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    jueves 11 de julio de 2024

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    Ancap prevé la reducción de emisiones al medioambiente tras la “parada técnica” de La Teja

    Varios cambios tecnológicos incrementaron la eficiencia productiva y ambiental de la refinería de petróleo

    Una vez que la operación de la planta de La Teja se estabilice y la producción de combustibles esté optimizada, podrá medirse el impacto que, en materia de reducción de emisiones al medioambiente, tendrá la actualización tecnológica y el mantenimiento realizado en la refinería. La principal industria de Ancap, con una capacidad de procesamiento de 8 millones de litros de crudo por día, emite en el orden de las 400.000 toneladas al año de gases de efecto invernadero (CO2), según los últimos datos publicados que corresponden al 2020. Ese nivel equivale a 1,5% de las emisiones a escala de todo el país.

    Pero se estima que el nivel de emisiones de La Teja se redujo en los últimos años al utilizar mayor proporción de gas natural que fueloil en sus hornos y calderas, dijo a Búsqueda el jefe de Ingeniería de Procesos de Ancap, Alejandro Pedezert. Es más, el presidente de Ancap, Alejandro Stipanicic, explicó que durante las recientes tareas de mantenimiento esa posibilidad de consumir gas natural se “perfeccionó”. Y graficó: “Eso equivale a haber incorporado 45.000 autos eléctricos en el mercado uruguayo”.

    Al año, en Uruguay se comercializan aproximadamente 50.000 vehículos nuevos.

    La expectativa del ente es que la integración energética realizada en varias unidades de proceso de La Teja tengan —en conjunto— un mayor beneficio para el medioambiente.

    Además, Ancap pondrá en marcha algunos planes complementarios, como la racionalización del uso de agua y la electrificación de parte de la calefacción y generación de vapor de algunos tanques donde almacena productos.

    Mientras tanto, avanza en el proceso de licitación para producir combustible sostenible para aviones (SAF, por sus siglas en inglés) con destino a la exportación y se encuentra explorando alianzas y vías tecnológicas para incorporar a futuro el procesamiento de residuos plásticos, de modo de incorporar la generación de combustibles circulares.

    Eficiencia operativa y ambiental

    La tarea principal de mantenimiento y adecuación tecnológica durante la reciente paralización de la refinería fue la del casquete superior del denominado “cracking catalítico”, que permitió alargar la vida útil del “corazón” de la planta. En esa instalación se cambiaron los “ciclones” que estaban llegando al final de su vida útil, lo que permitirá reducir “a la mitad” las emisiones de “material particulado”, dijo Pedezert. La mejora puede observarse a simple vista, ya que ahora el material sólido (una especie de arena muy fina que se utiliza como catalizador) que se “escapa” es mucho menor que antes. El jerarca señaló que el resultado es una “eficiencia altísima”, ya que se emiten por hora 10 kilogramos de partículas, cuando dentro del recipiente circulan 600 toneladas por hora. “Fue un cambio de eficiencia operativa y ambiental”, evaluó.

    Pedezert también destacó la intervención en varios hornos para que operen de manera más eficiente, consumiendo menos combustible y, por ende, generando menos emisiones.

    En el horno principal de la refinería (donde se calienta el petróleo), que consume cerca del 20% del combustible que usa la planta de La Teja, se realizaron reparaciones profundas y “readecuaciones” que lo convirtieron en un menor generador de gases de efecto invernadero con relación al funcionamiento que tenía antes de la parada. Algo similar sucedió en las tres calderas que proveen el servicio de vapor. Una de ellas usa solo gas natural, otra, que usaba solo fueloil, se convirtió para que consuma únicamente gas natural y la tercera quedó con la posibilidad de utilizar cualquiera de los dos combustibles. Pedezert explicó que la cantidad de emisiones asociada al funcionamiento de esos equipos se relaciona con el combustible que operativamente se resuelva usar mes a mes, evaluando los precios del gas natural y del fueloil y su peso en el costo de producción. El fueloil genera 50% más emisiones de CO2 que el gas natural por la misma cantidad de energía entregada, apuntó.

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    En 2020 la refinación de petróleo generó 400.000 toneladas de gases de efecto invernadero

    En 2020 la refinación de petróleo generó 400.000 toneladas de gases de efecto invernadero

    Analizó que en el año móvil que transcurrió antes de la parada técnica se consumió mayoritariamente gas natural y, como consecuencia, en ese período, la refinería emitió unas 80.000 toneladas de CO2 menos que si hubiera usado fueloil. Además del ahorro económico de usar gas natural, se suma el efecto o impacto en reducción de emisiones.

