Embed - The Beatles - Now And Then (Official Music Video)
McCartney empleó IA en la producción de la canción Now and Then de los Beatles, editada a fines de 2023 y tocada por primera vez en vivo en Montevideo el año pasado, al aislar la interpretación vocal de John Lennon de una grabación de 1978. Sin embargo, este enfoque difiere del método empleado por las empresas de IA para entrenar sus grandes modelos de lenguaje (LLM), que a menudo recurren a ingentes cantidades de contenido protegido sin compensar a los autores.
Una ilustración clara son las últimas tres letras de ChatGPT, que corresponden a “Generative Pre-trained Transformer”. Estas palabras representan la esencia de su funcionalidad: la habilidad de generar material original al transformar elementos existentes de una extensa base de datos. Esta capacidad de procesar y reconfigurar big data imita habilidades humanas a una escala imposible para un individuo, permitiendo la generación de nuevos contenidos y aprendiendo constantemente en el proceso.
Artistas en alerta sobre la inteligencia artificial
El temor al potencial impacto en el bienestar de los artistas ha movilizado a figuras conocidas de la industria cultural. Robert Smith (The Cure), Björn Ulvaeus (ABBA), Julianne Moore, Kevin Bacon y Thom Yorke (Radiohead) son algunos de los más de 40.000 firmantes de una declaración que condena el uso no autorizado de sus obras para entrenar modelos de IA, calificándolo como “una amenaza grave e injusta”.
La declaración denuncia: “El uso sin licencia de obras creativas para entrenar una IA generativa es una amenaza importante e injusta para los medios de vida de las personas detrás de esas obras, y no debe permitirse”. Esta iniciativa ha recibido el respaldo de numerosos profesionales de la literatura, la música, el cine y la televisión, entre los que se encuentran destacados autores como Kazuo Ishiguro y Ann Patchett, así como reconocidas voces, como Kate Bush y Aurora, y más actores de renombre como Kit Harington, Hayley Atwell y Rosario Dawson.
En Estados Unidos, reconocidos autores como John Grisham, Jodi Picoult y George R. R. Martin se han unido en una demanda contra OpenAI, el desarrollador de ChatGPT, por presuntas violaciones a los derechos de autor. Al mismo tiempo, importantes sellos discográficos, como Sony Music, Universal Music Group y Warner, han declarado oficialmente la guerra a Suno y Udio, dos de los más prominentes desarrolladores de música mediante IA.
“Los servicios no autorizados como Suno y Udio, que afirman que es ‘justo’ apropiarse del trabajo de toda una vida de un artista y explotarlo en su propio beneficio sin consentimiento ni compensación, socavan la promesa de una inteligencia artificial verdaderamente innovadora para todos nosotros”, declaró Mitch Glazier, presidente y CEO de la Asociación de la Industria Discográfica de EE.UU. (RIAA), en un comunicado de prensa el pasado junio.
En agosto de 2024, se hizo pública una demanda colectiva de youtubers en California contra OpenAI por supuestamente utilizar sus videos para entrenar modelos de lenguaje de IA sin pasar por caja. Mientras que algunos editores, como News Corporation, Le Monde, Prisa Media (editora de El País de Madrid) y el Financial Times, han llegado a acuerdos de licencia con OpenAI, el New York Times optó por demandar a la empresa por violación de derechos de autor, alegando que sus chatbots se habían entrenado con millones de artículos del periódico sin autorización.
La nueva realidad de los creadores
La creciente tensión en torno a los derechos de autor y el uso de contenido protegido plantea serias dudas sobre la viabilidad de los modelos creativos actuales. Un reciente estudio global, publicado en diciembre, anticipa una transformación profunda en las industrias de la música y el audiovisual en los próximos cinco años. Según el informe de PMP Strategy para la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), la IA generativa beneficiará a las empresas tecnológicas, pero reducirá significativamente los ingresos de artistas y creadores de contenido.
El estudio concluye que, en el panorama normativo actual en muchos países, los creadores se ven amenazados en dos aspectos. Por un lado, el uso no autorizado de sus obras por modelos de IA generativos “disminuirá sus ingresos por derechos de autor”. Por otro, las oportunidades laborales “se verán amenazadas” a medida que los productos creados por IA “se vuelvan más competitivos” que las obras humanas.
El informe anticipa que, para 2028, la música generada por IA “representará aproximadamente el 20% de los ingresos” de las plataformas tradicionales de streaming y “alrededor del 60%” de los ingresos de las bibliotecas de música. Además, se estima que los desarrolladores y proveedores de IA en la industria musical “generarán 4.000 millones de euros, un aumento significativo respecto a los 100 millones de euros de 2023”. En el sector audiovisual, se espera que sus ingresos alcancen los 5.000 millones de euros en el mismo período.
Serán ingresos “derivados directamente de la reproducción sin licencia de las obras de los creadores, lo que representa una transferencia de valor económico de los creadores a las empresas de IA”, advierte el informe.
