Los agricultores uruguayos se aprestan a repetir el área de siembra de soja del año pasado, que se mantendría en los mayores niveles de la última década: 1,35 millones de hectáreas.
Los productores uruguayos se aprestan a repetir el área de siembra del año pasado, que se ubicaría en 1,35 millones de hectáreas; la producción brasileña se encamina a otro récord y llena el espacio de EE.UU. en China
Los agricultores uruguayos se aprestan a repetir el área de siembra de soja del año pasado, que se mantendría en los mayores niveles de la última década: 1,35 millones de hectáreas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl que por lejos es el principal cultivo en área sembrada de Uruguay está en un momento muy particular: con el precio en baja y en medio del fuego cruzado de la guerra comercial entre las dos principales economías del mundo.
Ante la incertidumbre que genera un mercado mundial saturado, y una guerra comercial entre Estados Unidos y China, los agricultores uruguayos han decidido repetir la apuesta: exactamente la misma área de siembra.
Por primera vez en décadas, a fines de octubre China todavía no ha comprado un solo kilo de soja estadounidense. Mientras las cosechadoras en Estados Unidos avanzan, los productores estadounidenses están cada vez más inquietos. Los silos se van llenando de granos y los compradores externos no aparecen, y en consecuencia la perspectiva de precios en Chicago se va haciendo cada vez menor.
El presidente estadounidense Donald Trump ha decidido sancionar a China, no comprando el aceite usado chino, que se usa para hacer biodiesel, pero que en tamaño comercial no se compara con el impacto que tiene el tácito boicot de China a la soja estadounidense. El problema es que el precio de la soja uruguaya se referencia a los precios declinantes de Chicago.
Semana tras semana los precios del mercado que Uruguay toma como referencia van retrocediendo de forma lenta, pero persistente. Eso se traslada a los precios esperables en Uruguay. Ante los aranceles y tarifas que impone Estados Unidos, por ejemplo, a los barcos de China que llegan a sus puertos, los asiáticos responden con indiferencia: no comprando.
Justo cuando las sembradoras salgan a las chacras en Uruguay, la guerra comercial entre China y Estados Unidos puede tener alguna novedad.
Se espera que el 1º de noviembre se reúnan los presidentes de las dos potencias en una actividad que se llevará adelante en Corea del Sur. Pero por el momento no aparece ninguna novedad que cambie un panorama de precios que mantienen un eje de US$ 350 por tonelada al productor uruguayo, muy alejado de los $500 por tonelada que hicieron brillar al negocio de la oleaginosa en el pasado.
Mientras tanto, en Estados Unidos los agricultores se ponen nerviosos y le piden a Donald Trump que restablezca el comercio, e ironizan con el “make China buy again” (hacer que China compre de nuevo, en inglés), como una parodia del eslogan de campaña del candidato republicano “make America great again” (hacer grande a Estados Unidos de nuevo).
Las cosechadoras avanzan con un mercado que está cada vez más saturado: el stock mundial de soja es récord, la producción de soja de Brasil supera sus récords un año tras otro y, por lo tanto, los precios tienen pocas razones para subir.
Cuando ya más de la mitad del área sojera está levantada, en el caso de Estados Unidos la producción sojera no se conoce en detalle, porque el gobierno de Estados Unidos está cerrado ante la falta de acuerdo presupuestal entre los partidos Republicano y Demócrata.
Si bien no hay estimación de cosecha en octubre, se cree que está muy cerca de 117 millones de toneladas, 2 millones de toneladas menos que el año pasado. De todos modos, es una producción importante, mayor a la de 2022 y 2023, por menos área. Ante la baja de precios, los productores de Estados Unidos sembraron más maíz y menos soja.
Brasil no frena su crecimiento de área y producción. El año pasado el mercado mundial tuvo que absorber una super cosecha de 169 millones de toneladas de soja brasileña. Y un récord absoluto tendrá que volver a absorber este año, serán más de 175 millones de toneladas, que es lo que se espera de la cosecha, según el último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés), publicado en setiembre.
La Compañía Nacional de Abastecimiento de Brasil (Conab) ubicó su primera estimación en 177,6 millones de toneladas, confirmando el crecimiento avasallante de la producción de soja en el país.
Ese volumen genera un saldo exportable que calza a la perfección con las necesidades de importación de China, en el eje de 112 millones de toneladas. Por lo tanto, solo la producción de Brasil alcanza para abastecer a China, que además compró mucha soja de Argentina. En los dos días en que el gobierno de Milei levantó las retenciones, China compró 17 barcos.
Los argentinos irán por una siembra similar a la del año pasado, con una producción proyectada cercana a 50 millones de toneladas, levemente inferior a la del año pasado. Una vez más, por la preferencia de los productores por apostar al maíz, pero de concretarse, también generaría un saldo exportable fuerte.
A pesar de no comprar en Estados Unidos, China está fuertemente abastecida, particularmente luego de fuertes compras a lo largo de todo este año, y especialmente en el pasado mes de setiembre. Y eso, en un mundo que tiene almacenado un volumen récord de soja, que es un preventivo contra cualquier recuperación de precios: 124 millones de toneladas de stock, cuando hasta el año 2022 el stock mundial se había mantenido por debajo de 100 millones.
Los precios no son un estímulo para que Uruguay repita la mayor área de soja en 10 años. La apuesta se renueva, en parte, porque se viene del rendimiento récord el año pasado, que acomodó los números y fue el motor del crecimiento exportador de Uruguay este año. Los productores mantienen una expectativa favorable en cuanto a repetir un buen resultado productivo.
