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    La inversión en maquinaria agrícola encadenó en 2025 su tercer año de caída

    “El entorno actual (...) no brinda expectativas” de que la incorporación de tractores, cosechadoras y sembradoras “recupere su dinamismo en 2026”, señala el estudio contable Carle & Andrioli

    El marco de las decisiones de inversión para la agricultura resultó mixto el año pasado: niveles de precios de mercado bajos y, en sentido contrario, rendimientos productivos elevados, impulsados por las condiciones climáticas favorables. En ese contexto, el indicador de inversión en maquinaria agrícola (Idima), elaborado por el estudio contable Carle & Andrioli, registró su tercera baja anual consecutiva.

    El descenso anual en 2025 fue de 5%, que siguió a una baja de 4% en 2024 y de 27% en 2023.

    Las perspectivas para este tipo de inversión no luce mejor para el 2026. “El ciclo de precios y de rentabilidad agrícola actual dificulta el acceso a la innovación disponible en máquinas agrícolas y equipos de riego”, según el análisis. A eso se agrega un contexto climático adverso: el año empezó con un déficit hídrico que está afectando sobre todo la región sur del país, que llevó al Poder Ejecutivo a anunciar algunas medidas de apoyo a sectores productivos afectados.

    Inversión en maquinaria

    El Idima es elaborado con base en los valores importados de tractores, cosechadoras y sembradoras informados por la Dirección Nacional de Aduanas. Como un alto porcentaje de la incorporación de esos bienes de capital por parte del sector agrícola nacional proviene de compras en el exterior, los datos de importaciones se toman como un proxy de esta inversión.

    En 2025, las importaciones de estos equipos de uso agrícola que componen el índice totalizaron US$ 190 millones; si bien la cifra de todo el año bajó (frente a los US$ 194 millones del 2024), la consultora destaca que hubo un “leve incremento” en los últimos cuatro meses.

    En 2025, las cosechadoras pasaron a ser las de mayor valor importado (39%), los tractores representaron un 37% del total, y las sembradoras y fertilizadoras el restante 24%. Frente al 2024, los equipos con caídas en la inversión fueron tractores (11%) y sembradoras (5%), en tanto que las cosechadoras tuvieron un aumento de 2%.

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    Inversión y productividad

    El desempeño productivo de la campaña agrícola finalizada en junio de 2025 “fue positivo”, evalúa Carle & Andrioli. Estuvo caracterizado por una expansión de área y mayores rendimientos, que determinó un incremento “significativo” de los volúmenes cosechados en esta última zafra.

    El área sembrada en la campaña 2024-2025 superó los 2,4 millones de hectáreas y creció 8% con relación al ciclo anterior. Se destacó la mayor superficie cultivada de cebada (42%), trigo (33%) y arroz (23%). En contraste, la superficie de los cultivos de invierno de la zafra 2025-2026 muestra un descenso de 6%, señala, basado en datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

    A su vez, los rendimientos, bajo “condiciones climáticas favorables, fueron altos”. En particular, señala que el rinde de la soja fue 35% superior a las productividades medias históricas.

    La consultora observa que esta evolución de la inversión en maquinaria agrícola y del área cultivada en el año recién finalizado determinó un nuevo descenso del indicador de dólares de inversión por hectárea sembrada, “clave para los futuros rendimientos productivos”: en 2025 se situó en US$ 78, un 10% menos que en el año anterior y 41% por debajo del valor de 2022, “cuando con otra situación de precios se habían alcanzado niveles máximos de inversiones agrícolas por hectárea”.

    Por otro lado, el análisis subraya que en la inversión agrícola del año pasado “continúa la tendencia de incorporación de tecnologías mas limpias, que contribuye a la eficiencia productiva y a la sostenibilidad ambiental. Los nuevos equipos posibilitan menor uso de insumos y combustibles y mitigan los riesgos del cambio climático”.

    Financiamiento

    En general, las empresas agropecuarias “han contado en los últimos años con financiamiento de instituciones bancarias para sus proyectos de inversión y capital de trabajo. Este aspecto ha sido importante para el comportamiento de la inversión del agro, ya que, por los altos valores” de los equipos, los productores “deben acceder a créditos para el repago”.

    El análisis a mediano plazo muestra que, en el último quinquenio, los préstamos al sector agropecuario aumentaron 61%, y en la actualidad se ubican en valores máximos en dólares corrientes. Sin embargo, en 2025 el ritmo de crecimiento de los préstamos bancarios al sector rural “se moderó”; a noviembre totalizaban US$ 3.830 millones (2% más que en igual mes del 2024, cuando en los tres años anteriores se había expandido a tasas anuales promedio de 15%).

    En particular, con base en estadística del Banco Central, el informe señala que los préstamos a la agricultura se mantuvieron en niveles similares en el último año; se destacó el aumento de 22% en el arroz y la caída de 68% en el trigo. Agrega que el 2025 finaliza con un “cumplimiento adecuado del servicio de deudas del agro”, considerando que la morosidad se ubica en 1,3% (1,1% en noviembre del 2024).

    También “pueden contribuir al financiamiento de inversiones en equipos e instalaciones agropecuarias la utilización del beneficio de la promoción de inversiones” con exoneraciones fiscales, añade el análisis. Recuerda, en ese sentido, que el reciente decreto 329/025 propone nuevas condiciones para los productores que tributan Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE) y cumplan con los nuevos indicadores de sostenibilidad ambiental y los estratégicos establecidos por la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones para el agro, tales como las inversiones en riego, en infraestructura y mejora genética, la protección del campo natural y mejora de la producción ganadera.

    Perspectivas

    El área de consultoría de Carle & Andrioli expone que la “volatilidad de los mercados de la agricultura incide en las decisiones de inversión en equipamiento productivo”. En ese sentido, en 2025, con precios agrícolas “bajos, a pesar de la producción récord, la inversión en máquinas y equipos agrícolas registró un nuevo descenso”.

    Agrega que “el ciclo actual de los productos agrícolas plantea desafíos para varios cultivos, que requieren de altos rendimientos para alcanzar el punto de equilibrio económico y lleva a adecuar los planes de áreas de siembra y de inversión”.

    Asegura que en la campaña que está transcurriendo “descenderá el área global de siembra en el orden de 2% a 5%. La superficie de cultivos de invierno bajó —por la caída en el trigo y la cebada— y los de verano en proceso no aumentaría, por el descenso en el arroz y “dificultades para sostener el área de siembra de la soja por perspectivas de precios”. Además, señala, el 2025 finalizó con un descenso de 11% en la cotización del dólar en la plaza local, lo cual “determinó un incremento de los costos” en esa divisa por los componentes en moneda nacional. “Por lo tanto, esta baja del tipo de cambio plantea un punto de partida menos favorable para la rentabilidad de la agricultura en 2026”.

    Asimismo, los rendimientos extraordinarios de la zafra anterior “no se repetirían”, y con menor área la producción agrícola descenderá entre 10% y 15% en la zafra 2025/2026.

    El análisis menciona que la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) del MGAP proyecta para este año una contracción de casi 6% del Producto Bruto del conjunto del agro, por la caída estimada de las cantidades producidas por la agricultura. Remata: “El entorno actual, por lo tanto, no brinda expectativas de que la inversión en máquinas y equipos agrícolas recupere su dinamismo en 2026”.

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