido una actividad incansable de escritura por las noches. “Soy lechuza, trabajo hasta tarde y me despierto lento”, dijo en aquella oportunidad.

    Lo cierto es que aquellos premios la pusieron en primera plana nuevamente, porque, a decir verdad, Ida no era una poeta recordada hasta entonces. En 2017 se le otorgó el Bartolomé Hidalgo a la Trayectoria en la Feria Internacional del Libro de Montevideo, y ese año fue el reconocimiento en la FIL Guadalajara. Entonces, el camino fue imparable hasta el Premio Cervantes en 2018. “Creo que es un premio a la ancianidad”, dijo en aquel momento ante la prensa española. Sin embargo, el jurado destacó que su poesía es “al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda” y una referencia “para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones”.

    Para tener una visión de una Ida de cerca, hay que ver el documental de Arrillaga, una realización de belleza lírica y plástica. Allí aparece Ida como personaje, con la naturalidad de los movimientos domésticos y con su parsimoniosa contemplación de la naturaleza. O rodeada de libros, fotos y cajas, muchas cajas de las que salen papeles de todo tipo que la llevan y traen del presente al pasado. El documental está cargado de poesía y de palabras que surgen al azar a partir de las letras del alfabeto.

    “Hay una historia. No se sabe con precisión cuándo ha empezado. Quienes podrían estar relacionados con ella en realidad ignoran que la historia no existe. No tiene un nombre que la identifique y no es claro si tiene un protagonista o dos. Puede ser la historia de A que B no acepta o al revés. También puede ocurrir que ninguno sepa que la historia existe y les concierne”, escribió la poeta en El ABC de Byobu.

    Ida Vitale sí tiene una historia que ha quedado registrada en sus libros, en sus escritos y fotos, en sus múltiples entrevistas y ahora en un documental y un valioso homenaje llamado Palabra por palabra, el mundo se hace mundo. Esta noche hay que ir a Cinemateca a festejar con la poeta, que no es otra cosa que ir a festejar la vida.

    Vida Cultural
    2023-11-02T00:30:00