Cuando se habla de ganadería sostenible “no se identifica un lenguaje común” en la región, es “limitada” la implementación y evaluación de políticas públicas para fomentar este tipo de producción y la viabilidad económica es un tema “crítico”.
“Los nuevos hábitos de consumo” y “el aumento de las preocupaciones éticas y medioambientales urgen sistemas de producción de alimentos más sostenibles”, según informe del BID y el IICA
Cuando se habla de ganadería sostenible “no se identifica un lenguaje común” en la región, es “limitada” la implementación y evaluación de políticas públicas para fomentar este tipo de producción y la viabilidad económica es un tema “crítico”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstas son algunas de las principales conclusiones del trabajo titulado Construyendo un enfoque regional de ganadería bovina sostenible: una primera experiencia en el Cono Sur y Bolivia, publicado en junio de este año.

Indica que además a nivel regional es “incipiente” el desarrollo de las agendas de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) en agua y biodiversidad, hay “barreras político-institucionales” y “debilidad” de los sistemas estadísticos, especialmente en la medición del impacto ambiental de la ganadería sostenible.
Se trata de un informe realizado en colaboración entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que involucró consultas con más de 200 referentes de ganadería sostenible de los países que integran el Consejo Agropecuario del Sur (CAS).
El trabajo fue coordinado por Gonzalo Muñoz (BID) y Diego Gauna (consultor IICA-BID), y contó con la participación de los consultores Fabio Montossi, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), y Cecilia Jones, del IICA.
El sector privado avanzó en la medición de la sostenibilidad mediante la utilización de “mecanismos de autoevaluación”, valora.
Señala que las mesas instaladas sobre este asunto, que nuclean al sector privado o público-privado, se nutren de estos mecanismos para analizar la sostenibilidad de la ganadería, con “las dificultades y los sesgos” que eso implica.
Hay una “gran oportunidad” para fortalecer la articulación entre el ecosistema científico regional y los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero (Ingei), reconoce.
El informe se realizó en el primer año de implementación de la Plataforma de Ganadería Bovina Sostenible de las Américas, focalizado en la ganadería bovina para carne en los países que integran el CAS.
Las naciones integrantes de esa instancia, que son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, concentran el 38,5% de las exportaciones mundiales de carne bovina, el 27,5% del stock bovino mundial y el 25,2% de la producción mundial de carne bovina, señala el informe, a modo de argumento sobre la importancia del tema.
Los asuntos priorizados en este trabajo fueron: la búsqueda de un marco conceptual y una definición del concepto de ganadería sostenible, acordado entre los países de la región; el mapeo de iniciativas de ganadería sostenible, incluyendo políticas públicas y acciones motorizadas por el sector privado.
También incluye el estado del arte y la identificación de brechas y demandas en ciencia y tecnología en cuatro tópicos priorizados regionalmente (balance de carbono, balance hídrico, biodiversidad y bienestar animal); la construcción de un marco de indicadores para evaluar la sostenibilidad de la ganadería regional a través del tiempo; y, finalmente, la relación existente entre el ecosistema científico-tecnológico regional.
La demanda de proteínas animales va en aumento y se espera que se duplique de aquí a 2050, lo que se traduce en una “presión creciente sobre los sistemas de producción animal”, según el informe en cuestión.
Sostiene que “los nuevos hábitos de consumo” y “el aumento de las preocupaciones éticas y medioambientales urgen sistemas de producción de alimentos más sostenibles”, que “salvaguarden” la resiliencia de los ecosistemas, el bienestar de los animales y los medios de vida de las poblaciones.
En los intercambios con diversos actores involucrados en el tema, los autores señalan que se evidencia que el término “ganadería sostenible” tiene “múltiples” significados en la región. Refiere a ganadería climáticamente inteligente, de conservación, regenerativa, con manejo integrado de bosques, entre otros usos.
Esa diversidad de términos refleja la “riqueza y variedad” de enfoques en la región; sin embargo, puede “dificultar la implementación de políticas y prácticas coherentes” a nivel regional, advierten. Plantean que resulta “esencial” continuar trabajando para fortalecer un “lenguaje y criterios comunes” para la ganadería sostenible en la región, y facilitar así la colaboración y el desarrollo de “políticas efectivas”, que promuevan prácticas sostenibles en el sector ganadero.
La experiencia de la plataforma es “solo un primer paso” en ese sentido, en el que se propone un marco conceptual y una definición suficientemente general, que abarca la diversidad de biomas, de sistemas de producción y de condiciones sociales que atraviesan los territorios rurales de la región, puntualizan.
Indican cómo utilizar ese marco conceptual general para “construir una estrategia regional, nacional y/o subnacional de intervención”, un tema que se recomienda sea abordado en las próximas etapas.
“En todas las discusiones el componente socioeconómico es crucial para un enfoque integral de ganadería sostenible”, destacan.
Los consultores sostienen que en varias regiones la actividad ganadera presenta niveles “históricamente bajos de rentabilidad y productividad”, y enfrenta “desafíos” como la “falta de relevo generacional”, el “nivel de instrucción y capacitación del capital humano”, y el “avance de la agricultura cerealera”.
