En términos de ecoeficiencia, el índice de eficiencia en el uso de los recursos ha crecido “significativamente”, con un aumento estimado de 0,416% a 0,513% por cada 1% adicional de inversión en I+D+i, señala el documento.
Retorno económico de la inversión
El análisis de costo-beneficio muestra que la tasa interna de retorno modificada (TIRM) de la inversión en I+D+i del INIA varía entre el 18% y el 25% anual, dependiendo de los modelos aplicados. Esto confirma que el financiamiento en investigación agropecuaria es altamente rentable y contribuye a la competitividad del sector agropecuario, sostiene el estudio.
El documento también destaca que este resultado obtenido es comparable con el de institutos de relevancia para la ciencia agropecuaria a nivel internacional, como el Instituto Nacional de Investigación sobre Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de Francia; el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Cataluña, y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile.
Estudios de caso
Los estudios de caso reflejan la aplicación práctica de la investigación del INIA en diferentes sistemas productivos.
Un ejemplo es la variedad de arroz INIA Merín, que permitió un incremento del 20% en el rendimiento por hectárea, con el 84% de los productores adoptando la variedad.
Otro caso es el diagnóstico de actividad ovárica (DAO) en ganadería, que permitió un aumento de 6% en la tasa de preñez.
El manejo regional de plagas en fruticultura es otro ejemplo, que llevó a reducir 50% el uso de insecticidas, mejorando la rentabilidad y sostenibilidad de ese sector productivo.
El pastoreo 3R en lechería fue otro caso destacado en el estudio, que también permitió una mayor eficiencia en el uso de los recursos forrajeros, con adopción creciente por parte de los productores.
Producción científica y académica
El estudio técnico financiado por el BID concluyó que INIA tiene “un papel central en la generación de conocimiento en Uruguay”. Detalla que el instituto contribuye con el 8% de la producción científica nacional y el 35% en ciencias agrícolas.
Además, el 92% de sus publicaciones son en colaboración, y el 73% incluyen socios internacionales. También se hace referencia al impacto de las citas académicas, con un índice de impacto normalizado (MNCS) de 0,95, ligeramente por debajo del promedio internacional.
Estos datos resaltan la influencia científica del INIA, aunque también muestran oportunidades para incrementar su impacto internacional.
Visibilidad
En términos de influencia en políticas públicas, el 13% de las publicaciones de INIA han sido citadas en documentos gubernamentales y de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por su sigla en inglés).
El análisis también muestra que el INIA tiene alta presencia en redes sociales como Twitter, donde 21% de sus publicaciones tienen menciones.
Conclusiones y recomendaciones
El impacto del INIA en Uruguay es “amplio y significativo, con efectos positivos en productividad, ecoeficiencia, rentabilidad económica y generación de conocimiento”, concluye el documento.
Sin embargo, los informes destacan oportunidades para fortalecer su impacto. Como mejorar la visibilidad internacional de sus investigaciones, aumentando la publicación en revistas de alto impacto; ampliar la vinculación entre ciencia y políticas públicas, asegurando que más investigaciones sean utilizadas en la toma de decisiones gubernamentales; y reforzar la presencia en medios de comunicación, para mejorar la difusión de sus hallazgos.
Equipo técnico a cargo del estudio
Las instituciones que forman el Consorcio Internacional son: la Fundación Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario (Creda) de la Universidad Politécnica de Cataluña y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA, por su sigla en catalán); la Universidad de la República (Udelar), de Uruguay; el Centro de Estudios de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Leiden (CWTS, por su sigla en inglés), de Países Bajos; y dos colaboradores externos, de Argentina y Chile.
El equipo de investigación estuvo integrado por José María Gil y Bouali Guesmi, ambos del Creda; por Federico García Suárez, Mercedes Motta, Camilo Álvarez y Norberto Rodríguez, de Udelar; Rodrigo Costas, Clara Calero-Medina y Jonathan Dudek, de CWTS; y los consultores externos Juan Cabas Monje –de la Universidad de Bio-Bio, de Chile– y Daniel Lema –del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, de Argentina–.
Consideraciones metodológicas
Entre las consideraciones metodológicas se planteó una de caracter temporal. Si bien INIA comenzó a funcionar con este nombre en 1989, el estudio considera algunos trabajos hechos por el Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger, institución antecesora de INIA, principalmente para analizar temas de productividad.
También se explicó la estructura y técnicas metodológicas aplicadas en el estudio. Se emplearon técnicas cuantitativas y cualitativas para llevar adelante el trabajo, que se articula en tres ejes: enfoque global y macroeconómico, contribución científica y transferencia de innovación.
