¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Del campo a la inteligencia artificial, el uruguayo que entrena máquinas para que no se pierda el conocimiento

Emiliano Chinelli empezó armando computadoras rotas en una chacra y hoy trabaja con empresas de toda la región, incluido el canal de Panamá; explica qué es la IA, para qué sirve y por qué el mayor cambio no es técnico, sino humano

En una chacra perdida a dos kilómetros de Joaquín Suárez, entre vacas, perros y una bodega familiar medio abandonada, un niño insistía con una idea fija. Quería una computadora. El padre, sin saber mucho del tema, apareció un día con un montón de máquinas rotas compradas en un remate. Probaron una por una. Ninguna andaba. “¿Vos podés creer que la última prende? Ahí empieza todo”, cuenta Emiliano Chinelli a Galería.

Hoy este ingeniero informático y emprendedor dirige una empresa que trabaja con inteligencia artificial (IA) para bancos, multinacionales y hasta el canal de Panamá. Pero la historia arranca ahí, en ese intento de armar algo con lo que había.

Una nueva forma de usar la computadora

Chinelli habla rápido, mezcla anécdotas y tiene una forma bastante clara de explicar algo que suele sonar complicado. Cuando se le pregunta qué es la IA hoy, no se va por definiciones técnicas. “La forma más simple de entenderla es como una nueva manera de hablar con la computadora”, dice. “Cada vez que cambia la forma en que interactuamos con una máquina, hay un cambio grande”.

Para ubicarlo, lo compara con internet. Y con algo más del día a día. “Internet fue un salto. Pero después vino el celular, que fue lo que hizo que todo eso llegue al bolsillo. La inteligencia artificial se apoya en eso. Por eso crece tan rápido”.

Da un dato que le gusta usar como ejemplo. “Al iPhone le llevó cuatro años vender 400 millones de equipos. ChatGPT en tres años ya tenía el doble de usuarios semanales. No hay nada parecido en velocidad de crecimiento”. Pero enseguida baja la pelota. Porque más allá de los números, lo que le interesa es cómo se usa. “Las empresas son, en el fondo, fábricas de documentos”, dice. “Todo lo que hacemos termina en un documento. Y eso se puede automatizar mucho”.

Ahí aparece uno de los puntos en los que la IA se vuelve más fácil de entender. Chinelli pone ejemplos concretos. Un banco que procesa formularios. Un área que revisa datos para dar un crédito. “Ese tipo de tareas hoy se automatiza casi todo. Donde tenías 10 personas, capaz te queda una supervisando”.

La pregunta cae sola. ¿Qué pasa con las otras nueve?

“Hay que preocuparse, claro. Pero también hay que ocuparse”, responde a Galería. “La gente se adapta. El problema es más profundo. Es la identidad. Hay personas que se definen por lo que hacen. Y esto les mueve el piso”.

Lo explica con un ejemplo cercano. “Un periodista puede pensar ‘yo soy bueno escribiendo’. Pero ahora hay herramientas que escriben”, dice. Ahí es donde, según él, cambia la pregunta. “Ya no es solo cómo hacés el trabajo, sino qué parte de eso es realmente tu valor. ¿Qué es lo que realmente hacés?”, plantea. Y responde con otra idea. “Capaz no es escribir, es entender qué información es importante, cómo contarla y a quién. Es conectar a la gente con esa información”. Para Chinelli, eso es lo que no cambia. “La herramienta puede escribir, pero decidir qué vale la pena contar sigue siendo humano”.

Chinelli-Emiliano

El inicio con la inteligencia artificial

A los 25 años, Chinelli ya estaba en dLocal, la empresa uruguaya de tecnología que cotiza en Wall Street. Más tarde llegó a la plataforma de compra en línea Tiendamia, donde fue director de tecnología antes de los 30. “Era una plataforma grande, con millones de interacciones. Pero llega un momento en que nada te sorprende. Y eso cansa”. El giro apareció en pandemia, cuando un colega le mostró una versión temprana de una IA con la que podías escribir y respondía. “Estábamos probando, medio jugando. Y ahí conecté con el gurí de 11 años. Dije: ‘esto cambia todo’”.

