—¿Qué mensaje llevó la delegación del MEF a Washington?
—El contexto de ese viaje es el de una administración entrante, con un nuevo equipo económico, y en una situación global pautada por un cambio drástico en las relaciones internacionales y comerciales. El mensaje es que el país sigue siendo sólido institucionalmente, con transiciones democráticas ordenadas, con una reputación seria y confiable. Si bien estos son aspectos estructurales de Uruguay, en un momento de alta incertidumbre y de mayor dispersión de riesgos, la predictibilidad de las políticas, la previsibilidad, es una ventaja comparativa. Así fue recibido y reconocido.
Y no solo fue el contenido del mensaje, sino la convicción que mostraron el ministro y el presidente del Banco Central al expresarlo, y también la consistencia entre ambos organismos, que básicamente se resume en que hay un foco en consolidar la estabilidad macroeconómica, pero también en desplegar políticas que sean procrecimiento, con mucho foco en estimular y en hacer más pujante la inversión privada.
—¿Había expectativas por escuchar al nuevo equipo?
—Muchas, porque, si bien ya habían anticipado en distintas declaraciones públicas cuáles serían los pilares de la gestión, escucharlos de primera mano siempre es algo bien recibido.
Ahora, más allá y además de la solidez técnica del equipo económico actual, la percepción que tienen los inversores y los organismos multilaterales sobre el país se asienta también en el hecho de que hay una continuidad en la línea de gestión macroeconómica que trasciende a los sucesivos gobiernos. Y esto lo pude observar de primera mano, habiendo trabajado durante la gestión del los entonces ministros (Danilo) Astori y (Azucena) Arbeleche. Esta continuidad es reveladora de la madurez de nuestro sistema político y de partidos, y el contrato social que los subyace en cómo se conciben la estabilidad y la previsibilidad en Uruguay. Por supuesto, hay matices, hay improntas y hay énfasis distintos que trae cada gobierno, porque así la ciudadanía así lo expresa y lo renueva cada cinco años.
—En camino al primer gobierno de la izquierda Tabaré Vázquez designó a Danilo Astori como su ministro justamente en viaje a Washington para presentarse ante los organismos internacionales. ¿La percepción de la administración de Yamandú Orsi sería distinta sin la figura de Gabriel Oddone?
—Preferiría no entrar en esa comparación. Sí puedo decir que la presentación del ministro y los mensajes de estabilidad macroeconómica, consolidación fiscal y estímulos a la inversión privada fueron muy bien recibidos entre los inversores en Washington, organismos multilaterales y analistas, e incluso también en las empresas estadounidenses que están pensando en invertir en Uruguay. Y forma parte de una tradición, de una gestión de políticas macroeconómicas que han trascendido gobiernos.
—Señala la continuidad y el consenso. Sin embargo, durante la campaña electoral, el candidato presidencial blanco decía que el suyo y el del Frente Amplio eran dos modelos económicos distintos. ¿No es visto así desde afuera?
—Se percibe un consenso en cuanto a que es fundamental mantener la estabilidad macroeconómica como la base para que Uruguay despegue en términos de crecimiento y de mayor cohesión social.
