Detrás de estos cambios hay razones tecnológicas y económicas. Las señales de precios van llevando a aumentar la carga, entorar más temprano, realizar manejos que optimicen la preñez y tratar de vender terneros más pesados, que hoy superan ya largamente los US$ 600 por cabeza, precios impensados antes de 2020.
Y esas señales tienen dos componentes. Uno es su nivel absoluto, que desde este mes son los mayores de la historia para esos meses. Agosto está con precios récord para el novillo y la carne de exportación. Y opinamos que así será por el resto del año.
El otro componente es más importante que el anterior. Porque los precios en referencias muy altas tienen alta chance de persistir. El hueco de faltante de carne de Estados Unidos no para de aumentar. Su stock ganadero no ha revertido todavía la baja, el gusano barrenador presente en México traba las importaciones de ganado en pie desde el sur, los aranceles trancan la llegada de carne desde Brasil, también encarecen la carne y el ganado que llega desde Canadá. Y llevará por lo menos dos años restablecer una oferta en ascenso.
Muchos pueden pensar que esta situación ya se vio en 2022, cuando los precios volaron para luego derrumbarse. En aquel año justamente, durante la Expo Prado, la preocupación subía a medida que los precios bajaban sin final. Aunque aquel año fue testigo de precios inigualados, en US$ 5,50 por kilo de novillo en junio y julio, el derrumbe fue tal, que terminaron el año por debajo de US$ 4.
En este año los precios transitan una meseta muy favorable, en el entorno de US$ 5,15, muy por encima de los precios habituales. Pero hay una diferencia fundamental: en aquel entonces era exclusivamente China quien empujaba los precios, y fue una decisión de ese país lo que provocó un súbito derrumbe que coincidió con una muy grave sequía para convertir la fiesta en resaca.
Esta vez el desabastecimiento y los altos precios son más generales. China presenta una situación mucho más estable, Estados Unidos está con precios récord, y sin carne, ni terneros, ni vacas. Mientras que la Unión Europea (UE) presenta una situación similar a la de Estados Unidos, con una baja oferta interna y precios muy altos.
En el mercado estadounidense Brasil padece el arancel de 50% adicional, medida que se anunció en solidaridad con el expresidente Jair Bolsonaro, que enfrente un proceso judicial. En Europa, además, lo escaso de la oferta exportadora de Argentina incide para que Uruguay se abra un camino y más. El saldo exportable de los vecinos es muy bajo y seguirá así hasta que logren recomponerse productivamente de la sequía, además con un consumo interno que parece empezar a crecer.
Los precios de exportación de la carne ya están por encima de los de 2022, son parte de esos récords que tendremos a lo largo de lo que queda de este año. Por ahora, por encima de US$ 5.000 por tonelada, un precio que poco tiempo atrás parecía inalcanzable.
Y esto puede sostenerse. Por los próximos dos años –por lo menos– Estados Unidos seguirá con carencias estructurales de oferta. Y para cuando los tenga eventualmente solucionados, en el mejor de los casos en 2027, habrá cambios importantes en el portafolio exportador de la carne.
En efecto, en Europa algunos ven proteccionismo. Pero entendemos altamente probable que tengamos que cambiar el chip y pensar en el cúmulo de oportunidades posibles. En lugar del árbol del supuesto proteccionismo europeo, el productor debería ver el bosque de oportunidades que se abren.
Esta puede ser la última primavera sin acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE. Es decir que los frutos del entore próximo, que nacerán en 2026, ya pueden ser con un acuerdo de libre comercio que irá durante 10 años aumentando persistentemente el cupo de carne de alto valor que entrará sin aranceles.
A lo que se suma el acuerdo de libre comercio con los países de la Asociación de Libre Comercio de Europa (EFTA) que mejora el acceso a Suiza, Noruega, Islandia y Luxemburgo.
Y por otro lado, la carne vacuna uruguaya estará ingresando el año que viene con más fluidez que los vecinos en Europa, por nuestra condición de país de bajo riesgo de deforestación, una ventaja respecto a los países vecinos, que además de deforestar tienen una trazabilidad parcial, cuestionada por los productores y hecha contra reloj.
Mientras Uruguay trabaja por una trazabilidad 2.0, que eventualmente georreferenciará a los vacunos y mantendrá un diferencial a la hora de verificar las cualidades de la carne y del proceso de producción.
En términos reputacionales la carne uruguaya estará agregando un diferencial más de calidad, tanto por no provenir de zonas taladas y quemadas, como por la precisión de la verificación de ese atributo.