    Otro cambio amigable con el medioambiente se implementó en el puntero de la “antorcha”, contó. El emblemático “fósforo” fue sustituido por otro que, además de contar con un mejor el sistema de seguridad, permite el quemado más eficiente de los gases que se recolectan durante el proceso industrial.

    Con el mantenimiento también se mejoró la “integración energética” de la unidad de destilación del crudo y se inició con el control avanzado de procesos, que posibilita tomar decisiones más frecuentes para optimizar la eficiencia energética y, por ende, disminuir las emisiones asociadas.

    Proyectos

    La planta de La Teja se construyó conectada a la red de agua de OSE y tiene un consumo con fines industriales que es significativo. Por eso, uno de los proyectos de Ancap es cambiar la fuente de abastecimiento y está iniciando un proceso para realizar una licitación y considerar las ofertas de un servicio de suministro de agua de otro origen, informó Pedezert. Entre ellos, mencionó que se evalúa la posibilidad de abastecerse de los pozos de La Tablada, de la bahía de Montevideo (que hoy solo se usa para las tareas de limpieza), del arroyo Miguelete y del colector oeste del sistema de saneamiento. Explicó que se trata de un proyecto “netamente ambiental”, porque en todos los casos el agua que se pueda llegar a utilizar pasará por un tratamiento previo para su reutilización, por lo que implicará un costo adicional.

    Otro plan de carácter ambiental, que es relativamente más sencillo que el anterior, tiene que ver con electrificar la calefacción del parque de tanques en los que almacena fueloil y asfalto a través de la instalación de bombas de calor y dejar de utilizar vapor, que se genera con fuentes fósiles. Ese cambio, que está siendo evaluado, según dijo Pedezert, podría reducir hasta 5% las emisiones de la refinería.

    Como un proyecto de mayor envergadura y todavía muy incipiente, Ancap está explorando vías tecnológicas para incorporar en el cracking catalítico el coprocesamiento de residuos plásticos (clasificados y estandarizados) para generar productos circulares, informó el jefe de Ingeniería de Procesos del ente.

    Pasivos ambientales

    Más allá de las adecuaciones realizadas en La Teja para que esta “corrida” —hasta la próxima parada de mantenimiento— produzca combustibles con un menor impacto en el medioambiente y los planes que se traza a futuro para seguir en esa línea, la actividad de refinación ha generado pasivos ambientales relevantes. Por ejemplo, en la refinería hay 400.000 metros cúbicos de tierra negra, contaminada por la acumulación de filtraciones de tanques hacia el subsuelo. Tras una auditoría realizada en 2020, el Directorio del ente aprobó un plan de tareas de remediación para desarrollar hasta el 2031, aunque algunas se vieron interrumpidas durante los meses de mantenimiento.

    Los planes también contemplan trabajos en yacimientos mineros, en La Tablada, en Terminal del Este y en la zona de Solís Grande, debido a un derrame ocurrido en 2011.

    A mediados del mes pasado el ente comunicó un incidente de pérdida de petróleo en el oleoducto por el que se bombea la materia prima desde la boya de José Ignacio hasta Montevideo. La avería, que ocurrió a la altura de Costa Azul, terminó de repararse la semana pasada, además de la limpieza de la zona. Según el Ministerio de Ambiente, el crudo no llegó a contaminar los cursos de agua cercanos.

    Ancap fue una de las empresas más multadas en los últimos años por esa secretaría de Estado (tuvo dos sanciones en 2020, otra al año siguiente y cuatro en 2022). Además, recibió algunas de las multas más altas. Por ejemplo, en 2022 se le aplicó una sanción de 1.800 unidades reajustables por incumplir la normativa vigente “a raíz de un derrame de combustible que derivó hacia las aguas del arroyo Pantanoso”, afectando la calidad del ambiente “sin haber realizado las acciones suficientes” de mitigación.

    Las demás infracciones tuvieron que ver con superar estándares de vertido permitidos en relación con la demanda biológica de oxígeno y sulfuro en la planta de La Tablada; incumplir con presentar la autorización de descarga al colector en la planta de Treinta y Tres; o con el plazo para finalizar obras relacionadas a la planta de tratamiento de efluentes.