En octubre ha llovido, y eso alimenta la ilusión de repetir el resultado del año pasado. Pero es una apuesta que no deja de tener un riesgo importante, con precios que se vienen ofreciendo entre US$ 350 y US$ 360 por tonelada. Esto obliga a repetir los altos rendimientos del año pasado, con una expectativa de precios que incluso puede ubicarse por debajo de los de la cosecha de 2024.
Los productores mantienen la apuesta por varias razones. La consolidación del doble cultivo y la articulación con los cultivos de invierno pesan más que los vaivenes de precios. El crecimiento de la superficie de cultivos de invierno, con más del doble de colza respecto a 2024, en esa lógica de dos cultivos al año, lleva a sostener el área sojera.
En las zonas agrícolas la ganadería pastoril no vuelve. Con estos precios del ganado una reconversión de ese tipo es extremadamente caro. Y a pesar del dólar estabilizado en $ 40, y de los bajos precios de trigo, cebada y soja, el sistema ha resistido por los altos rendimientos y el buen precio de la colza y la carinata.
Por otra parte, el costo de producción por hectárea en esta zafra tendrá una segunda baja consecutiva. Algo destacable en un país donde la impresión que tienen muchos agricultores es que los costos solo pueden subir.
De acuerdo a la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO), el costo de la siembra de 2023 fue estimado en US$ 692, el de la 2024 se ubicó en US$ 660 y el de esta siembra se ubicaría en US$ 637 por hectárea.
Esto, debido a una baja en los costos de semilla y de fertilizantes, una muy buena producción de semillas como de grano el año pasado, y una baja en el precio de los fertilizantes, luego de la disparada de precios en el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Con un costo moderado por hectárea, por ejemplo en relación al maíz, la soja sigue siendo el cultivo de preferencia en el ciclo estival uruguayo. Pero la creciente presión de la producción brasileña pone en jaque los márgenes que los productores puedan obtener.
La MTO proyecta el margen de la soja de este año en un nivel que se ubicaría cerca de la mitad del obtenido el año pasado, cuando el rendimiento fue excepcional y el precio presumiblemente resultará un poco menor al de la pasada cosecha. Así, el margen antes de pago de renta bajaría de US$ 388 de la zafra pasada a US$ 166 en la presente cosecha. Muy cercano al valor de una renta de 800 kilos de soja por hectárea.
¿Cuánto es capaz de resistir la soja uruguaya la presión de un mercado mundial muy abastecido, que redunda en bajos precios internacionales? Es una pregunta clave de mediano plazo. Lo que suceda con la geopolítica y el relacionamiento entre Estados Unidos y China, y cómo eso incide en el comercio internacional de este grano, van a ser determinantes de los resultados productivos.
Un acuerdo entre Trump y Xi Jinping, que devuelva las compras de China en Estados Unidos, puede alterar las estimaciones que se hagan al planificar la siembra.
Otro factor relevante será el climático. Algo que puede levantar el precio es la posible llegada de La Niña, afectando la producción de América del Sur. Pero La Niña es un arma de doble filo. Si golpea a los demás y levanta el precio puede ser de ayuda, pero si erosiona los rendimientos del cultivo en Uruguay determinará que la zafra termine con números negativos. Una combinación de bajos rendimientos y precios bajos significa un doble golpe.
En relación a los países vecinos, Uruguay tiene las ventajas de la diversificación productiva. El crecimiento del área de siembra de maíz, la diversificación de los cultivos de verano y la característica mixta de las empresas agrícolas, que en su mayoría son agrícola-ganaderas, con la producción de carne que les permite valorizar el grano, que le dan flexibilidad y resistencia, que es más inusual de lo que parece. Eso permite que, con tantos factores adversos, Uruguay mantenga su apuesta sojera.
Aunque China no compró ni un kilo de soja estadounidense hasta ahora, no significa que esté comprando poco, más bien lo contrario. Las importaciones de soja de China alcanzaron un récord en setiembre, con 12,9 millones de toneladas de soja recibidas por el país, según datos de la Administración General de Aduanas (GAC), publicados el pasado lunes 13.
Un analista chino afirmó que este sólido desempeño se debió a que la demanda china se mantuvo constante, y a que proveedores de soja, como Brasil, incrementaron su suministro en medio de las crecientes tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, que tradicionalmente ha sido una fuente clave de importación.
Las importaciones totales en los primeros nueve meses del año se situaron en 86,18 millones de toneladas, 5,3% más interanual, según los datos. Los envíos de setiembre se acercaron al nivel mensual más alto registrado en mayo, según Bloomberg.
Los datos comerciales de setiembre también destacaron el fortalecimiento de los lazos comerciales entre China y los países latinoamericanos, en medio de los desafíos comerciales globales y las presiones arancelarias, según una fuente del sector.
Las empresas chinas han incrementado sus compras de soja a medida que enfrentan el impacto de las crecientes tensiones comerciales entre China y Estados Unidos con una estrategia de diversificación, al Global Times Ma Wenfeng, analista senior de Beijing Orient Agribusiness Consultancy.
“Sin embargo, la robusta oferta ha demostrado que los países latinoamericanos tienen un gran potencial para abastecer de soja a China. Se estima que solo Brasil puede suministrar más de 100 millones de toneladas de soja a compradores extranjeros, ya que el país cuenta con excelentes condiciones para la producción de soja y ha estado incrementando la producción en los últimos años”, afirmó Ma.
De enero a octubre, se espera que Brasil exporte alrededor de 102 millones de toneladas métricas de soja, superando el récord de 101 millones establecido en 2023, según datos publicados por la Asociación Nacional de Exportadores de Granos de Brasil (ANEC) el 8 de octubre.