No fue por lo que respondía la máquina, sino por cómo lo hacía. “No me pareció inteligente. Pero vi una nueva forma de interacción entre humanos y computadoras. Y cada vez que eso cambia, hay revolución”. A partir de ahí, empezó a mirar la tecnología con otro foco, la automatización.

En Tiendamia tenían decenas de personas haciendo tareas repetitivas, como cargar datos o armar documentos. “Lo primero que pensé fue: ¿qué hago con esa gente?”. Porque si la tecnología puede hacer ese trabajo más rápido, el problema ya no es técnico, es humano. Esa tensión sigue hasta hoy. Chinelli no la esquiva. “Sí, hay que preocuparse por esos puestos que pueden desaparecer o cambiar. Pero más que preocuparse, hay que ocuparse. La vacuna contra el miedo es usar la tecnología”.

El libro y la idea de “aumentar”

El salto de la experiencia a una idea más ordenada terminó en un libro. Organizaciones biónicas, que escribió con Ezequiel Kahan, intenta explicar qué está pasando en las empresas cuando empiezan a usar IA. “Nosotros hablamos de lo biónico porque primero está lo humano. La tecnología viene a aumentar, no a remplazar”, dice.

La idea, para él, es bastante directa. No se trata solo de incorporar una herramienta, sino de entender cómo cambia la forma de trabajar. “La inteligencia artificial amplifica. Si sos bueno, te potencia. Si no, no hace magia”, plantea. Por eso insiste en que el foco no debería estar solo en la tecnología. “El desafío no es aprender a usar la herramienta. Es cambiar la cabeza. Entender qué parte de tu trabajo es realmente tu valor”.

Cómo cambian las empresas

La empresa que fundó, Promtior, nació de ver que faltaba algo bastante concreto. “Yo buscaba a alguien que me ayudara a aplicar la inteligencia artificial en una empresa y no existía”, dice. En ese momento, las empresas ofrecían tecnología, pero no cómo usarla en el día a día. “Nadie estaba pensando en cómo adoptarla dentro de una organización. Entonces lo hicimos nosotros”.

Arrancaron de una forma bastante simple. Con talleres. “Vendimos un taller. Sentamos a ejecutivos en una mesa y les mostramos qué podían hacer con esto”, cuenta a Galería. No era teoría. Eran ejemplos concretos de cómo usar la IA en el trabajo diario. Cómo automatizar tareas, ordenar información o resolver procesos que llevaban horas.

A partir de ahí empezó a crecer. Las empresas no solo querían entender la herramienta, sino usarla. “Una cosa es verla y otra es llevarla a la práctica”, dice. Hoy Promtior tiene unas 70 personas y trabaja con compañías grandes en la región.

El enfoque, insiste, es bien directo. “Nosotros no hacemos la inteligencia artificial linda. Hacemos la que ahorra plata”.

Canal-Panama
Trabajadores del canal de Panamá durante un control de tráfico.

Trabajadores del canal de Panamá durante un control de tráfico.

El caso del canal de Panamá

Entre los proyectos que están realizando, hay algunos menos visibles pero más complejos. Uno de ellos es el del canal de Panamá. Ahí el problema no es solo eficiencia. Es memoria. “En el canal de Panamá tenés gente que lleva 30 años operando sistemas muy complejos y se está por jubilar. Ese conocimiento no está escrito en ningún lado”, explica. “No es un manual. Es experiencia”.

Lo que están haciendo es crear sistemas inteligentes que conversan con esos trabajadores mientras trabajan. Les hacen preguntas, registran respuestas, aprenden. “Es una forma de pasar lo que está en la cabeza de una persona a un sistema que después puede ayudar a otros”.

No es ciencia ficción. “Es más parecido a alguien que te va preguntando cómo hacés tu trabajo para que no se pierda cuando te vayas, y eso va a ser cada vez más común”, dice.

El impacto de la IA en el trabajo

En el medio aparece otro tema que genera ruido: el trabajo. Chinelli no lo esquiva, pero tampoco dramatiza. “Esto es como otras revoluciones. Va a haber un golpe. Pero la gente se adapta”.

