—Es un banco que tiene 43 años y desde hace algunos años inició una expansión geográfica fuera de Brasil. Ya tenía presencia como banco en Chile y Colombia, solicitó una licencia bancaria en Perú y también es banco en Estados Unidos y Luxemburgo.
Específicamente en Sudamérica y Latinoamérica, Uruguay es funcional a la estrategia del banco. Más allá de que sea pequeño en términos demográficos o de extensión territorial, es un país que ofrece muchas oportunidades. Uruguay es parte de la conectividad regional y cada vez vemos más clientes regionales en el país.
No solamente actuamos como business center (centro de negocios), sino también como booking center (centro de radicación de operaciones). Hay clientes brasileños, argentinos y chilenos y empresas uruguayas construyendo en Perú.
Uruguay, a diferencia de sus vecinos, que son muy grandes y tienen un mercado interno en el que pueden colocar sus productos, necesita expandirse fuera para crecer. Así también vemos al banco: con una visión regional, no solamente local.
—¿El foco estará puesto en la región o también en el mercado interno?
—En los dos. Hay oportunidades de negocio en Uruguay, pero también podemos amplificarlas con clientes de la región.
Con BTG Pactual existe la oportunidad de desarrollar la banca personal con otro enfoque. No vamos a competir necesariamente por cantidad de sucursales o de productos. La banca minorista de créditos pequeños no es la prioridad número uno, porque hay muchas cosas para hacer. Pero sí hay que desarrollar la banca personal, así como la corporativa y la de inversión.
En HSBC teníamos aproximadamente 50.000 clientes; menos de 10.000 correspondían a banca premier y el resto eran clientes de préstamos personales, para automóviles o viviendas. Con eso no alcanza para ser una banca minorista de escala. Los costos tecnológicos son muy altos para tener una cantidad pequeña de clientes. Entonces estamos viendo cómo utilizar la tecnología para servir a un número masivo de clientes y no solamente a un grupo selecto.
Vemos cómo está creciendo en Uruguay todo el negocio de construcción, de real estate. Podemos financiar toda la cadena de valor, no solo el crédito hipotecario, (sino) al empresario (constructor), al desarrollista, y darle después una salida al desarrollista con crédito hipotecario.
—En la economía real, además del sector de la construcción, ¿también va a competir en el crédito para el agro?
—El agro es el otro pilar de la economía uruguaya y también queremos introducirnos más fuerte. Para llegar a ser el tercer banco no se puede entrar en todo al mismo tiempo. Hay que definir cuáles son las prioridades.
En ese sentido, BTG Pactual va a hacer una inyección de capital para poder ampliar la capacidad de crédito. Son US$ 25 millones. Además, en HSBC la política de distribución de dividendos era que 50% del resultado acumulado cada año se distribuía y el otro 50% se capitalizaba. Acá vamos a capitalizar el 100%. El accionista hace una apuesta a largo plazo en el país.
—¿El objetivo es ser el tercer mayor banco en Uruguay?
—La aspiración —no digo que sea una realidad— sería, en los próximos cinco años, estar entre los tres o cuatro bancos más grandes. Ahí debemos apuntar.
—¿Ese crecimiento esperado se daría con más sucursales y con más personal?
—Con más sucursales, no, con más personal, no sé. No tengo en este momento claridad sobre el impacto de la inteligencia artificial en todas las actividades, no solo en los bancos.
—Que haya un par como Itaú y ahora BTG del mismo origen, ¿no es demasiada exposición al riesgo Brasil para el sistema?
—No, para nada. Si se mira a los bancos españoles, ese riesgo sistémico sería mayor que el de los brasileños. ¿Y el Banco República no es sistémico?
Las regulaciones en cuanto a solvencia o liquidez para los bancos que tienen Brasil y Uruguay me hacen sentir muy tranquilo. El sistema financiero uruguayo es muy sólido, muy sólido, y no le veo un riesgo sistémico. Lo que pasó en 2002 ni cerca de que vuelva a pasar.
Que entre un nuevo banco después de muchos años, sea del origen que sea, es bueno para Uruguay, le va a dar más competencia al sistema, a los clientes le dará mejor servicio, y es bueno para los empleados. Es todo bueno.
Si se aumentó 4% la concentración en manos de accionistas brasileños, no sé si podríamos hablar de que se incrementó el riesgo sistémico. Ahora, cuando tengamos el 20%, les digo (se ríe).
—¿Desde el banco se está viendo el “rebote” de la actividad económica que mencionó hace pocos días el ministro Gabriel Oddone?
—No se ven todavía esos brotes verdes. Hay constructoras que hace años no agarraban algunos proyectitos y hoy están agarrando todos. Ahora las veo incluso yéndose al exterior, cuando antes había más proyectos en el país. Cuando no hay un proyecto (de inversión) grande, un UPM, se siente.
Hay un tema más estructural que el del rebote en el margen. El país tiene que atraer más inversión extranjera.
Viendo experiencias en otros países, algunas positivas, otras no, en el caso de YPF en Argentina, que es un caso de éxito, (…) se privatizó una parte sin que el Estado perdiera el control. En algún momento, algún gobierno podría empezar a pensar en atraer capital privado a las empresas públicas sin perder el control. Eso haría que hubiera más inversión extranjera. Veo a UTE, OSE, Antel y Ancap como empresas en las que podría haber capital privado minoritario, lo que permitiría dinamizar el país. Eso, entre otras cosas.
El crecimiento es un desafío y ojalá el ministro tenga razón y sea un rebote.
