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    Director de Recursos Naturales sostiene que “la base de la competitividad” ganadera “es el campo natural”

    El 2026 será el Año Internacional de los Pastizales y Pastores; se declaró de Interés Nacional la promoción, difusión y estímulo a las actividades agropecuarias sobre ese recurso; y trabajan en políticas de incentivo de su preservación

    Redactor Agro de Búsqueda

    “La base de la competitividad de nuestra ganadería, se da porque la podemos desarrollar sobre el campo natural”, sostuvo el director de Recursos Naturales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Gustavo Garibotto. El ingeniero agrónomo puso en tela de juicio la “creencia” de que el campo natural no es competitivo frente a otros recursos productivos, como los mejoramientos de pasturas o la agricultura.

    El jerarca afirmó que “si tuviéramos que hacer la cría en pasturas no sería competitiva”. Aseguró que “lo que le da competitividad a la ganadería, tomada como un todo, es nuestra base pastoril”. Aunque luego puede tener una fase de pasturas mejoradas, de suplementación y todo lo que pueda formar parte del sistema, explicó.

    El pasado 2 de diciembre, en la sede central de la FAO, en Roma, Italia, se realizó el lanzamiento oficial del Año Internacional de los Pastizales y Pastores que se celebrará en 2026, con la copresidencia de Uruguay y Mongolia, dos de los principales países de base pastoril que quedan en el mundo.

    Luego de participar de esta actividad, Garibotto comentó a Agro de Búsqueda que Uruguay “es el principal ejemplo de pastizales templados que todavía quedan relativamente bien conservados y con una proporción importante del territorio nacional ocupado por esos pastizales”.

    El rol de Uruguay

    En este marco Uruguay asumió dos niveles de responsabilidades. Por un lado, las acciones de celebración en el marco de este año internacional, organizando y participando de actividades nacionales e internacionales vinculadas con esta temática.

    Y también se ponen en marcha políticas relacionadas con poner en valor el campo natural uruguayo. “Se trata de un reconocimiento a ese bioma, que además de ser la base de la ganadería, genera una multiplicidad de otros beneficios que son para toda la sociedad”, destacó Garibotto.

    A propósito, mencionó la Declaración de Interés Nacional la promoción, difusión y estímulo a las actividades agropecuarias sobre campo natural, incluida en la Ley de Presupuesto, donde además se encomienda al MGAP la elaboración de un de un plan de desarrollo de un Observatorio Nacional del Campo Natural.

    Más producción a un menor costo

    Garibotto recordó que en julio se realizó en el Palacio Legislativo, previo al inicio del programa estatal Procría, la actividad titulada Ganadería de cría: experiencias e innovación para una política pública transformadora. Donde participaron académicos con información de los últimos 25 años, incluyendo proyectos de investigación y validación de tecnologías.

    “Lo que queda muy claro es que hay una ruta de cambio técnico sobre el campo natural, y que tiene un potencial enorme de crecimiento. Me refiero a mayor productividad y menores costos”, destacó el director de Recursos Naturales.

    En base a tecnologías de procesos, que son de costo bajo o nulo, “hay un muy ancho camino todavía para recorrer, para mejorar la productividad, sin aumentar los costos, y mejorar la rentabilidad o el ingreso de los productores en base a campo natural”, aseguró.

    Señaló un abanico de alternativas productivas, dependiendo de las características del sistema y sus combinaciones: qué tipo de campo natural tiene, qué tipo de productor es, su orientación productiva, si es solo criador, si tiene ciclo incompleto, ciclo completo, si incluye la producción ovina o no.

    “Eso está muy claramente documentado por toda la academia y la extensión. Hay información de tres décadas. Ahí hay una muy buena hoja de ruta para avanzar, cuidando el recurso y dándole mayor competitividad a nuestra ganadería, porteras adentro, sin aquellas acciones que como productores o técnicos podemos gestionar y manejar directamente”, consideró.