Europa ha atravesado distintos problemas sanitarios y tiene una producción estructuralmente en baja. Las cartas de los restaurantes ya informan al consumidor que determinados cortes son uruguayos, como herramienta de ventas. Hay allí un espacio importante para crecer en nichos de consumidores que entienden las implicancias del cambio climático, tanto en el sur de Europa –arrasado todos los años por incendios–, como en el norte, donde la comprensión de la situación climática está ya arraigada desde hace tiempo.
Claro que las negociaciones pueden todavía fracasar, pero este 20 de agosto el presidente Macron y Lula ratificaron la intención de cerrar el acuerdo en este semestre. Los aranceles que Estados Unidos ha impuesto a Brasil tienen un doble efecto: consolida las exportaciones de Uruguay en Estados Unidos, dejando mucho menos competitivo a un competidor principal; y acelera procesos de integración que avanzaban a un ritmo extremadamente parsimonioso, convenciendo a países anteriormente escépticos.
Y China seguirá como un comprador importante, más estabilizado probablemente, sin los auges y caídas de estos últimos años. A lo que se suman los otros mercados, menores, pero que en conjunto son significativos.
La situación es igualmente favorable para la carne ovina, pero en este caso con una población muy disminuida, que tal vez este año empiece a estabilizarse. La caída en la faena de ovejas parece reflejar un mejor ánimo y una apuesta a revertir la caída de los últimos años.
Los toros esperan por sus récords
Más allá de esos factores de largo plazo, entrar a la primavera con un novillo firme bastante arriba de los US$ 5 por kilo de carcasa y un precio de exportación también bastante arriba de los US$ 5.000 por tonelada son el mejor seguro para generar una zafra de reproductores muy picante. Una clara diferencia con 2022, cuando en la Expo Prado el precio del ganado todavía era alto, pero con una perspectiva muy incierta, lo que no sucede en el presente.
Para la zafra y el precio de los toros, la referencia de precios clave es el de los terneros. Y ese es, dentro de las categorías, el que además de estar alto, tiene más margen para subir. En los últimos 12 meses su precio ha subido 20% en dólares corrientes, de US$ 2,55 a US$ 3,05 por kilo vivo. Pero atención: de todas las categorías ganaderas fue la que menos subió en el último año. Eso significa que es la que tiene todavía más camino por recorrer en términos de precios.
Ese margen para la suba tiene un componente climático. Las lluvias caídas a fines de agosto y las de comienzos de setiembre casi aseguran un comienzo temprano de la primavera forrajera. Esta proximidad del rebrote de las pasturas ya a lo largo de agosto ha estado fortaleciendo el precio del ternero, y lo hará más en setiembre y octubre si las lluvias no se interrumpen.
La suba más moderada de los terneros obedece, en parte, a una mirada cautelosa de los compradores. La caída de precios de 2022 generó pérdidas graves a quienes compraron a valores altos la reposición. Muchos todavía dudan de que el novillo gordo vaya a sostenerse y, por lo tanto, no convalidan precios más altos.
Los terneros recién se venden 18 a 24 meses después. Es arriesgado suponer que el precio del ganado gordo se sostenga tanto tiempo, cuando uno mira la lógica histórica de los precios. Pero no es tan improbable, si uno analiza el futuro, suponer una prolongación de los altos precios de la carne exportada, el ganado para faena y así el resto de las categorías.
La exportación en pie da más garantías en el mercado de la cría. Producir terneros ya se vendan luego a otros ganaderos, a corrales o a los acopios que proveen a los barcos es un negocio que genera más confianza.
En agosto las subas han sido más importantes para las hembras que para los machos, lo que también ilustra que la percepción de los ganaderos empieza a ver la actual situación como sostenible en un plazo más prolongado que en anteriores ciclos. Hay suficientes motivos para pensar en estrategias ganaderas que partan del supuesto de que los actuales precios son excepcionales mirando el pasado, pero pueden sostenerse por los próximos dos años o más.
Volviendo al mercado del ternero, hay otro componente clave de la demanda que son los corrales y la exportación en pie.
En lo que refiere a los corrales, se mantiene una demanda al máximo posible. Los sobreprecios para los animales terminados a grano sobre los novillos de pasto se mantienen. El costo de la alimentación es razonable tras una cosecha récord de maíz, y probablemente en esta siembra de primavera y verano el área del cultivo vuelva a crecer y sea la mayor de la historia en Uruguay, lo que potencialmente se transformará en otro año de alta oferta maicera.
La zafra de toros tendrá otro dato de soporte: una superficie récord de maíz que asegura alimento para el ganado a un precio razonable, con un contexto de precios internacionales de maíz muy bajos. Si en Estados Unidos el grano vale US$ 150 por tonelada, en Uruguay no debe ir más allá de los US$ 200.