(Que el gobierno haya propuesto una ley de competitividad) me parece positivo. Después hay que ver los resultados. Vos tenés una idea y, si esa idea no se implementa, termina siendo un sueño; si se implementa mal, termina en una pesadilla (Que el gobierno haya propuesto una ley de competitividad) me parece positivo. Después hay que ver los resultados. Vos tenés una idea y, si esa idea no se implementa, termina siendo un sueño; si se implementa mal, termina en una pesadilla
—Los costos en Uruguay son mencionados por colegas suyos como una preocupación. ¿Cómo asume BTG Pactual este aspecto de la ecuación del negocio?
—Se sabe que Uruguay es un país caro. Es decir, en los costos para los bancos y para los consumidores.
El desafío de cualquier gobierno en Uruguay no es evitar una crisis, sino cómo hacer para crecer más, cómo hacer para ser más competitivo y más productivo. Aumentar la competitividad, mejorar la productividad y crecer es parte de lo mismo. Y es el mismo desafío que tenemos todos.
Pero que Uruguay es un país caro se sabía siempre. Singapur también es caro, Suiza es cara. Un país que tiene un PIB (Producto Interno Bruto) per cápita muy alto es caro.
Más allá de que es un país pequeño, no es un exportador de energía, tampoco tiene minería y tampoco le sobra el agua. No tiene ferrocarriles para traer la producción agrícola y ganadera. Los puertos de China son los más lejanos… Te mirás contra competidores como Australia o Nueva Zelanda y están mucho más cerca.
Y digo: “Bueno, ¿qué tiene?”. Tiene uruguayos. Uruguay es el país que tiene más uruguayos en el planeta. Lo veo como un cumplido: son astutos. Es una mezcla de inteligencia con atarlo con alambre. Está de moda La odisea: Odiseo era astuto. Es una mezcla de inteligencia y de cómo arreglarse con lo que se tiene. Por eso digo: ser el país con más uruguayos es algo bueno.
—¿No hay algo de mediocridad en eso de “atar con alambre”?
—No. Los uruguayos, siempre digo, tienen que jugar el partido perfecto. Porque, con todas estas contras que acabo de decir, para que una empresa láctea uruguaya ponga sus productos en Europa o en Asia, Uruguay tiene que jugar el partido perfecto. No se puede dar el lujo de tener una pequeña crisis. Hay países vecinos que dicen: “Yo cierro las fronteras, yo pongo cepo, saco cepo, me voy con el gasto público al demonio; no importa, lo voy a arreglar de algún modo”. Uruguay no se puede dar el lujo. Entonces tiene que ser todo perfecto.
Y una de las cosas que logró Uruguay es la estabilidad política, económica, tributaria, legal, jurídica; hoy ese es un activo. Ahora, como cualquier virtud, exacerbada se transforma en un defecto. Estabilidad está muy bien. Demasiada estabilidad no está bien.
No lo llamo mediocridad. Lo llamo, quizás, que la estabilidad exacerbada produce eso que menciona como mediocridad, quizás un poco de estancamiento. Entonces, es animarse a hacer algo que no vaya en contra de su estabilidad, pero que modernice el país, dé más incentivos a la inversión extranjera para que venga. Porque, si no hay inversión extranjera, el país crece al 1%, al 1,3%.
—¿Ve en la agenda del gobierno un impulso como el que plantea?
—Entiendo que el gobierno está queriendo hacerlo. Ya poner un proyecto de ley de competitividad en el Parlamento y discutir crecimiento —al final del día, discutir competitividad de alguna manera está diciendo cómo vas a crecer, cómo vas a ser más eficiente, cómo vas a bajar el costo de vida de la gente para poder crecer más— me parece positivo. Después hay que ver los resultados. Vos tenés una idea y, si esa idea no se implementa, termina siendo un sueño; si se implementa mal, termina en una pesadilla. El sueño y la pesadilla están en la ejecución.
Por lo menos, en la parte que nos toca a nosotros, los bancos, estamos ahí (en el proyecto de competitividad) con muchas cosas, como finanzas abiertas.
—¿Le preocupa esa propuesta?
—No me preocupa; me ocupa. No estoy preocupado por finanzas abiertas porque, al final del día, el cliente es dueño de sus datos. Si vos consentís que entre tus datos, entre tu factura de UTE o de OSE, para que los bancos o los no bancos sepan cómo pagás, qué tan buen pagador sos, y no solamente cómo pagás en tu banco, eso va a redundar en bajar las tasas de interés para las personas que lo consientan. Todo eso es finanzas abiertas.
¿Cómo se implementa? Si vos decís “Esto lo van a pagar los bancos”, ahí hay un problema. Porque se va a beneficiar todo un sistema bancario y no bancario, fintech, etcétera, y el costo está a cargo de los bancos. Esa es una primera preocupación —u ocupación— que tenemos.
La idea está buenísima. Es un proyecto muy complejo —no digo complicado, digo complejo— que en los países donde se implementó llevó años. No lleva una semana o un mes. Se tiene que implementar en fases, que pueden durar años.
—¿Las autoridades están pensando que el costo de las finanzas abiertas sea asumido por los bancos?
—La primera conversación que tuvimos fue que los bancos lo asumen. Después hay que ver quién se beneficia y, por ahí, paga por el consumo de ese dato. Pero no sé si eso es viable.
Si me preguntan como ciudadano: “¿Creés que un país tiene que tener finanzas abiertas?”. Y sí. Ahora, si me preguntan como empresario de un banco: “¿Estás dispuesto a poner toda la plata vos para que después venga una fintech (a usar la información)?”. Esa es la parte que no me cierra. La cancha tiene que estar plana, no inclinada de una manera en que los costos los asuma uno y los beneficios después los tenga otro.
Pero es algo de lo que estamos hablando y, obviamente, el Ministerio (de Economía) toma nota. Queremos que salga bien.