    Destacó que “lo más interesante de la información” es que “sin necesidad de agregado de insumos es posible aumentar –y mucho– la productividad, y sobre todo el resultado económico”. Porque “cuando tenés un aumento de productividad, sin un aumento proporcional de costos, lo que tenés es mejor resultado económico, esa es la clave”, afirmó Garibotto.

    E insistió en que “para nosotros es importantísimo el aumento de productividad con costos controlados, porque eso tiene un impacto exponencial sobre el resultado económico”.

    Incentivos

    Consultado sobre si se piensan generar incentivos para la preservación del campo natural, Garibotto respondió que ya se puso en marcha el programa Procría (ver página 11), que “no es un incentivo económico, fiscal, como a primera instancia uno imagina”, sino que es un incentivo “desde el punto de vista técnico”.

    Se trata de una asistencia técnica permanente a productores, que gestionan entre 400.000 y 500.000 hectáreas.

    También se refirió a algunos beneficios de tipo fiscal, vinculados al Imeba, que no son directamente para el campo natural, pero “la inmensa mayoría de nuestros productores son ganaderos, y desarrollan su ganadería sobre campo natural, por lo tanto están incluidos, y eso redunda en un mejor desempeño y cuidado del campo natural”, consideró.

    Y además señaló que, “para aquellos productores que tributan por IRAE, en el marco de la Comap se está trabajando, y entiendo ya es inminente que esté pronto a comunicarse, lo que podría denominarse un Comap Cría, que le va a dar beneficios fiscales que da la Comap para inversiones, buscando incentivar a la cría vacuna y ovina”.

    Explicó que en la Comap hay proyectos que suman más puntos cuando una inversión genera más mano de obra, por ejemplo. “En estos Comap Cría, aquellos productores que se comprometan a conservar su campo natural van a tener un puntaje adicional”, resaltó.

    Destacó que “es tremendamente importante desde el punto de vista simbólico empezar a incorporar este tipo de definiciones, que en proyectos de inversión se consideren aspectos de biodiversidad, de conservación de la naturaleza, y que eso se comience a valorar. Porque es estratégico para el país, y porque son señales claras de que hacia eso va el mundo, y se valora”.

    Sistemas silvopastoriles

    Por otra parte, Garibotto se refirió a acciones que “ya hemos comenzado a hacer, como por ejemplo una resolución que define y promueve los sistemas silvopastoriles, con la idea de poder incorporar árboles a los sistemas ganaderos, sin cambio del uso del suelo”.

    Agregó que eso implica “poder conciliar de manera inteligente el árbol con la ganadería, y que eso lo puede hacer el propio productor ganadero, de manera directa”. Eso implica maximizar la cantidad de árboles que se puedan plantar, pero que no vaya en detrimento del campo natural y del uso pastoril de ese suelo.

    “Implica una determinada cantidad de árboles por hectárea, un diseño que asegura el buen crecimiento de esos árboles, porque tienen un fin productivo, pero que a su vez, en base a información sólida, técnica, académica, científica, brinde la seguridad de que el sombreado de esos árboles no atente contra la productividad del campo natural”, detalló.

    El director de Recursos Naturales aseguró que “no solo no atenta, sino que en algunos casos incluso puede hasta estimular el mejor crecimiento de esa pastura, por un efecto de protección, de sombreado en verano o de protección del frío en invierno; lo mismo con los animales”.

    Consideró que ese es un ejemplo de cómo “conciliar esos dos mundos, de una manera particular, permitiendo agregarle a la actividad ganadera tradicional una actividad económica de mediano o largo plazo, que es la incorporación de árboles para madera calidad”.

    Pérdida de campo natural

    El MGAP estima que en los últimos 25 o 30 años hubo una pérdida “muy importante” del área de campo natural. Garibotto indicó que “hasta hace no mucho, hace dos décadas, estábamos con 75% u 80% de campo natural, y hoy apenas si superamos el 50%”.