Ulvaeus, presidente de la Cisac, advirtió que la IA puede ofrecer oportunidades emocionantes para los creadores, pero también puede perjudicarlos “si no se regula adecuadamente”. Consideró el estudio como “una guía para los responsables políticos”, subrayando que “el futuro de la IA dependerá de las decisiones legislativas que protejan los derechos de los creadores y fomenten un entorno que respete la creatividad y la cultura”.
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Björn Ulvaeus, fundador del grupo ABBA y presidente de Cisac, habla sobre IA en un evento en 2023.
Deutsche Telekom
Desafíos de la inteligencia artificial en la cultura de Uruguay
El impacto y los desafíos que plantea la IA en las industrias creativas son temas de creciente preocupación a escala mundial. En Uruguay, se está llevando a cabo un debate sobre las posibles repercusiones de esta tecnología. Las discusiones se centran en cómo la IA podría transformar la creatividad y en la urgencia de establecer regulaciones que protejan a los creadores locales y su trabajo.
En noviembre pasado, el Sodre organizó un espacio de reflexión y diálogo sobre el futuro de la IA en el arte. Diego Drexler, compositor, músico y secretario general de Agadu, la asociación que gestiona los derechos de autor en Uruguay, participó en el evento y mencionó que en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) se está considerando la creación de “un nuevo derecho de remuneración, que se integrará con las máquinas”.
“Reconocieron que hay una utilización de obras para alimentar los programas de inteligencia artificial. Y está llevando a un punto en que todo lo que está en la web, para que no se dé lo que se llama el web scratching, que es esto de alimentarse de lo que está y copiarlo, ya las plataformas musicales, las plataformas audiovisuales o los sitios donde hay información empiezan a tener firewalls como protecciones para que no se pueda llevar información”, explicó Drexler.
Por su parte, el abogado y escritor Luis Fernando Iglesias contó una anécdota para ejemplificar el lugar que ocupa una obra realizada a través de la IA. La pregunta sobre quién es el autor de una obra creada por IA “evoca un caso similar al de una famosa foto tomada por una mona”. En este incidente, un fotógrafo colocó cámaras en la selva para capturar imágenes de una especie rara de simios. Una mona curiosa de nombre Naruto se tomó selfies, y una de esas fotos se convirtió en la portada de una revista. Cuando la foto se reprodujo, surgieron disputas sobre la autoría: el fotógrafo afirmaba que era suya, mientras que otros sostenían que la mona era la verdadera autora. El caso generó un juicio y, finalmente, se llegó a un acuerdo sobre las ganancias, aunque la mona nunca pudo ser considerada autora en el sentido legal, ya que carecía de conciencia. Este dilema se refleja en el debate actual sobre la IA. “Si la IA se considera simplemente una herramienta, la autoría queda en manos de los creadores humanos; sin embargo, si la IA se convierte en el protagonista y se la reconoce como creadora, se plantea la cuestión de si puede sustituir al ser humano en el proceso creativo”, advirtió Iglesias.
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Perifoneo del Sodre sobre los desafíos de la Inteligencia Artificial en la cultura uruguaya
Agadu
En noviembre de 2024, el gobierno uruguayo aprobó una estrategia nacional de IA para promover su desarrollo y uso “ético” en los sectores público y privado. Elaborada por la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic) con la colaboración de más de 300 actores de diversos sectores, incluido el cultural, la estrategia busca utilizar la IA como “herramienta para el desarrollo sostenible y el crecimiento económico inclusivo”.
Uno de los puntos centrales del análisis es la autoría en las creaciones de IA, en el que se discute si un sistema de IA puede ser nombrado como inventor o si es necesaria la intervención humana. Se plantea la interrogante de a quién atribuir la titularidad de los derechos: ¿al sistema de IA, a una persona física o jurídica, o considerar que la obra es de dominio público?
El informe también menciona que la nueva regulación de IA de la Unión Europea no aborda este tema.
Otro aspecto crucial es el uso de datos para el entrenamiento de modelos de IA, en el que se debe determinar si la normativa actual es suficiente o si se necesitan excepciones. Se plantea si el uso de datos protegidos por derechos de propiedad intelectual o información personal requiere excepciones especiales, como se ve en el proyecto de ley de IA de Brasil.
La normativa actual permite la inscripción de derechos por personas físicas o jurídicas, incluyendo al Estado. La legislación también considera obras anónimas, en las que el editor o empresario es el titular mientras el autor no se descubra. Sin embargo, no hay un consenso sobre la titularidad de los derechos de obras generadas por IA, lo que lleva a un cúmulo de propuestas y pronunciamientos diversos.
La Dirección Nacional de la Propiedad Industrial plantea en el informe que “el sistema de propiedad intelectual implica un mecanismo de incentivos para capturar valor, permitiendo a los creadores negociar y evitar el aprovechamiento indebido de sus creaciones”, sin embargo, “no es posible, en esta instancia, trasladar ese fundamento a las creaciones de la IA”.