Múltiples consecuencias
Las consecuencias económicas del conflicto son significativas. Para la empresa implica menos litros procesados, interrupciones en la producción y pérdida de cuota de mercado en las góndolas. Para los trabajadores implican reducción de ingresos por menor cantidad de horas trabajadas. Para los productores la imposibilidad de vender parte de su producción. Y para los distribuidores menor disponibilidad de productos para abastecer a los comercios que llegan al consumidor final.
En paralelo, la competencia aprovecha esos espacios que deja Conaprole. “Cada vez que falta un producto nuestro en la góndola, lo ocupa Lactalis, Danone o alguna otra multinacional, que importan libremente. Eso no le sirve ni a la industria nacional ni al país”, advirtió el director de Conaprole, Daniel Laborde.
El dolor de volcar leche
La semana pasada circularon videos de productores que debieron desbordar tanques por la imposibilidad de almacenar más leche, debido a las demoras en la recolección.
El presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL), Álvaro Quintans, afirmó que esta situación “nos duele mucho”. Agregó que “nadie quiere tirar un litro de leche”, porque “es el fruto de un trabajo cotidiano y exigente”. Y aseguró que los productores “esperaron todo lo que pudieron, y la situación se volvió insostenible”.
“Nunca habíamos estado 20 días sin poder cargar mercadería de forma normal”, remarcó la referente de los distribuidores, Natalia Pena
Quintans recordó que, si bien la historia de la industria láctea uruguaya está marcada por conflictos laborales, pocas veces se había llegado a un escenario de tal magnitud, con la afectación directa de un alimento perecedero y de la rutina productiva de más de 1.400 tambos que remiten diariamente a la cooperativa. “Las relaciones laborales modernas deberían encontrar otros caminos”, remarcó.
Se asegura que quienes más sufren los efectos del conflicto son los productores. Las gremiales lecheras respaldaron la decisión del cierre de la planta de Rivera y sostuvieron que ese fue un acto de responsabilidad. “Siempre se pensó en contemplar a los trabajadores, pero el sistema no soporta más pérdidas. El campo no puede seguir pagando los platos rotos”, enfatizó Quintans.
Leche y suero al desagüe
Además de la leche que los productores debieron volcar, Conaprole confirmó que la semana pasada debió descartar 28.000 litros de suero de manteca que, al no ser procesados en tiempo y forma por las medidas sindicales, perdieron condiciones de exportación.
Al producir manteca, se genera suero como subproducto. En condiciones normales se seca y se exporta, pero cuando se acumula demasiado y no se procesa a tiempo, pierde calidad. “No podemos arriesgar la marca Conaprole colocando en el exterior un producto que no cumple parámetros, entonces hay que tirarlo”, explicó una fuente de la empresa.
El dato se suma a un cuadro más amplio: la cooperativa genera una buena facturación por el mercado interno. “Cada día de conflicto pone en riesgo esa facturación y compromete la eficiencia de una empresa que debe competir en 70 mercados internacionales con gigantes como Danone, Lactalis o Parmalat”, advirtió la fuente.
Cierre adelantado
Lo que hasta hace unos meses era una negociación difícil entre Conaprole, el sindicato y el Ministerio de Trabajo, derivó en un desenlace abrupto: el cierre inmediato de la planta 14 en Rivera, previsto originalmente para el 31 de octubre, pero adelantado por decisión de la Asamblea de los 29 —máximo órgano de gobierno de la cooperativa, integrado por representantes de los remitentes—, que el pasado martes 19 resolvió –por unanimidad– respaldar al directorio.
La medida, ejecutada el miércoles 20 a la hora 16, dejó en seguro de paro a los trabajadores del establecimiento y obligó a reorganizar la logística de recolección y procesamiento de la leche remitida en el norte. Al mismo tiempo, reflejó un conflicto sindical que se intensificó con paros, trabajo a reglamento y negativa a aceptar propuestas de transición, y que ahora abre interrogantes sobre el futuro de las relaciones laborales en la mayor industria láctea del país.