    Analizó que, en términos históricos, “es una reducción muy grande, un cambio de uso del suelo muy importante”, y eso “tiene efectos de mediano, corto y largo plazo, algunos positivos y otros negativos”.

    Enfatizó que Uruguay “es un país que vive del campo natural, como base de la competitividad de un rubro que históricamente ha sido el más importante, la carne bovina, que probablemente este año logre el récord histórico en resultado económico”.

    Sin embargo, “increíblemente Uruguay no cuenta con un sistema único, claro y establecido efectivamente” para definir cuánto campo natural tiene, reconoció.

    “No importa solo la pérdida de cantidad de campo natural, sino también, y eso es todavía más difícil de tenerlo a nivel nacional, cómo es la calidad de ese campo natural que está quedando”, dijo.

    A propósito, señaló que no es lo mismo un campo natural bien cuidado que uno degradado por sobrepastoreo o por quemas excesivas.

    Quema y fertilización

    La costumbre de la quema “no es ni buena ni mala, es como el antibiótico, no es ni bueno ni malo, depende el caso y el criterio”, consideró el director de Recursos Naturales.

    Agregó que es como las prácticas de fertilización de campo natural sin un criterio lógico, técnico y comprendiendo bien qué es lo que se busca. Y advirtió que puede derivar en un sistema que se desequilibra, o que favorece la incorporación de especies exóticas invasoras, que “es otro enorme capítulo que tenemos”.

    Capim-annoni

    El avance de las especies exóticas invasoras es “un drama nacional”, subrayó Garibotto. “El capim-annoni es una de las espadas de Damocles que tiene nuestro sistema de campo natural y la agropecuaria en general”, remarcó.

    Se trata de una especie invasora que “realmente hace estragos”, y ya no está solo en el norte de Uruguay sino que se la encuentra en muchos puntos del país, “hasta en Colonia”, confirmó.

    Enfatizó que se trata de una problemática “de una gravedad enorme”. “No quiero ser alarmista, pero a cualquiera que cruce la frontera con Brasil y vea lo que es alguna zona Río Grande del Sur tomada por el capim le da ganas de llorar”, comentó.

    El jerarca lamentó que el último mapeo es de hace seis o siete años. Pero “quienes andamos, lo vemos y lo conocemos sabemos que ha ido avanzando”, dijo.

    Si bien destacó que “se ha hecho mucho en el país para controlar ese avance, y si no se hubiera hecho estaríamos en una situación mucho peor, lo cierto es que todo lo hecho no ha sido suficiente”, y “hay que darle una vueltita de tuerca y ver qué más podemos hacer”.

    Sostuvo que técnicamente “sabemos qué hay que hacer y cómo, pero estas cuestiones involucran a los públicos y a los privados”. En el caso del sector público involucra a al gobierno nacional, a los departamentales y a las alcaldías. Porque la vía de entrada del campim es por las rutas, luego por los caminos departamentales y después por los caminos vecinales.

    “Es un desafío muy complejo, que no admite soluciones sencillas, y exige tener una mirada integral. Lamentablemente no se tiene mucha conciencia, y eso también es justo decirlo”, concluyó sobre ese asunto.

    El campo natural vuelve

    Consultado sobre la recuperación del campo natural después de la siembra de pasturas o cultivos, Garibotto respondió que “el campo vuelve, afortunadamente, aunque no en la misma velocidad en la que se pierde; va a volver en algunos años, dependiendo de cuál fue el cambio de uso del suelo y por cuánto tiempo”.

    También puntualizó que hablar de campo natural “no es hablar en contra de otra producción o usos del suelo. A veces se transforma en una cuestión de Nacional-Peñarol. Pero dicho esto, tampoco es que todo sirve, todo suma, todo se puede hacer”.

