• Cotizaciones
    miércoles 05 de junio de 2024

    Una aventura reparadora: “Los delincuentes” es una de las mejores películas del año

    La representante al Oscar de Argentina puede verse en la plataforma Mubi

    El primer plano lo adelantará todo. Una persiana gastada, de esas que chillan sin importar la gentileza con la que se la use, se abre lentamente para dejar entrar la luz y revelar el interior de un dormitorio para nada coqueto. Sobre un piso de parquet gastado, se ven un par de zapatos y una silla enfrentada a la cama, con la ropa sobre ella dispuesta de manera de parecerse a una figura humana. El pantalón reposa sobre el asiento y sus bordes inferiores tocan el piso, mientras que una camisa, un traje y una corbata, todos con necesidad urgente de una plancha, terminan de vestirla desde el respaldo.

    Son las prendas que esperan a Morán (Daniel Elías) cada mañana, día, mes, año, de lunes a viernes, antes de emprender su recorrido hacia su lugar de trabajo, un banco. Morán, que se peina con delicadeza la barba y el poco pelo que le va quedando, viaja resignado. Toma el subte, para tomar un café y unas medialunas al paso, y camina como otros miles de peatones por las calles de Buenos Aires con dirección a una oficina. Carga en esta ocasión, su presentación dentro del relato, con una mochila grandota que desentona y atenta contra la formalidad del porte esperado de un bancario.

    Morán, en su rol como protagonista de Los delincuentes, dejará rápidamente de ser un banquero típico. Y ello se debe a su plan. Un plan muy bueno, justo, según él, que lo ayudará a liberarse de las cadenas que lo oprimen, una vida dedicada al trabajo. Robará 650.000 dólares del banco y se entregará inmediatamente a la Policía confesando el crimen. La cifra del dinero no fue elegida al azar. Es una suma que representa lo que él ganaría si siguiera trabajando hasta que se jubile en 25 años. O, más bien, es la mitad de ese monto lo que le corresponde. La otra sería para su posible cómplice y colega en el banco, Román (Esteban Bigliardi), quien deberá, si acepta la oferta de Morán, guardar el dinero hasta que su compañero cumpla con su sentencia. Son seis años de condena, en principio, pero tres y medio si Morán manifiesta una buena conducta como recluso.

    “Yo quiero tener una vida modesta. No quiero trabajar más”, le dice el personaje, compartiendo, de parado, unas cervezas y unas pizzas, a su colega. Si Román le hace caso, él tampoco tendrá que volver a hacerlo.

    Los delincuentes, que tuvo un pasaje poco exitoso por salas uruguayas y ahora puede verse en la plataforma Mubi, nace de la mente del argentino Rodrigo Moreno, un cineasta polifacético. Director, productor y guionista, en su historial profesional se encuentran sus trabajos para largometrajes antológicos, considerados pilares del llamado nuevo cine argentino, y películas como El custodio, Un mundo misterioso, Reimón y Una ciudad de provincia. Con algunas de ellas recorrió festivales de cine y fue celebrado en Alemania y Holanda, entre otros destinos. A su filmografía, el podcast Mubi Encuentros la destacó por “señalar las problemáticas laborales y sociales a través de personajes que, en ocasiones, dan cuenta de la incertidumbre y el goce de ocio”.

    Lo último de Moreno también tuvo un exitoso viaje por festivales. Arrancó, de hecho, con aplausos en el Festival de Cannes, donde participó en la sección Un Certain Regard. De manera astuta, se presentó como una película de robos con más de un as bajo su manga. Moreno, en una de sus tantas decisiones acertadas, se ancla en ese subgénero del cine criminal para cautivar al espectador en el principio de su película. El robo que hará Morán, ejecutado con meticulosidad y capturado con realismo, despliega en el protagonista y en el espectador un entusiasmo de oreja a oreja seguido de una gran pregunta. ¿Y ahora, qué?

    A esa pregunta, Moreno responderá con una pronunciada creatividad. La película despliega los primeros atisbos del espíritu lúdico de su cine ya en la secuencia inicial de Morán yendo a su trabajo. No es él sino la cámara que se detiene, sin aviso y desde abajo, a mirar las fachadas de los edificios que decoran el camino de Morán, convirtiéndose en cualquier transeúnte bonaerense. Sus cúpulas, sus barandas, aberturas, cables cruzados y aires acondicionados que las decoran serán capturados con belleza. Es una ciudad hermosa y, claro, imponente, que se abalanza sobre el protagonista y nosotros con todo el peso de una megalópolis. No pasaremos mucho tiempo en ella.