Pongo dos ejemplos concretos. Con el mérito adicional de que se implementó en el medio de la pandemia, y cuando otros países se salían de las reglas, la administración pasada introdujo una nueva institucionalidad fiscal que incluye una regla fiscal y consejos independientes. A mi modo de ver, es un paso importante para Uruguay. Los pilares se cumplieron durante cuatro años seguidos y eso sin dudas contribuyó a una mejora en la calificación crediticia y en las condiciones de financiamiento del país. Sin embargo, los pilares indicativos no se cumplieron en el último año de gobierno, que era como un stress test, y el déficit observado terminó por encima del proyectado en un contexto que estuvo pautado por una fuerte desaceleración de la inflación y cambios en los precios relativos. La decisión de la nueva administración fue, dada una posición fiscal tensionada pero manejable, reafirmar que la gestión responsable de las finanzas públicas tiene que seguir siendo el ancla de crédito del país. Eso es un claro ejemplo de la continuidad en la visión de la gestión macroeconómica, y si bien la regla fiscal se va a perfeccionar, va a seguir siendo la piedra angular, resguardando las condiciones de sostenibilidad financiera del conjunto de las políticas públicas. Esta segunda generación de la regla supone calibrar y estimar un nivel de deuda sobre PBI (Producto Bruto Interno) prudente, de convergencia, y luego calibrar las metas indicativas y aquellas que tengan fuerza de ley sujetas a ese sendero de deuda sobre PBI. También se va a seguir reduciendo la prociclidad del gasto público, así como potenciar la autonomía y el rol de auditor del Consejo Fiscal Asesor. Estando en Washington, enfatizamos que es intención del gobierno tener completado el rediseño para ser presentado en la Ley de Presupuesto a fin de agosto.
Un aspecto tan importante como los resultados fiscales en sí es tener un marco de formulación de política que sea robusto. Eso lo que establece son métricas claras de transparencia y de rendición de cuentas; de esa manera, el comportamiento fiscal puede ser evaluado, contrastado y corregido posteriormente. Naturalmente, también hay que incorporar los mecanismos para que esas metas y esa rendición de cuentas tengan una potencia de enforzamiento.
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Kamil junto a sus colaboradores en la Unidad de Gestión de Deuda
Mauricio Zina-adhocFOTOS
—¿Con qué margen cuenta el gobierno para, en el Presupuesto, contemplar las expectativas de gasto social que pueden tener sus votantes para, por ejemplo, atacar el problema de la pobreza —que con la nueva metodología es bastante más alta que lo que se pensaba— sin estresar la sostenibilidad de la deuda?
—Ese es el equilibrio que el ministro de Economía ha planteado y sobre el cual se va a estar formulando las políticas.
—¿Qué proyecciones le mostrarán a la comunidad financiera para que resulte creíble el mensaje de que se pretende hacer una consolidación fiscal, como ha planteado el ministro?
—No se le presentó ninguna información puntual ni ninguna proyección cuantitativa porque eso aún se está manejando y se va a presentar en agosto. Lo que se le compartió —porque además era la primera aproximación— fueron las líneas estratégicas, la forma en que va a trabajar en conjunto el equipo económico y la necesidad de mantener una consistencia entre las políticas fiscales, monetarias y de ingresos.
Lo que sí el ministro enfatizó y lo ha mencionado en otras oportunidades es que el gobierno se propone sostener el gasto en la matriz de protección social —que es un mandato que recibió— sin comprometer la estabilidad fiscal. Para eso es necesario encarar reformas que le permitan al país acelerar su ritmo de crecimiento y, por lo tanto, su nivel de recaudación tributaria sin aumentar la presión impositiva. Hubo mucho énfasis en esto, en particular ante empresas que están invirtiendo en Uruguay o que están interesadas en hacerlo; el foco del mensaje es que necesitamos hacer más potentes y darles más cilindrada a los motores endógenos de crecimiento del país y generar un clima de inversión, estímulos y facilidades a la inversión. Eso es un aspecto clave de la estrategia de consolidación fiscal; no es el único, porque también se va a poner foco en aumentar la eficiencia o la capacidad de recaudación de los organismos fiscalizadores.
—¿Por qué creerle a este gobierno que va a hacer esas reformas procrecimiento que, en parte, la administración anterior no logró hacer?
—El gobierno anterior pudo llevar adelante algunas reformas como, por ejemplo, la del sistema de seguridad social y en la educación.
Creo que el mensaje (de Oddone) fue muy bien recibido y que fue convincente. Ahora hay que desplegar la agenda que involucra repensar los sistemas de estímulo de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), una simplificación (burocrática) y poner más foco en la transparencia y en los sistemas de formación de precios, particularmente en el sector no transable de la economía.