El primer eje es un enfoque global y macroeconómico, donde se analizó la contribución del INIA en la productividad del sector agropecuario uruguayo. Primero se estimó la productividad total de los factores de la agricultura uruguaya y luego, a partir de los presupuestos que tuvo INIA, se calculó la acumulación de conocimiento. Finalmente, se relacionó la productividad con ese stock de conocimiento, controlando una serie de variables a considerar para tratar de aislar la contribución individual de INIA a la productividad.
El segundo eje se centra en la contribución científica. La Universidad de Leiden aplicó cienciometría, valorando las publicaciones científicas que ha hecho INIA y comparando la contribución del instituto con la de otros centros latinoamericanos como la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), de Brasil; el INIA de Chile; AG Research, de Nueva Zelanda; y el Teagasc, de Irlanda.
El tercer eje analiza la transferencia de innovación. Como se trata de un estudio ex post (después de, en latín), se seleccionaron 10 productos o tecnologías de INIA, y en cada uno se consultó a los actores de dentro y fuera de la institución, que contribuyeron a que llegaran al destinatario y también al usuario final para conocer su valoración de las instancias y procesos de transferencia, su utilidad y aportes.
Antecedente
En octubre de 2011 se publicó el estudio denominado “Evaluación de los impactos económicos, sociales, ambientales e institucionales de 20 años de inversión en investigación e innovación agropecuaria por parte del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) – Uruguay”, cuyos autores fueron Mario Pareja, José Bervejillo, Mariela Bianco, Alicia Torres y Aracely Ruiz.
Se trató del primer estudio de esta índole que realizó INIA, con el objetivo de estimar el impacto de las acciones del instituto para el período 1989-2009, en el marco del 20º aniversario de la aprobación de su ley de creación.
Presentación con autoridades
Uno de los líderes del equipo consultor a cargo del estudio, José María Gil, mencionó que INIA tiene un “papel central en la generación de conocimiento en Uruguay”, al contribuir con el 8% de la producción científica nacional y el 35% en ciencias agrícolas. Además, el 92% de sus publicaciones son en colaboración y el 73% incluyen socios internacionales, resaltó.
El representante de BID en Uruguay, Luiz Ros, se refirió a la importancia de la investigación y el desarrollo en la productividad del sector agropecuario y el país. En ese sentido, destacó el rol de INIA, enfatizando que “tiene capacidades científicas consolidadas, territorialidad anclada y la particularidad de fusionar el sector público con el privado”.
El integrante de la junta directiva de INIA, Alejandro Henry, se refirió al compromiso histórico de los productores, que en los últimos años “han invertido US$ 300 millones en ciencia y tecnología”. Agregó que este estudio “es esencial para rever cómo estamos trabajando y cómo debemos pararnos hacia el futuro”. Sostuvo que el impacto de las tecnologías de INIA para los diferentes rubros agropecuarios “permitió alcanzar índices productivos que eran impensados hace 36 años”. Y concluyó que “no caben dudas de que es un dinamizador de las cadenas productivas, interviniendo más allá de las competencias de la ley”.
El presidente de INIA, Miguel Sierra, consideró que “es fundamental generar productos y conocimiento” que impacten. Recalcó la importancia de la ciencia orientada a la resolución de problemas concretos de todos los productores. “Debemos colaborar con todos los actores, de pequeño, mediano y gran tamaño, porque los problemas son sistémicos”.
“En investigación agropecuaria INIA está en los primeros niveles en América Latina y el modelo es virtuoso y fue construido por consenso político. Es patrimonio del país”, resaltó.
Finalmente, aseguró que los resultados del estudio servirán de insumo para el Plan Estratégico Institucional. “Queremos un instituto con la mayor calidad científica y con cercanía al sector, la sociedad y el territorio”, concluyó.
El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, dijo: “me parece muy relevante”. Planteó que “tenemos que reivindicar la inversión en investigación e innovación en el agro y espero que este estudio nos arroje luz para saber a qué áreas hay que seguir potenciando para mejorar el sector”.
Por su parte, el subsecretario Matías Carámbula, afirmó que “es una buena señal de INIA parar y evaluar el trabajo hecho hasta ahora, y en base a los resultados pensar hacia adelante”.
El asesor de Presidencia de la República en ciencia y tecnología, Bruno Gili, valoró los resultados presentados, ya que “sirven como línea de base para el sistema de ciencia, tecnología e innovación que estamos desarrollando”.
Además, reconoció que el ecosistema en Uruguay deberá “coordinar mejor la transferencia, mejorar la escala de los productos y los servicios hacia el mundo y hacer más hincapié en la digitalización y en el eje ambiental, que son temas claves para los próximos años. En este último punto sabemos que INIA tiene un buen camino trazado”.