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    sábado 08 de junio de 2024

    BCU: descarbonización apareja “desafíos significativos” para bancos y economía

    Un documento publicado por el Banco Central constató una “exposición relevante” a los sectores vulnerables a los riesgos de transición hacia una economía baja en emisiones contaminantes

    ¿Qué relación tiene el cambio climático con los bancos y, en particular, con su regulación y supervisión? Un nuevo documento de trabajo del Banco Central (BCU) da una respuesta algo inquietante: la incertidumbre que lleva implícita la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono introduce “desafíos significativos” en términos de estabilidad financiera, en la medida que las carteras de préstamos de las instituciones bancarias podrían estar altamente expuestas a sectores vulnerables. Por otro lado, implica para el BCU retos relacionados a las proyecciones de Producto Interno Bruto (PIB) potencial, la brecha del Producto y la inflación.

    La investigación, elaborada por Andrea Barón y Helena Rodríguez, va en línea con la atención que, crecientemente, le está prestando el BCU a esta temática. Por ejemplo, el organismo anunció hace pocos días que comenzará un proceso de medición de su huella de carbono mediante una consultoría con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y con una herramienta diseñada por el Ministerio de Ambiente. La aplicación de esta herramienta, basada en estándares internacionales, será en modalidad piloto con el objetivo de que luego el sistema financiero pueda comenzar a utilizarla dentro de las propias instituciones y con sus clientes.

    El documento de trabajo aplicó dos metodologías, una basada en emisiones y la otra basada en sectores, para medir la exposición de Uruguay a los riesgos de transición hacia una descarbonización global, en términos de producto, exportaciones y crédito. Dependiendo del enfoque, la exposición varía del 30% al 65% para los préstamos a empresas, del 14% al 40% para el PIB y del 70% al 90% para las exportaciones de bienes.

    Describe que el sector bancario está expuesto de forma directa al riesgo de transición a través del crédito otorgado a empresas de sectores con mayores emisiones de gas de efecto invernadero. Esas amenazas pueden materializarse a través de varios canales, como la imposición de impuestos al carbono; la incapacidad de las empresas con uso intensivo de carbono para adoptar nuevas tecnologías con menores emisiones; la introducción de barreras a la exportación de productos con una alta huella de carbono; o cambios en las preferencias de los consumidores. Estos riesgos pueden afectar al sector financiero, incluidos los bancos, al alterar la solvencia de sus clientes y el valor de los activos en sus carteras de préstamos. En ese sentido, algunas medidas globales, de hecho, ya están en aplicación; las regulaciones de la Unión Europea sobre deforestación introducidas en junio de 2023 “pueden afectar al sector agrícola, presentando desafíos para los bancos con exposición a industrias relacionadas”, mencionan las autoras.

    Exposición. El documento mapeó y clasificó las actividades económicas según su vulnerabilidad a los riesgos de transición: un enfoque basado en emisiones y otro en sectores (con la limitación, por ejemplo, de que incluso dentro de un mismo sector puede haber empresas que empleen diferentes tecnologías que se ven afectadas de distintas maneras por la transición a una economía baja en emisiones).

    El estudio encontró una “exposición relevante” a los sectores identificados como vulnerables a los riesgos de transición, “tanto desde la perspectiva del sistema bancario como a nivel macroeconómico”.

    Los sectores más expuestos a este riesgo representan un rango del 30% (enfoque de emisiones) al 65% (enfoque sectorial) del crédito corporativo total. En términos del PIB, los sectores más vulnerables son entre el 14% (enfoque de emisiones) y el 40% (enfoque sectorial). Asimismo, la dependencia del país de las exportaciones de estos sectores es “muy alta”, según las autoras, de entre el 70% (enfoque de emisiones) y el 90% (enfoque sectorial).

    En particular, la industria de carne vacuna “es crucial” para la economía uruguaya, ya que significa casi el 25% de las exportaciones totales de bienes. En ese sentido, posibles barreras no arancelarias basadas en los costos ambientales de estos productos suponen un “riesgo para la estabilidad macroeconómica y financiera de Uruguay”, advierten.

    Resultados. En Uruguay, alrededor del 60% del crédito total otorgado por el sistema bancario al sector privado no financiero residente se dirige a empresas. Según el estudio, entre el 30% y el 35% de los préstamos a corporaciones privadas residentes corresponden a firmas de sectores categorizados como de riesgo medio o alto frente a esta transición ambiental. Señala además que, en particular, dos bancos —que no identifica— tienen una exposición “significativa” a clientes de esos rubros con mediana o elevada exposición. En una de esas instituciones, estos sectores representan cerca del 50% de su crédito a empresas privadas. Los clientes agroindustriales rondan la mitad de la cartera del Banco República, según ha dicho su presidente.

    La contribución de los sectores de alto riesgo al PIB de Uruguay ha fluctuado alrededor del 8% en los últimos años y ascendió a 10% en 2021. Tomando en cuenta las actividades clasificadas como de riesgo medio, este porcentaje aumenta a 12%-14%. Estos resultados podrían considerarse como el “peor de los casos”, en particular si se considera que uno de los sectores con mayor riesgo de transición es el ganadero; dado que las emisiones de gas de efecto invernadero vinculadas a esta actividad forman parte del ciclo del carbono biogénico, el impacto ambiental de estas emisiones puede relativizarse. Sin embargo, “esto no socava la importancia de implementar avances tecnológicos para reducir las emisiones de metano”, señala el estudio.

    Según Barón y Rodríguez, sus hallazgos “reafirman la necesidad de integrar la transición riesgo en los análisis y pronósticos que realiza el BCU”. Plantean como una “necesidad continua” de “avanzar en la evaluación y cuantificación de este riesgo tanto a nivel macroeconómico como niveles financieros”. Además, sostienen, es “crucial” que las instituciones financieras incorporen tales riesgos en sus evaluaciones de cartera de crédito y desempeñen un papel activo en el fomento de una transición ordenada hacia una economía verde.

    Acciones. Algunos bancos privados con presencia en Uruguay están incorporando activamente la cuestión ambiental a su agenda.

    En mayo, Luciana Nicola, directora de Sustentabilidad de Itaú Brasil y quien lidera el programa Net Zero del banco, estuvo en Uruguay para presentar el programa a escala local para los colaboradores y los directivos de su filial.

    “Net Zero es un compromiso que asumimos para 2050 e implica desarrollar medidas para reducir y eliminar carbono en los procesos como, por ejemplo, adoptar tecnologías más eficientes, proyectar medidas de compensación, capacitar y concientizar a colaboradores e involucrar a proveedores y clientes”, explicó la ejecutiva a Búsqueda.

    Añadió: “Estamos en un camino de profundizar la mirada de la rentabilidad de los negocios y acompañar a nuestros clientes para incorporar la mirada de la rentabilidad a nivel económico, social y ambiental”.

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    Autoridades de BBVA con la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón

    Autoridades de BBVA con la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón

    BBVA Uruguay realizó la semana pasada un segundo foro sobre sostenibilidad. Alberto Charro, su country manager, dijo que el banco está haciendo su “máximo esfuerzo” para contribuir a que el país se convierta en un “referente mundial en materia de sostenibilidad e innovación”. Para ello, recordó, hace ya varios años lanzó una línea de crédito para vehículos eléctricos, otra de préstamos hipotecarios “eficientes” y el primer bono sostenible del sistema financiero local.