Conaprole asegura que cada vez que intenta introducir tecnología o cerrar una planta ineficiente el sindicato se opone y se declara en conflicto
Planta económicamente inviable
La decisión de cerrar la planta de Rivera no tomó por sorpresa a nadie en el sector. Desde hace meses el directorio de Conaprole venía advirtiendo que la planta era económicamente inviable y que su continuidad generaba pérdidas estructurales. Según explicó Laborde, desde abril la empresa mantenía contactos con el Poder Ejecutivo, el Ministerio de Trabajo (MTSS) y el sindicato de la Asociación de Obreros y Empleados de Conaprole (AOEC) para diseñar un esquema de salida que contemplara a los trabajadores.
Las propuestas incluyeron seguros de paro extendidos, compensaciones especiales y retiros incentivados. “Siempre trabajamos con responsabilidad, buscando que nadie quedara sin alternativas”, sostuvo el director de la cooperativa. A cambio, Conaprole solicitó paz sindical y la posibilidad de poner en funcionamiento tecnologías ya instaladas que permanecían ociosas por la negativa gremial.
Pero la respuesta de la AOEC fue siempre la misma: un no rotundo. Durante los últimos dos meses la planta funcionó con paros intermitentes, reglamentación estricta del trabajo y negativa a realizar horas extras, lo que deterioró aún más la operativa. “Era un diálogo de sordos: de un lado hacíamos propuestas, y del otro solo recibíamos paros”, resumió Laborde.
Frente a la falta de acuerdo, el directorio entendió que prolongar el proceso hasta octubre solo agravaría las pérdidas. La Asamblea de los 29 avaló el adelanto del cierre, decisión que contó con el respaldo inmediato de 11 gremiales lecheras.
Recolección y trabajadores
Los 13 productores de leche del norte que remitían su producción a la planta de Rivera vieron alterada su logística. Sin embargo, Conaprole garantizó que toda la leche será recogida y procesada en Florida y Rodríguez. “Los productores pueden estar tranquilos que la recolección no está en discusión”, afirmó Laborde.
En cuanto a los empleados de la planta 14, desde el cierre están en seguro de paro. La empresa mantiene la intención de reubicarlos en otras plantas, al tiempo que dejó en claro que la reapertura de Rivera no está sobre la mesa. “Hoy por hoy esa opción ya no existe”, enfatizó el director.
Lo que queda por delante
Con la planta de Rivera cerrada y los trabajadores en seguro de paro, el futuro inmediato dependerá de dos variables: el tono que adopte el sindicato en las próximas semanas y la capacidad de Conaprole de reubicar al personal.
Más allá del episodio puntual de Rivera, el conflicto revela tensiones estructurales en la industria. Desde el directorio de Conaprole aseguran que cada vez que la empresa intenta introducir tecnología o cerrar una planta ineficiente, el sindicato se opone y la situación deriva en conflicto.
La falta de poder de negociación de los productores frente a la capacidad de presión sindical es una debilidad histórica, ya que el tambero no puede dejar de ordeñar y el producto se pierde.
Una producción en expansión
El trasfondo del conflicto es aún más paradójico cuando se observa la coyuntura productiva. Luego de tres años de sequía, que generaron endeudamiento en el sector, 2025 está mostrando señales de recuperación. Conaprole recibe entre 16% y 17% más de leche que el año pasado y alcanzó 1.517 millones de litros de remisión, superando el presupuesto anual de 1.480 millones.
El clima favorable permitió una excelente preñez en los rodeos y un fuerte crecimiento en la producción de las vacas, especialmente en la entrada de la primavera. Además, la cooperativa ya vendió una parte importante de la producción de primavera en los mercados internacionales, lo que permite sostener un precio de la leche atractivo para los productores. “La relación entre el precio de la leche y el costo del concentrado es buena. Este clima y nivel de precios, son muy positivos para los tamberos”, sostuvo Laborde.