    Planteó que “hay que tener un criterio lógico, que evalúe no solo el resultado económico inmediato, sino también el resultado económico de largo plazo”, así como “otras externalidades, tanto positivas como negativas que pueden tener ciertas prácticas productivas”.

    Advirtió que se puede tener un buen resultado económico en un ejercicio, haciendo determinadas prácticas, en ganadería, agricultura, forestación o en lechería, pero la sustentabilidad del sistema en el mediano plazo se compromete.

    “Quienes estamos en los lugares donde se toman las decisiones, como es circunstancialmente mi caso, debemos contribuir a generar políticas públicas. No podemos apoyar eso, porque no podés hipotecar la producción y la salud futura por un resultado económico inmediato”, enfatizó.

    Integración de otras especies

    A propósito de la integración de otras especies al campo natural, como el raigrás, festuca o trébol, por ejemplo, el director de Recursos Naturales del MGAP dijo: “no soy para nada fundamentalista en esas cosas”.

    Agregó que “lo que importa son los niveles jerárquicos o concéntricos de preservación del recurso”. Explicó que un campo natural degradado, sobrepastoreado o quemado, durante muchísimo tiempo, dista de ser el campo natural que originalmente fue. “Ese campo natural precisa ayuda para recuperar su productividad sin hacer necesariamente un cambio en uso del suelo”, indicó.

    Por lo tanto, la incorporación de especies que no sean de campo natural “tiene mucho sentido en esquemas de ese tipo”, reconoció. También dijo que “lo importante es entender cuál es la mejor especie que puedo agregar para ese campo, para su situación, y sobre todo para mi sistema de producción”.

    El director de Recursos Naturales planteó que “siempre conviene ir hacia especies de tipo permanente, no anuales”. “Hay que tratar de evitar la anualización de los sistemas productivos, e ir más a la perennización, y entender que es una cuestión de tiempo, no logro de un año para el otro”, comentó.

    Definición de campo natural

    Para Garibotto se pueden pensar en definiciones burocráticas, institucionales, de qué se considera campo natural y cuándo deja de serlo. “Esas son definiciones administrativas, pero conceptualmente ninguno de nosotros está pensando en ir por prohibiciones o por cuestiones de mirar dos lugares después de la coma para ver si tiene más o menos raigrás, festuca o trébol blanco”, aseguró.

    Insistió en que lo importante es comprender conceptualmente que el campo natural “es nuestro único bioma, es la base de la competitividad de nuestra principal actividad en cuanto a cantidad de productores o superficie del país, y actividad económica, que es la ganadería”.

    Y sostuvo que “gracias al campo natural tenemos fertilidad en los suelos, inclusive en los suelos que no son destinados a campo natural”. Afirmó que la fertilidad de los campos agrícolas “es porque tuvieron campos naturales”.

    Fundamentó que el hecho de que un predio haya tenido campo natural “permitió el asiento de la diversidad, permite que tengamos agua pura, permite secuestro de carbono, es un bien, un patrimonio que hay que cuidarlo, como Brasil debe cuidar la selva amazónica”.

    Planteó proponer esquemas de producción que permitan que la familia rural pueda seguir en el campo, que le mejore el ingreso y que pueda ser un custodio de ese recurso, que “es valiosísimo para toda la sociedad”.

    Además, valoró que “tenemos la gran ventaja de saber que el mundo quiere las carnes criadas a pastizales, le da valor a la conservación de los recursos, a la biodiversidad y está dispuesto a pagar por un sistema de producción que respeta eso”.

    A propósito, destacó que “se junta lo útil con lo agradable” y “tenemos todo para poder destacarnos como país; nunca nos vamos a destacar por volumen, pero sí por calidad del producto”.

    “La carne de origen pastoril es la más sana del mundo, y además la calidad del proceso productivo, que es lo que el mundo requiere, premia y valora. Y eso, lejos de ir para atrás, va a ir cada vez más hacia adelante”, finalizó.

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