    Los delincuentes tiene una innegable devoción hacia lo inesperado. Primero lo hará partiendo desde la comedia y acoplándose, rasgo identitario de la película, en una persistencia por lo duplicado. En el banco, llega primero en la forma de una clienta que comparte su firma con la de otra. Es decir, dos personas que no se conocen tienen la misma firma y eso es un problema burocrático grande. Pero no será todo. También habrá actores que interpretarán más de un personaje (sin previo aviso) y se verá en la cualidad de anagrama del nombre de nuestros protagonistas: Román y Morán. Más tarde aparecerán, y se volverán coprotagonistas, Norma y Morna (Margarita Molfino y Cecilia Rainero).

    Quizás la mayor dualidad de la película llega en su diálogo entre la vida urbana en contraposición a la campestre. Como su partenaire cinematográfico Trenque Lauquen (otra película que establece que la libertad del trabajo se encuentra en el escape de la ciudad), la apertura hacia una nueva vida se dará lejos de las calculadoras, las carpetas con rulos metálicos y los descansos de cinco minutos para fumar. Son las tierras de Córdoba las que le darán a Morán el mapa de lo que busca encontrar tras su sacrificio autoimpuesto, al ofrecerse ir a la cárcel y esperar, año a año, el comienzo de una nueva vida libre de las ataduras de la rutina. “Hay gente que tiene la misma voz. Hay gente que tiene la misma vida inclusive”, dice Marianela, una colega de Román, y la semilla de la tesis argumentativa queda planteada. Morán no quiere más una vida como la que tienen todos.

    La película fue filmada a lo largo de cinco años y vio su rodaje interrumpido por diferentes motivos, como otros compromisos de su elenco. Moreno ha expresado que eso le permitió “ejercer su oficio como cineasta” año a año y, a su vez, moldear la película en relación con sus limitaciones. Todos los años tuvo que filmar lo que pudo y eso hizo que repensara su película en cada etapa de los cinco años de producción. Esa actualización constante le otorgó una frescura reflejada en el lenguaje lírico e inspirado en la poesía: la acción dramática es liberada del peso de la trama y se entrega a un territorio para nada familiar.

    Es, a fin de cuentas, el resultado de un director que, según ha manifestado, aprendió que la dirección de cine no se trata de control, sino de la creación del espacio para que el cine florezca. Y en Los delincuentes las imágenes memorables sobre la libertad sobran. Un nado improvisado en un río, una cabalgata sin dirección, un pícnic entre extraños; son escenas que el director construye con naturalidad y que se impregnan con placer en la retina, apoyadas por una comunicación estupenda entre la fotografía, el montaje y un trabajo de color que hace que la película sea una de las más bellas estrenadas este año en Uruguay.

    Es la candidata para representar a Argentina en la carrera a los próximos Oscar. La decisión no viene sin sus dificultades. Su predecesora, Argentina 1985, tuvo una campaña exitosa, respaldada por el apoyo y maquinaria de Amazon, que la llevó a lograr una nominación. La película de Santiago Mitre sobre el Juicio a las Juntas no pudo, sin embargo, competir contra el lobby de Netflix, y el premio se lo terminó llevando la innecesaria Sin novedad en el frente.

    Los delincuentes no la tendrá fácil. Entre sus principales contendientes se encuentran La sociedad de la nieve, por España, que ya se encuentra ejecutando una campaña de promoción a todo trapo; La zona de interés, por Reino Unido, que consagra al director Jonathan Glazer con un relato sobre la cotidianidad de una familia de nazis, y Hojas de otoño, por Finlandia, el imperdible romance de Aki Kaurismäki sobre dos trabajadores con poca suerte y que actualmente se puede ver en Cinemateca. Otros posibles y fuertes candidatos son la rumana Do Not Expect Too Much from the End of the World, de Radu Jude, la mexicana Tótem, de Lila Avilés, y la alemana The Teachers’ Lounge, de Ilker Çatak.

    De todas formas, la elección por la película de Moreno puede entenderse como una declaración. Con esta elección, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina declara, en uno de los mejores años para la cinematografía vecina, que su cine será representado en la audacia y la renovación.

    “En principio, es muy hermoso recibir el reconocimiento de los colegas, sobre todo en el caso de una película que es un poco anómala para lo que la Academia local tradicionalmente postula, por lo que la alegría es doble”, dijo Moreno al portal Otros Cines al conocerse la selección. Lo anómalo cobra múltiples sentidos en el caso de Los delincuentes: con su peculiaridad y su entusiasmo por el arte en el que se construye, la película rompe las tradiciones del género, se quiebra y reconstruye constantemente, y juega con las posibilidades de entregarse por completo a la aventura.

    Vida Cultural
    2023-12-20T23:29:00