—Lo central es la credibilidad.
—Es supercentral.
—¿Qué es lo urgente ahora para restablecer la confianza? ¿Corregir el problema fiscal o frenar la inflación?
—En el corto plazo es muy difícil hacer algo. Hay sí que tratar de tranquilizar las aguas hasta las elecciones. Porque las medidas que habría que tomar van por el lado del déficit fiscal y posiblemente por un régimen monetario creíble, y en ninguna de las dos cosas se puede hace más de lo que se ha hecho hasta este momento.
Lo que se está haciendo en lo monetario es tratar de anclar el dólar; básicamente, es fijar la tasa de cambio. Es un sistema que hemos visto fallar muchas veces y que depende mucho de las expectativas. Si se calcula una potencial corrida —que ojalá no ocurra— sería el M2, los depósitos a plazos cortos como hay en Argentina, ¿cuánto es eso? Más de US$ 20.000 millones. El gobierno tiene US$ 70.000 millones nominalmente, porque no pueden gastar toda esa cifra. Pero si se vuelan US$ 20.000 millones en una semana, que es posible, tendrá que hacer algo. Y si existe tal corrida, a lo mejor la podrían parar, pero se van a terminar perdiendo US$ 20.000 millones que han sido prestados por el Fondo Monetario Internacional. El Fondo es excelente para salir de una situación complicada, pero es una deuda que parece barata pero es cara, y hay que pagarla.
Por esto hay que tranquilizar las aguas: si la gente se pone nerviosa, no le cuesta nada sacar los plazos fijos, pasarlos a pesos y salir corriendo a buscar dólares.
—¿Algo de eso ya está pasando? No hay información sobre salida de depósitos en los medios argentinos...
—No, no. Y no sé si la prensa entiende. Y en este caso me alegro. Están muy confundidos mirando el corto plazo. De lo que sí estoy seguro es que el inversor sofisticado sí lo ve, aunque es posible que mucha gente tenga dinero en los bancos y no sea sofisticado. Pero no tienen por qué correr: el gobierno cree que van a poder tranquilizar al dólar y que caerá… es posible. Está bien, pero los datos del supercorto plazo —estamos hablando de dos días— son que el dólar aflojó un poquito, aunque la tasa de interés sigue muy alta. A mí todavía no me convencen de que se le ha doblado el cuello al problema.
—¿Detrás de estas últimas medidas del gobierno ve un plan o son manotazos de ahogado?
—Manotazos de ahogado, a lo que se suma que ayer (por el lunes) no dieron información sobre las reservas. ¡En la mitad de un proceso en el que te crean es condición número uno para que se tenga alguna chance, afirman que no quisieron mostrar las reservas para no mostrar la estrategia de vender dólares! Seguramente van a estar vendiendo dólares a través del Banco Nación, que no le vamos a llamar reservas, para así no mostrar que las reservas caen. Si le faltaba credibilidad, esto es pararse en la mitad de la Plaza de Mayo y gritar: “Soy mentiroso”.
—Hace un tiempo sugirió considerar la dolarización plena para Argentina. ¿Es una opción en la actual coyuntura?
—Me preocuparía mucho que se dolarice con la gente que está a cargo; es una cuestión muy seria y difícil de manejar.
Yo mencioné eso porque, bueno, es como la situación de un alcohólico. El tipo no se puede controlar y le dicen “no tomes nada”; si seguimos siendo alcohólicos por ahí estaremos mejor en abstinencia, aunque se pierdan todas las posibilidades de tomar algo que causa placer.
Todo esto habría que pensarlo muy bien. Por ejemplo, Uruguay es bimonetario. A lo mejor algo así, una cosa de dos monedas, para ir disciplinando un poco el peso… Si la gente ve que el Banco Central se está haciendo el loquito aumentando la inflación, se pasa muy fácil al dólar. Eso disciplina al Banco Central.
—¿El acuerdo para congelar precios por unos meses anunciado hace pocos días sirve para algo?
—Este gobierno ha manejado la comunicación muy, muy mal. De ninguna manera están poniendo un control de precios draconiano: son unos 60 productos, están arreglando con los productores… una cosa muy tímida. Yo acá me cruzo por la calle con cualquiera que sabe algo de la Argentina y me dice: “¿Así que pusieron un control de precios?”. Y uno tiene que explicarle. Lo han comunicado mal, y se ha transmitido afuera como que esta administración está abandonando sus principios.
En una perspectiva más general, cada vez que algo le sale mal (el ministro de Hacienda, Nicolás) Dujovne —que es un buen pibe— dice: “Salió mal, pero ahora las cosas van a salir bien”. También lo hace Macri.
—Las encuestas auguran un resultado electoral incierto. Ante los problemas que enfrenta Argentina, ¿quién convendría que gane?