En este contexto, según el informe, aparece como “relevante cerrar brechas tecnológicas” y “fomentar la adopción de nuevas tecnologías” en un proceso de coinnovación entre los diferentes actores involucrados.
Otra de las reflexiones finales del trabajo es que “predomina la agenda climática global en la dimensión ambiental regional”.
Es “importante fortalecer equipos e investigaciones” en este ámbito, especialmente mediante proyectos de I+D+i a largo plazo, con el objetivo de validar y potencializar prácticas para una ganadería más sostenible y resiliente al cambio climático, recomienda el documento del BID e IICA.
Además, considera que “si bien las agendas hídrica y de biodiversidad están presentes en el ecosistema científico-regional, las brechas de conocimiento son aún significativas”.
Y “son escasas las investigaciones que vinculan la agenda climática con las de la biodiversidad, el agua y el suelo”, afirma.
Por lo que sugiere una “estrategia para potenciar y redirigir recursos de investigación y desarrollo” hacia estudios con un “enfoque sistémico y de mediano a largo plazo”.
La investigación realizada encontró en la región “escasos ejemplos de políticas públicas” sobre ganadería sostenible en la región del CAS, que hayan sido “implementadas, monitoreadas y evaluadas de manera sistemática” en el tiempo.
La “debilidad de las políticas públicas efectivas y evaluadas funciona como una restricción a la promoción de prácticas sostenibles y a la mejora de la productividad” en el sector ganadero, lo que “perpetúa problemas ambientales y socioeconómicos”, se advierte en el informe.
Plantea que “la construcción de un marco de indicadores a nivel macrorregional y el establecimiento de metas cuantitativas es una agenda pendiente”.
“No existe actualmente implementado en los países del CAS un marco de indicadores, de nivel macro, que permita evaluar la sostenibilidad de la ganadería a lo largo del tiempo”, sostiene el documento.
Apunta que “algunos países han desarrollado propuestas en etapa de validación, mientras que en otros los marcos se discontinuaron”.
Otro aspecto considerado es que “no se han establecido metas cuantitativas claras y consistentes para guiar la transición hacia una ganadería más sostenible”.
“Sin indicadores sólidos y metas definidas, resulta difícil monitorear avances y diseñar políticas efectivas para el desarrollo sostenible del sector”, señala el documento.
Resalta que “la elaboración de indicadores prediales basados en evidencia científica es una de las principales demandas del sector privado”.
De los intercambios realizados, el informe destaca que el sector privado (empresas, mesas, asociaciones técnicas) demanda una “intervención más activa” del ecosistema científico agropecuario, público o público-privado, en todo lo referido a la elaboración de indicadores prediales con base científica, cuyos resultados puedan ser luego capitalizados por las empresas en el mercado.
Estos indicadores son “intensivos en recursos”: su creación y su análisis requieren inversiones “significativas” y personal “altamente” especializado, indica el estudio.
Para los autores, la medición de la sostenibilidad implica la “valoración cuantitativa del impacto ambiental” de las actividades ganaderas, utilizando métricas como indicadores, auditorías y sistemas de certificación.
En ese sentido, el informe plantea que “es esencial la colaboración estrecha entre el sector privado y la comunidad científica”. “Fortalecer estas alianzas permitirá a las empresas mejorar sus prácticas ambientales” y “obtener beneficios económicos” al acceder a mercados que valoran la sostenibilidad, argumenta.
Sugiere, además, que es “necesario avanzar en una estrategia de comunicación regional” para “fortalecer la defensa y proyección” de la ganadería sostenible en el ámbito internacional.
Tanto el sector público como el privado reconocen la importancia de una “acción conjunta para responder a los desafíos externos” que enfrenta la ganadería de la región, plantea.
Pero, según el informe, “hasta ahora los esfuerzos han sido aislados y se limitaron a iniciativas individuales” de algunos países o actores. Para tener un “impacto real” en los foros y espacios internacionales, se aconseja “diseñar y ejecutar una estrategia de comunicación clara y proactiva”, que represente los intereses del país y del sector.
Al identificar la “priorización de áreas de mejora” en datos de actividad de bovinos para carne, en el caso de Uruguay se destaca el objetivo de “disponer de datos de actividad de animales en confinamiento (corral o feedlot)”, según el informe Construyendo un enfoque regional de ganadería bovina sostenible: una primera experiencia en el Cono Sur y Bolivia, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
Señala que para alcanzar ese propósito se prevé “registrar los animales en confinamiento, utilizando sistemas de declaración jurada de los productores” ganaderos uruguayos.
Una “mejor caracterización de los sistemas productivos, en sus diferentes escalas (predial, de cuenca, sectorial y otros) y orientación (por ejemplo, diferenciar animales provenientes de sistemas productivos de corrales de los sistemas pastoriles)”, figura en este informe, publicado este mes, entre las prioridades de los países de la región ese capítulo puntual.
Uruguay es el único país a nivel regional que definió como prioritario ese tema vinculado al registro de vacunos en confinamiento y la declaración jurada respectiva.