Con un precio del maíz como el actual, en la agricultura de alto rendimiento el productor cerealero se ve bien remunerado, y el dueño del corral convierte un maíz de US$ 0,25 por kilo en peso de novillo de más de US$ 2,5 por kilo. Una situación muy favorable que lleva a una fuerte demanda por terneros y novillitos.
Cuando los precios del ternero se analizan por cabeza, surge otra mirada: el precio de cada animal es inédito. Nunca los terneros superaron los US$ 600 por animal. Porque dentro de los cambios técnicos que se han dado, está el salto en el tamaño al que se venden los animales, que reciben una dieta mucho mejor que antes. De un peso de 150 kilos, la mayoría de los terneros se está vendiendo este año con más de 200 kilos. La aceleración productiva empieza ya en las primeras semanas de vida de los animales, lo que también modera para el comprador el precio por kilo.
La relación de reposición está en niveles que pueden considerarse bajos, menores a los históricos. Pero es una relación que debe ir mejorando en las semanas por venir, de la mano de un sostenimiento del precio del ganado gordo y una mejor oferta forrajera.
En suma, con un precio de exportación de la carne de US$ 5.000 por tonelada, un clima que luego de la gran sequía se ha vuelto favorable y una oferta abundante de maíz, todos los negocios cierran, y todos los eslabones tratan de ir a la mayor velocidad posible. Bajará evidentemente la edad de faena y en dos años mejorará la eficiencia industrial, por una mayor faena, alejados ya los efectos sobre la oferta de la última sequía.
Se va a entorar lo máximo posible, y se va a sacar la mayor cantidad posible de terneros del mayor kilaje posible. Y prueba de ello es que, respecto a 12 meses atrás, ha subido más el precio de las hembras. El precio de las terneras está 36% por encima de los niveles de agosto de 2024, mientras que los terneros han subido 25% en dólares corrientes. Seguramente veremos el precio de la vaca de cría subir también a niveles que le permitan competir con la vaca de invernada.
Si el precio de los toros acompañara la suba de los terneros machos, para hacer una proyección cautelosa, tomando un precio promedio para la zafra pasada de US$ 3.250 por toro, el promedio de venta de este año debería estar por encima de US$ 3.600. Prolongando además una tendencia que viene de tiempo atrás, con menos terneros se estará comprando un toro.
Una relación que históricamente era cercana a 10 terneros por toro ha ido bajando, y en esta zafra puede marcar un nuevo mínimo en seis terneros por reproductor.
Un escenario muy favorable que lleva a persistir en estrategias que permitan optimizar los resultados ganaderos en los próximos dos años y a pensar qué hacer además de bajar endeudamiento.
Demasiado bueno para ser real
Entonces, ¿cuáles son los riesgos? Los antecedentes históricos muestran que lo bueno en materia de mercados agropecuarios no dura para siempre. Es necesario concentrarse en aquello que pueda interrumpir la “alineación de los astros”.
Uno muy claro es el de cambio de las reglas de juego. Este año han proliferado iniciativas que buscan cambiar lo que funciona bien. Cuestionamientos a la exportación en pie, propuestas de importación en pie, proyectos para prohibir que los frigoríficos sean propietarios de corrales, han sido ideas que se han lanzado al ruedo. Nuestra impresión es que las tres son gestos hacia la tribuna, que no prosperarán, por el costo político que tendrían o por el riesgo sanitario que implican, entre otras razones. El riesgo de interferencias políticas parece ser bajo.
Un riesgo importante todavía es el climático. Aunque setiembre –mes clave– empezará con buena disponibilidad de agua en el suelo, varios análisis, entre ellos el de la Universidad de Columbia, marcan una probabilidad relevante de lluvias por debajo de lo normal en la primavera. En tal caso todo se complica, el maíz y la producción ganadera. Es un riesgo mediano. Las temperaturas en el Pacífico están algo por debajo de lo normal, pero sin llegar a ser Niña.
Los fundamentos del mercado internacional son muy sólidos: la demanda está muy firme y la oferta muy escasa. Pero el cambio en la geopolítica es vertiginoso, y allí hay un nivel de incertidumbre importante. En principio las acciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tienen para Uruguay dos consecuencias favorables: los aranceles a Brasil y el estímulo a que los europeos avancen en acuerdos de libre comercio con el Mercosur. Pero en dos años muchos cambios pueden suceder.
En suma, riesgos siempre hay, pero en tanto las lluvias sean normales, los riesgos son menores respecto a las inéditas oportunidades que ofrece la mejor primavera de la historia de la ganadería.