— No sé. Esa es la respuesta más honesta. Porque este gobierno, excepto que cambie la forma de gobernar y tenga un ministro realmente a cargo y tenga todo un equipo en el que se confíe, si se sigue manejando así, no va a ninguna parte. Es buena gente, simpatizo por razones culturales y morales, pero me recuerda al dicho: “De bien intencionados el Infierno está lleno”.
Cristina (Fernández de Kirchner) es una mujer muy inteligente. La conocí personalmente. Tiene un carácter fortísimo y no va a querer ir a hundirse. Pero no le confiaría porque finalmente es una persona contra un equipo con gente que no es confiable para nada.
Una buena opción es lo que le llaman el peronismo federal. (Roberto) Lavagna quizás podría tranquilizar un poco las cosas.
—¿La recesión puede profundizarse?
—Se está hablando de una contracción de 3% o algo así. Excepto que la cosa se enderece y se retome la confianza, la recesión va a ser más profunda. En nuestras muestras de países en situaciones similares hemos visto caídas de 10%.
Y Uruguay siempre sufre por Argentina y la sigue (en la caída), pero mucho menos. Esto muestra que Uruguay se está volviendo como un país serio, a pesar de los vecinos que tiene.
—A escala global persisten algunos desafíos. La economía se desacelera, siguen las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y algunos emergentes, como Turquía, están complicados. ¿Qué le preocupa más?
—Los que tratamos de hacer ciencia dependemos de los datos que ilustren qué pasa con las cosas en algún episodio anterior. Pero la depresión de los años 30 terminó bastante rápido y fue seguida por la II Guerra Mundial. Así que, ¿de dónde aprendo algo de lo que está pasando ahora? Todo esto para decir que hay mucha incertidumbre sobre qué va a suceder.
Para quienes hemos estado mirando lo que llamamos un sudden stop —que repentinamente haya un corte fuerte en el flujo de capitales—, hay cierta evidencia de que el problema está en ciernes. Vimos cómo rápidamente se deterioró la situación de Turquía, y se contagiaron Indonesia, Sudáfrica y Argentina. Está ahí ese germen. Ha venido mucho capital a la región. Y ese capital, en el momento en que piense que hay problemas o que las cosas en Estados Unidos están muy bien, puede salir corriendo para el Norte. Y no es capital de largo plazo sino mucho portfolio, financiero. Hay que mirar cada país: la cuenta corriente de Argentina ha sido negativa permanentemente, y por eso está en la mira. Ahora el capital está entrando para las Lelics, pero ese capital, al mínimo ruido, sale corriendo.
En ese sentido, cuando viajo por los países, uno de mis mensajes es: no se confíen. Puede haber un sudden stop y hay que manejarlo bien. Mi preocupación es que los emergentes de la región con inflación baja parece que se están confiando y uno ve déficits fiscales y de cuenta corriente más grandes. Si hay un sudden stop, lo primero que hay en nuestros países es inflación.
Después está el problemón que tiene China con el crecimiento del crédito, del que no se habla tanto. Realmente es escalofriante la situación, dado que muchos préstamos son de difícil cobro. Lo que podría haber es una crisis más bien interna y que aumente la inflación, algo de lo que hasta ahora se ha salvado. Si eso llegara a ocurrir, podría tener un problema político fenomenal: el gobierno mismo dice que si la economía crece por debajo de 4%, pierde control político del país. Entonces, si se diera eso nos pegaría de una manera tremenda porque toda Sudamérica depende de manera importantísima, aun Chile. Uruguay también. Algo así nos parte. ¿Y cómo defenderse de eso? No podés.
—Más allá del mensaje de cuidar el resultado fiscal y la cuenta corriente, que puede caberle, ¿a qué habría que prestarle atención en Uruguay?
—El déficit fiscal hay que manejarlo. Y la sensación es que se ha venido gastando demasiado en la bonanza y ahora hay que hacer un ajuste. Este es el tema número uno. Y no hay que tentarse con la inflación; ustedes saben que si pasa del 10% se indexa todo y se entra en esa bola como Argentina y chau.
Después hay temas más estructurales, como una reforma fiscal proproducción. Y la huida de capital humano —que veo como un problema sistémico en la región—; dadas las condiciones de Uruguay, el país debería estar a un paso de retener o incluso de importar capital humano, aun de Argentina.
En el corto plazo las cuestiones se han manejado bastante bien y es un país muy respetable.
A Uruguay lo veo tan bien ordenado y con políticos tan serios en general, que podría encarar de frente estos temas de largo plazo. Cuando uno habla con la gente en Washington dicen: “Uruguay, bueno, ¡ese es un país serio!”. Todas las cosas que ustedes discuten, internas, no salen para nada. Es un activo tremendo que hay que reforzar, porque la situación se puede poner más complicada. Ojalá que algunos políticos oportunistas no arruinen esto.
2.7.0.0
Economía
2019-05-02T00:00:00
2019-05-02T00:00:00