—¿Preocupa a los inversores lo que pueda surgir del diálogo sobre protección social convocado por el Poder Ejecutivo, en el cual, por ejemplo, el PIT-CNT va a insistir, como ya dijo, en la idea de eliminar a las AFAP?
—Tuvimos algunas preguntas de los inversores y de organismos multilaterales sobre este tema. Los inversores van a estar siguiendo muy de cerca el diálogo social y lo que surja de esas conversaciones. Siendo que la trayectoria de los gastos del sistema de seguridad social son una parte esencial de la sostenibilidad de las finanzas públicas, es lógico que los inversores, las agencias calificadoras de riesgo y los organismos multilaterales estén siguiendo de cerca las conversaciones y ese diálogo social que se dé en ese contexto.
—La eliminación del lucro de las AFAP está mencionado en el programa de gobierno del Frente Amplio. ¿Eso genera dudas en la comunidad financiera?
—No tuvimos preguntas específicas al respecto. Sí se fue claro en que la reforma constitucional del sistema de seguridad social había sido despejado (en el plebiscito)... Digo despejado porque había sido una fuente de incertidumbre en setiembre y octubre pasado, lo que impactó en los precios de los activos financieros de Uruguay.
—¿Puede volver a haber ruido en el mercado por este diálogo, que durará más de un año?
—No lo podría anticipar. Sí sé, porque lo hablamos, que tanto los inversores como las calificadoras van a estar siguiendo de cerca los intercambios y lo que surja de este diálogo social, que es más amplio que la seguridad social.
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El director de la Unidad de Gestión de Deuda utilizando el servicio de Bloomberg
Mauricio Zina-adhocFOTOS
—Considerando la agenda del gobierno y el contexto global, ¿qué cabe esperar para la calificación de la deuda uruguaya y en cuanto a los costos de financiamiento?
—El contexto (externo) ha sido extremadamente volátil en los últimos meses y las decisiones a nivel de política comercial también han reverberado en los mercados. Hemos visto también que, tras los cambios en las preferencias y los aranceles anunciados y el ida y vuelta, la tasa de interés de largo plazo de Estados Unidos ha dado un salto en escalón. Esa es la tasa que tomamos de referencia para nuestro costo de financiamiento. De hecho, lo que ha sucedido es que las tasas de muy corto de Estados Unidos de la Reserva Federal han bajado levemente y han subido las tasas de largo. Y ese es un dato importante que tenemos que considerar en nuestra estrategia de financiamiento. Hay muchísima incertidumbre sobre cuál va a ser la trayectoria de la dinámica de la economía estadounidense, especialmente si hay alguna posibilidad de que caiga en recesión, y sobre cuál puede ser el impacto de las tarifas sobre la tasa de inflación. Y también hay incertidumbre sobre cómo ponderaría eventualmente la Reserva Federal entre los dos objetivos de doble mandato que tiene, que es, por un lado, la inflación y, por otro, la actividad y el empleo. En ese contexto, es fundamental seguir manteniendo bien comprimidos los spreads de nuestra deuda.
Respecto a las agencias calificadoras, hemos tenido conversaciones con varias y estamos en la etapa donde, más que nada, están escuchando sobre cuál es la agenda de reformas microeconómicas, la de estímulos para el crecimiento, la estabilidad macroeconómica.
Lo he dicho en alguna otra ocasión: Uruguay puede aspirar a eventualmente, y en unos años, poder aumentar su nivel de calificación. Sería bueno y estimulante ponernos una agenda para pensar sobre eso. Pero, inclusive, antes de eso, lo más importante es consolidar los progresos que hemos tenido en términos de calificación crediticia y de percepción de riesgo crediticio en los mercados. Esas son las bases fundamentales sobre las que luego se puede generar un mayor crecimiento económico.