Para muchos ganaderos, el recuerdo de 2022 es una advertencia todavía presente. Comprar caro es un riesgo importante, y la apuesta de creer que un buen momento persistirá, tres años atrás, salió mal. ¿Van a prolongarse los muy buenos precios actuales? ¿Podemos hacer algo para prolongar esta situación lo más posible?
¿Qué puede alterar el actual momento de la ganadería, que puede catalogarse como de los mejores de la historia? El riesgo climático es relevante. Los mapas de la Universidad de Columbia muestran que la posibilidad de una primavera con menos lluvias de lo normal es significativa.
Pero no es un riesgo extremo y, además, hay maneras ya conocidas por la gran mayoría de los productores de prevenir faltantes relativos de agua. No hay una Niña consolidada todavía, no hay tampoco un riesgo drástico de sequía. Los veranos serán cada vez más peligrosos, pero este año, con la primavera iniciando y buen nivel de agua en los suelos, es manejable.
Hay un riesgo definitivamente mayor: el sanitario. Es un momento clave para asegurar que no llegue a ningún puerto de destino carne uruguaya con residuos de productos químicos. En ese sentido, hay un riesgo de imprevisión por no respetar los tiempos de espera y otro originado por el contrabando, que llega principalmente desde Brasil.
Y hay otro riesgo mayor, de mediano plazo. Tras la decisión de Brasil de dejar de vacunar contra la aftosa, el gobierno paraguayo ha sumado esa intención. En Argentina el gobierno plantea el debate. En este caso, se trata de un riesgo de una escala mucho mayor.
La generalización del abandono de la vacunación debe llevar a una postura mucho más severa de Uruguay en cuanto a vacunar más estrictamente. Recordemos que hay aftosa en Venezuela, que es limítrofe con Brasil. Que hasta no hace mucho tiempo hubo aftosa en Paraguay. Y que cuando Uruguay fue libre sin vacunación, el ocultamiento por parte de Argentina de su situación sanitaria nos costó la mayor crisis reciente, no solo de la ganadería sino de todo el país.
Debatir y discutir nunca está de más. Pero parece claro que cuanto más aceleren los vecinos en dejar de vacunar, más debe afirmarse Uruguay en blindarse de un riesgo que en Europa y Turquía parecía mínimo y, sin embargo, ha derivado en la aparición de casos.
Hay un aumento de la circulación de personas en el mundo, principalmente por el turismo, que lleva a que el riesgo sea mayor.
En suma, los riesgos comerciales son pocos. La diversificación de mercados de Uruguay en 2025 es mucho mayor que en 2022, la dependencia de China, que en aquel entonces era total, es ahora cada vez menor.
Es más, Uruguay debería explorar el presentar la vacunación como lo que es: una virtud. En este mundo de noticias falsas, que ha visto a algunos sectores renegar de la ciencia y de algo tan maravilloso como una vacuna, Uruguay debe proclamar con orgullo que sí, sigue vacunando a todos y cada uno de sus bovinos. Uruguay sí vacuna.
Nuestra batalla política debe ser el levantamiento de cualquier tipo de sanción a un país por vacunar. Reclamar que la carne con hueso entre a la Unión Europea, algo que en particular para los ovinos sería un antes y un después. No hay razones de ciencia para sancionar la carne de países que vacunan y demuestran con todas las pruebas posibles ausencia de virus.
En tanto blindemos los riesgos sanitarios, podemos preguntarnos cuánto de la situación actual es coyuntural y cuánto es estructural.
Por lo pronto, las sanciones de Trump vuelven a Uruguay una pieza fundamental para los frigoríficos brasileños, que precisan seguir cumpliendo con sus clientes estadounidenses. Dejemos que sigan compitiendo exactamente igual que en el presente.
Luego de muchos años de supremacía de China, un mercado fundamental pero poco transparente, y que en 2022 decidió no respetar ni siquiera contratos ya firmados, este año las exportaciones a Estados Unidos superan a las que van al gigante asiático, y las destinadas a la Unión Europea son parejas con las que van a ese destino.
China representa el 26% de las ventas de carne de Uruguay en términos de facturación. Y nada hace pensar que, ni volviendo a medidas unilaterales ni si algo pasase allí, se alteraría de forma determinante la actual situación de mercados, en la que el faltante de carne en Estados Unidos y la Unión Europea es el factor clave y sin solución de corto plazo.
La otra variable clave es no innovar en las reglas de juego. Ni trabas a la exportación en pie, ni restricciones a los corrales, ni luz verde para más concentración de la industria. Son todas amenazas a los precios completamente innecesarias.
El diferencial es que este momento genera un ingreso adicional al sector cárnico, que recoge el fruto de muchos años de diferenciación, además de una peculiar coincidencia de baja oferta y alta demanda que no puede desperdiciarse. Uruguay empezará a sumar generaciones de más de 3 millones de terneros. Los problemas de bajo uso de la capacidad de la industria, que son reales, tienen su solución en camino: una segunda parición de más de 3 millones en curso, y una zafra de toros y entore que mostrarán un entusiasmo inédito por criar lo más posible.
Agua, sombra y comida para prevenir la sequía, el mayor cuidado posible de la situación sanitaria del país. La apuesta por comprar ganado de reposición a precios inéditos tiene sus riesgos, pero también una alta probabilidad de simplemente significar que hay un marco muy favorable para la ganadería, que no tiene por qué irse de un día para el otro.
Con este marco, la ganadería puede dar un salto a producir 200 kilos de carne por hectárea, que pueden valer más de US$ 400, con un uso muy moderado de insumos. El campo natural valorizado al máximo histórico y los esquemas más intensivos remunerando las inversiones generadas. Todo puede perderse por un uso irresponsable de productos veterinarios.
Pero si no se interpone esa situación, se consolida un marco más que auspicioso. Los toros de esta zafra serán los de mayor precio de la historia en dólares y los más accesibles en kilos de ternero.
Y a la industria, que está necesitando más hacienda, recordarle que este año la faena ya está subiendo un interesante 6% respecto al año pasado, y sobre todo que la solución a ese problema está en camino. Nunca hubo tantas ganas de producir terneros y mandar hacienda apenas esté preparada, ya sea a un frigorífico o a un corral.
Es cuidar el cero en el arco propio, no haciéndonos goles en contra, y si eso se logra, una sucesión de ejercicios con resultado de goleada a favor es muy posible. El 2025 es muy distinto al 2022. A la larga, la abundancia de maíz en el mundo moderará los precios, pero está en nosotros sumar varios años muy buenos antes de que eso llegue.