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La incertidumbre a escala global creció en los últimos días, luego de que este fin de semana Estados Unidos bombardeara instalaciones nucleares de Irán, aunque después hubo una declaración de paz en Medio Oriente. Pero, a diferencia de otras veces, el dólar no funcionó plenamente como moneda de refugio y tuvo una desvalorización moderada respecto de varias divisas fuertes, según el índice DXY.
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También continuó retrocediendo frente al peso uruguayo, casi a diario. El tipo de cambio en la plaza local registró una baja relativamente grande el viernes 20, cuando se negoció en el circuito “interbancario” —mayorista— apenas por encima de $ 40,5. Esta semana, ya con el conflicto bélico recrudecido y luego de mensajes contradictorios acerca de una tregua, las compraventas de dólares se efectuaron a precios cada vez menores. Sin embargo, ayer, miércoles 25, subió algunos centésimos y se negoció a $ 40,266 en promedio, informó el Banco Central (BCU).
Salvo que ocurra un cambio de tendencia en los días que quedan, junio perfila como otro mes con una apreciación de la moneda nacional. Hasta ayer fue de aproximadamente 0,3%.
En mayo, el Índice de Tipo de Cambio Real (ITCR) calculado por Búsqueda —con una metodología similar a la que utiliza el Banco Central— aumentó 0,6% respecto a abril. Fue la segunda mejora mensual de este indicador, que comúnmente se asocia con la competitividad de precios de la producción uruguaya en el plano internacional, aunque ese concepto es más amplio y abarca también dimensiones estructurales.
La suba en mayo se dio exclusivamente por un abaratamiento en dólares de Uruguay respecto de los países vecinos —de 1,8%—, ya que con los socios comerciales de fuera de la región el ITCR tuvo un deterioro de 0,6%.
A la vez, el índice se ubicó 8,6% por encima del nivel de mayo de 2024, impulsado principalmente por un fuerte abaratamiento relativo con Argentina (28,7%) y, en menor medida, con países europeos, como Reino Unido (12,7%), España (9,7%), Italia (9,2%) y Alemania (9%). También hubo ganancias frente a Estados Unidos (5,6%) y China (2,7%). En cambio, Uruguay se encareció respecto a México (6,9%) y Brasil (1,5%).
El ITCR es una síntesis de la evolución de los tipos de cambio y la inflación en Uruguay y en un grupo de países relevantes para su comercio exterior; cuando sube, debe interpretarse que la economía uruguaya se abarata en términos de dólares respecto de aquellos, y a la inversa cuando baja.
Dos columnistas del diario El País aludieron esta semana al tema, desde distintos ángulos.
Javier de Haedo recordó su insistencia en la necesidad de que la reducción de la inflación no vaya “acollarada con atraso cambiario” y que para ello se requeriría una mayor consistencia entre las políticas económicas. “En ese sentido, parece haber buenas noticias en el frente salarial y en el monetario”, y las “dudas” con el nuevo gobierno “están principalmente en lo fiscal”, agregó.
El consultor Jorge Caumont planteó cuestionamientos a la actual política monetaria —con sesgo contractivo que busca bajar los niveles de inflación al 4,5% anual—, no por sus efectos en el tipo de cambio real, sino por sus costos financieros para el Estado.
Para lograr reducir la inflación a través de esterilización de liquidez, el BCU coloca Letras de Regulación Monetaria que retribuyen a los inversores con tasas de interés superiores a 9,45%. El stock actual de esos papeles en pesos, “arbitrados a dólares hoy, implica un costo del orden de US$ 850 millones anuales, es decir, levemente por encima del 1% del PIB (Producto Interno Bruto)”, señaló en una columna.
“El costo de una política monetaria restrictiva para lograr una inflación de 4,5% no es sin embargo, únicamente el señalado de la incidencia de los intereses en el resultado de la autoridad monetaria. La política restrictiva de la autoridad monetaria resulta en tasas de interés en pesos no solo altas en términos nominales, sino también sumamente altas en tasas reales y, además altas ante la alternativa de tasas de interés del dólar en otros instrumentos financieros a igual plazo”, agregó. Según el economista, por un lado, la “persistencia de altas tasas de interés real en pesos afecta al consumo y a la inversión a la baja, con consecuencias sobre el empleo. Por otro lado, la preferencia de las Letras (...) provoca una atracción por el peso ante el dólar, que deprecia al signo monetario norteamericano en Uruguay, afectando a la producción local de bienes y servicios transables”.