Lo que sí cambia, según él, es la vara. “Antes con un curso corto podías entrar al mundo de la tecnología. Hoy no. Se volvió más exigente”. Dice que eso ya se ve en su propia empresa. La IA se encarga de muchas tareas básicas, y “eso hace que el valor esté en quienes tienen más formación y pueden usarla con criterio”.

También cambia la estructura dentro de las empresas. “Un buen desarrollador con inteligencia artificial hace el trabajo de varios. Entonces desaparecen capas. Menos mandos medios y más gente muy buena trabajando de forma más autónoma y en contacto directo con el negocio”.

Detrás de eso hay algo bastante concreto. Ya no es solo una persona trabajando sola, sino alguien apoyado en sistemas que lo ayudan a programar, probar y resolver problemas. “Cada desarrollador pasa a ser casi un equipo”, resume. Esa forma de trabajar, con “agentes” que hacen parte de las tareas, empuja hacia equipos más chicos y más especializados.

Aun así, dice que muchas empresas no están yendo a fondo. “No todos quieren aplicar toda la eficiencia. No todos quieren echar gente. Todavía hay una idea de empresa como grupo humano”.

Chinelli-Promptior
Joaquín Ávalos y Emiliano Chinelli crearon Promtior en 2023.

Joaquín Ávalos y Emiliano Chinelli crearon Promtior en 2023.

Uruguay juega bien, pero con un límite

Sobre Uruguay, Chinelli es optimista. Dice que hay una base que ya está jugando a favor. “Tenemos buena reputación. Cuando salís, te das cuenta. Vamos a otros países y nos reciben bien. Ya hay un camino hecho”, explica. Para él, eso no es casual. Tiene que ver con años de desarrollo en tecnología y con empresas que abrieron puertas afuera.

Lo vio de primera mano cuando estuvo por primera vez en Panamá. Viajaron con su socio, Joaquín Ávalos, para dar un taller y probar si había interés. La idea era quedarse unos días más para establecer contactos. “Se nos explotó la agenda”, cuenta. Terminaron sumando reuniones y armando un evento que también se llenó. “Hay una confianza en el talento uruguayo que juega a favor. Muchas veces ya arrancás un paso más adelante, no tenés que convencer tanto”.

Pero ese escenario tiene un límite. Chinelli marca un riesgo que no se ve tanto a simple vista. “Hoy dependemos de tecnología que no controlamos”, dice. Y pone una diferencia clara con lo que pasaba antes. “Una empresa podía desarrollar un sistema y, si quería, cambiarlo de servidor o traerlo al país sin demasiado problema”.

Con la IA eso cambia. El “cerebro” del sistema no está en la empresa, está en grandes modelos que se entrenan afuera y que cuestan millones. “No es algo que puedas copiar y traer. No lo podés instalar acá y listo”, explica. Eso hace que el acceso sea la clave. “Si no tenés acceso a esos modelos, directamente no podés competir. Te quedás afuera”.

A eso le suma otro problema, más silencioso pero igual de fuerte. “La brecha puede ser muy grande”, advierte. El acceso no es parejo. “El que empieza a usar estas herramientas hoy aprende rápido y gana ventaja. El que no, queda muy atrás”. Y no habla solo de técnicos. “Esto no es solo para programadores. Les pega a todos los trabajos”.

El rol del Estado

Sobre el rol del Estado, Chinelli baja la expectativa rápido. No cree que la regulación pueda seguirle el ritmo a lo que está pasando. “Esto va más rápido de lo que cualquier ley puede acompañar”, dice, y pone como ejemplo a Europa, que a su juicio quedó atrás en esta carrera.

Donde sí ve margen de acción es en otro lado. Primero, en la infraestructura. “Hoy dependemos de modelos que no controlamos, que están afuera y que son carísimos de construir”, explica. Antes una empresa podía mover sus sistemas de un servidor a otro. Ahora no. “Si te apagan esto, es como si te apagaran internet”. Por eso plantea que el país debería facilitar acceso a tecnología, a equipos y a condiciones para que estas herramientas también se puedan trabajar desde acá.

También cuestiona dónde se pone el foco en la discusión pública. “No es solo discutir si una empresa va a despedir gente. Eso va a pasar igual”, dice. Para él, el punto es otro. “El tema es si el país tiene acceso a esta tecnología o queda mirando de afuera”.