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Las tendencias en interiorismo para 2026, según cinco interioristas uruguayos
Ambientes que abrazan, dan calidez y reflejan la identidad de sus dueños es hacia donde miran los expertos en diseño para 2026; el bienestar será prioridad
Hablar de tendencias en interiorismo siempre es un ejercicio delicado que requiera cautela. Porque, a diferencia de la moda, donde los ciclos son breves y el recambio es parte del juego, los espacios se diseñan para durar. Una pintura, un sofá o un revestimiento no se cambian con la misma facilidad que una cartera; conviven con la vida real de las personas durante años.
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Por eso, más que señalar “lo que se usa”, la conversación sobre tendencias en diseño interior implica entender en qué momento estamos, qué tipo de refugio buscan las personas y cómo se habitan hoy los hogares. Ese trasfondo ayuda a explicar por qué, rumbo a 2026, las estéticas que ganan fuerza son síntomas de algo más profundo.
El colordrenching —esa inmersión total donde paredes, techo y mobiliario se funden en un mismo tono— no prospera solo porque es visualmente impactante. Es una técnica que responde a una necesidad de coherencia y contención. Lo mismo ocurre con la expansión de los neutros cálidos y los tonos terrosos: los fríos y clínicos quedan atrás, y reaparecen paletas vinculadas a la naturaleza, a lo orgánico, a esa idea de calma que tanta falta hace en una vida hiperconectada.
Las formas curvas y escultóricas, que hoy se ven desde en sillones abultados hasta en arcos arquitectónicos, también hablan de un cambio de sensibilidad. Atravesamos un momento en el que la rigidez estética y emocional está agotada. Surgen objetos que abrazan, que ofrecen suavidad y tacto. De hecho, lo táctil ocupa un lugar central mediante yesos naturales, maderas con textura, fibras rústicas, piedras con vetas visibles. Materiales que muestran su origen, que no esconden el paso del tiempo y que recuperan la noción de autenticidad frente a años de superficies impecables pero impersonales.
En paralelo, la mezcla (a veces de opuestos) se vuelve un guiño de sofisticación. Ya no se busca el match perfecto entre maderas, ni el mármol limitado a la cocina; las combinaciones inesperadas aportan profundidad y carácter. El mármol dramático en un mueble, el roble junto al nogal, el latón envejecido conviviendo con vidrio grueso delatan que la belleza está en el contrapunto y no en la uniformidad.
Pero quizás la tendencia más clara no es formal, sino conceptual: el bienestar como prioridad. Ya no se diseña solo para que un ambiente luzca bien, porque lo importante es que sostenga la vida cotidiana. Casas que filtran mejor la luz, que integran tecnología sin ruido visual, que incorporan biofilia y que contemplan rincones para la pausa verdadera. A esto se suma el giro hacia un ecolujo más honesto, donde materiales reciclados, textiles orgánicos y procesos responsables dejan de ser un gesto verde para transformarse en un estándar de calidad.
Más que seguir tendencias, el desafío del interiorismo para 2026 es interpretarlas, leer su origen, entender qué dicen de nosotros y ajustarlas al modo de vida de cada cliente. Lo demás es decoración pasajera. Con esa mirada crítica, situada y atenta a lo humano, cinco interioristas uruguayos ponen en perspectiva qué estéticas marcan el pulso del próximo año y cómo se traducen, con identidad local, en los hogares que vienen.
Victoria Brown
interiorismo Victoria Brown 1
Desde el estudio de Victoria Brown prefieren alejarse del ruido de las tendencias y prestar especial atención en esos detalles sutiles que hablan de una persona: cómo se viste, qué colores repite sin darse cuenta, qué objetos atesora, qué historias guarda.
Los textiles que evocan nostalgia, los motivos que hablan de la propia cultura y las geometrías que se traducen en energía son recursos válidos que traspasan épocas y modas. “Incluso una cortina fuera de lo habitual puede convertirse en la pista más honesta de quién es esa persona”, dice Brown.
Según el diseñador, en 2026 las tendencias globales serán reinterpretadas localmente desde una urgencia más humana que estética. En una actualidad de hiperconexión y fragmentación, la búsqueda se orienta a crear espacios casi ausentes, con muy poca información. La clave está en diseñar ambientes que no invadan, sino que acompañen el reencuentro con uno mismo. Tanto la iluminación como el material se elevan a su estado más natural y puro.
Opi Rubio
Interiorismo Opi Rubio
Para el próximo año se perfila un interiorismo de lujo cálido: colores tierra que sustituyen los blancos fríos, materiales auténticos como madera, piedra, lino y lana, y texturas con historia. La rigidez del minimalismo cede a líneas suaves y muebles curvos de baja altura que invitan a la comodidad sin ostentación.
“Como diseñadora, percibo que para 2026 las tendencias globales más cálidas, táctiles y silenciosamente lujosas empiezan a reinterpretarse en Uruguay con una identidad muy propia”, explica. Para Cesio hay una búsqueda sensorial: materiales nobles, paletas terrosas y profundas, texturas marcadas, luz suave y arte local que crean atmósferas más emocionales que formales.
Coincide con Areoso en que los espacios empiezan a abrazar más. Vuelven los muebles de autor y las piezas diseñadas para cada ambiente, que aportan carácter e identidad. Los pétreos pisan fuerte y conviven con lino, maderas texturadas, metales envejecidos y empapelados que suman calidez dentro de una elegancia íntima, pensada para sentirse. También regresa lo afectivo a través de objetos con historia, recuerdos que recuperan su lugar y un slow design donde cada gesto tiene intención.
Todo es con carácter, mezclas atrevidas, contrastes potentes, bronces y vidrios con presencia, y una iluminación funcional que incorpora piezas casi escultóricas. Los colores toman protagonismo con verdes profundos, azules intensos, morados, terrosos y ocres. “El 2026 llega más ecléctico, tecnológico y confortable, con personalidad fuerte y lejos de lo masivo”, resume.
Sofia Ruiz
interiorismo Sofi Ruiz (2)
El color recupera protagonismo como recurso proyectual, utilizado para crear atmósferas inmersivas que integran planos, molduras y mobiliario. Según Ruiz, esta estrategia dialoga con una relectura contemporánea de estilos clásicos (entre ellos el neo art déco), donde la geometría controlada, las proporciones elegantes y los acentos metálicos se reinterpretan con una sensibilidad actual.
“El interior se enriquece con piezas únicas o de edición limitada, seleccionadas por su valor histórico o su cualidad escultórica, y con materiales nobles de alta trazabilidad combinados con tecnología integrada de modo silencioso”, explica. Este cruce entre origen, materialidad y performance técnica favorece un lenguaje que equilibra lujo artesanal y funcionalidad avanzada.
A Ruiz le gusta hablar de un maximalismo sobrio, dominado por una intensidad mesurada. Capas, texturas y contrastes conviven cuidadosamente curados para lograr una profundidad que no satura.